Y en el medio, tú: 1 Capítulo 10 #11
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Capítulo 10 #11

Pellizqué mis dedos entre sí, recordando las palabras de mi hermano avisándome de que estaba esperando por mí.

Sus ojos me miraron divertidos al contemplar cómo poco a poco explotaba aquello que llevaba tanto tiempo reprimiendo.

El lenguaje corporal de Pau era relajado, con sus brazos cruzados y su espalda relajada.

Nada que ver con el mío, que sentía el peso en la espalda de todo lo que mi cabeza imaginaba sin cesar mientras mis manos se entrelazaban y se pellizcaban ansiosas.

—¿Cuándo vas a aceptar que estás enamorada hasta las trancas de ese tío?

Fruncí el ceño al escucharla.

—No estoy enamorada de él… —Mi voz se iba apagando a medida que iba verbalizando aquel sentimiento.

—¿Entonces?

—Es solo que no me gusta la tal Laura para él —confesé autoconvenciéndome.

—¿Por qué?

—¡Porque lo atropelló! —le recordé indignada repitiendo el mismo motivo que él me dio en mi furgoneta—. ¿Cómo vas a salir con alguien que casi te mata? Eso es raro, es…

—Una anécdota graciosa para contársela a sus hijos —terminó mi frase divertida.

—Ni lo digas.

Le reclamé indignada mirándola llena de coraje antes de levantarme para ver el mar romper frente a mis ojos.

El sonido de su risa cesó antes de acercarse a mí, contemplando ambas en silencio aquellas vistas.

Llené mis pulmones de aire antes de soltarlo en un profundo suspiro, imaginándome junto a él surfeando aquellas olas como lo habíamos hecho en Asturias.

—¿Egoístamente…? —Suspiré agachando la mirada a aquellas vistas—. No me gustaría que otra mujer conociera su aroma cuando rodea tu cuerpo con sus enormes brazos…

Susurré dejando mis ojos fijos en cómo las olas rompían sobre la arena antes del vaivén que las formaban.

—No quiero que otra escuche esa manera en la que late su corazón cuando recuestas la cabeza sobre su pecho…

O que disfrute de ver cómo se le achican los ojos al sonreír…

Me dolería en el alma que fuese con Laura o con cualquier otra como era conmigo…

Que la bese igual que me besaba a mí o… que la haga sentir igual de especial que me hacía sentir a mí mientras yo no puedo tenerlo siquiera en mi vida ni como amigo…

—Negué agachando la mirada—. Me muero por estar con él, pero no sé cómo estar con él…

Y es una sensación horriblemente frustrante y dolorosa…

Desvié la mirada parpadeando varias veces mientras mis pulmones hiperventilaban de nuevo.

El movimiento de Pau al colocarse frente a mí me hizo alzar de nuevo la mirada, viendo en su media sonrisa que ella estaba en lo cierto.

Estaba enamorada de Rubén hasta el cuello, por mucho que tratara de mentirme a mí misma.

Escondí mi rostro entre mis manos negando levemente.

Había dejado que volvieran a abrir mi corazón y me estaba boicoteando por miedo.

Al escuchar golpear la puerta, miré a Paula para que supiera que necesitaba unos minutos para gestionar todas estas cosas que estaban sucediendo dentro de mí.

Pau besó mi cabeza con cariño antes de irse a abrir, dándome los segundos de intimidad que necesitaba para volver a colocarme la coraza para que nadie más pudiera ver mi debilidad de nuevo.

Al sentir las voces de mi maquilladora y estilista, suspiré antes de coger aire para girarme fingiendo una amplia sonrisa.

Nos pusimos manos a la obra con el planning del día, tratando de ocupar mi cabeza en cosas que pudiera controlar ahora mismo desde aquí.

Cuando terminaron de maquillarme y de domar mi salvaje cabello, elegí uno de los va rios modelos que ofrecieron para dar una breve entrevista que había pactado mi equipo con una cadena local para anunciar que próximamente sacaría nuevo disco después de tantos años de silencio.

Mientras bajábamos hacia el hall en busca del coche, me detuve con varias personas que quisieron hacerse una foto conmigo.

Llevaba tanto tiempo encerrada en la burbuja de mi casa en Madrid, que necesitaba volver a estar accesible para la gente que siempre me había acompañado.

Al entrar en el coche, Pau me mostró las visualizaciones de los vídeos que se habían subido en mi perfil ayer.

Al principio no entendía qué quería que viera cuando eran otros los que llevaban mis redes, hasta que mi hermano susurró el nombre de Rubén haciendo que mis ojos buscaran su nombre entre las miles de personas que había visto mis historias.

No pude ocultar la sonrisa al ver que no solo había visto cada una de las historias que había subido, si no que le había dado me gusta a las publicaciones.

Al terminar la breve entrevista, volvimos a montarnos en el coche rumbo al aeropuerto, donde cogeríamos el avión para volver a Madrid.

En cuanto subí al avión, avisé a Louis de que me iba a ser imposible comer con él.

Antes de despegar, varios miembros de la tripulación me pidieron una foto, avisando a los medios españoles de que próximamente estaría de nuevo en España.

