Y en el medio, tú: 1 Capítulo 10 #5
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Capítulo 10 #5

—Espero que no tengas que descubrirlo todavía —bromeó antes de que besara su mejilla.

—Más te vale que no —dije señalándole antes de abrazarme a él, respirándolo para embriagarme de esa sensación de hogar que me daba su perfume—. Acuérdate que me prometiste no morirte.

—Aún me quedan años antes de incumplirte esa promesa.

Ambos nos quedamos un largo rato así abrazados, viendo la televisión de fondo.

Cambiábamos cada vez que algún programa de chismes empezaba o daban paso a hablar de mí.

Todos tenían algo que decir o inventarse de mi vida, como si me conocieran, o conocieran la salud de mi padre o los sentimientos de mi hija.

El sonido de mi teléfono interrumpió aquel momento, utilizándolo de excusa para pedir que hicieran café.

Al ver el nombre de Rubén en la pantalla del teléfono, una amplia sonrisa se dibujó en mi rostro.

Acomodé mi cabello tras la oreja antes de descolgar para escucharle después de no saber nada de él en todo el día.

—Hola, guapa. —El sonido de su voz calmó los pensamientos de mi cabeza, erizando mi piel.

—Hola… ¿qué pasó? ¿Cómo va el día? —Caminé con mi sonrisa hasta la cocina, buscando un sitio más privado para poder hablar.

—Bueno… rodeado de gente que no conozco…

—Imagino… ¿Cuándo es que trabajas? —pregunté sentándome en uno de los taburetes.

—Tengo turno de noche.

Suspiré alejando el altavoz del teléfono de mi boca para que no me escuchara.

—La buena noticia es que Susana me ha confirmado que tengo el fin de semana libre.

—Qué bien, así puedes acompañar mañana también a tu amiga —solté la pulla mientras dibujaba pequeños círculos sobre la barra con mi dedo.

El sonido de su risa al otro lado del teléfono me hizo visualizarlo, dibujando una en mis labios.

—Por cierto… ¿alguien se ha dado cuenta de…?

—No —respondí rápidamente—. La crema que me diste me ha bajado la inflamación… Y al hacer frío no tengo que andar preocupándome de que se me vean las marcas de los brazos… —respondí en voz baja para que nadie más pudiera escucharme.

—Bien… —Suspiró tras coger aire—. Entonces… ¿Quieres que me llegue un rato?

—Me encantaría —confesé aquel deseo en voz baja—. Pero si piernas largas lo está pasando mal, quédate allí con ella, no te preocupes…

Alcé la mirada al frente, observando el extenso jardín a través de las cristaleras de la cocina. El sonido de su sonrisa en aquel breve silencio que se había hecho devolvió mi vista a aquella cocina.

—En un rato estoy allí. —Sonreí como boba al escucharle.

—Ok…

—Chao guapa.

—Chao…

Mis labios saborearon la sonrisa que se derramaba por mis labios sin darme cuenta.

Suspiré, pero no era un suspiro de angustia o de preocupación.

Era otro tipo de suspiro. Al volver al salón, avisé a mi papá de que Rubén vendría a estar un rato aquí con nosotros, cosa que le hizo mucha ilusión.

Tras servir café, se unieron mi hermana Patri y Dafina.

Agustín escribió diciendo que vendría para la hora de que Violeta saliera de sus actividades extraescolares.

Este fin de semana le tocaba quedarse con su padre, cosa que me aterraba después de saber lo que era capaz de hacer.

Recordar aquello o imaginar a mi hija a su lado, hacía que me desesperaran las ganas de irme de aquí para empezar de cero en Miami con ella.

Al cabo del rato, Yaris entró al salón para avisarnos de que Rubén acababa de llegar.

La sonrisa con la que recibí la noticia no pasó desapercibida a nadie de los que me acompañaban.

La mano de mi padre apretó la mía al verme tratar de disimular la sonrisa de mis labios.

Al escuchar la voz de Yaris charlar con él, me levanté para recibirlo.

A los pocos segundos apareció abrazado a Yaris, disculpándose por haberle dejado el café de la mañana colgado y aceptando a regañadientes tomarse uno ahora.

Al girarse hacia nosotros, me di cuenta de que me hacía feliz solo con verle un ratito.

