Capítulo 9
Después de varios parpadeos lentos, conseguí mantener los ojos abiertos.
Enfoqué la mirada en la ventana, sin moverme ni lo más mínimo, notando la presencia de Fani a mi espalda.
Esta vez me había tocado dormir con ella. Iba turnándome entre la cama de mis amigas, ya que la cabaña solo tenía dos habitaciones.
Aunque, dependiendo de la hora que llegáramos de fiesta, yo dormía en el sofá para no molestarlas cuando tenía que madrugar para el trabajo.
Así era desde que Fani y Estela llegaron a la cabaña para sus vacaciones. Álvaro tenía para él solo el apartamento que compartíamos, el mismo apartamento al que volverían César y su novia.
Cuando Fani se movió, me giré un poco hacia ella, para comprobar si se había despertado.
Sonreí al verla con los ojos cerrados.
Cogí el móvil de la mesita de noche. Eran las seis y media de la tarde, la hora perfecta para prepararnos para ir a darnos un baño, regresar para ducharnos y arreglarnos y después salir a cenar y a lo que nos apeteciera.
Me levanté con cuidado de la cama y fui hacia la silla en la que tenía varias prendas de ropa y el bikini. Con la poca luz que se colaba por las rendijas de la persiana, cogí el bikini y un vestido playero.
Salí de la habitación sin hacer ruido, descalza, y en el pasillo vi, desde la puerta abierta de la habitación de Estela, que ella también seguía dormida a pierna suelta en su cama.
Me dirigí al baño, donde me desnudé quitándome la ropa interior y la camiseta de tirantes que me puse cuando me deshice del uniforme de trabajo, para echarme en la cama.
Me puse el bikini y sonreí al ver mi imagen. No recordaba un año que hubiera cogido tanto color. Mi piel era blanca y me costaba mucho tener un tono bonito por el sol, pero este año lo había conseguido, por todas las horas que pasaba expuesta.
Álvaro había creado una carpeta en su móvil, en la que guardaba todas las fotos que me hacía. Le había puesto el nombre de: la morenita. Os podéis hacer una idea de las risas y las bromas que hacíamos por ello.
Según mi amigo tenía que inmortalizar mi cambio, porque dudaba que en el futuro volviera a pasarme. Y ya os digo que estaba acumulando muchas fotografías mías, aunque también juntos.
Tenía razón. Yo no dudaba, directamente sabía que el color tan bonito que tenía este año no iba a conseguirlo nunca más. En la semana o dos que me iba normalmente de vacaciones en verano, no me daba tiempo a ponerme como estaba ahora.
Y tampoco en los fines de semana que iba a la playa con mis amigos, o sola. Lo máximo que conseguía en esas ocasiones era ponerme roja y después, durante el transcurso de la semana pasaba por varias fases, hasta que la siguiente vez que volvía a la playa ya estaba casi como la primera vez.
Me lavé la cara para terminar de espabilarme, porque la siesta me había sentado tan bien que todavía estaba adormilada. Me pesaban los ojos y solo de pensar que en unas horas mis amigos y yo volveríamos a estar bebiendo, bailando o haciendo el tonto en la playa…
Una noche, no hace muchos días, Fani, Estela y yo nos despertamos en la arena.
Aún no nos explicábamos cómo pudimos quedarnos dormidas en la playa.
Nos despertamos al día siguiente por la claridad del nuevo día, llenas de arena, con una resaca impresionante y desconcertadas.
Aunque nos duró poco porque, después de mirarnos y entender la situación, nos echamos a reír.
Una experiencia más que Álvaro se perdió por estar con su primo y los amigos de este.
Cogí el vestido playero y me lo coloqué. Me llegaba un poco más arriba de medio muslo. Era holgado, muy cómodo, y en la parte de arriba tenía tirantes anchos con escotes pronunciados. Por delante dejaba ver la parte de arriba del bikini y por detrás, me dejaba bastante espalda visible.
Me cepillé el pelo para hacerme un moño alto y, al terminar, recogí la ropa que me había quitado. Antes de salir del baño e ir al salón, la coloqué en el armario.
Sentada en el sofá, desbloqueé el móvil y entré en la conversación de mensajes que tenía con Álvaro.
Dara: Hola, bomboncito. La cabaña está en silencio. Estela y Fani siguen atrapadas en sus sueños, pero yo ya estoy aquí, molestándote para que vengas.
Dara: Acabo de arreglarme. Estoy preparada con el bikini, para salir.
Dara: ¿Estás despierto?
Salí de la aplicación y entré en la galería de fotos. Me entretuve buscando entre las últimas las dos mejores y, cuando las tuve, se las envié a mi madre.
Ella no iba a verlas hasta más tarde, así que volví a la galería y localicé otra que me hizo Estela. En ella salía en bikini y con una copa en la mano. Esa también la envié, pero a un destinatario diferente.
Pulsé encima del nombre de Víctor y se la adjunté. Después le escribí.
Dara: Hola, guapo. ¿Cómo te va la vida?
