¿Y si nos volvemos a ver? Capítulo 13
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Capítulo 13

Dara

—Un mojito —le pedí a Marcelo, el compañero que cubría el turno de noche con Rita.

—Marchando, preciosidad —me dijo, con un guiño.

Se lo devolví, riendo.

Iba a ser mi tercera ronda y, aparte de reírme un poco más de lo normal, me encontraba de maravilla.

Todavía podía aguantar esta y otra más, sin problema, antes de comenzar a notar en serio los efectos por la bebida. Eso se debía a que desde que llegué a este hotel había conseguido mucha más resistencia al alcohol.

Lo normal, estando de fiesta cada noche, durante un largo tiempo.

Miré por encima del hombro, hacia la zona de las mesas. Ahí estaban mis amigos, de pie, apoyados en la barandilla de madera que delimitaba el bar.

El problema era que no estaban solos.

Se habían acercado a nosotros, para entablar conversación, dos de los amigos del cliente de los ojos impresionantes y el cuerpo de escándalo.

Fue de repente. Cuando me di cuenta estaban presentándose como Joel y Nico. Fani y Estela estaban encantadas con las nuevas incorporaciones.

De sus otros dos amigos no había rastro en el bar. Lo primero que hice fue buscarlos con la mirada, para prepararme por si también se acercaban.

No había sido así y dudaba que volvieran al bar.

—Marcelo —llamé a mi compañero.

—Dime.

Me miró por encima del hombro.

—¿Puedes echarme el mojito en un vaso de plástico, con tapa? Por si vamos a la playa.

—Qué delicada eres. ¿No te gusta el mojito crujiente, con arena?

Casqueó la lengua y reímos.

—La especialidad de la casa la dejo para ti. Eres el atrevido de los dos —le dije.

Reímos de nuevo.

Mientras terminaba de preparármelo, me comentó cómo les estaba yendo la noche a Rita y a él. El ambiente estaba muy animado, como siempre.

Cuando me dio el vaso de plástico me despedí de Marcelo, deseándole que terminara bien el turno, y fui hacia mi grupo.

Al llegar, me puse al lado de Álvaro y apoyé el final de la espalda en la barandilla. Sorbí de la pajita, observando con atención a Nico y a Joel. Parecían muy cómodos con mis amigos.

—Hola —me saludó Joel. Después me sonrió.

—Hola —le correspondí.

—Hemos hablado de ir a la playa un rato —me comentó Fani—. ¿Qué te parece?

—Por mí bien. Me he adelantado —contesté, levantando el vaso de plástico.

—Tú sí que sabes —rio Estela.

Sonreí porque a ella ya le habían hecho bastante efecto los gin-tonics que se había pedido.

Fani todavía no la había igualado, pero por la sonrisilla constante que tenía y sus ojos, estaba muy cerca de alcanzar a Estela.

Levanté la cabeza hacia Álvaro, para mirarlo a la cara. Mi amigo se dio cuenta y giró la suya.

Él estaba tan fresco como yo. Nos sonreímos.

—¿Todo bien? —me preguntó, aprovechando que nuestras amigas les daban conversación a Joel y a Nico.

—Claro —le confirmé.

Se inclinó hacia mí.

—¿No estás decepcionada porque el que te interesa no haya querido unirse a sus amigos?

—No sé por qué tendría que estarlo —le contesté, mirándolo de reojo—. A lo mejor no es que no haya querido unirse, sino que se ha ido con su amigo por algún motivo.

Me encogí de hombros.

Puse los ojos en blanco, al ver su sonrisa pícara.

—Álvaro, ¿quieres otra? —le preguntó Fani.

Se refirió a la bebida que estaba consumiendo.

—Vamos a ir a la barra a pedir. Así nos llevamos a la playa los vasos de plástico, como Dara.

—Vale, traedme otra —aceptó él, levantando el vaso.

Fani le sonrió, antes de girarse para ir hacia la barra. Estela, Nico y Joel la siguieron.

—Parece que han encajado bien —comenté.

—Eso parece, sí. Y no es su amigo.

—¿Cómo?

Lo miré.

—Que los dos que faltan no son amigos, sino primos.

—Ah…

—Nos lo ha dicho Nico, cuando tú estabas en la barra.

—Muy bien —dije, haciéndome la distraída.

Nos quedamos callados, disfrutando de la música que sonaba a un volumen medio, mientras observábamos cómo Marcelo y Rita atendían en la barra.

Cuando los demás regresaron y Álvaro tuvo su nueva bebida en la mano, nos fuimos del bar y tomamos el camino hacia la playa, por una de las pasarelas.

No tardamos en estar caminando por la arena, con los zapatos en una mano. Me encantaba la sensación de sentir la arena fría y suave bajo las plantas de los pies.

Nos acercamos a la orilla y, cuando estuvimos a unos metros de ella, decidimos sentarnos y ponernos cómodos, para disfrutar de nuestras bebidas y de las conversaciones que surgieran.

—¿Cuánto tiempo os quedáis? —les preguntó Estela a Joel y a Nico.

—Hemos venido solo para desconectar el fin de semana. Nos vamos mañana al final de la tarde o por la noche, según decidamos —le respondió Nico.

Parecía que él era el que tenía más afinidad con Estela. Al menos ambos se acercaban más el uno al otro.

