Y Mientras Tanto, Sofía (Mujeres que me habitan 2) LXIX. Cerrando círculos #4
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LXIX. Cerrando círculos #4

Y enseguida se montó el plan. Porque sí.

Porque aquella noche estaban especialmente guapas, porque las Meninas con las luces de Callao al fondo quedaban espectaculares y porque tenía algo de divertido plantarse a su lado y sonreír como si, por un instante, aquellos mensajes también hablaran un poco de ellas.

Paula se colocó al lado de una, medio apoyada, con esa expresión suya de me hace gracia, pero, ojo, que aquí hay más tema.

Y entonces empezó a oírse un coro de fondo.

—¡Yo no me callo! ¡Yo no me callo!

Venían por la derecha. Un grupo de seis o siete señoras, abrazadas por los hombros, avanzando juntas como si lo tuvieran ensayado de toda la vida.

No gritaban por montar ruido. Gritaban porque tocaba, porque lo sentían.

Y cuánto se les notaba. Se plantaron en medio de la plaza, sin pedir permiso —igual que las muñecas— y siguieron repitiendo

—¡Yo no me callo!

De pronto todo encajó un poco más. Se acercaron a una de las figuras, justo la que tenía esa frase en grande, y una de ellas —la que llevaba la voz cantante sin necesidad de presentarse— miró a Paula.

—Perdona, guapa, ¿te importa hacernos una foto?

Y Paula, que era incapaz de darle la espalda al empoderamiento femenino después de haber pasado por tanto, asintió enseguida.

Las colocó un poco como pudo —que tampoco estaban ellas para demasiadas indicaciones— y empezó a hacerles fotos.

Una, otra… y otra más, porque siempre había alguna con los ojos cerrados o mirando a cualquier otro sitio.

—Otra, otra, que ahora sí —decía una.

Luego quisieron más. Y entre foto y foto les contaron que habían salido a celebrar que seguían juntas después de toda la vida, que eran amigas desde crías y que sus maridos se habían quedado en casa, tan tranquilos, con unas cañas y el fútbol puesto, fieles a esa vieja liturgia masculina según la cual el mundo siempre parecía un lugar más sencillo cuando había un balón de por medio.

Sofía no podía parar de reír.

—Es que son increíbles —les soltó.

—Anda que no nos queda guerra, hija —respondió una de ellas, tan ancha—, nos queda bastante.

Al final, pararon a un hombre que pasaba por allí con prisa, pero no con tanta como para negarse.

—Perdona, ¿nos haces una foto a todas juntas? —le pidió Rachel desplegando su encanto.

Y sin esperar respuesta le plantó el móvil y le dio par de instrucciones rápidas — ahí, que salga la muñeca, que se vea bien la frase — y esta vez se metieron todas. Las señoras, con la energía de toda la vida todavía bien arriba, y el grupo de chicas ya completamente contagiado.

Detrás, bien grande: Yo no me callo.

El hombre levantó el móvil.

—Una, dos…

Y justo ahí, sin previo aviso, algo hizo clic.

No fue solo la foto. Fue el momento. La plaza, las luces, las muñecas, las señoras todavía con la risa en la cara, ellas…

todo en la misma frecuencia, todas sintiendo y viviendo en superlativo.

Y cuando ya estaban saliendo de ahí, con esa sensación de vale, ya está, ha sido un buen rato , camino hacia la entrada de El Corte Inglés…

Madrid se encargó de dejarles muy claro, que cuando parece que ya has cerrado el plan, enseguida puede abrirse otro mucho mejor.

Escucharon la música, bajita al principio… subiendo de tono poco a poco, y notaron a una chica joven, con micrófono en mano, plantada en mitad de la plaza con esa seguridad que solo le brota a la gente desde sus pasiones y termina resultando magnética.

Sarah, que iba medio a lo suyo con el móvil, levantó la cabeza de golpe.

—Esperen, esperen… —dijo, agarrando del brazo de Amber—. Esta canción me encanta.

Y ya estuvo. Se detuvieron todas. Porque cuando una decía algo así, con esa cara de dicha, no había debates posibles.

La chica cerró los ojos un segundo y empezó a cantar, como si aquel trozo de calle le perteneciera desde siempre.

♪First, when there's nothing but a slow glowing dream

That your fear seems to hide deep inside your mind… ♪ [61]

Y algo empezó a recolocarse por dentro. Igual era la canción, o el momento, o que estaban todas juntas…

pero de pronto la plaza dejó de imponerse tanto.

