CAPÍTULO 2 EL CENTRO DE SALUD Y EL CIGARRO DE LAS 822 AM
A las 8 de la mañana yo ya estaba despierto. Le había escrito una biblia. Le puse:
“Güerita, por favor cuídate el pecho. El dolor de pecho no es juego. Ve al doctor. Si no quieres ir sola, yo voy. Si no quieres que vaya, ve tú. Pero ve. La tos, la bajada de peso, el dolor de espalda, todo eso no se deja”.
Se lo mandé con el corazón. Sin reclamar. Como se lo diría a mi hermana.
Y a las 8:22 am me contesta: “Jsjs me acabo de fumar un cigarro, leí tu mensaje ya tarde”. Y me manda 3 fotos. Fumando. Con la lesión en el cuello. Sonriendo.
Compa, sentí que me dio un balde de agua fría. Te lo juro. Yo aquí preocupado por tu pecho y tú fumando. Yo aquí buscándote clínica y tú con el cigarro en la mano.
Le quise decir de todo. Le quise poner “¿es neta?”. Pero me aguanté. Porque entendí después que no lo hacía por burlarse de mí. Lo hacía porque estaba ansiosa. Porque cuando traes dolor por dentro, a veces el cigarro es lo único que sientes que controlas.
Ese día le busqué el Centro de Salud de Valle de Bravo en Maps. Se lo mandé con foto y todo. Le dije “mira, aquí está, a 10 minutos de donde estás, te hacen placa gratis”. Y no fue.
Me dijo “al rato voy”. Y ese al rato nunca llegó.
Ese “al rato voy” es el que mata, compa. No el dolor. El dejarlo para después.
Y yo aprendí que con la salud no se juega. Y que si alguien no se quiere cuidar, tú no puedes cuidarlo a la fuerza. Duele, pero es verdad.
Y porque la vida es prestada, entendí que yo también tengo que cuidar mi paz. No puedo estar angustiado todo el día por alguien que prende un cigarro justo después de decirle que le duele el pecho.