Y Mientras Tanto, Sofía (Mujeres que me habitan 2) LIX. En silencio ha tenido que ser #2
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LIX. En silencio ha tenido que ser #2

—Rafa y yo hemos decidido que queremos ser padres —soltó Rachel sin anestesia—, pero primero queremos salir de Cuba.

El anuncio les borró la sonrisa a todas al mismo tiempo. Nadie dijo nada, pero una especie de angustia se instaló alrededor de la mesa. Otra baja en el grupo empezaba a insinuarse. El tablero volvería a tambalearse y nuevas piezas amenazaban con quedar fuera de juego.

—Bueno… —dijo Sofía, bajando la voz—. Marcel y yo no estamos bien. De hecho… lo hemos dejado.

El silencio fue la forma más sincera que las chicas encontraron para expresarse, pero al menos, decirlo en voz alta frente a sus amigas, la obligaba a enfrentarlo de verdad.

***

Isabel estaba probándose un vestido verde aceituna de Sofía cuando ella regresó a casa. Le quedaba un poco más largo, pero le sentaba con una elegancia que daba rabia.

—¿Qué haces parasitando en mi closet ? —protestó Sofía al verla frente al espejo—. Tienes más ropa que yo. Y más cara también.

—Uy, pero qué cara tienes tú —dijo Isabel, acercándose para agarrarle la barbilla—. Poor thing . ¿Extrañas a tu viejito?

—¿Por qué no terminas de llevarte lo que necesites y te largas? —respondió Sofía virando los ojos.

Isabel le hizo una mueca burlona y se puso a inspeccionar las carteras, eligió una a tono y la sostuvo en alto.

—Esta también me la llevo —anunció antes de sentarse en la cama—. Y no puedo irme todavía. Tenemos que hablar.

Sofía enarcó las cejas porque Isabel no era dramática. Algo serio debía de ser… y esperaba que no fuera que había decidido independizarse, aunque, pensándolo bien, eso era estadísticamente improbable.

—No me asustes. Suéltalo ya.

Su hermana abrió el correo en su móvil y le mostró la carta de aprobación de una Beca de la Fundación Carolina para cursar un posgrado en la Universitat  de Barcelona.

—¡ Wow ! —se apresuró a decir Sofía—. ¡Felicidades! Es una notición… —pero ipso facto  inspiró hondo y apareció la parte menos luminosa—. Mierda. Otra despedida más. ¿Cuándo te vas?

—Aquí dice que la visa podría tramitarse desde el 15 de noviembre, pero las clases empiezan en enero —Isabel se mordió el interior de la mejilla—. Tienes que ayudarme a decírselo a mamá. No sé cómo hacerlo.

Sofía se puso seria, tragó saliva y respiró profundo por la nariz para que el oxígeno llegara a los sitios correctos dentro de su cerebro.

La noticia era maravillosa, pero la visa de Isabel no era solo para una beca, era para empezar una nueva vida en un país al menos libre, era un jodido no sé cuándo volvamos a vernos ni cuándo me robarás la ropa otra vez .

Imaginar eso dolía donde no podía nombrarse.

—Vamos a buscar un buen momento. Espera unos días, cuando lo tengas todo confirmado —propuso Sofía, dejándose caer en la cama flexionando un antebrazo sobre la frente—. Ahora piérdete y regresa temprano. ¿Con quién vas y a dónde?

—Al Pulp Fiction , con mi novio —respondió Isabel con sorna.

—Ah, ¿porque ya es tu novio…? —ironizó Sofía con una sonrisa escapando de sus comisuras.

—Sí, ya pasó la etapa de prueba. —Se detuvo un segundo en el umbral de la puerta—. Te quiero.

—Yo más.

***

Casi a las diez de la noche y con el pelo húmedo pegado a la nuca sin ánimos de encender el secador para que hiciera lo suyo, Sofía se dejó caer en la cama con el pijama más horrendo que tenía en el cajón. Algodón suave, azul claro, con un dibujo de Stich que daba más miedo que ternura.

Miró el reloj del móvil, y al notar la hora decidió enviar un texto primero.

Sofía:

¿ Puedes hablar ahora por video ?

El mensaje ni siquiera llegó a quedarse en visto.

El móvil comenzó a vibrar y la pantalla se llenó de aquellos ojos esmeralda.

En la foto sonreía igual que siempre, irreverente e irritante.

Aunque le habían fallado sus técnicas de galán codiciado, porque al llamar tan pronto daba la impresión de que había estado esperando con el teléfono en la mano.

Sofía se incorporó un poco antes de deslizar el dedo. Se vio reflejada un segundo en la cámara frontal con sus ojeras insinuadas y las mejillas aún sonrosadas por el baño. «Bueno… No estoy para portada, pero sobrevivo».

—Ese pijama es muy inquietante, pero nada sensual —dijo Cesar atrapando el labio inferior entre sus dedos.

—Esa era la idea —contestó Sofía, meneando la cabeza—. ¿Cómo estás?

—Ahora bien… pero he estado al borde de la depresión —bromeó.

Sofía sonrió, pero algo se le hundió por dentro.

—Perdona por no haberte escrito antes. He tenido días largos y complejos. Sé que no es justificación, pero…

—Tesoro… no tienes que explicar nada. Está todo bien.

—Quiero que me escuches, Cesar —el temblor en sus labios delataba el nerviosismo—.

Sé que soy una egoísta de mierda y que últimamente voy de listilla, haciendo como que nada me afecta demasiado.

Todo esto de Sarah me cambió la forma de ver las cosas…

, me afectó más de lo que admito… y a veces no sé qué decir.