En cuanto puse un pie en Barajas, un enorme grupo de prensa y fans estaban esperándonos, lanzando preguntas al aire sin importarles que pudieran herirme al preguntarme una y otra vez por lo mismo.

Mi hermano Agustín se encargó de ir abriéndome camino hasta mi furgoneta que nos esperaba en la puerta del aeropuerto.

Las semanas que quedaban de mayo, quise aprovecharlas para seguir enfocándome en trabajar los ratos que Violeta es taba en el colegio.

Concediendo varias entrevistas a medios extranjeros, despertando las críticas de los medios españoles que me llamaban abiertamente malagradecida.

Sabía que ellos no preguntarían por mi vida personal, cosa que me motivaba a estar constantemente conectada por videollamada con la prensa extranjera.

Una vez terminaran las clases, a finales de junio, tal como habíamos acordado en la primera cláusula de la custodia, solo podría disfrutar de mi pequeña los primeros quince días.

Luego tendría que ver cómo se iba con su padre el resto del verano.

Aquel acuerdo fue un primer acercamiento tras amenazar a mi suegro para que me dejara llevarme a Violeta a Miami.

Por otro lado, desde Cannes, Rubén había comenzado a darle me gusta a alguna que otra publicación después de que se me escapara hacer like sobre una foto que subió.

En mi defensa tenía que decir que aquella foto a la que me atreví a darle me gusta con mi propia cuenta, era una fotografía que le había tomado yo misma cuando estuvimos juntos.

Posiblemente estuviera provocando captar mi atención tal como había hecho yo al filtrar un pedazo de un demo que moriría en mi ordenador.

Una mañana de junio cualquiera, a las nueve de la mañana, Yaris golpeó la puerta de mi despacho donde estaba reunida con Paula, con mi abogada, Agustín y miembros de mi discográfica y asesores.

—Disculpen.

La voz de Yaris tras abrir captó la atención de todos los que estábamos allí.

—Siento la interrupción…

—¿Va todo bien?

—Tiene visita —dijo abriéndome los ojos de par en par antes de hacerme una breve señal con la cabeza.

—Eh… —Entrecerré los ojos arrugando mi frente sin entender qué era lo que le pasaba—. Ahora mismo no puedo recibir a nadie…

—Es importante —insistió.

—Vete tranquila —Agustín acarició brevemente mi mano.

—Está bien… —susurré levantándome de mi asiento—. ¿Me disculpan un segundo?

Me excusé antes de salir junto a Yaris tratando de descifrar su mirada. Al salir al pasillo vi cómo miraba nerviosa hacia adelante.

—¿Va todo bien? —pregunté acomodando mi cabello, desenredando algunos pelos del colgante que Rubén me había regalado.

—No se vaya a enfadar conmigo…

—¿Por qué iba a enfadarme? —pregunté divertida.

—Es que… se trata del señor Rubén. Está aquí…

Al escuchar su nombre mis pies se detuvieron, haciendo que Yaris frenara también para acercarse de nuevo a mí.

Busqué en su mirada que no fuera una broma mientras sentía mi corazón latir dentro de mi pecho como si fuera un caballo salvaje encerrado.

Aferré mi mano al colgante, casi como si pudiera invocarlo.

—No sabía si usted quería verlo… así que le pedí que esperara.

—¿Dónde está? —pregunté volviendo a caminar tras respirar profundamente.

—En la sala principal —respondió pellizcando mis mejillas al estar cerca de donde él se encontraba.

—Gracias… —susurré sin poder respirar.

Cogí de nuevo aire al ver la puerta del salón a menos de tres metros de mí.

Entrelacé mis manos mientras caminaba lentamente buscándolo con la mirada al acercarme.

Mi respiración, al igual que mi corazón se detuvieron al verlo ahí parado con su pelo algo más largo que la última vez que lo vi.

Lo llevaba peinado, pero revuelto y algo húmedo.

Su barba volvía a cubrir parte de su rostro.

Lo suficiente para cubrir sus mejillas, pero sin cubrir sus labios, al menos no el de abajo.

Al ver su cuerpo girarse hacia mí, comprendí que mi corazón había estado tranquilo todo el tiempo porque no había vuelto a ver de nuevo sus ojos verdes mirarme.

Sus labios dibujaron una sutil sonrisa al encontrarse nuestras miradas nuevamente frete a frente, mientras nuestros cuerpos se acercaban lentamente cómo dos imanes atraídos el uno por el otro.

Mi boca no pudo contener la sonrisa al volverlo a tener tan cerca.

—Hola… —Rubén fue el primero en romper el hielo apretando sus labios entre sí. Un escalofrío recorrió mi cuerpo al escuchar de nuevo su voz.

—Hola… —respondí en voz baja desviando la mirada nerviosa.

No era capaz de mirarle a los ojos. Sentía que me faltaba hasta el aire. Ambos nos saludamos con un leve, pero intenso beso en la mejilla, respirándonos antes de retirarnos. Volví a llenar mis pulmones de aire al notar de nuevo el olor de su perfume que tantos recuerdos me removía al olerlo.

—¿Cómo estás? ¿Qué te trae por aquí?

—Yaris me dijo que estabas ocupada…