Y Mientras Tanto, Sofía (Mujeres que me habitan 2) XIV. Dictamen
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XIV. Dictamen

Sofía llegó ansiosa a su casa, dejó el bolso en el sofá de la entrada y fue directa a su habitación.

Caminaba de un lado a otro con el teléfono en la mano mientras intentaba convencerse de que aquel correo no iba a cambiarle la vida.

Las otras dos editoriales, la de México y la de Argentina, ya le habían respondido la semana anterior con mensajes amables y profundamente desalentadores donde le explicaban que el manuscrito no encajaba dentro de sus líneas editoriales.

Y aunque había intentado mantenerse pesimista desde el principio para protegerse un poco del golpe, lo cierto era que aquellas respuestas terminaron empujándola hacia la idea derrotista de que escribir ese libro nunca había sido uno de sus designios reales en la vida sino una necesidad emocional momentánea disfrazada de proyecto.

«Respira, Sofía. Ya está. Ábrelo». Dio otra vuelta, y pulsó la notificación.

Leyó. Primero en diagonal, como amagando un pie al agua fría. Luego volvió y lo repasó todo más despacio. A mitad de párrafo sintió el latido en la garganta. Se llevó el móvil al pecho y volvió a mirar, por si acaso las palabras habían cambiado de sitio.

De: [email protected]

Asunto : Dictamen preliminar       sobre el manuscrito enviado.

Estimada Sofía:

Es un placer ponernos en contacto con usted.

Le informamos que hemos recibido y evaluado su manuscrito con la colaboración de una especialista y asesora externa: la Dra.

Niurka Castillo, neurocientífica del Instituto Cajal y autora en nuestro catálogo, y nos complace comunicarle que su propuesta ha resultado muy interesante y singular por su enfoque de divulgación emocional con base científica.

En consecuencia, hemos decidido abrir una oportunidad de edición condicionada a un breve trabajo de desarrollo editorial previo.

Adjuntamos el Dictamen del manuscrito con observaciones estructurales y de estilo, así como sugerencias de mejora (claridad conceptual, secuencia de capítulos, ejemplos aplicados y calibración del tono divulgativo).

Si usted está de acuerdo, la Dra. Castillo ha solicitado ponerse en contacto para conversar sobre las recomendaciones y acompañar el proceso de afinado. Con su autorización, podremos remitirle sus datos para que ella se comunique con usted directamente.

Una vez integradas las mejoras, presentaremos su obra al Consejo Editorial en la próxima mesa de lectura.

Quedamos atentos a su confirmación y a cualquier consulta que desee realizar.

Cordialmente,

Roxana Acevedo.

Editora | Departamento de No Ficción

Editorial Ínsula

Sofía no sonrió abiertamente, pero toda la alegría se le desbordaba en los ojos, igual que se veía la luz detrás de un vidrio. «¿Esto es conmigo?». El escepticismo le arañaba el entusiasmo, esa sensación que a veces tenemos de no poder llegar, de no merecerlo, de no ser suficientes, de…

«¿No se habrán equivocado de persona?». Volvió al saludo, palabra por palabra, para asegurarse de que no había leído un espejismo. El corazón retumbó fuerte contra las costillas cuando encontró de nuevo su nombre y la invitación. Sin pensarlo —casi en modo reflejo— abrió el adjunto del Dictamen.

Eran diez páginas que amagaban con ser exigentes.

Pedían afinar la pregunta central y reordenar capítulos; profundizar la revisión de bibliografías; añadir viñetas clínicas breves, barajar dos alternativas de título que prometían gancho y rigor…

y, al final, un calendario posible de trabajo que concluía con una nota de la Dra.

Castillo: Hay materia de fuerza y usted tiene una excelente forma de comunicar. Vamos a darle forma.

Los ojos de Sofía se humedecieron. Estaba siendo habitada por una emoción grande, desbordada, distinta a todo.

Era una sensación más gratificante que la que había sentido tras aprobar con cien puntos el examen de pase de año; más que el día en que le otorgaron la especialidad de Neurología; más, incluso, que la mañana en la que recibió su título de doctora.

Esto era nuevo y no tenía nombre todavía; la sacudía entera y, a la vez, la reorganizaba por dentro.

Era como si por primera vez, se encontrara, cara a cara, con su verdadero propósito en la vida.

«No lo arruines hablando de más». Y, aunque pudo contener el impulso de contárselo al mundo, no consiguió evitar buscar el nombre de Cesar en la lista de llamadas y pulsarlo.

Él había estado demasiado pendiente del proceso y todas las semanas le enviaba algún mensaje esperanzador al respecto. Cesar contestó al instante.

—¿Qué pasó, tesoro?

—Me respondieron de la editorial de Madrid —dijo, y el aire se le acomodaba en el pecho al pronunciarlo en voz alta.

Le contó del correo, del dictamen, de una neurocientífica que parecía importante.

—Aún no la he buscado en redes; en cuanto cuelgue averiguo quién es.

Cesar sonrió del otro lado, y ella pudo sentirlo.

—Siempre lo supe —respondió orgulloso—. Pero me da curiosidad tu alegría de ahora mismo. Creo que nunca te había escuchado con tanta felicidad en la voz.

—Pues no lo sé… Deben ser nuevas ondas cerebrales tomando protagonismo. Creo que esto era algo que quería hacer desde hace mucho y no me atrevía… qué sé yo.

—A mí lo que me parece es que esta eres tú, la de verdad, en tu máxima expresión.

Sofía miró el brillo de aquel nombre en la pantalla, esquivando la idea de que detrás de la imagen quedaran aún restos de promesas.

—Solo quería dejarte saber. Te voy a colgar para contarles a las chicas.

—¿Qué me estás contando? ¿Las chicas no lo saben aún?

Sofía tampoco entendía por qué no las había llamado primero; pero prefirió no indagar en ello.

—Ups… no me lo van a perdonar —agregó Cesar fingiendo culpa antes de cortar.

Él se quedó con el teléfono pegado a la oreja y la recordó con una nostalgia pesada, mientras las ganas de volver a verla le latían fuerte.

«No te desvíes, Cesar», se dijo. Quizás, al pensar en la chica que dormía a unos metros en su cama, y en lo bien que parecía ir todo con ella.

Aun así, cuando bajó el móvil, su apartamento le pareció un poco más grande y un poco más vacío, pese a todas las presencias.