Semana 4
Esta semana fue un poco diferente para Antonio. La idea de Gustavo ya no estaba tan presente. Lo recordaba de vez en cuando, principalmente cuando en algún momento del día, algo le hacía recordar alguno de sus mensajes.
Su energía ahora estaba enfocada en otra cosa: en que llegara el martes lo más pronto posible. Para su fortuna, así sucedió. Los días pasaron rápido.
Aquel día quiso ser precavido. Llegó al instituto veinte minutos antes del inicio de clase. Fue el primero en llegar. Poco a poco fueron apareciendo los demás.
—Buenas noches —le saludó Pablo al llegar. Se ubicó en el mismo lugar de la semana anterior. Antonio dibujó una pequeña sonrisa.
Ese día prepararían risotto ai funghi.
La dinámica fue similar a la de la clase anterior. La profesora explicó detalladamente la preparación del plato, seguidamente los estudiantes comenzaron a trabajar.
—¿Entrenas en el gimnasio? —preguntó Pablo mientras cortaba algunos hongos.
—Eso intento, no llevo mucho tiempo, quizás un año —respondió Antonio mientras lavaba un recipiente.
Pablo lo observó por un instante.
—Se te nota en los brazos.
Antonio dibujó una gran sonrisa.
—¡Gracias! No tienes por qué mentir.
Pablo sonrió.
—Oye… la clase pasada me confirmaste que eras gay, pero no respondiste a la pregunta que te hice…
Pablo lo miró y frunció ligeramente el ceño.
—Me refiero a… ¿Tienes novio?
—¡Ah! Eso… —dijo entre risas—. Es complicado…
—¡Disculpa! —contestó Antonio.
La profesora pasó a su lado. Observó meticulosamente su risotto y, unos segundos después asintió. Seguidamente continuó caminando por el salón.
—No quise ser indiscreto —agregó Antonio mientras continuaba con la preparación.
—No te preocupes. Mira, estoy soltero, lo que pasa es que hace solo seis meses que terminé una relación de siete años.
—¡Oh! Comprendo…
Permanecieron en silencio unos minutos.
—¿Y tú? —preguntó Pablo—. ¿Estás soltero?
Antonio hizo una pausa en lo que estaba haciendo.
—Así es. Tengo algunos años soltero. Últimamente he intentado conocer personas, pero desafortunadamente no me ha ido bien.
—Siento mucho escuchar eso —dijo Pablo lanzándole una mirada rápida—. Me parece insólito que un tipo tan atractivo como tú esté libre.
Antonio lo miró y sonrió.
—Gracias por el halago —y le guiñó un ojo.
Pablo sonrió y bajó la mirada. Antonio soltó una carcajada.
—Oye, Antonio… quería preguntarte algo. ¿Te gustaría la próxima semana salir a tomar algo después de la clase? Hubiera preferido invitarte hoy, pero quedé en ir a casa de mi hermana.
Antonio sintió unas cosquillas en el estómago. No pudo ocultar la gran sonrisa que apareció en su rostro.
—¡Claro! Me parece una excelente idea… ¡Cuenta con ello!
Pablo sonrió.
—Genial… ¡Cuento con ello, entonces!