Y en el medio, tú: 1 Capítulo 10 #12
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Capítulo 10 #12

—Eh… —Miré rápidamente a nuestro alrededor—. Un poquito, pero seguro que se las apañan bien sin mí un rato… ¿Quieres tomar algo? ¿café o…?

Suspiré mientras le ofrecía que se sentara, señalándole el sofá.

—Te lo agradezco, pero… no quisiera quitarte mucho tiempo… —pasó una de sus manos por la barbilla, acariciándola.

—Está bien… —Mis dedos se entrelazaron, pellizcándose entre sí para tratar de gestionar mi ansiedad—. Bueno… pues, tú dirás…

Rubén movió su cabeza levemente asintiendo a la vez que sus manos frotaban nerviosas sus piernas antes de girar el reloj de su padre sobre su muñeca.

—Siento presentarme así, sin avisar… después de lo que pasó…

Se disculpó con sus ojos verdes clavados sobre mí, con aquella sonrisa que posiblemente fuese igual que la que lucía en mis labios

—Tranquilo…—añadí apretando mis labios tratando de ocultar mi emoción.

—Eh… —Suspiró antes de aclararse la garganta—. Es que… Esta mañana me dieron una noticia y no sabía a quién contársela… —Sus ojos me miraban nervioso—. Y… Antes de que pudiera darme cuenta… mi subconsciente me trajo directo hacia aquí.

—Bueno, por ahí dicen que uno siempre vuelve donde fue feliz…

Aquellas palabras sí que salieron inconscientemente de mis labios. Fue un pensamiento en alto que provocó que sus ojos se achicaran al sonreír antes de ver cómo humedecía sus labios tras recorrer su labio de abajo con su lengua.

—Y.… este… —Cambié de tema antes de entrar en terreno pantanoso—. ¿Fue una buena o mala noticia?

—Me han ofrecido un trabajo. —Apretó los labios al terminar de hablar.

—Vaya… Bueno, eso es una buena noticia, enhorabuena.

—Gracias, pero… es en Barcelona.

—Oh —exclamé.

Aquel leve lamento salió de mis labios mientras me sentaba en uno de los sillones, con la vista al frente y mis manos apretándose con fuerza entre sí. Pude sentir cómo Rubén se dejaba caer en el sillón que había a mí lado.

—Eso es… Es genial —dije mintiendo como si hubiera ensayado aquellas palabras.

—Sí, bueno… Sería un puesto de más responsabilidad, mejor salario, pero… en Barcelona. —Alcé lentamente la mirada al escuchar aquellas últimas palabras que salieron casi en forma de susurro. Los dos nos miramos sabiendo bien que aquello literalmente pondría más distancia entre los dos.

—Y… ¿has aceptado?

—Les he dicho que tenía que pensarlo…

Suspiré antes de aclarar mi garganta, tratando de procesar la noticia.

—Es una gran oportunidad.

—Lo sé.

Ambos nos quedamos varios segundos en silencio, mirándonos.

No podía decirle ahora que estaba enamorada de él.

No podía consentir que desperdiciara esta oportunidad.

Sabía lo que era dejarlo todo por alguien.

Yo misma lo había hecho. Y ahora no había un día que no me arrepintiera.

El tacto de su mano sobre la mía, dándome un leve apretón me hizo volver de mis pensamientos, disfrutando del roce de sus dedos acariciar mi piel.

Había extrañado tanto sus caricias, que mi piel reaccionó erizándose al sentirlo.

Mis ojos se desviaron hacia su mano acariciando la mía antes de mirar fugazmente cómo su mirada, al igual que la mía, se encontraba perdida.

Saber que tenía que dejarlo ir me provocaba una inmensa tristeza que me estaba suponiendo un reto tratar de disimular.

—Y.… en caso de aceptar… ¿Cuándo tendrías que irte?

Sus ojos me buscaron al formular aquella pregunta.

—A primeros de mes.

Asentí notando cómo mi corazón se retorcía al escuchar la inmediatez de aquella despedida.

—Y… ¿tú que piensas? —pregunté viendo su pecho aumentar su tamaño al coger aire.

—Buena pregunta…

Humedeció sus labios, dejando su labio inferior oculto mientras sus ojos se quedaban perdidos en ninguna parte.

—Pienso que… —Inhaló lentamente volviendo a mirarme—. Si acepto, quizás… Quizás pierda la última oportunidad que tengo de estar contigo.

La vida estaba dándome una nueva oportunidad y el miedo volvía a no dejarme ser capaz de verbalizar los motivos para pedirle que se quedara conmigo.

Retiré mi mano con cuidado evitando que notara el ritmo de mis pulsaciones junto con la ansiedad y la angustia.

Me dolía saber que tendría que extrañar algo que nunca podría ser, únicamente por mi culpa, por no estar lista.

—Creo que deberías aceptar… —le aconsejé finalmente con todo el dolor de mi corazón.

—¿Eso crees? —Su voz sonaba desilusionada.

—Creo que… que a ambos nos vendría bien.

Tragué los nudos que cerraban mi garganta antes de levantarme de aquel sillón.

—Empezar de cero, en sitios diferentes… —Mis manos volvieron a frotarse entre sí controlando la ansiedad.

Fingí una breve sonrisa al ver sus ojos mirarme, levantándose al escucharme decir aquello. Asentí escondiendo mis manos en los bolsillos traseros del pantalón. Apreté mis labios fugazmente al ver cómo sus ojos me miraban desilusionado.

—¿Y nosotros? —preguntó con el semblante serio.

