Y en el medio, tú: 1 Capítulo 10 #7
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Capítulo 10 #7

Leyó mi discreta proposición enseguida. La incertidumbre de ver que seguía en línea y no contestaba estaba empezando a consumirme.

Rubén se desconectó dejándome en visto. Arrugué la frente mientras releía la conversación varias veces, comprobando que no hubiera dicho nada raro.

Cuando me cansé de esperar a que volviera a conectarse, dudé en si escribirle algo antes de bloquear el teléfono.

Me quedé en la cama pensando qué es lo que podría haberle pasado.

Quizás lo habrían llamado para alguna urgencia.

Sabía que la duda no me iba a dejar dormir, así que tras unos minutos dudando, envolví mi cuerpo en la bata rosa que había dejado a los pies de la cama acomodando mi cabello sobre mis hombros.

Llevé mi teléfono conmigo al salir del dormitorio.

A pesar de saber que mi familia estaba cerca, una sensación extraña de soledad me invadió, haciéndome frotar mis brazos al sentir un breve escalofrío.

Nada más bajar las escaleras el teléfono de la casa sonó.

Me apresuré a cogerlo porque sabía que solo sonaba cuando los de seguridad querían comunicarse con la casa.

—Buenas noches. —Pasé mis dedos sobre mi oreja, acomodando mi pelo tras ella.

—Buenas noches, señora, perdone que la moleste a esta hora.

—No se preocupe, ¿ha pasado algo?

—Acaba de llegar el señor Rubén, le he pedido que esperara hasta ver si podía atenderlo, ¿le digo que pase?

Al escuchar su nombre un cosquilleo recorrió mi espina dorsal. La sonrisa tonta volvió a mis labios al comprobar en mi teléfono que solo habían pasado algo más de quince minutos desde que le propuse que viniera.

—Eh… —dije tras aclarar mi garganta sin poder borrar la sonrisa de mis labios—. Sí, déjalo pasar…

—De acuerdo, disculpe de nuevo. Buenas noches.

—Buenas noches… Gracias.

Colgué la llamada sin poder disimular la emoción de saberlo aquí.

Me dirigí al baño de abajo en busca de un espejo donde comprobar si estaba presentable.

No quería que se asustara al verme. Qué tontería, después de haberme visto de todas las maneras.

Mientras pellizcaba mis mejillas para darme algo de color, sentía el corazón latir acelerado.

Volvía a latir ilusionado a pesar de las cicatrices.

Al llegar a la puerta, sentí el motor de su moto apagarse.

Un leve cosquilleo recorrió mi cuerpo para acomodarse sobre mi vientre al abrir la puerta y verlo quitarse el casco, peinándose con una de sus manos antes de dedicarme una amplia sonrisa.

Mi cabeza grabó aquella secuencia a cámara lenta.

Al verlo acercarse agachando su cabeza para ver los escalones, con aquella cálida sonrisa, confirmé al perderme en aquellos ojos verdes esmeralda, que estaba profundamente enamorada de él.

—¿Qué haces aquí? —pregunté sintiendo cómo me dolían los carrillos de sonreír.

—Me preguntaste que si quería compañía… —Alzó una botella de tinto y dos tulipanes, dedicándome una sonrisa—. Traje el vino que te gusta y… Tulipanes.

Alzó sus hombros nerviosos mientras escondía sus manos en los bolsillos tras agarrar la botella y las flores entre mis manos.

—Lo traje para que me acompañaras mientras me como esas costillas.

Tantos años de conocernos. Tantos años riéndonos hasta sentir que nos dolía el estómago y jamás había sentido esta sensación de vértigo que me incitaba a profundizar más.

Agarré el cuello de su chaqueta para atraerlo hacia mí, capturando sus labios con los míos para besarlo con necesidad.

Sus manos se agarraron a mi cintura al notar cómo tiraba de su cuerpo, buscando dejar aquella botella en cualquier lugar tras entrar.

Caminando a ciegas, sin querer soltar su boca nos dirigimos al sitio que teníamos más cercano, mi despacho.

Tras sentir la puerta cerrarse tras nosotros comenzamos a dejar caer la ropa hasta llegar al sofá.

Sus manos acariciaron mi cuello para luego bajar sus labios por él mientras las mías se aferraban a su espalda, arañándola al sentirlo de nuevo dentro de mí.

Me fascinaba sentir su cuerpo sobre el mío, acariciar su kilométrica espalda.

Me hacía olvidarme hasta de mi nombre al susurrar el suyo entre gemidos y jadeos.

No quería aprender a dejarlo ir cuando llegara el momento de despedirme de Madrid.

Quería seguir cometiendo los mismos errores con él.

Sus manos acariciaron mis mejillas que ardían al igual que mi cuerpo.

