Y Mientras Tanto, Sofía (Mujeres que me habitan 2) III. Libre albedrío #2
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III. Libre albedrío #2

—¿Crees que aparezca el chico de la tarde? —preguntó Rachel en un susurro cómplice.

—Dijo que venía —recordó Paula—. Y la promesa sonó… convincente.

—La promesa, mis cielas , fue pura condescendencia con sus excesos hormonales —corrigió Amber—. Ya verán cómo ni se asoma.

Bailaron primero entre ellas en un círculo que se encendía y se desarmaba conforme la música cambiaba de tono. Todas se movían con sensualidad, pero discretas, sin pedir permiso ni rescate. Excepto Amber, por supuesto. Ella bailaba en otra fiesta, a otro ritmo dentro de su mente.

Hubo un momento —un puente instrumental, palmas y un coro que subía por capas— en que Paula cerró los ojos y el mundo fue un pulso ordenado. Al abrirlos, lo vio.

El chico se acercaba desde la barra, completo de blanco salvo por una pulsera de cuero en la muñeca y otra en el tobillo. Traía la misma risa de la tarde, pero más lenta. Saludó con la mano, sin irrumpir.

—Viniste —se apresuró a decir Paula, antes que nadie.

—Les debía la mitad de la historia —respondió él, plantándose a una distancia amable.

—Oh, en serio viniste —ironizó Amber.

—Es lo justo —admitió, y miró a Rachel un segundo—. ¿Tú bailas?

Rachel le sostuvo la mirada y parecía que estaba en un examen de respiración. Asintió con cautela. Le tendió la mano, pero él no tiró de ella, solo caminó a su lado hasta el borde de la pista.

—Pero con una condición —susurró Rachel, sin dejar de moverse—: no me pidas mi número de teléfono después.

—No prometo nada —respondió él—, eso dependerá de lo bien que bailes.

Rieron. El intercambio les dejó una franja de confianza para entrar en ritmo. Las chicas se mantuvieron en el clásico e inquietante semicírculo protector, el de la sospecha, en modo aquí estamos,       por si acaso.

—¿No era que Rachel no contaba para la subasta? —dijo Sofía de brazos cruzados desviando la mirada hacia Paula que ya estaba con las cejas arqueadas.

Rachel giró al sentir que la música le encajaba en los hombros.

El rumano intentó acompañar el giro sin perderse en sus propios pasos, pero, obvio; no podía seguirla.

Rachel era una excelente bailarina y, además, era cubana.

Fue entonces cuando él acercó los labios a su oído, para que le llegara nítida la frase.

—Te dije que Cuba me deslumbró. Pero ahora estoy entendiendo un poco más del cuento.

Rachel reaccionó en ese instante. Se despertó del sueño lúcido y se apartó bruscamente sin dar explicaciones.

—Lo siento, tengo que… que hacer algo —se excusó, y lo dejó solo en la pista, antes que terminara la canción.

— Touché  —dijo Paula que los observaba escéptica esperando el despertar  de la conciencia de su amiga—. No diré que no seré plato de segunda mesa, porque, ahora mismo eso me da igual.

Se bebió de un sorbo lo que quedaba de su margarita y fue a rescatar al rumano seducido y abandonado, mientras el resto de las chicas disfrutaban la escena como si fuese una película. Sofía se alejó y fue tras Rachel. La encontró en el baño, frente al espejo.

—¿Estás bien?

Rachel la miró con vergüenza.

—No sé en qué estaba pensando.

Sofía le sonrió y se colocó detrás de ella, mirándola en el espejo.

—La soltería no es un outfit  del que puedas prescindir de un día para otro sin recaídas. Es completamente normal —dijo, arreglándole un mechón de pelo—. Vamos.

—No sé… ¿Y si estar en pareja no es lo que necesito? ¿Y si soy más feliz soltera? ¿Y si me he apresurado con Rafa?

—Rache, respira… No entres en pánico. —Sofía la sujetó por los hombros—. Cierra los ojos e imagina que, cuando llegues a tu casa mañana, Rafa ha recogido todo y se ha ido.

Rachel abrió los ojos de golpe.

—Me muero.

Sofía sonrió.

—Ya está. Vamos.

Cuando volvieron, por alguna razón difícil de nombrar, Paula y el rumano intentaban bailar una bachata… con las bocas bien pegadas y los cuerpos bastante fusionados.

—Creo que esta vez el rescate de Paula se ha ido un poco lejos —bromeó Rachel, con una carcajada.

—Solo espero que mueva esta noche la pelvis —agregó Amber sarcástica—; lo necesita, a ver si así controla ese mal carácter que tiene la pobre.

Sarah solo reía de los mensajes que intercambiaba con Ariel, cuando Sofía, en su obsesión por tenerlas a todas a la vista, perdió a Camila del radar. Entonces salió a buscarla… y fue cuando la vio.

Camila estaba recostada a una columna, conversando de un modo muy íntimo con un chico que Sofía tardó varios segundos en reconocer tras un pequeño vuelco en el estómago.

Era Raúl. Lo conocía de oídas, de amigos en común, y ninguna versión de su reputación y trayectoria le resultaba alentadora. «¿De dónde ha salido Raúl?».

La coincidencia era tan perturbadora como inquietante. Porque, si algo sabía Sofía —con la certeza de quien había visto este tipo de historias estrellarse más de una vez—, era que Raúl no podía estar más lejos de lo que Camila necesitaba en ese momento.

La noche se estiró hasta la madrugada, deslavándose entre música, risas y el cansancio dulce de los días en el mar. Al final, todas regresaron a su habitación… excepto Paula y Camila.

Sofía siguió intranquila. No por Paula, a ella solo le quedaban unas horas para dejarlo todo atrás y confiaba en que ese final, en el peor de los casos, solo sería doloroso para el cuerpo.

Pero Camila, en cambio…

***

El bus de regreso iba en silencio. Paula se limitó a decir que el búcaro no estaba a la altura de la decoración , pero sirvió para poner las flores.

Nada de molestias ni posiciones antálgicas colaterales.

Camila aseguró que no había nada que contar por el momento , aunque no dejaba de enviar mensajes en su móvil y sonreír como adolescente.

Amber y Sarah dormían. Rachel escuchaba la playlist  de Sofía, con la mirada perdida.

Y Sofía… Sofía le escribía un mensaje a Cesar.

Sofía:

Ya vamos de regreso. Gracias por todo. Fue maravilloso conocerte.

Perdona si no estuve a la altura.

Cesar:

Eres tú.

Cesar:

Buen viaje.

Aunque Sofía dudaba del sentido exacto de aquel Eres tú,  lo aceptó como se aceptaba un destino posible, reservado para cuando —y solo cuando— sus propias reglas la llevaran hasta allí.