No sabía si ese era el motivo por el que Joel y Fani se buscaban continuamente para hablar, ya que los otros dos iban más a su rollo. O tal vez era que les pasaba igual que a los otros dos, que se habían gustado.

Álvaro y yo nos manteníamos de observadores, entre divertidos y curiosos.

—Jo, qué pena —dijo Fani—. Nosotras nos vamos el fin de semana siguiente. —Señaló a Estela.

—Pues sí, es una pena —comentó Joel.

Sonreí mientras sorbía por la pajita.

A Joel y a Nico también se les notaba afectados por el alcohol, aunque no llegaban al nivel de las chicas. Todavía.

—Pues vamos a aprovechar las horas —dijo Estela, sorprendiendo a todos.

La sorpresa se debió a que alzó la voz, mientras se levantaba de golpe. El movimiento tan impulsivo y repentino provocó que casi se fuera a la arena de nuevo, pero esta vez de cabeza.

Fue Álvaro quien la agarró por detrás a tiempo, evitándole la caída.

Estela soltó una carcajada, cuando se recompuso del susto y la impresión.

—¿Cómo quiere aprovechar las horas? ¿Revolcándote por la arena? —le preguntó Nico, divertido.

—No —negó Estela, riendo—. Aunque, según cómo fueran los revolcones, no me importaría.

Nico y ella se mantuvieron la mirada. Los demás no nos atrevimos a hacer ni un ruido, para no interrumpirlos.

Al cabo de unos largos segundos fue Estela quien rompió el silencio.

—He pensado en que un baño nocturno estaría genial. Hace una temperatura increíble —dijo animada.

—Me encanta la idea —se apuntó Nico, con una sonrisa de medio lado.

Se levantó despacio de la arena y se puso al lado de Estela.

—¿Quién más se apunta? —preguntó ella, mirándonos al resto.

Fani nos miró a Álvaro y a mí, después pasó a Joel. Algo tuvo que ver en él porque se puso de pie enseguida, riendo, y aceptó encantada el baño.

Joel la siguió.

—¿Vosotros vais bien? —les preguntó serio, Álvaro, a Nico y a Joel.

—Sí —contestó el primero—. No os preocupéis, Joel y yo controlamos. Estamos bien.

—Estupendamente —afirmó Joel.

—De acuerdo, pero igualmente no os alejéis mucho de la orilla —les pidió Álvaro.

Cuando los cuatro asintieron coordinados, apreté los labios, conteniéndome para no reír.

—Anda, adelantaros —les dijo Álvaro, divertido por el mismo motivo que yo.

En el momento en el que mi amigo terminó de hablar, Estela, Fani, Nico y Joel, se quitaron delante de nosotros la ropa, de manera precipitada. Corrieron hacia el agua en ropa interior, entre risas.

—¿No vas con ellos? —le pregunté a Álvaro.

—¿Y tú? —me devolvió la pregunta.

—Quiero esperar un poco —contesté, levantando mi vaso.

Aproveché para sorber por la pajita. El mojito estaba perfecto.

—No esperes aquí por mí —le pedí—. Estás deseando darte el baño, lo veo en tu cara.

—¿No notas esta noche más calurosa que las anteriores?

—Sí.

Miré hacia el agua.

—Por eso te sentará genial quitarte el calor de encima —le dije con un guiño—. Yo también voy a hacerlo.

—¿No quieres que te espere? —me preguntó y negué con la cabeza, con una gran sonrisa.

Se lo pensó unos largos segundos, hasta que me dio un beso en la cabeza y se levantó rápido. Se quitó la ropa de la misma manera y, antes de salir corriendo hacia el agua, me hizo un guiño con una sonrisa de oreja a oreja.

No me dio tiempo a reaccionar a nada de lo que hizo y no tardé en entender por qué se había decidido tan rápido, después de mostrarse indeciso. Como también supe a qué se debieron sus últimos gestos.

Lo entendí en cuanto noté a mi lado la presencia de otra persona que apareció de repente. Y para mi asombro, adiviné de quién se trataba, incluso antes de mirar en su dirección.

Contuve la respiración por un breve espacio de tiempo, viendo de reojo cómo el hombre que se fue con su primo se sentaba a mi lado.

Nos quedamos en silencio, sin movernos, hasta que él flexionó las piernas y las dejó dobladas, para apoyar los brazos en las rodillas.

—Hola.

Fui la primera en hablar, tragándome los nervios que me provocaba estar tan cerca de él y en esta situación.

—Hola —me correspondió.

Giró la cabeza hacia mí.

—Espero que no te moleste que me haya sentado a tu lado. Si quieres estar sola…

—No. Está bien así —lo interrumpí.

Ahora que habíamos conseguido una especie de acercamiento normal, no quería que se alejara.

—Además —continué—, estamos en grupo y tú formas parte de él. Aunque no te hayas unido hasta este momento. Tus amigos y los míos están en el agua.

—Lo sé. Se escuchan sus risas.

Asentí y dirigí la vista hacia delante.

—¿No te apetece darte un baño?

Ahí estaba la pregunta… Hasta antes de su aparición tenía claro que en un rato me daría un baño, pero ahora, con este hombre aquí, la situación cambiaba bastante. Mucho. Infinitamente.