Sonreí porque sabía la cara que pondría al leer el mensaje. Y también al ver mi foto.
Víctor y yo salíamos de vez en cuando con el propósito claro de liarnos, aunque también quedábamos para vernos con nuestros amigos. Todos nos conocíamos y cuando nos juntábamos éramos un grupo de nueve personas.
Los dos estábamos libres y no queríamos compromisos, por lo que cuando nos apetecía, cuando surgía, pasábamos un buen rato juntos. Podía ser desde tomar un café y terminar en su casa o en la mía, o para cenar, tomar unas copas y acabar de la misma manera.
Debo decir que no siempre acabábamos enredados. Había días o noches que solo disfrutábamos de nuestra compañía, poniéndonos al día de cómo nos había ido el tiempo que hacía que no nos veíamos.
Nos iba genial de esa manera. A ninguno de los dos nos importaba estar un mes sin vernos, o más, por no coincidir. En esas ocasiones nos escribíamos de tanto en tanto, porque nos llevábamos de maravilla.
De hecho, nos considerábamos amigos. Nos escuchábamos, nos comprendíamos, nos apoyábamos y nos ayudábamos en todo lo que podíamos, a pesar de permanecer a distancia algunas temporadas y de que cada uno tenía su vida.
Sabía que el día que dejáramos de intimar no supondría el final de nuestra relación. Nuestra amistad seguiría.
Víctor era un hombre especial que solo se daba a conocer bien hacia las personas en las que confiaba. El problema era que le costaba mucho abrirse, debido a los palos que se había llevado. Tenía muchas barreras levantadas, las que, por suerte, yo hacía mucho tiempo que derribé.
Aparte de lo especial que lo consideraba, era un hombre muy guapo, atractivo, simpático y atento. Solo podía decir cosas buenas sobre él porque así era Víctor.
El sonido de un mensaje me sacó de mis pensamientos.
Sonreí al ver que Álvaro me había contestado.
Álvaro: Hola, cucuruchito.
Reí, intentando no alzar mucho el volumen de mis risas.
Lo de cucuruchito lo había dicho para picarme, al igual que yo cuando lo había saludado en el primer mensaje con lo de bomboncito.
No le gustaba nada, siempre se quejaba porque él no era nada comestible.
La realidad era que terminó harto de ese tipo de apelativos, gracias a una relación que tuvo.
Sandra, que así se llamaba su pareja, utilizaba todo tipo de apelativos para dirigirse a él.
Ella era fan de los más empalagosos que os puedan venir a la cabeza.
De manera que mi amigo al leer lo de bomboncito, se había venido arriba. No en el buen sentido.
Amplié mi sonrisa.
Álvaro: Perdona, acabo de salir de la ducha. ¿Siguen dormidas las chichas?
Álvaro: Tú solo eres una molestia cuando te tengo al lado, así que no te preocupes por escribirme desde lejos.
Dara: Ja, ja, ja… Estás muy gracioso esta tarde, caramelito.
Apreté los labios, para contener la risa.
Álvaro: Pastelito, no me toques los cojoncitos. La vamos a tener.
Reí, tapándome la boca.
Dara: Valeee… pero eso de cojoncitos ha sonado muy mal, que lo sepas —puse una cara sacando la lengua—. Las chicas siguen durmiendo. Voy a despertarlas ahora.
Dara: Oye, ¿no te apetece ir a la playa un rato y darte un baño? Te has duchado… Si no quieres, puedo ir yo un momento. A mí me apetece y me sentará bien. Entre que Fani y Estela se espabilan, me da tiempo a volver para ducharme.
Álvaro: Claro que vamos a la playa, ya tengo puesto el bañador. Me he duchado porque necesitaba refrescarme, me he despertado muy agobiado con el calor. El aire acondicionado vuelve a fallar.
Dara: Joder, qué poco ha durado. Ahora llamo para decirlo, a ver si lo arreglan rápido.
Álvaro: No te preocupes, ya me he encargado de eso. Acabo de salir del apartamento, voy para allí.
Dara: Vale. Voy a encargarme de las chicas, antes de que llegues.
Dara: Y olvídate de dormir esta noche en el apartamento. Te quedas en la cabaña.
Salí de la conversación y me levanté para ir a las habitaciones de mis amigas. En el camino dejé el teléfono en la mesa del salón.
Para despertar a Estela tuve que subirme en su cama e insistir, porque me empujó varias veces. Con Fani lo tuve más fácil. Después de llamarla varias veces y de zarandearla despacio, abrió los ojos.
Les dije que Álvaro venía de camino, para que no se retrasaran, y volví al salón, donde no me paré. Cogí el móvil y salí al pequeño porche que tenía la cabaña.
En él había una mesa pequeña con dos sillas y un banco. Fui hasta la barandilla, me guardé el teléfono en el bolsillo delantero que tenía el vestido y apoyé los brazos en la barandilla.
Desde mi posición lo veía todo, la playa y las diferentes pasarelas que conectaban los caminos a seguir. Álvaro aparecería en ella en cualquier momento.