Capítulo 10 #10
—Pero no hace falta ser muy listo para imaginarlo…
Me quedé en silencio mirándole tras cruzar mis brazos. Agustín alzó sus cejas esperando que dijera algo.
—¿Pensabas pedírselo?
—¿Qué cosa? —me hice la tonta para ganar tiempo
—Que se fuera contigo a Miami —dijo mirándome.
—Posiblemente… No lo sé. —Alcé mis hombros excusándome—. Pero tu amigo prefirió borrarse de la ecuación antes…
—Sigue esperándote. —Su voz se volvió seria.
Mis ojos volvieron a quedarse fijos sobre él antes de desviar la mirada, fingiendo que ya nada de eso me importaba, mientras mi mundo volvía ponerse al revés.
—Nadie lo obliga a hacerlo… Además, si hubiera querido quedarse, lo habría hecho —me excusé mirándole de nuevo—. Pero se fue, a pesar de prometerme días antes que no lo haría…
Lamí mis labios enfadada tragándome el nudo que provocaban los recuerdos de aquella noche.
—¿Te das cuenta de lo egoísta que suenas?
—¿Egoísta? —pregunté indignada.
—Sí, egoísta… Es más, ¿quieres saber cuál ha sido vuestro problema? —Dio pequeños golpes con su dedo sobre el brazo del sofá—. Que solo follabais.
Negué frunciendo el ceño al escucharle expresarse así de algo tan bonito como lo que había vivido con Rubén, dando pequeños pasos en círculo sin querer escucharle.
—Sí, sí… Y no me mires así porque sabes que es verdad —recalcó—.
La confianza que teníais cuando eráis amigos no fuisteis capaces de aprovecharla…
Y a lo único que os dedicasteis fue a follar, que está muy bien, pero lo utilizasteis como excusa para no poner las cartas sobre la mesa…
Y te avisé que eso pasaría si no hablabais a calzón quitao —volvió a recalcar aquello—.
Él tenía miedo de perderte al asustarte…
Y tú estabas aterrada de volver a enamorarte… ¿Ves la ironía?
Suspiró mientras levantaba su cuerpo del sofá.
—Mira… Si de verdad no quieres nada con él, házselo saber… Así podrá pasar página de una vez, que después de tantos años se lo merece también… —Acomodó de nuevo su chaqueta antes de colocar su mano sobre mi hombro.
Alcé los ojos en busca de la mirada de mi hermano sintiendo de nuevo aquel vértigo, pero ahora en mi estómago.
—Hace unos días me contó que la tal Laura esa le confesó que sentía cosas por él —dijo guardando su teléfono mientras mi pecho respiraba acelerado—.
El Rubén que yo conocí hace años estaría acostándose cada día con una mujer diferente para evitar pensar…
Y no encerrado en el hospital mientras piernas largas le anda coqueteando…
Porque hasta que no sepa que lo tiene todo perdido contigo, no existirá en el mundo ninguna mujer más que tú.
—Agarró mi mejilla con cariño—. Así que, cuidado porque puedes terminar perdiendo a alguien que te ha demostrado que te quiere de verdad… por no saber lo que quieres…
Besó mi frente antes de dejarme con aquella angustia en el pecho.
Sin darme cuenta mi mano sujetaba el pinchazo que empezó a fatigar mi corazón mientras caminaba sin rumbo hasta el dormitorio.
Me quedé frente al espejo que había en la penumbra de aquella habitación, observando cómo mi mano apretaba mi pecho ante la sensación de abandono que estaba sacudiendo mi cuerpo.
Me quedé observando mi reflejo en el espejo, acomodando mi pelo sobre mi hombro derecho antes de volver a alzar la mirada al sentir las manos de Rubén acariciar mis brazos, subiendo lentamente sus dedos hasta mis hombros.
Apartó el poco cabello que quedaba sobre mi espalda antes de regalarme varios besos sobre la parte de atrás de mi cuello para recorrer mi piel con sus besos hasta llegar a mi hombro.
Sus labios abandonaron mi piel para dirigirse hacia mi oreja, rozando mi cabello con su nariz. Recorriendo con sus dedos mi espalda tras desabrochar mi vestido dorado.
—Te necesito —susurró sobre mi oído erizando mi piel bajo sus manos.
Abrí los ojos al sentir aquel escalofrío recorrer todo mi cuerpo para volver a encontrarme mi solitario cuerpo frente aquel espejo con mis manos abrazándose a sí mismas.
Respiré hondo contemplándome una última vez antes de deshacerme de aquel encorsetado vestido que había robado todas las miradas de la noche, menos las de aquellos ojos verdes que ni siquiera sabía dónde estarían mirando ahora mismo.
Tras ahogar mi desesperación en aquella enorme bañera, envolví mi cuerpo en el albornoz antes de acurrucarme entre aquellos cojines buscando dormir entre sus brazos aquella noche, aunque solo fuera en sueños.
A la mañana siguiente, el sonido de mi teléfono me trajo a la horrible realidad de amanecer abrazada a uno de los muchos cojines, sola, bajo las sábanas después de haber vuelto a soñar con él.
Respiré profundamente antes de sacar mi cuerpo de las sábanas para ir en busca de mi teléfono.
Llevaba tanto sin soñar con Rubén de esa manera, que había olvidado la sensación de frustración con la que amanecía luego, al comprobar que todo había sido producto de mi calenturienta imaginación.
Acomodé mi cabello fuera del albornoz antes de descolgar el teléfono.
