Y en el medio, tú: 1 Capítulo 10 #6
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Capítulo 10 #6

Aquellas palabras de mi padre me hicieron respirar profundo, sintiendo mi respiración entrecortada.

Me quedé mirando a mi papá escuchándolo, evitando mirar a Rubén.

Rubén sabía que era una de las muchas cosas que no podría tener conmigo, por eso no era capaz de mirarlo ahora sintiendo terror de lo que pudiera responder.

—Bueno… Ya fantaseé con esa idea hace tiempo, pero… Supongo que la idea de tener hijos se fue posponiendo y dejé de darle importancia…

—Pero los hombres no tenéis la presión de la edad a la hora de ser padres —añadió mi hermana—. Podéis ser padres cuando queráis y con la que queráis. —Sentí su mirada fugazmente mientras escuchaba en silencio.

—Sí, tenemos esa ventaja, supongo…

—Bueno estoy seguro de que encontrarás una buena mujer con quien poder formar una familia —añadió mi papá restándole importancia.

Mi cabeza giró lentamente sintiendo aquellas palabras de mi padre hacia Rubén, como puñales en mi pecho. Los ojos de Rubén se agacharon hacia sus manos aún entrelazadas entre sí.

—Por el momento disfruto bastante del papel de tío… —añadió sonriente dedicándome una breve mirada.

Sus ojos al igual que su sonrisa me buscaron brevemente.

Marc haría rato que habría puesto mala cara, demostrando incomodidad de estar rodeado de mi familia, haciéndole preguntas.

Seguramente estaría mirando su teléfono cómo siempre después de haber aprovechado cualquier oportunidad para ridiculizarme o hacerme sentir menos.

En cambio, Rubén seguía respondiendo preguntas sin perder la sonrisa.

Evitando hacerme daño en decisiones sobre su propia vida.

Era completa y absoluta empatía hacia cómo sus palabras podían llegar afectarme, manteniendo el respeto a aquel tema que, aunque mi familia no lo supiera, era un tema que había hablado varias veces.

Sentía cómo mi corazón latía con tanta fuerza, que empezaba a sentir vergüenza de que pudieran escucharlo.

Mis ojos lo recorrieron de arriba abajo, desnudándolo, aprovechando que todos miraron a hacia la puerta al escuchar a mi hermano llegar en compañía de mi pequeña.

Al vernos, ambas nos fundimos en un abrazo antes de que fuera a saludar a lo demás.

Escondí mis manos dentro de los bolsillos mientras observaba el cariño con el que saludaba a su abuelo y a Dafina.

Violeta era una niña extremadamente sensible y cariñosa.

En su corazón no había otra cosa más que bondad y nobleza.

Quería creer que lo había sacado de mi familia, porque la familia de su padre aún no se había dignado a darme la cara.

Doce años aguantando que me menospreciaran, sus indiferencias y sus desprecios por ser extranjera y ni siquiera habían sido capaces de llamarme para ver cómo me encontraba tras publicarse las primeras fotografías de su hijo con otra mujer, tras el comunicado o después de firmar el divorcio.

Ambos nos sentamos uno al lado del otro en el sofá, con Violeta a nuestro lado escuchando a mi hermano y a María hablar de cosas mundanas del día a día.

Relajados como cualquier familia normal.

Rubén era la única persona que me dolía en el alma dejarme aquí.

Me hacía replantearme cada día montarme en un avión para largarme de aquí.

Sabía que el tiempo no paraba y me daba miedo que esto fuera pasajero.

Cuando eran casi las ocho, me regaló una breve mirada antes de comunicar que se tenía que ir a trabajar.

Se despidió uno por uno dejándome a mí para el final.

Nuestros silencios tras despedirnos decían mucho más que cualquier cosa que pudiéramos decir y eso era algo que todos los que estaban allí, menos Violeta notaban.

Las ganas que nos teníamos eran tan palpables que hasta un ciego podía darse cuenta.

Me rebasaba, no podía controlarlo, ni sabía gestionarlo.

Rato después de que Rubén se fuera, Yaris apareció en la sala avisándonos de que mi suegro se encontraba en la puerta de atrás esperando para recoger a Violeta.

Marc era tan cobarde que no era capaz ni de venir él mismo a por su hija.

—¿Me puedo llevar mi Nintendo? —Violeta me preguntó nada más irse Yaris—. Es que me aburro…

—Claro que sí mi amor, pero no abuses de ella, ¿sí? —le pedí acariciando su pelo.

—Vale.

—Ve a buscarla, voy a saludar mientras al abuelo —dije levantándome del sofá.

Agustín se levantó lentamente en cuanto vio a Violeta salir, agarrándome con cuidado la mano.

—¿Quieres que te acompañe? —susurró cerca de mi oreja.

—No te preocupes, cualquier cosa grito —dije en tono de broma para quitarle importancia. Acaricié su brazo antes de ir hacia la parte de atrás para darle la cara a mi queridísimo exsuegro. Nada más abrir la puerta, su cuerpo se tensó al verme, apretando su teléfono entre sus manos nervioso.

—Buenas noches —me saludó acercándose a darme un beso.

—Buenas noches, Diego —dije devolviéndole el beso—, ¿cómo estás?

