Y en el medio, tú: 1 Capítulo 11 #5
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Capítulo 11 #5

—Dime que no he llegado tarde… Por favor… —suplicó acercándose a mi nerviosa con la voz entrecortada.

—¿Tarde para qué?

—Sé que has estado con ella… —Su voz sonaba entrecortada.

—¿Con quién?

—Con Laura —susurró sin apartar sus ojos de mí—. Te vi entrar en su casa… Y hueles a perfume de mujer… y a alcohol.

Respiré hondo observándola, escondiendo mis manos nerviosas dentro de los bolsillos del pantalón.

—Ese no es más tu problema…

Vi cómo desviaba la mirada negando. Su cuerpo se movía de un lado a otro nervioso mientras sus manos cubrían su rostro.

—¿Eso es todo lo que se suponía que me querías? —me reclamó molesta.

La miré en silencio, sin poder creer que me estuviera reclamando justamente a mí.

—¿Disculpa? —negué mordiendo mis labios—. Esto tiene que ser una broma…

—No has tardado ni un día para ir a follártela… ¡Felicidades! Casi llego a creerme que eras diferente a los demás…

Negué tras soltar todo el aire retenido en mis pulmones resoplando de puro coraje.

—¿Qué es lo que tú quieres de mí? ¿Volverme loco? —pregunté desesperado—. Porque parece que te está fallando la memoria

Froté mis ojos antes de respirar profundamente, viendo cómo aquellos ojos cafés me observaban intensamente.

No me había fijado hasta ahora en que sus ojos lucían hinchados, como si hubiera estado llorando.

Ambos nos miramos en silencio. Tenía la triste sensación de que esta lucha de egos no iba a terminar bien.

Sus ojos se desviaron al girarse sobre sus pies mientras sus manos se escondían en su cabello tras frotar su rostro.

—¿Qué haces aquí Isa? —pregunté cansado de todo este vaivén—. ¿Qué quieres?

—Aún no me has respondido… —rompió el silencio volviendo a mirarme—. ¿Te has acostado con ella?

Suspiré frotando mi cabeza antes de dejar caer mis manos sobre mi cintura.

—No… —Alcé los hombros con desgana—. No me he acostado con ella… Y que pienses así de mí… —respondí antes de morder mis labios saturado de toda esta situación—. Me demuestra que no me conoces en absoluto

—Hueles a ella… —susurró apretando sus labios mientras tragaba saliva.

—Nos besamos.

Le confesé mirándola fijamente a los ojos, observando cómo su garganta tragaba aquellas palabras a la vez que sus ojos se apartaron de los míos.

Su cuerpo se giró asintiendo lentamente, procesando mis palabras, llevando una de sus manos involuntariamente al pecho.

Mis ojos la recorrieron lentamente hasta verla de nuevo mirarme, mientras sus dedos se aferraban al colgante que le regalé por su cumpleaños.

Verla así me hacía pensar que quizás Agustín no me mentía al decirme que ella realmente sí sentía algo por mí.

—¿Quieres saber algo más? —Busqué su mirada que se alzaba al mirar a nuestro alrededor, mientras frotaba su pecho con su mano.

—No… —susurró apretando sus labios.

Vi cómo su cabeza negaba involuntariamente, apartando su mirada de mí tras lanzarme una mirada de decepción. Sus manos acariciaban el colgante entre sus dedos con fuerza, queriéndose aferrar algo para no derrumbarse frente a mí.

—¿Fuiste tú…? —Inhaló profundamente con su voz entrecortada—. ¿O fue ella la que te besó?

—¿Acaso importa?

Su cabeza se movió asintiendo lentamente abrazando su cintura con sus brazos. Era consciente del daño que le estaba causando lo que fuera que ella estuviera imaginando. Y a pesar de creer que una parte de mí podía alegrarse de saber que aquella duda le dolía, me mataba verla así.

——Respóndeme, por favor …

—Fue ella…

Respondí viendo cómo su pecho respiraba antes de subir mis ojos hacia sus manos acariciando mi colgante.

—¿Te gustó? —preguntó en voz baja casi susurrando.

