XL. Una noche eterna #4
—Bueno… —retomó Rachel interrumpiendo la defensa que Camila estaba por exponer— solo añadiré una cosa. Eso de no saber en qué punto están deberías resolverlo ya, porque que hoy estemos todas aquí y él esté cocinando para nosotras hace que el asunto se vea bastante serio, ¿no te parece?
Sofía se mordió el labio, pensativa. Sus hombros se encogieron por instinto. «¿Y si la inmadura estuviera siendo ahora yo?».
—Esto no viene al caso, pero… —murmuró Camila— ¿sabemos algo de Cesar?
Sofía les contó que Cesar estaba feliz con su novia. Que hablaban con frecuencia, pero como amigos de toda la vida. Y, mientras lo decía, reflexionó en voz alta sobre la barrera tan estruendosa que podía llegar a ser la distancia para que una relación de pareja funcionara.
Rachel, sentada en el columpio, se limitó a alzar una ceja con discreción y se mordió la lengua con fuerza para no soltar lo que sabía.
Ella y Cesar se habían vuelto casi cómplices, hablaban casi todas las semanas.
Estaba al tanto de que se había separado, pero él le había hecho jurar que no se lo diría a Sofía.
No sabía si esa información significaría algo o no para ella, pero la veía tan en calma que no quería generarle ruidos externos que la disociaran.
Rachel estuvo a punto de decirle la verdad.
Pero justo en ese momento Marcel salió a preguntar si todo estaba bien, y sin querer ella observó su gesto.
Vio cómo rodeaba a Sofía con los brazos, y le besaba el cabello.
Vio cómo ella respondía con una caricia tierna sobre las manos de él entrelazadas alrededor de su cintura.
Notó a su amiga plena, casi feliz… y sabía cuánto necesitaba sentirse así después de todo lo que había pasado.
Así que decidió que Cesar tenía razón… y no dijo nada.
***
—Bueno, ya que Sofía se va mañana y todo el mundo anda exponiendo en este juicio sus asuntos personales… —dijo Amber, alzando una mano— yo tengo algo más que comunicarles.
—Dios nos agarre confesados —murmuró Paula persignándose.
Todas guardaron silencio y se giraron hacia Amber.
—Me mudo con Nelson hasta que nos vayamos a España en abril. Tengo la casa en venta —explicó con calma—. Y donde él vive es muy pequeño, no puedo llevar a Tote.
Tote era su perro mestizo, antiestético —muy carismático, por cierto—, aunque nadie entendía todavía por qué ese detalle era relevante.
—Pau… —Amber se volvió hacia ella con una mirada de gatito con botas—. No te pediría esto, y menos ahora, pero eres la única persona con la que se lleva bien.
—Ni pensarlo —respondió Paula de inmediato.
—Venga. Necesito que lo cuides hasta que pueda enviarlo a España.
—¿A Tote? —Paula abrió los ojos—. A ver…, que se me mueren las plantas y hasta me cuesta abastecer la nevera para mí sola.
—Pues nada… —Amber se encogió de hombros—. Tendré que llevarlo a un refugio entonces. ¿Alguna otra se brinda?
Todas desviaron la mirada con una sincronía sospechosa.
—Mi madre me mata —se excusó Sofía.
—No tengo casa propia —dijo Sarah.
—Yo vivo en un apartamento pequeño, sin terraza y con demasiada gente —argumentó Camila—. Hay hacinamiento.
—¡Qué va! Ni de broma. A mí ni me mires —sentenció Rachel.
Amber lanzó una última mirada silenciosa a Paula.
—Joder, Amber… —suspiró ella—. Vale. Llévalo mañana y ya veremos cómo nos va. No tengo corazón para imaginarlo en un refugio. La verdad es que Tote me cae bien. Pero solo le haré sitio en la terraza.
—Es un perro muy dulce —aseguró Amber deslizando sus ojos por los rostros de sus amigas—, a diferencia de ustedes. Su único problema es que, si oye una sirena de ambulancia o patrulla, la imita con aullidos… aunque eso podría considerarse un don especial.
Todas rieron, incluso, Amber, que acababa de poner a Paula en una terapia de acompañamiento con mascotas, para liberar oxitocina de forma natural, creando un nuevo vínculo afectivo sin más efectos secundarios que tener que alimentarlo y recoger sus excrementos.
Un win-win , [31] sin duda. Menos tiempo para deprimirse.
Porque si la forma más conocida de liberar oxitocina eran los abrazos, y el arte de expresar afecto a través del cuerpo era limitado para ambas, Tote se presentaba como una alternativa muy coherente.
***
Estaban todas cenando solas, en la mesa larga de madera de roble del comedor porque Marcel, a pesar de la insistencia, había decidido darles su espacio y volvió al estudio para intentar terminar una pintura que tenía a medias.