Nuestros ojos se quedaron fijos uno sobre el otro. Los desvié tras aclarar mi garganta tratando de que no viera en mis ojos que mis labios mentían.

—Hace tiempo que no existe un «nosotros»… Además, no creo que eso sea relevante ahora mismo…

Me excusé desviando la mirada a nuestro alrededor.

—Qué estás hablando, claro que es relevante… —Sus ojos me miraban confundido.

—Lo que nos pasó fue un error, Rubén… Es más, tenías razón… —Sentía cómo mi voz se quería quebrar al decir aquello—. No estaba, ni estoy preparada para empezar una relación… Mis prioridades ahora son diferentes a las que tenía antes…

Rubén rodó los ojos al escucharme dando leves pasos de un lado a otro.

—Estaba en un momento en donde me sentía vulnerable, frágil… Y me confundí… me dejé llevar y no supe pararlo a tiempo… Lo que nos pasó no tuvo sentido, los dos lo sabemos… —Mis ojos contemplaron cómo mordía sus labios sin querer creer mis palabras.

—Te confundiste… —repitió en voz baja con una breve sonrisa nerviosa.

—Sí.

—¿Eso fui…? ¿Un error que no supiste parar? —susurró mirándome fijamente—. No te creo…

—Lamento que no me creas…

—No, no te creo… —me interrumpió clavando su mirada sobre mí—. ¿Estás castigándome por alejarme?

—No te estoy castigando…

—Te conozco, sé cuándo mientes… Y alguien que escribe una canción como la de No sirve de nada no lo hace porque esté confundida…

—Me encapriché —volví a mentirle—. Estaba despechada y… —Alcé los hombros nervios desviando la mirada—. Me dejé llevar… Si tú no hubieras dicho de terminar con aquella locura, probablemente habría seguido confundida… Y confundiéndote aún más a ti.

—No es verdad… —repitió presionando sus labios bajo su barba—. Entonces… ¿la canción esa que se filtró…?

Desvié la mirada al girarme para tomar distancia entre los dos.

—No eres el centro de mi vida, Rubén… Ni él único hombre con el que he estado desde que me divorcié…

—Claro…

—¿Qué creías, que iba a quedarme llorando por ti cuando decidiste irte?

—Por supuesto… —susurró dejando su boca entreabierta, mostrando su tremenda confusión en su rostro.

—Soy una mujer soltera, puedo hacer lo que quiera… con quien quiera.

—¿Con Louis?

—Eso no es asunto tuyo…

Mi corazón latía provocándome leves pinchazos, suplicándome que dejara de hacer eso.

Su expresión era un puro reflejo de decepción y de dolor.

Sus cejas alicaídas, ocultaban su mirada triste mientras mordía sus labios con rabia.

De haber podido acercarme, quizás escucharía cómo su corazón se rompía a la misma vez que el mío se resquebrajaba por culpa de mis palabras.

—¿He hecho algo malo o.…? —preguntó colocando sus manos sobre su cintura, mirándome desesperado.

—No —susurré negando.

—¿Entonces? —insistió desesperado— Si solo estabas confundida… ¿Por qué me buscaste después de verme en el aeropuerto…? ¿Por qué me vendiste el cuento ese de que querías intentarlo conmigo…? ¿Para qué todo eso?

—Ya te lo he dicho… Estaba confundida.

Su mirada volvió a agacharse parpadeando, procesando mis palabras.

—Veo que fue un error venir… —murmuró frotando su barbilla.

—¿Y qué esperabas? —pregunté sacando el rencor por haberme dejado la otra vez—. ¿Que te iba a recibir como al hijo prodigo cuando fuiste tú quien me abandonó?

—Me fui para que pudieras aclararte —replicó mirándome.

—¡Pues la jodiste! —exclamé llena de despecho y dolor.

Nuestros ojos se miraron fijamente mientras mi pecho respiraba agitado. Vi cómo sus ojos verdes esmeralda, a pesar de mirarme abatidos, se dieron cuenta de que en mi cuello lucía el collar que me había regalado. Crucé los brazos, cubriendo el colgante con una de mis manos al agarrarlo.

—¿De verdad fui solo una confusión? —insistió.

—Sí… —dije evitando mirarlo para que no descubriera que mis ojos eran mucho más sinceros que mis labios.

Sus ojos me buscaban desesperadamente. Respiré profundamente desviando la mirada para que no pudiera ver lo que me dolía alejarlo.

Los latidos de mi corazón latían con tanta fuerza, que rebotaba en mi cabeza.

Ver su expresión abatida me partía en dos.

Sabía que jamás iba a perdonarme por esto.

Sus ojos me miraban llenos de tristeza, la misma que trataba de disimular de la mía.

Lo peor de todo es que tenía conciencia del daño que le estaba haciendo.

—Está bien, si es eso lo que quieres… Te prometo que no insistiré, no llamaré ni te molestaré más…

Solo espero que respetes que no quiera volver a saber más de ti, porque a mí sí me va a doler saber que, algo que ha sido tan mío…

—Sus ojos me recorrieron lentamente antes de volver a clavarlos sobre los míos, llenando su pecho de aire—. Le pertenezca a otro algún día…

Antes de que pudiera responder, Pau apareció en el salón, interrumpiéndonos con un leve carraspeo dándole a Rubén los segundos que necesitaba para llenar su pecho de aire antes de girarse para que Pau no lo viera así.

—Lamento interrumpir —dijo mirándome con sus ojos de par en par alzando sus cejas para tratar de entender qué estaba pasando—. Es que están preguntando si vas a tardar mucho.