Y en el medio, tú: 1 Capítulo 10 #9
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Capítulo 10 #9

Mis días desde que se fue aquella noche se resumían en estar encerrada en el estudio trabajando mientras Violeta estaba en el colegio y aprovechar las horas que ella estuviera en casa para estar las dos juntas para cuando fuera la hora de dormir, volverme a encerrar nuevamente en el estudio a seguir componiendo, produciendo y montando.

Rubén me había regalado con su ausencia una catarsis de emociones que estaba plasmando en decenas de canciones para poder volver a salir al mercado.

Me aterraba pensar que la gente que siempre me había seguido también se hubiera olvidado de mí, como pareciera haber hecho el resto.

Por eso mismo sentía doble presión por volver.

Me aterraba que nadie estuviera esperando por mí tras tantos años en silencio, por eso necesitaba volver a estar lista lo antes posible.

El miedo constante de haber llegado tarde seguía torturándome una vez más.

Tarde a la vida de Rubén cuando consiguiera sanar. Y tarde para relanzar mi carrera.

Mi casa era un ir y venir de gente de la discográfica, productores, compañeros con los que me tocaba grabar y la gente de la mudanza organizando lo que me llevaría y lo que dejaría aquí.

Las pocas fotografías que habían logrado robar de mi día a día, llevando o recogiendo a Violeta del colegio o de actividades extraescolares, volvían a destacar mi mirada perdida.

Los periodistas lo achacaban a la confirmación de la nueva relación de Marc con aquella chica, María.

Y es que estaría mintién dome a mí misma si no reconociera que sí seguía doliéndome ver a Marc besando o paseando de la mano de aquella chica, pero desde que Rubén se fue sentía que me costaba más arrancar una sonrisa de mis labios, porque con su partida volvió el miedo de no poder volver a sentir más.

Ver su foto de perfil me hacía daño. Había borrado hasta su número a pesar de sabérmelo de memoria.

Esa estupidez me hacía darme cuenta de que lo quería más de lo que trataba de ocultar a mi familia, pero por orgullosa lo estaba arruinando.

Las noches sin él, eran la motivación que necesitaba para evitar encerrarme en aquel dormitorio donde solo coexistía su ausencia y su presencia sobre mi cama, con mi ansiedad junto con su pijama que aún conservaba su olor.

Tras unos extenuantes meses de trabajo, ausencia de sueño, reuniones, entrenamiento y conciliación familiar, Pau confirmó mi asistencia al festival de Cannes tras pelearlo con uñas y dientes de mí misma para sacarme de mi casa.

Necesitaba volver a salir al mundo, dejarme volver a ver como primer paso a que se me volviera a relacionar con algo más que no fuese mi separación con Marc.

Había cambiado de estilistas que me dieran un aire más fresco, más renovado.

Había contratado a gente que llevara mis redes sociales para evitar que mi pereza tecnológica volviera a dejarme fuera.

Había remodelado todo mi entorno para que nadie que tuviera que ver con Marc pudiera filtrarle a él o la prensa cosas.

Al llegar a Cannes, después de negociar esos días con Marc para que se quedara con Violeta, mi equipo subió a mi habitación el vestido que usaría para aparecer públicamente por primera vez desde que me divorcié frente a los medios.

Mis estilistas habían elegido un vestido negro, con una apertura lateral en una de mis piernas.

Tenía un aire al vestido de la venganza que usó Lady Di después de divorciarse del príncipe Carlos de Inglaterra.

Y es que ese era justo el mensaje que quería dar.

A pesar de todas las batallas que estaban luchando, aquí seguía de pie, preparada para todo lo que tuviera que venirme.

Verme en aquel vestido negro palabra de honor, con el pelo ondulado cayendo sobre uno de mis hombros, me hizo volver a recurrir a mi pensamiento constante al imaginar a Rubén tras de mí, mirándome de esa forma en la que solo él me miraba y que me hacía sentir viva.

Pero tras de mí no había nadie, al menos nadie que me mirara como él.

Solo mis nuevos estilistas y el diseñador del vestido dándome los últimos retoques.

Me moría de ganas de saber si quizás vería alguna de las miles de fotos que sentía que me hacían al salir del hotel camino al coche, acompañada como siempre del brazo de mi hermano.

Una vez en la alfombra roja, llené mis pulmones de aire al ver a mi hermano acomodar su chaqueta frente a la puerta del coche, esperando mi señal para abrirme la puerta.

El sonido de las cámaras y las luces de los flashes fue lo único que pude ver desde que puse el primer pie en aquella kilométrica alfombra.

El caos reinó al verme aparecer. El sonido de los gritos con mi nombre pidiéndome que me girara hacia cada uno de los medios que estaban ahí fue ensordecedor.

Era la primera vez que me tenían de frente desde que salió la noticia del divorcio y de la infidelidad.

