Y entonces... ¿te quedas? Transparencia
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Transparencia

Había una sola regla para Antonio, era simple, aunque no siempre resultaba fácil de cumplir.

Se había prometido a sí mismo que, cuando estuviera conociendo a alguien, siempre después de la segunda cita iba a analizar el escenario con detalle.

Si la situación parecía ir en la dirección correcta, la regla era estricta y sin excepción: debía contarle a esa persona que vivía con VIH y que mantenía una carga viral indetectable.

Después de la cena de anoche, Antonio no tenía la menor duda. Gustavo le gustaba mucho. Y hasta el momento, parecía ser recíproco. Tenía bastante claro lo que debía hacer, lo que se le dificultaba era dar ese primer paso.

Él prefería hacerlo por mensaje. Antonio tenía una filosofía particular al respecto: “Contarle a alguien que vivía con VIH no era como decirle que le gustaba la pizza con piña. Sabía que podía provocar sorpresa, miedo o inquietud,

y que esa primera reacción no necesariamente representaría lo que la persona terminaría pensando. Por eso prefería hacerlo por mensaje, para darle tiempo a la otra persona para procesarlo, informarse y responder sin sentirse observado”.

Esa mañana Antonio estaba en el gimnasio. Terminó de hacer una serie de doce repeticiones para hombros. Decidido tomó su teléfono, abrió la conversación con Gustavo y escribió.

—Hola Gustavo. Me encantó compartir contigo durante toda la noche.

Me gustaría decirte algo importante antes de seguir conociéndote.

La cuestión es que vivo con VIH, estoy en tratamiento y soy indetectable.

Yo prefiero ser transparente y decírtelo.

También quiero que sepas que si esto te hace sentir incómodo yo lo comprenderé sin ningún problema.

Inmediatamente envió el mensaje. Colocó de nuevo su teléfono en el suelo y procedió a realizar una nueva serie del ejercicio.

El teléfono vibró y la pantalla se encendió, un mensaje había llegado. Antonio tomó el teléfono, sentía que el corazón se le iba a salir por la boca.

Abrió el mensaje sin pensarlo mucho. Empezó a leer.

—Hola, guapo. Mira, primero que todo quiero agradecerte por ser honesto conmigo. Comprendo que eso es algo muy personal y de verdad te agradezco por compartirlo. Quiero que sepas que no cambia en nada la situación. De mi parte todo sigue igual y quiero seguir conociéndote.

Antonio terminó de leer el mensaje. Ahí estaba, en esa posición tan placentera de poder ser transparente, sin tener que esconder su realidad.

De inmediato respondió:

—¡Qué bueno que lo tomes así! De verdad, no sabes cuánto me alegra.

Volvió a colocar el teléfono en el suelo para continuar con los ejercicios. Sin embargo, segundos después el teléfono vibró nuevamente.

—Y yo me alegro aún más… ¿Y ya desayunaste? ¿Qué comiste?