Capítulo 10
Víctor: Hola, preciosa. Antes de nada, estás increíble en la foto. ¿Puedo colarme en ese hotel? Me vendría de lujo hacer un parón para desconectar.
Víctor: Necesito playita, sol, mar… Beber hasta hartarme, sin preocuparme por nada más que no sea divertirme.
Víctor: Estoy hasta las narices del trabajo.
Víctor: Ahora no voy a contarte el rollo de cómo me está yendo en el trabajo. ¿Te acuerdas de lo que hablamos la última vez? Pues creo que ya ha llegado el momento. Voy a dejar el trabajo, aunque no de un día para el otro. Lo haré en septiembre.
Víctor: Me siento muy cansado, Dara. Demasiado. Llevo tanto tiempo aguantando que ya no me quedan energías ni ganas para esforzarme en aparentar que estoy bien. No tiene sentido, me está consumiendo la situación.
Víctor: No quería contarte un rollo y al final me he liado. Ja, ja, ja… Mi vida es muy aburrida. ¿Cómo te va a ti? Por la foto que me has enviado, de maravilla. ¿No?
Víctor: Disfrútalo a tope, preciosa, que después se te echará encima la rutina y lo bueno se olvida pronto, como si hiciera meses que pasó. Dales recuerdos a Álvaro, a Estela y a Fani. Pasadlo en grande.
Terminé de leer los mensajes con una sonrisa, a pesar de que no me hacía gracia lo que me había dicho. Mi sonrisa iba dirigida a que me hacía ilusión saber de Víctor.
Hacía unos veinte minutos que me escribió, contestándome. No me enteré, ya que en ese momento estaba dándome un baño en el mar con mis amigos.
Llevábamos en las tumbonas unos minutos. El sol había perdido su intensidad, los rayos no tenían casi fuerza, pero la sensación era muchísimo mejor que durante las horas que hacía un calor insoportable.
Se estaba de maravilla, a última hora de la tarde.
—Qué mal equilibrado está el mundo —dijo Estela, a modo de queja.
Giré la cabeza hacia ella.
—¿Y eso por qué? ¿Qué me he perdido? —le pregunté.
—Los últimos diez minutos has estado concentrada en la pantalla del móvil —comentó Fani, con diversión.
—Exacto. Tú con dos en cola y nosotras viendo la vida pasar —comentó Estela, con la diversión flotando en cada palabra.
—¿Qué dices? —reí.
—¿Qué se cuenta Víctor? —me preguntó directamente Álvaro.
En el momento que vi que Víctor me había escrito, se lo dije a mis amigos. De ahí el interés de Álvaro y los comentarios de Estela y Fani.
La primera, Estela, estaba picándome porque, mientras comíamos, les conté a ella y a Fani lo del cliente del bar.
Ya estaban al día de todas las novedades y, según mis amigas, de esta noche no pasaba que él y yo tuviéramos algo, si nos encontrábamos por el hotel.
Y dada mi historia con Víctor… de ahí el drama fingido de Estela.
Álvaro estaba en uno de los finales de la línea que habíamos formado con las tumbonas. A él lo seguíamos yo, Estela y Fani. Mi amigo tenía la cara tapada con un brazo.
—Por fin ha tomado la decisión. Va a dejar el trabajo —le contesté a Álvaro, dándoles la información también a las chicas.
—Ostras. ¿Ya? —me preguntó Fani, entre sorprendida y aliviada.
No era un secreto. Los cuatro sabíamos cómo lo pasaba Víctor en el trabajo. Ese tema de conversación salía en algunas ocasiones de las que quedábamos con él, porque nos interesábamos por cómo estaba. Aunque la mayoría de esas veces nunca ahondábamos en el asunto.
Queríamos que Víctor se desahogara si lo necesitaba, no agobiarlo más con preguntas e insistencias, cuando se suponía que debía desconectar y pasárselo bien en las salidas que hacíamos. Era Víctor el que hablaba cuando lo necesitaba y quería, los demás le seguíamos el ritmo.
—Ya está seguro, pero quiere esperar al final de verano. Me ha dicho para septiembre —les dije.
—No tendría que esperar. Podría tener el mejor verano de su vida, desde hace tiempo —comentó Álvaro.
—Él sabe sus motivos. —Me encogí de hombros—. Lo importante es que va a hacerlo. Que se vaya a la mierda su jefe.
Negué con la cabeza.
—Brindo por eso —habló Fani.
—¿Y la bebida? Solo tú brindarías con una imaginaria —rio Estela.
—Era un decir —se defendió Fani, antes de unirse a las risas.
—Voy a escribirle.
Desbloqueé el teléfono y comencé a teclear.
—¿Quién se apunta a otro baño? —preguntó Álvaro.
Se levantó de la tumbona.
—Yo —contestó animada Estela.
—A mí ahora no me apetece —comentó Fani.
Álvaro y Estela se fueron al agua. Fani se quedó en su tumbona, con los ojos cerrados, disfrutando del final de la tarde.
Yo me centré en hablar con Víctor porque sabía que ahora, en un momento u otro, vería mis mensajes y podríamos hablar sin esperas.
Dara: ¡Hola! No sabes cómo me alegro de que por fin vayas a mandar a la mierda a quien se lo merece. Eso hay que celebrarlo.
Dara: No me gusta que estés tan desanimado y sin fuerzas. Tienes que salir de esa espiral ya.
