CAPÍTULO 3 EL DÍA QUE TE DIJE INTERESADA
Ese día yo ya estaba hasta la madre, compa. Te lo digo sin rodeos. Ya llevaba 2 días con el “la ubicación no”, con el “al rato voy al doctor”, con el “me acabo de fumar un cigarro”.
Y me mandas una foto. Y luego otra. Y yo ya traía el coraje atravesado.
Y te puse lo peor que le puedes decir a una morra que está lastimada. Te puse:
“Aórrate tus fotos no las ocupo”
“Si un día quieres dinero solo ocupabas pedirlo no ocupo mentiras ni historias falsas”
“Está bien tu sabes como ases las cosas me alegro mucho por ti adiós abril”
Te dije abril, para lastimarte. Como si no supiera tu nombre. Como si fueras cualquier persona.
Y tú, güerita hermosa, no me mandaste la chingada. Que era lo que yo me merecía. Me contestaste llorando, pero con dignidad.
Me pusiste: “Ora? Historias falsas? Permíteme deja te muestro”
“Yo con la enfermedad jamás, jamás jugaría”
“Cuando he sido interesada contigo Christian?”
“No necesito dinero. Si ocupo feria pero no necesito pedirte la yo se me ganar las cosas”
“Si ocupo feria pero no necesito pedirte la yo se me ganar las cosas”
Y me mandaste las fotos. Las fotos del cuello marcado. Las fotos de la espalda con lesiones. Las fotos que yo te había dicho que no te pedía.
No me las mandaste para dar lástima, compa. Me las mandaste para defenderse. Para decirme “mira, no estoy mintiendo. Me duele de verdad”.
Y ahí yo me sentí la peor basura del mundo. Porque entendí que tú nunca me pediste un peso. Que tú nunca me dijiste “depósitame”. Que tú solo querías que te creyera.
Esa noche te escribí “perdóname güerita”. Pero ya te había herido. Ya te había dicho interesada a la morra que se gana la vida trabajando con lesiones y todo.
Tú me dijiste esa frase que ahora va en la contraportada de tu libro: “Te dije yo cumplo con lo que digo y voy de regreso por mi morrillo y con lesiones y todo me voy a ir a trabajar porque siempre fui y soy la vrga”.
Esa frase me hizo entender quién eres. No eres la niña de Valle que pide rescate. Eres la guerrera que con dolor de pecho, con lesiones, se va a trabajar porque tiene un morrillo que mantener.
Y yo, el vato de León, te acababa de decir interesada.
Compa, si estás leyendo esto y le has dicho interesada a una morra que solo quería que la creyeras, pídele perdón. Hoy. Porque la vida es prestada y mañana puede ser tarde.
Yo te pedí perdón esa noche. Y tú, con tu corazón enorme, me perdonaste. Me dijiste “aquí estar”.