Había decidió enclaustrarme en mi casa, como si fuera mi deber pasar la vergüenza y el duelo encerrada, como si la que tuviera algo de que avergonzarse fuera yo.

La expectación era de tal magnitud, que los de seguridad luchaban porque no se amontonaran los paparazzi al verme posar.

En el momento que pisé aquella alfombra roja fue mi alter ego quien se hizo cargo de mis emociones para que miraran y se arrepintieran de haberme dejado escapar.

Sin borrar la sonrisa en ningún momento, posé para que cada medio de comunicación pudiera tener la foto del momento.

En parte lo hacía para que hubiera tanto material que fuera imposible no escuchar hablar de mí en cualquier parte del mundo.

Agustín volvió a ofrecerme su brazo al terminar la zona del photocall para acceder al interior.

Una vez dentro, saludé a varios conocidos antes de que la organización nos acomodara a cada uno en su lugar para dar comienzo el preestreno de la película que se presentaba aquel día.

Al llegar la noche, volví a dejarme a ver, pero esta vez con otro vestido diferente para el after party del festival de Cannes.

Antes de salir del hotel, quise aprovechar el revuelo de mi visita en redes sociales, para pedirle a mi Paula que filtrara el primer minuto de una canción que había escrito pensando en Rubén.

Fue una decisión visceral tras ver una fotografía de él, abrazado a una chica en lo que parecía una foto del grupo de médicos que trabajaba con él.

No estaba en su perfil, pero lo habían etiquetado, al igual que otra fotografía donde aparecía con su chaqueta de cuero charlando con una mujer.

Su barba estaba más frondosa y su cabello lucía más largo que la última vez que lo vi.

Aquello fue una medida desesperada para llamar su atención al sentir por primera vez el miedo de que pudiera estar mejor sin mí o reemplazarme por alguien más.

Si es que no lo había hecho ya. Era una canción que sabía que jamás incluiría en ningún disco, pero era un cartucho que tenía que quemar.

Aquellos segundos de estrofa de la canción confesaban que me estaba encariñando con alguien a quien buscaba, porque no sabía si era en plan de amigos o solo estábamos jugando a hacernos daño.

Quería que supiera que era para él. Que seguía estando en mi cabeza y que lo echaba muchísimo de menos.

Al bajar del coche para llegar a la fiesta, volví a darme un baño de masas para agobio de mi hermano y de la gente que me llevaba.

En la fiesta me encontré de casualidad con Louis.

Los flashes de los periodistas acreditados no dejaron de fotografiarnos en todo momento y eso podía jugarme en contra, porque estaba segura de que aquellas fotos con Louis sí las vería.

Al entrar la medianoche, abandoné la fiesta junto a Louis y mi hermano.

Los destellos de las cámaras fotografiaban cada paso que dábamos uno al lado del otro hasta llegar cada quién a su coche.

Una vez de vuelta al hotel, respiré hondo acomodando mi pelo antes de desbloquear mi teléfono.

Miré de reojo a mi hermano para poder ver la conversación archivada de Rubén para que no me regañara por seguir jugando a ver quién tenía más orgullo.

Seguía con su misma foto de perfil. El sol bañando su perfil izquierdo.

Sus labios dibujando una media sonrisa mientras sus ojos fingían no darse cuenta de que lo estaban fotografiando.

Suspiré saliendo de aquella conversación antes de bloquear el teléfono para guardarlo de nuevo en el bolso.

Al llegar al hotel, mi equipo bajó del coche que iba tras nosotros acompañándome a mi habitación para repasar la agenda de mañana.

Mientras mi hermano se despedía de los miembros del equipo, volví a mirar el teléfono esperando alguna noticia después de haber filtrado aquella demo.

Estaba tan absorta releyendo lo último que nos dijimos aquella noche donde todo acabó, que no me di cuenta de que mi hermano estaba tras de mí viendo cómo volvía a revisar la conversación de Rubén.

—¿Piensas hablarle alguna vez? —preguntó señalando mi teléfono al verme girarme nerviosa.

—Fue él quien decidió irse —respondí a la defensiva respirando hondo a la vez que mis dedos bloqueaban el teléfono—. Así que no creo que tengamos mucho más que decirnos…

—Y no lo culpo —recalcó dejándose caer en uno de los sofás, acomodando su chaqueta al sentarse. Solté el teléfono con coraje sobre una de las mesas que tenía aquella suite decorada con flores.

—Estaba esperando que sacaras el tema para comprobar de qué lado te pondrías —le reproché.

—Yo no me he puesto de lado de nadie…

—Pues no lo parece… —Me descalcé de aquellos tacones en los que había estado montada toda la noche.

—Tú solo dime. —Inclinó su cuerpo hacia adelante—. ¿Cuánto más querías que se quedara esperando a que decidieras qué iba a pasar con ustedes dos?

—¿Pues no que no sabías qué había pasado?