—Al principio… —Su rostro se contrajo—. Luego mientras la besaba, no podía dejar de pensar en ti… —Sus ojos se clavaron en mí. Alcé los hombros con desgana, abatido y cansado de todo esto—. No podía dejar de compararla contigo… lo que siento cada vez que me tocas o cada vez que me miras…

Nuestras miradas se perdieron la una sobre la otra.

—Por eso paré… —le confesé—. Podría haberme quedado allí, quitándome este despecho que siento con ella… Pero Laura no se merece eso… Y si me conocieras, sabrías que tampoco soy así.

Ambos nos miramos en silencio, barajando la situación.

Vi cómo su pecho respiraba agitado desviando sus ojos empañados.

Me quedé un instante viendo cómo sus dedos limpiaban el contorno de sus ojos antes de frotar sus manos entre sí.

Me giré para dirigirme lentamente hacia la puerta, escuchándola resoplar tras de mí, queriendo autoconvencerme de que lo que sintiera no era más mi problema.

—Si no tienes más preguntas… —Lamí mis labios agachando la mirada, sujetando el pomo de la puerta aún cerrada.

—¿Eso es todo…? —preguntó en mitad de mi salón inmóvil.

Isabella mordía sus labios nerviosa. De una comisura a otra mientras parpadeaba para evitar que no me diera cuenta de que sus ojos luchaban por no llorar, pero siempre olvidaba que sabía cuándo estaba a punto de colapsar antes incluso que su propia cabeza.

Solté el pomo para acercarme de nuevo a ella, negando de pura frustración.

—Dímelo tú… —dije desesperado viendo cómo su vulnerabilidad comenzaba a estar a flor de piel.

Podía ver en su forma de mirarme cómo luchaba contra algo dentro de ella—.

Me pides que empiece de cero, me dices que lo que pasó entre los dos fue una confusión…

Hasta me pides que acepte el trabajo en Barcelona…

Pero luego te enfadas y me reclamas por intentar hacerlo… Así que dime tú… ¿Es todo?

Exhalé mirando a nuestro alrededor frotando la barba de mis mejillas entre mis manos.

Isabella respiró hondo antes de volver a resoplar. Su cuerpo se veía tenso. Estaba nerviosa. Sus manos y su cuerpo la delataban.

—Mi hermano me dijo no hace mucho, que… Tuviera cuidado con no saber qué era lo que quería porque… —Su voz entrecortada luchaba por no romperse—. Podía perder a alguien que de verdad me quería…

Nuestros ojos se contemplaban en aquel breve silencio que se hizo mientras Isabella se acercaba lentamente, cabizbaja hacia mí. Sus dedos sujetaban toda la tensión de su cuerpo, entrelazándolos entre sí.

—Eso sigue sin responderme a por qué estás aquí…

—He venido porque quería que supieras por qué te dije todas esas cosas esta mañana… —Mordió sus labios haciendo una breve pausa.

—No creo que eso importe mucho ahora…

—Para mí sí —sentenció.

Nos miramos en silencio escuchando únicamente nuestras respiraciones en aquel silencio.

Empezaba a notar cómo volvía a tenerla y eso volvía a asustarme.

No quería volver a creer que me quería ni soñar de nuevo con sus besos.

Sus labios se movían nerviosos, a la vez que sus manos acomodaban su cabello tratando de gestionar sus emociones.

—Porque si después de abrirte mi corazón… sigues queriendo que me vaya… —Tragó saliva alzando aquellos hipnóticos ojos sobre mí—. Te prometo que respetaré que no quieras volver a saber nada más de mí…

Suspiré asintiendo, cruzando mis brazos sobre el pecho para apretarlos contra mi cuerpo buscando canalizar mi ansiedad.

—Cuando me hablaste de aquel trabajo yo…

lo último que quería era que te arrepintieras de haber dejado todo lo que tanto esfuerzo te ha costado únicamente por estar conmigo…

—confesó luchando con sus labios por no derrumbarse—.

Ese trabajo podría ser una de esas oportunidades que solo pasan una vez en la vida…

Lamió sus labios antes de volver a apretarlos, desviando su mirada.

—Y sé lo que es dejarlo todo por alguien… al igual que sé por mi propia piel lo horrible que se siente abandonarlo todo por alguien cuando las cosas no salen como uno quiere…