Y en el medio, tú: 1 Capítulo 11 #6
100%

Capítulo 11 #6

—El problema aquí es… —dije en voz baja respirando hondo—. Que en todo este tiempo… nunca me has pedido que lo deje todo para irme contigo… ni siquiera intentarlo tú allí y yo aquí. Al contrario, lo que has hecho es alejarme… —volví a recordarle—. Y lo qué no consigo entender aún es por qué…

—Por miedo —musitó.

—¿Miedo a qué? —pregunté alzando mi mano hacia mi pecho.

—No lo sé… —murmuró.

—¿Miedo de que te esperara…? ¿O de que no?

Hizo una pausa para llenar sus pulmones de aire, lamiendo sus labios al terminar.

—Miedo a sentir… o sentirme de nuevo vulnerable con alguien… —confesó frunciendo el ceño emocionada.

Su voz empezaba a quebrarse mientras sus manos soltaban su cintura para entrelazarse entre sí.

—Marc ha roto cosas irreparables dentro de mí…

—Soy consciente de ello… —Sus ojos me miraron al escucharme.

Acerqué mi mano a su rostro, acariciando su mejilla para limpiar el camino que había marcado una lágrima sobre él.

Isabella al sentir mi mano acariciarla, apretó los ojos sintiendo la caricia sobre su piel.

No podía verla así, vulnerable y responderle con frialdad.

Verla llorar me destruía y lo último que quería era que lo hiciera por mi culpa.

—Esto no estaba en mis planes, ¿sabes? Enamorarme de nuevo…

Tan rápido… Y de mi mejor amigo… —dijo tratando de aguantar el tipo, evitando mirarme para no derrumbarse sin saber que me tenía completamente a su merced después de confesarme que estaba enamorada de mí—.

Pero te has apoderado de mí… El sabor de tus besos, tus ojos, tu olor…

Me siento tan bien cada que te tengo cerca, tan viva…

que siento que nunca es suficiente… Nunca antes se me había escapado tanto algo de mi control…

Y al verte esta mañana y escucharte decir que quizás te irías a Barcelona…

Negó tragando el nudo que le cortaba la voz.

—Me recordó mi miedo a fracasar, a perderte también a ti…

Suspiró aliviada agarrando mis manos que aún sujetaban su rostro, mientras la escuchaba en silencio.

—Llevo todo el día frente a tu casa armándome de valor para hablar contigo…

—continuó sacando todo lo que tenía guardado dentro—.

Y… cuando te he visto salir y que ibas dirección a mi casa, creía que vendrías a hablar conmigo, pero…

al verte con aquella chica… —Respiró agobiada—…

Y que pasaban las horas y no salías… pensé que quizás…

—¿Qué? —Vi cómo sus ojos me miraron—. ¿Que me estaría acostado con ella?

—Sentí que mi mundo se derrumbaba de nuevo… —susurró cerrando los ojos dejando salir las lágrimas.

Limpié las lágrimas que acariciaban sus mejillas antes de pasar mis manos sobre mi barbilla, rascando ansioso la barba que crecía bajo mi cuello.

—Soy una persona que sobrepiensa mucho las cosas, Isa…

Es uno de los muchos defectos que tengo, no lo puedo evitar…

—Lamí mis labios alzando con desgana los hombros—.

Por eso cuando decidí ir a tu casa esta mañana, fue porque me ganaron las ganas por volver a verte…

—Abracé su rostro entre mis manos—. Porque desde que te conocí, no he hecho otra cosa más que barajar las razones para alejarme de esta masoquista devoción que te tengo…

Y todas esas razones me importan una mierda cuando te tengo cerca… Mi cabeza se calma cada vez que te ve.

Vi cómo sus labios se abrían para suspirar antes de volver a coger aire, desviando levemente la mirada.

—Para mí, estar contigo, sí que era una de esas oportunidades que solo pasan una vez en la vida —volví a repetirle secando sus mejillas con mis manos—.

Llevo doce años demostrándote que para mí eres mucho más importante que cualquier otra cosa, porque te quiero…

¿Qué le hago? He tratado de demostrártelo mil veces, pero te empeñas en seguir pensando que terminaré haciéndote lo mismo que Marc te hizo…

Y lo entiendo, no te culpo por ello, pero… empiezo a estar cansado de este vaivén…

Besé su frente respirando de nuevo el olor de su pelo, dejando caer momentáneamente mi frente sobre su cabeza, disfrutando del tacto de su piel entre mis dedos antes de alejarme de ella. Sus dedos agarraron mi mano deteniéndome.

—Justo por eso estoy aquí… —dijo susurrando, dejando que todas esas emociones que había estado aguantando salieran entre sollozos—.

No te haces una idea de las veces que me quemaban las ganas de llamarte, de poder hablar contigo…

—murmuró con la voz rota—. Y si no lo hice fue porque no sabía si estaba lista y.

… Es una mierda extrañarte así, porque… —Su voz se rompía paulatinamente—.

Sé que la situación de incertidumbre en la que estábamos fue lo que hizo que te fueras, pero…

saber que Laura estaba interesada en ti…

Egoístamente, me aterra pensar que antes que tarde podías encontrar a alguien lo suficientemente interesante y estable como para llamar tu atención y que te despierte ganas de conocerla…

Alzó sus hombros tragando los nudos que podía presentir que le apretaban la garganta.

—Mientras yo sigo aquí… congelada… sin saber qué hacer con mi vida…

Sus labios se apretaron con fuerza antes de morderlos.

—Muriéndome de ganas de quererte, porque… Te quiero, Rubén, mucho…