Se hizo más cálida y más pequeña. La gente se fue acercando poco a poco, formando un semicírculo alrededor de la cantante.

Algunos dejaban monedas y billetes en la cesta que tenía a sus pies.

Y sin hablar, cada uno encontraba su sitio.

Ellas también se quedaron ahí, quietas, escuchando.

Y a Sarah… a Sarah se le dibujaba en el rostro esa sonrisa mágica, que deambulaba entre la nostalgia y la esperanza.

En medio de todo aquello, Rachel se inclinó un poco hacia Sofía.

—Oye, Sofi… tengo algo que darte. Creo que ahora es buen momento.

Metió la mano en el bolso y sacó un sobre azul. Se lo tendió.

—Es de Cesar.

Sofía lo agarró entre los dedos, curvando los labios como quien ya lo estaba esperando.

—Ya sabía yo… Tiene el don de la ubicuidad el muy cabrón —murmuró—. Al final no me ha llamado hoy.

Y mientras la chica seguía cantando, ella abrió el sobre con cuidado. Dentro había una nota impresa. La desplegó y leyó.

Tesoro, feliz cumpleaños. Voy un poco retrasado para tu cumple, pero ya sabes que conmigo las cosas no son muy planificadas.

¿Qué tal si nos vemos mañana a las doce del mediodía junto a la araña del Guggenheim de Bilbao?

Si nos ponemos de suerte, la escultura de la niebla nos alcanza. Ya tengo las entradas.

Sofía levantó un segundo la mirada, con una risa amplia dibujada en el rostro.

PD: Solo ve si te apetece de verdad. No tienes ningún compromiso conmigo.

Soy de los que piensan que, para que una emoción compartida sea real, los dos tienen que desear vivirla con la misma intensidad.

Yo voy a ir a conocer Bilbao igualmente.

Imagino que, cuando leas esto, ya estaré en el avión.

Aquí tienes tu vuelo por si decides ir. Yo sigo creyendo que eres tú.

Sofía sintió un latigazo en el centro del pecho… la plaza de Callao despareció. Miró dentro del sobre y ahí estaba. Un billete de Iberia para el próximo día a las nueve de la mañana. Madrid–Bilbao .

La chica seguía cantando. La gente seguía mirando.

Madrid iba a lo suyo. Pero Sofía ya no estaba del todo ahí.

Tenía el sobre apretado contra el pecho y los ojos se le llenaron de lágrimas.

Una felicidad inesperada la inundaba y la dejaba un poco fuera de sitio.

Estaba ida de frecuencia… hasta que al levantar la vista algo tiró de su ensoñación a la realidad.

—¿Pero…? —murmuró, sin terminar la frase.

Sarah caminaba directa hacia la chica que cantaba, decidida y poderosa. Ambas intercambiaron un par de gestos rápidos, una sonrisa, algo que no se oyó… y de pronto el micrófono cambió de manos.

—¿What the f**k?  —soltó Paula boquiabierta.

Se miraron unas a otras llevándose las manos a la boca para contener la risa.

Solo ella… solo Sarah podía hacer algo así.

Y entonces empezó a cantar. Desafinada, por supuesto, pero con una felicidad tan contagiosa que daba igual.

Al principio con ese punto de pudor, de ¿qué demonios estoy haciendo?

,  pero eso solo le duró unos segundos. En cuanto la canción le recorrió el cuerpo, se le iluminó el rostro y terminó entregándose por completo, ajena a las miradas, al ruido y al resto del mundo.

Es que Sarah ya no le tenía miedo a nada.

♪What a feeling…♪

Las demás estallaron en carcajadas, sin filtro y sin control.

Y casi al mismo tiempo, como respondiendo a una señal invisible, echaron a correr hacia ella y se agruparon a su alrededor, riendo, abrazándose, moviéndose al ritmo de la música, creando su propio pequeño mundo en mitad de la plaza.

Una burbuja hecha de luz, de voces y de algo que se parecía mucho a la felicidad.

Sarah siguió cantando y entonces, las otras hicieron el coro. Aquella canción no era solo una canción, era una declaración de vida.

Y de repente… por fin, parecía que todo estaba justo donde tenía que estar. Porque algunas personas no llegan a nuestras vidas para enseñarnos el camino. Llegan para recorrerlo a nuestro lado. Y eso… eso es lo que hacen las amigas.

♪ What a feeling, being's believing

I can have it all now I'm dancing for my life

Take your passion and make it happen

Pictures come alive you can dance right through your life.

FIN