Ambos volvimos a tomar distancia, evitando el contacto visual por su parte. Crucé mis brazos mirando brevemente mis zapatos analizando la situación.

—¿Y mi nieta?

—Ha ido en busca de una cosa —respondí sintiendo el frío sobre mi cara—. ¿Y Marc?

—Marcos tiene que viajar este fin de semana —lo excusó, como hacía siempre.

—Sí, a Croacia con María, su novia. —Aquellas palabras lo empalidecieron—. Vuestros periodistas de confianza lo soltaron hace unos días.

Tenía miedo de que se rompiera la mandíbula de tanto apretarla.

—Si él prefiere irse con su novia antes de que estar con su hija… Que me lo diga, para así poder pedir la custodia completa.

—Isabella —dijo mi nombre interrumpiéndome—. Siento muchísimo que lo vuestro no funcionara.

—Ya… Claro, por eso la habéis recibido en vuestra casa cuando aún seguíamos casados, ¿verdad? Porque lo sentíais muchísimo… Y porque me apreciabais muchísimo también. —Sus ojos cayeron levemente antes de volver a mirarme con lástima.

—Aunque no te lo creas, te apreciamos…

—Por supuesto… —asentí desviando la mirada con una sonrisa sarcástica por su descaro—. Tenéis una forma muy peculiar de querer a las personas, espero que a esta chica se lo demostréis mejor.

—No puedes culparnos por las decisiones que Marcos haya tomado.

—Os culpo de vuestro cinismo —respondí aguantándole la mirada—.

Me habéis visto mil veces llorar por vuestro hijo y nunca os tentasteis el corazón de verme sufrir así…

Me tildabais de loca cuando se ha estado paseando por vuestra casa con ella mientras aún estábamos casados y todavía teníais la desfachatez de decirme que eran ideas mías…

O llamarme puta loca o «panchita de mierda» delante de mi hija.

Aquellas palabras salieron como dardos hacia el que había sido mi suegro—. Nunca os gusté… Y ahora el sentimiento es mutuo —añadí sin dejar de aguantarle la mirada a aquellos ojos azules tan parecidos a los de Marc.

—Isabella…

—Dile a tu hijo, que como siga poniéndome trabas con la custodia de Violeta para llevármela lejos de aquí o amenazándome, lo denunciaré por desviar dinero a su cuenta… —Sentía que las palabras se amontonaban en mis labios para no dejarme nada en el tintero.

Sus ojos me miraron completamente desubicados comprendiendo la gravedad de la situación.

No era tonta, había estado doce años dándome cuenta de que Marc era incapaz de tomar ninguna decisión sobre negocios sin el visto bueno del controlador de su padre.

Si Marc me había estado robando, la cabeza intelectual estaba frente a mí.

Antes de que pudiera descomponerse su rostro más de lo que ya estaba, la voz de mi pequeña Violeta fue su salvavidas.

Agustín salía de la mano de Violeta, clavando su mirada en aquel pobre hombre descompuesto al ver que la tonta a la que habían estado robando estaba al tanto de todas sus sinvergonzonerías.

Tras despedirme con mucha tristeza de mi pequeña al saber que pasaría el fin de semana en territorio enemigo, mi hermano me abrazó para llevarme adentro.

Aquella noche cocinamos, nos reímos, recordamos momentos y brindamos por todo lo que estaba a punto de venir.

Cuando llegó la hora de acostarse, los primeros en abandonar la reunión fueron mi papá junto con Dafina, luego los acompañó mi hermana que aún tenía el jetlag del viaje.

Mi hermano Agustín y María, su mujer, fueron los últimos en irse.

Esta vez se iban tranquilos al saber que mi hermana y mi papá dormían en la casa de invitados que había al otro lado del jardín.

Al quedarme a solas en mi cama, me sumergí entre las sábanas.

Involuntariamente cerré los ojos al respirar el olor de Rubén que se había quedado impregnado de anoche, haciéndome suspirar.

—Por favor, mamá… No dejes que me ilusione si no es para mí —susurré aquella plegaria— Jamás le había pedido nada.

A nadie. Pero esta vez después del batacazo que me había dado con Marc, necesitaba que el buen ojo crítico de mi madre me ayudara.

Había perdido la fe en mi instinto. Giré mi cuerpo en busca de la almohada donde él había dormido anoche para abrazarme a ella.

Hundiendo mi nariz en ella para inhalar su olor.

El sonido de mi móvil vibrando captó mi atención.

Volví a rodar entre las sábanas en busca de mi teléfono, dibujando una sonrisa de oreja a oreja al ver su nombre en las notificaciones.

¿Sería la señal que le había pedido a mi madre?

¿ C ó mo va la noche, guapa?

¡ Bien! Esta vez nos portamos bien y cada quién ya anda en su cama

¿ Tu noche c ó mo va?

Por suerte está la cosa tranquila…

Ahora en un rato iré a cenar algo.

Me quedé mirando la conversación, mordiendo la uña de mi dedo índice pensando. Imaginándomelo allí solo, en cualquier sala de descanso con su media sonrisa, acariciando su mentón cubierto de barba esperando a que le respondiera.

Si quieres compañía, tengo unas costillas y guacamole… ¡ deliciosas!