—¿Que tú no sabes qué decir? —ironizó él.

—No me interrumpas —pidió Sofía, seria.

Él levantó las palmas en señal de rendición.

—Sé que hablar contigo me hace bien. Pone en pausa todo lo que me atormenta y siempre, siempre… me deja un poco de esperanza. Has sido tan especial conmigo estos últimos dos años… y ahora, con lo de Sarah… De verdad. No puedo evitar pensar que todo lo haces por mí y…

Sofía apretó los labios; el movimiento de su garganta pareció tragarse a la vez la vergüenza y la impotencia que sentía.

—Lo hago por ti, Sofía…, en un principio —aclaró él—. Aunque luego termino haciéndolo por ellas también…

—Supe que terminaste con tu novia —lo interrumpió, mirándolo fijo.

Cesar rodó los ojos.

—No quise decírtelo antes porque no venía al caso y, además…

—Ya lo sé, ya lo sé —lo cortó Sofía—. Y no sabes cómo aprecio tu condescendencia.

—No quiero incomodarte. Sé que estás feliz con tu pareja … y eso es todo lo que quiero para ti.

A Sofía la mirada se le oscureció un segundo, pero no le dijo que se había separado. Se aferró al silencio para no contaminara lo que fuera que estaba pasando entre ellos.

—Sofía… ¿estás bien? —preguntó él, al percibir el sesgo melancólico en su expresión.

Ella curvó los labios.

—Estoy bien, Cesar. Solo tengo sueño. Pero no quería que el día terminara sin darte las gracias… por todo. Y, por cierto, tienes muy buen gusto, la peluca le quedó genial.

—Sí, buen gusto sí que tengo.

Sofía trató de ignorar sus insinuaciones, pero la manera en que intentaba ahogar la risa la delataba. Se pusieron al día sobre sus rutinas de vida y después de unos minutos se dieron las buenas noches y colgaron.

***

El lunes amaneció gris y con lluvia, los días así hacían que Sofía se sintiera inexplicablemente cómoda, con ganas de apartar la cortina de su habitación, sentarse frente al escritorio y escribir sin parar dejando el mundo reducido a su ventana empañada y a una —o varias— tazas de café caliente.

Pero esa mañana no tocaba literatura ni introspección; tocaban Urgencias.

Urgencias neurológicas, que también le gustaban, pero de otra manera más eléctrica y menos romántica.

Llegó temprano al hospital, se acomodó en la sala de Urgencias para evaluar el primer caso, y descubrió que compartiría espacio con Maritza quien, por cierto, estaba demasiado callada.

Sofía respiró aliviada —sus silencios siempre eran más llevaderos que sus interrogatorios—, aunque no pudo evitar esa leve tensión anticipatoria.

Conocía bien la capacidad de su amiga para convertir cualquier jornada tranquila en una entrevista no solicitada sobre su vida privada.

—Parece una hemorragia subaracnoidea de causa hipertensiva. Te confirmo en cuanto vea la tomografía —le dijo Sofía a Maritza entregándole el historial médico—. ¿Te queda café?

Maritza levantó las cejas y curvó los labios con una media sonrisa en lo que se giraba a buscar el termo y un vasito plástico.

—Ya está medio frío, estos días de lluvia son insoportables, me ponen de mal humor —protestó la doctora—. ¿Cómo está Sarah?

—Lo está llevando bastante bien. Ahora anda con peluca.

—Ah, sí. Me mandó una foto. Pero va a estar bien, ya lo verás. Todo indica que no habrá complicaciones. Es muy fuerte, la verdad.

—Sí que lo es —respondió Sofía.

Maritza apoyó el termo sobre la mesa y la miró con cara de chisme bien intencionado.

—¿Y tú cómo estás? ¿Cómo va tu vida con el pintor de las mujeres-soles ? [55]

Sofía inspiró hondo y arqueó las cejas… La canción se reprodujo en su mente inoportuna o quizás demasiado pertinente. Dio un sorbo al café.

—Ya no estamos juntos, Maritza. Y, por favor, no me preguntes —le respondió por fin cerrando los ojos un segundo, en un gesto de súplica que no se molestó en disimular.

—Esta sí que no me la esperaba… —murmuró su amiga frunciendo el ceño—. ¿Pero cómo lo has dejado escapar, mujer? Un hombre así no se repite ¡¿eh?!

Sofía ladeó la cabeza, puso los ojos en blanco e hizo un ademán de piensa lo que quieras  y no tengo energía para esto .

—Hazme el favor y cambia de tema —dijo al fin—. No voy a abrir ese melón ahora.

Agarró el teléfono para coordinar con Radiología la tomografía de su paciente y, en tanto esperaba, decidió ponerse al día con Gmail  que casi nunca era su prioridad, como no tenía activada las notificaciones de pantalla se perdía de algunas cosas.

En la lista de correos nuevos había uno de hacía menos de una hora que le aceleró el pulso.

Era de la Editorial Ínsula. La abrió de inmediato.

Hola, Sofía:

Te escribo con buenas noticias. Nos ha encantado la propuesta de título y el manuscrito editado ya ha pasado a maquetación. Vamos bastante ajustados de calendario, pero si todo sigue como hasta ahora, en unas semanas podremos enviarte las galeradas para revisión final.

Estamos trabajando con la fecha provisional de lanzamiento para el 27 de noviembre. Sabemos que coincide con tu cumpleaños y nos parece simbólicamente precioso, pero necesitamos cerrar algunos detalles de marketing  y distribución antes de confirmarlo al cien por cien.