Sus ojos se quedaron viendo cómo perdía el control de mis sentidos y mi cuerpo al llegar al orgasmo.

Justo en ese instante, sus manos agarraron mi rostro buscando mi boca entreabierta, sintiendo su cuerpo moverse más rápido para terminar.

Era la primera vez que lo hacíamos sin ningún tipo de protección.

Únicamente piel con piel, sintiéndonos de aquella forma tan íntima.

Sonreí abrazada a su cuerpo que cayó exhausto sobre mí, enredando mis dedos en su cabello y regalándole breves besos por su rostro mientras temblaba sobre mí.

Su cabeza de incorporó apoyándose sobre sus codos, dejándome ver el tamaño de sus pupilas en la penumbra de aquella habitación.

—Eres hermosa… —susurró sobre mis labios antes de besarme de nuevo.

Susurro que provocó que mi piel se erizara al escucharlo. Sus ojos me miraban achicados por su sonrisa. Suspiré acariciando su oreja, bajando mis dedos por su mandíbula y su barbilla hasta llegar a sus labios, dándole tiempo a mi corazón a recobrar su ritmo tras latir desbocado.

—No me lo habías dicho nunca… —bromeé para tratar de aparentar normalidad y así evitar que se diera cuenta de que estaba completamente derretida por él.

—¿No? —Se acomodó sobre mí sonriente—. Pues te lo digo ahora. Eres… —Aus ojos miraban cada centímetro de mi rostro—. Perfecta.

—Estoy muy lejos de ser perfecta.

—Eres la mujer más espectacular que he conocido en toda mi vida… Ya no por lo buenísima que estás —dijo incorporándose brevemente para mirarme con una amplia sonrisa.

—Qué idiota eres… —respondí entre risas al verlo inclinarse para mirarme antes de volver a colocarse.

—Es la verdad —añadió humedeciendo sus labios—. Conocer tus ojos, tu cuerpo… me deja completamente desarmado… Llámame loco si quieres, pero estar contigo ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida —susurró de nuevo cerca de mis labios—. No cambiaría esto por nada, ni por nadie…

Mis dedos acariciaron la barba de su mentón lentamente procesando aquellas palabras que habían encendido de nuevo aquel cosquilleo en mi vientre.

—Ojalá nos hubiéramos conocido antes…

Mis manos volvieron a enredarse en su cabello mientras veía cómo él disfrutaba del roce de mis dedos sobre su cabeza antes de alzar levemente sus hombros.

—Lo importante es que nos hemos conocido… Hemos sido buenos amigos…

—Muy buenos amigos —añadí sonriendo.

—Yo he sido mejor amigo que tú, reconócelo.

—¿Disculpa? —pregunté tratando de lucir indignada.

—He estado a tu lado incluso a miles de kilómetros… —Arrugó sus labios mientras asentía.

—Sí, eso es cierto…

—¿Y tú mientras qué hacías? Tener sexo conmigo en sueños…

Mi boca se abrió de par en par al escuchar aquel reclamo. No pude controlar la carcajada que salió de mi boca, escuchándolo reírse de fondo.

—Eso ha sido un golpe bajo… —le recriminé.

—Creo que jamás podré perdonártelo, es algo que se me ha quedado aquí…

Señaló levemente su pecho mientras nuestras pupilas se dilataban antes de volver a juntar nuestros labios.

—¿Y tú…? ¿Nunca has fantaseado conmigo? —pregunté viendo cómo lamía sus labios.

—Muchas veces —reconoció tras humedecer sus labios—. Sobre todo al principio, cuando no te conocía…

—¿Y después de conocernos?

—Fantaseaba con otras cosas…

—En otras cosas como en cuáles.

—No te puedo decir. —Apretó su mandíbula para disimular su sonrisa.

—Venga, va… Dímelo —insistí haciéndole ojitos—. Porfa…

Desvió la mirada mordiendo sus labios que aún sonreían.

—Pues…. en cómo sería…. agarrar tu mano… o despertarse a tu lado…

—Guau… —exclamé asombrada.

—Demasiado intenso, ¿no? —dijo divertido antes de darle un breve beso en esos labios—. Es que me gustabas muchísimo…

—¡Ah! ¿Te gustaba? —pregunté alzando mis cejas—. O sea que ya no te gusto…

Rubén asintió sin borrar la sonrisa de su boca. Suspiró tras mirarme de nuevo a los ojos mientras sus manos acariciaron mi frente para perderse entre mi cabello.

—Claro que me gustas —susurró regalándome un beso antes de volver a clavar sus ojos en mí—. Pero, trato de gestionar todo esto con calma… Sobre todo, porque dentro de unos meses estarás a más de siete mil kilómetros…