Inseguridad
Aquel fin de semana había sido bastante movido para Gustavo. Sin embargo, la mañana del sábado fue, sin duda, uno de los mejores momentos. El tiempo que logró compartir con Antonio le elevó los ánimos por completo.
No tuvo mucha oportunidad de pensar en inseguridades durante el resto del fin de semana. Acompañar a Laura y sus amigos por diferentes lugares de la ciudad le obligó a mantener su cabeza ocupada en otras cosas.
El domingo, alrededor de las nueve de la noche, regresaban de cenar. Acababan de dejar a sus amigos en el hotel. Ahora estaban solos en el auto. Laura conducía.
—Y entonces… ¿Cómo te fue ayer con Antonio?
—Muy bien, la verdad muy bien —contestó Gustavo un poco serio.
—¿Demasiado bien?
Gustavo sonrió.
—Sí, Antonio me gusta mucho.
Laura logró detectar la presencia de un “pero” disimulado en aquella frase.
—¿Pero?
Gustavo permaneció en silencio unos segundos.
—Hay algo que no te he contado, Laura.
La mujer esperó.
—Te lo cuento porque eres mi mejor amiga, y la verdad me vendría bien algún consejo.
Laura lo miró por breves segundos.
—Sabes que puedes contar conmigo siempre, amigo.
Gustavo sonrió ligeramente.
—El asunto es que Antonio me habló de algo muy personal. Me comentó que él vive con VIH.
Laura volvió a mirarlo.
—¡Oh! —comentó ella—. Eso no me lo esperaba.
—Yo tampoco —respondió Gustavo.
Hubo un breve silencio.
—Él está en tratamiento y actualmente se mantiene indetectable.
Laura mantuvo la mirada firme en el camino, en su mente procesaba la información.
—Amigo, la verdad no creo estar muy al tanto de esos términos.
Gustavo empezó a explicar.
—Indetectable significa que, gracias a los medicamentos, la cantidad de virus en su cuerpo se reduce tanto que no se detecta en las pruebas. Lo importante también es que las personas que se mantienen en esa condición no transmiten el VIH mediante las relaciones sexuales.
Laura asintió.
—Sí, eso último creo que lo había escuchado.
Gustavo volvió la mirada hacia la carretera.
—¿Él te sigue gustando, cierto?
—Me encanta, y no solo hablo de físicamente. Él tiene una energía que… no sé cómo explicarlo, hablar y estar con él me hace sentir bien.
Laura guardó silencio unos segundos.
—¿Te da miedo acostarte con él?
Gustavo tardó en responder.
—Sí… creo que sí.
Bajó la mirada.
—¿Aunque sabes que no puede transmitírtelo?
Gustavo respiró profundamente.
—Ese es exactamente el problema, Laura. Yo lo sé… Sé bien que no hay ningún tipo de riesgo, pero tengo una maldita inseguridad dentro de mí que me está consumiendo.
Laura decidió estacionar el auto a la orilla del camino. Miró a su amigo.
—¿Y él sabe lo que sientes?
—No
—¿Tú sigues actuando normal?
—Así es…
Laura hizo un sutil gesto de desaprobación.
—¿Qué quieres que haga? —reaccionó Gustavo—. Él me gusta, me siento bien cuando hablamos, me encanta cuando salimos.
—Amigo, yo no te voy a decir qué debes hacer. Eso es una decisión que únicamente te corresponde a ti tomar. Lo que sí te puedo decir como amiga, es que no puedes tenerlo así eternamente mientras te decides.
Laura hizo una pausa, tomó aire.
—Durante mucho tiempo mi exesposo me mantuvo así, a su disposición. Aun sabiendo que ya no me amaba, únicamente por su conveniencia. Él sabía lo que sentía o no por mí, yo solamente veía sus mentiras. Es lo mismo, Antonio ahora mismo está en esa posición, solamente puede ver lo que haces.
Gustavo permaneció en silencio.
—Por lo que me has contado, ustedes se escriben todos los días, se han visto en varias citas, se han besado.
—Porque quiero hacerlo —exclamó Gustavo.
—Ya lo sé, amigo. Precisamente por eso, sé que debe ser difícil para ti. Pero si al final vas a dejar que tus dudas pesen más que tus sentimientos, debes decidirte pronto. Tampoco es justo para él construir ilusiones sobre algo que a lo mejor tú mismo no vas a poder continuar.
Gustavo recostó la cabeza contra el asiento.
—Lo sé…
Continuó mirando fijamente hacia el frente.
—Quedamos en ir al cine el miércoles —suspiró profundamente—. Tengo tres días para ordenar mis pensamientos.
Laura mantuvo el silencio, apoyó una mano sobre el hombro de su amigo y le acarició suavemente.