Durante la comida, Camila contó que con Raúl todo iba muy bien, que estaba motivado en el trabajo y cada día se mostraba más cariñoso y atento con ella.
Rachel admitió que ya se sentía más en sintonía con su —ya no tan nuevo— estilo de vida y que incluso había hablado con Rafa sobre la posibilidad de formar una familia en un futuro no demasiado lejano.
Paula se limitó a decir que había tenido que bloquear a Oscar del móvil porque no paraba de llamarla, no sin antes mandarlo al demonio y sugerirle que comprara pañales para gestionar sus incongruentes treinta y ocho años.
No dijo nada más. Y nadie preguntó. Aún no estaba lista.
Además, la conversación previa con Marcel había sido profundamente esclarecedora.
No solo le había traído calma, también había aplacado un poco el ruido interno que la tenía tan aturdida.
—¡Madre mía! —exclamó Rachel, impresionada—. Siento que acabo de viajar a Italia a cenar. ¡Qué exquisitez!
—Es lo más cerca que estaremos en bastante tiempo, hermana —bromeó Camila, dándole unas palmaditas en el hombro.
—Y les falta el tiramisú —las sorprendió Sofía colocándole uno en frente a cada una—. También hecho en casa.
—Con café espresso, queso mascarpone, cacao en polvo y bizcochos de soletilla —informó Marcel, que salía en ese momento a comprobar que todo marchara bien.
—¿Y dónde consigues todos los ingredientes en esta aldea? —preguntó Rachel.
—Uno tiene sus contactos —respondió él guiñándole un ojo.
—Y sus encantos —agregó Sofía enarcando una ceja pues, esta vez, había dejado su frase incompleta.
Él se ruborizó.
—Gracias por todo Marcel —los interrumpió Sarah —. De verdad. Ha estado delicioso.
—Ha sido un placer —aseguró él, orgulloso.
—Los canelones y la lasaña, porque he comido de los dos… —aclaró Paula— insuperables. Y ni hablar de este postre —concluyó saboreando la primera probada.
Marcel hizo un gesto reverencial.
—¿Saben qué significa tiramisú en italiano? —preguntó, pronunciándolo con el acento justo.
Todas negaron con la cabeza degustando el dulce.
—Significa algo así como súbeme, levántame, anímame —explicó—. En Italia se dice de forma coloquial a las personas que están cansadas, tristes o apagadas… como una invitación a volver a la vida.
—Anda pues… —Rio Paula—. O sea, que están todas aquí comiendo tiramisú a costa mía, ¿no?
Todas soltaron una carcajada.
—No, no, perdón —se excusó Marcel—. A Sofía le encanta y pensé que era buena idea.
—La mejor —aseguró Rachel—. Está espectacular.
Los halagos y las cucharadas iban y venían cuando el teléfono de Sofía comenzó a vibrar sobre la mesa.
Alejandro llamando , leyó en la pantalla. Pidió permiso y se apartó unos pasos para contestar.
—Hola —susurró, alejándose hacia la terraza.
Marcel la siguió con la mirada y se movió despacio para no perderla de vista.
—Hola, Sofi… ¿cómo estás? —respondió Alejandro al otro lado de la línea.
—Bien… ¿tienes algo para mí?
—Sí. Te he enviado al correo el informe preliminar. Además, le he pedido al profesor Javier que lo revise personalmente antes de emitir el informe oficial —añadió, con una voz que se apagaba hacia el final—. Nos vemos el lunes en La Habana.
Sofía agradeció, colgó y abrió el correo de inmediato. Ahí estaba.
Asunto: Informe radiológico preliminar – USG2357
Paciente: Sarah García
Edad: 25 años
USG2357
Indicado por: Dra. Maritza Zambrano/ Esp. Medicina Interna
En la región inguinal se identifican adenopatías aumentadas de tamaño, de morfología inespecífica.
Los hallazgos descritos pueden corresponder a procesos de origen inflamatorio, infeccioso o linfoproliferativo, debiendo correlacionarse con el contexto clínico y analítico del paciente.
Se recomienda completar el estudio mediante tomografía axial computarizada (TAC) de cuello, mediastino y abdomen, con contraste intravenoso con el fin de evaluar la distribución ganglionar, determinar la extensión del compromiso y contribuir al diagnóstico diferencial radiológico, así como descartar patología asociada.
Un aire frío le recorrió el cuerpo a Sofía de arriba abajo. Parpadeó con rapidez, pero los ojos se le anegaron. Sintió miedo. Sus piernas, de repente, no podían sostenerla. Se apoyó contra la pared.
Marcel lo notó y caminó hacia ella con disimulo.
—¿Estás bien, cariño? —preguntó en voz baja, sujetándola con suavidad por el brazo.
Sofía alzó la vista, con los ojos empañados. Las palabras no le salieron.
«Linfoproliferativo… linfoproliferativo… linfoproliferativo».