Mirando rápidamente de quién se trataba antes de colocarlo en mi oreja.
—Louis… ¿cómo estás? —Pasé una de mis manos sobre mi rostro para frotarlo.
—Buenos días, ¿cómo estás?
—Bien… ¿y tú?
—Bien, ¿cómo la pasaste anoche en la fiesta?
Suspiré volviendo a cerrarme en banda con él después de soñar con Rubén.
—Bien, no estuvo mal… Algo agobiante con tanto paparazzi, ando algo oxidada…
—Fuiste la sensación de la noche, todos me miraban con envidia por acompañar a la estrella de Cannes.
—Bueno… No sabría decirte quién fue la estrella de los dos anoche… —respondí al recordar a los paparazzi gritar su nombre también.
Automáticamente me levanté para contemplar las vistas de aquella habitación más cerca, abriendo el balcón para respirar el aroma del mar que se encontraba justamente enfrente.
Inspiré para llenar mis pulmones de todo aquel aire puro y llenarme de aquella brisa del mar.
El sonido de unos dedos golpeando la puerta de mi habitación, me obligó a abrir de nuevo los ojos.
—Louis, te tengo que dejar —dije al recordar que aún seguía al teléfono—. Están tocando la puerta…
—Claro… Avísame luego por si quieres que comamos los dos, conozco un sitio increíble por aquí cerca.
—Yo te aviso, muchas gracias…
—Estaré esperando, que tengas un buen día.
—Igual… Chao.
Colgué la llamada mientras me dirigía a la puerta, deseando que no fuera nadie del equipo desde tan temprano, respirando aliviada al ver a Pau tras la puerta.
—Menos mal que eres tú… —dije aliviada dejándola pasar.
—¿Nos hemos levantado de malas? —preguntó divertida cerrando la puerta tras dejar pasar al servicio de habitaciones con mi desayuno—. Puedo volver luego si quieres. —Le dediqué una leve sonrisa antes de saludarla con un rápido beso en la mejilla.
—Pasa, no te preocupes. —Le eché un breve vistazo a la bandeja de comida agarrando un trozo de fruta antes de sentarme de nuevo en el sofá.
—¿Café? —preguntó con su acento madrileño.
—Sí, porfa…
Dejó la carpeta que traía entre las manos sobre la mesa antes de irse a encender la pequeña máquina de café que había en la habitación.
Estaba segura de que a Rubén aquel café le gustaría.
Su recuerdo volvió a robarme una sonrisa antes de poder darme cuenta.
Respiré profundo maldiciéndome antes de que Pau viniera con dos tazas de café.
—Gracias… —Agarré la taza tras ofrecérmela—. Ya sabes que no me entiendo con las máquinas esas…
—Suenas como mi madre —dijo burlándose, provocando la sonrisa de ambas.
—Es que soy madre —recalqué divertida antes de darle un trago aquella taza.
—Bueno, ¿quieres saber el planning de hoy o….?
—¿O.…? —Alcé mis cejas saboreando el café de mis labios.
—O prefieres que hablemos de la demo que filtramos anoche. —Le dio un largo sorbo a su taza antes de dedicarme una sonrisa.
—Preferiría hablar del planning , gracias…
—¿Segura? Porque lo está petando —añadió sacando su teléfono—. Llevas desde anoche siendo trending topic —dijo orgullosa—. Entre tu reaparición pública en la alfombra roja y la canción, estás en todas las cadenas y tu nombre se ha vuelto el más buscado.
—Esa era la idea, ¿no? —remarqué dejando la taza sobre la mesa para cruzar mis piernas.
—Vale… ¿Hay algo que quieras comentar con la clase?
Suspiré mirando a mi alrededor antes de esconder mi rostro entre las manos. Tenía la cabeza a miles de kilómetros de mi cuerpo. Quizás ahora más que antes al saber que Laura andaba acechando a Rubén. En cuanto volví a mirar a Pau, supo exactamente qué era lo que me pasaba.
—Rubén… —murmuró rodando los ojos—. ¿Otra vez…? Por favor dime que no filtramos la canción por él.
—Olvida la canción —dije gesticulando con mis manos, incorporándome hacia adelante—. Al parecer, piernas largas se le ha declarado y anda de buscona tras él…
—¿No eras tú la que decía que no quería saber nada de él? Que era igual que todos o incluso peor… —Fruncí el ceño antes de chasquear mi lengua. La sonrisa de Paula volvió a hacerse presente mientras entrelazaba sus manos.
—Y así es…
—¿Entonces? —Sus labios se apretaron inclinándose hacia adelante—. Mejor para ti, que se lo quede, se lo regalamos… ¡A otra cosa mariposa!
Respiré hondo tratando de gestionar los celos que recorrían quemando cada centímetro de mi piel al imaginar a Rubén besando a Laura como me había besado a mí, disfrutando de ese cuerpo que tantas veces me había hecho perder la cordura y la noción del tiempo.
Imaginar sus manos tocándola a ella como me habían tocado a mí seguía doliéndome.
Me removí inquieta en el sofá antes de levantarme.
Me mataban los celos de solo pensarlo.
—¡Lo sabía! —Pau exclamó señalándome.
—No es lo que crees —me justifiqué—. Así que voy a pedirte que dejes de mirarme así…
—Ajá… ¿Qué es exactamente lo que te molesta?
—Nada…
—¿Qué te creías? ¿Que ninguna tía se iba a fijar en él? Por dios si está buenísimo… Yo misma lo habría amarrado a mi cama si no fueras mi amiga… ni mi jefa.