Dara: No me has contado un rollo. ¿Vale? Por aquí todo va estupendamente, sí. Trabajando y disfrutando de todos los momentos, hasta que se terminen.
Dara: ¡Y claro que puedes venir al hotel! No puedo colarte, pero sí reservar para un fin de semana o el tiempo que sea, para un amigo.
Dara: A Estela y a Fani les salió más barata la estancia por venir de parte de Álvaro y mía. Les hicieron un buen descuento en el alojamiento.
Dara: Si va a sentarte tan bien y lo necesitas tanto, no te lo pienses. De verdad, tú solo dime que vendrás y nosotros lo arreglamos todo.
Dara: Podrías estar ahora mismo con nosotros, tumbado en una tumbona, o bañándote en el mar. En un rato iremos a ducharnos y después a cenar. Continuaremos la noche con unas copas y seguramente nos den las tantas, antes de que nos recojamos de madrugada.
Dara: Mañana Álvaro y yo estaremos quejándonos hasta el mediodía, hasta que podamos descansar, mientras que Fani y Estela duermen hasta hartarse. Se unirán más tarde a nosotros.
Dara: Pero ¿sabes qué? Nos dará igual. Cansados y con resaca estaremos felices porque esta noche nos lo vamos a pasar genial. No sé, ahí lo dejo.
Dara: Yo de ti comenzaría a preparar una bolsa de viaje para el fin de semana que viene.
Dara: ¡Di algo! Ja, ja, ja…
Víctor hacía un rato que había entrado en la conversación, por lo que conforme le escribía, me leía.
Víctor: Ja, ja, ja… Es que me encanta escucharte hablar, en este caso leerte. Hola, preciosa.
Dara: Hola, guapo.
Víctor: Casi me has convencido para lanzarme a ir el fin de semana que viene.
Dara: Di que sí. Di que sííí…
Víctor: Ja, ja, ja…
Dara: Lo necesitas y a nosotros nos haría mucha ilusión estar contigo el fin de semana. Además, será el último para Fani y Estela. Se van el domingo de la semana que viene, como tú, si te animas a relajarte unos días.
Dara: Puedes llegar el viernes por la tarde, así disfrutas de más tiempo y haces dos noches.
Víctor: ¿Tanto me echas de menos?
Sonreí.
Dara: ¡Tonto! Ja, ja, ja… Pues claro que te echo de menos.
Dara: Te insisto por eso. Me encantaría que disfrutáramos todos juntos y tener conversaciones largas en la playa. Pero, sobre todo, lo hago porque sé que lo necesitas.
Dara: Tú mismo lo has dicho, estás muy cansado y desanimado. No te quedan fuerzas y la situación te consume. Tienes que darte un respiro, huir de esa rutina que no te hace ningún bien. Al menos por unos días.
Víctor: Lo pensaré bien. ¿Vale?
Dara: Vale.
Víctor: Pero me has convencido bastante, así que eso es una buenísima señal para que sepas cuál será mi decisión final.
Envié un gif de celebración y ambos pusimos risas.
Dara: Joder. No te imaginas cómo me alegro. Pero ¡ya no digo nada más, no vaya a ser que lo estropee!
Dara: Los chicos te envían saludos.
No me lo habían dicho, pero no hacía falta para que fuera cierto.
Víctor: Devuélveselos. Te dejo ya, preciosa. Sigue disfrutando, yo voy a darme una ducha. Hablamos estos días.
Dara: Vale. Que vaya muy bien. Nos llamamos.
Nos enviamos besos, antes de salir de la conversación.
Cuando levanté la mirada, me di cuenta de que Fani no estaba en su tumbona.
La busqué en el agua y sonreí al verla con Estela y Álvaro. Al final había decidido darse el último baño del día.
Sus risas se escuchaban fuertes, por lo bien que se lo estaban pasando. O más bien el que se divertía era Álvaro, mientras que Estela y Fani se ayudaban para escapar de él, para que no las lanzara al agua.
A mí no me apeteció unirme. Todavía tenía el bikini mojado del último baño y preferí quedarme en la tumbona.
Recorrí la playa con la vista. Todavía había mucha gente y continuaría siendo así, porque se estaba de maravilla.
Hasta las diez y media de la noche se podía entrar en los comedores para cenar, o ir al bar en el que trabajábamos Álvaro y yo. Esa era la hora máxima, aunque después, los que estaban en los comedores, podían alargar el tiempo hasta la media noche.
En el bar era diferente, ya que, como había dicho en alguna ocasión, después del servicio de la cena se pasaba a las copas, a la música y a la diversión. Aunque también era un ambiente ideal para tener conversaciones. La música no sonaba muy alta.
De repente, algo me sacó de mis pensamientos. Ese algo no fue otra cosa que ver al hombre del bar, al cliente dueño de unos ojos y una apariencia de escándalo.
Debería estar prohibido salir del agua como lo hizo él, con el bañador pegado al cuerpo y pasándose las manos por el pelo, mientras las gotas de agua resbalaban por su piel.
Parecía que estaba grabando un anuncio. ¿Cómo podía ser que algo tan simple, como sacudirse el pelo para quitarse el exceso de agua, él lo convirtiera en algo tan sensual y sexi?
Me quedé tan embobada observándolo, que cuando reaccioné me di cuenta de que me había pillado.
Debió pararse al verme, porque estaba a unos pasos de la orilla y observando en mi dirección.
Nuestras miradas se encontraron y no importó la distancia que nos separaba. De nada sirvió, ya que igualmente sentí algo removerse en mi interior.