Sus ojos me buscaron con una disimulada sonrisa, alzando sus cejas divertido al empezar a saludar a todos antes de saludarme a mí.

Se había recortado su barba, dejando su mandíbula casi desnuda de ella y dejando más barba por la parte de la barbilla y del bigote, resaltando así su boca en el primer golpe de vista.

Suspiré de nuevo loca por él al oler su perfume tras agacharse para saludar a mi papá.

—¡Pero fíjate! ¡Qué guapo! —mi hermana Patri dijo lo que mi cabeza andaba gritando.

—Gracias —respondió avergonzado con una sonrisa—.

Solo fue una manita de chapa y pintura. —Al incorporarse no pude evitar hacerle una radiografía completa mientras se acercaba para saludarnos como dos amigos cualquiera, pero con una leve caricia de nuestras manos que hacía que se avivaran las ganas de buscar un rato a solas.

—Siéntate… —le ofrecí alzando levemente la palma de mi mano.

Rubén me dedicó una leve sonrisa antes de tomar asiento frente a mí. Me quedé embobada viendo cómo se quitaba su chaqueta oscura antes de sentarse y remangaba su camisa con cuidado.

—Entonces… El motivo real por el que nos abandonaste esta mañana era para ponerte así de guapo —Patri insinuó acomodándose en el sofá.

—Me has pillado… —Sonrió inclinando su cuerpo hacia adelante—. He estado toda la mañana acompañando a una amiga en el tanatorio. —Llevó su mano hacia su cabeza tocando su cabello.

—Y… ¿erais muy cercanos? Tu amiga y tú —Dafina preguntó a bocajarro.

Cómo había extrañado ese don de saber qué preguntar. Rubén rodó sus ojos pensando en cómo contar que la persona a la que había acompañado era la misma que le había atropellado.

—Fui quien operó a su padre… Y bueno… —Ahí venía la bomba—. Laura estuvo muy al pendiente de mi cuándo tuve el accidente…

Mis ojos se quedaron clavados en él al descubrir que Laura había estado al pendiente de él.

Al salir aquel día de esa habitación del hospital, salí convencida de que Rubén era solo un capricho, alguien con quien desfogar tal como me habían recomendado que hiciera, pero mientras me tomaba el tiempo de que todos esos argumentos se desplomaran por su propio peso, jamás me paré a pensar en si Rubén podría conocer a alguien más.

Tenía seguro que él estaría esperándome.

Por eso mi cuerpo se tensó sobre aquel sofá al imaginar a Laura en su piso cuidándole, compartiendo momentos los dos.

—¿Era muy mayor? —mi papá preguntó acomodándose tras apretar mi mano.

—No, creo que acababa de cumplir los ochenta hará unos meses…

—¿Y de qué murió? Si no es mucha indiscreción… —mi papá preguntó de nuevo.

—De un infarto —respondió apenado—. Al parecer comenzó a encontrarse mal esta mañana… Su mujer lo achacó a que había pasado mala noche, pero…

El silencio tras su breve suspiro se hizo en la sala. Seguramente haciendo examen de conciencia sobre todas las cosas que dejamos aparcadas para un futuro que nadie sabe si llegará.

—Antes de que te pase una cosa de estas… ¿suele avisarte el cuerpo? —Patricia preguntó interesada.

—Bueno… piensa que nuestro cuerpo es una máquina. —Sus manos comenzaron a gesticular—. Cualquier cosa que no pueda gestionar por sí solo te irá mandando señales… El problema que no siempre sabemos escucharnos o no sabemos detectarlas.

—Pero, por ejemplo. —Mi hermana se inclinó hacia adelante—. Cuando a mi papá le dio la trombosis…

—Ajá. —Era hipnótico verle así de concentrado.

—¿Qué señales suele dar tu cuerpo antes de que ocurra?

—¿No le viste la desviación de la comisura de los labios? ¿O se quejaba de un dolor continuo en la cabeza? —preguntó mirando a mi papá.

—Recuerdo que me sentía desorientado… fatigado.

Rubén alzó sus cejas respondiéndole a Patricia con una leve sonrisa al ver cómo mi papá había respondido a su pregunta.

—Siempre viene bien tener a un médico en la familia —Patri añadió.

Mis ojos se alzaron lentamente para ver su reacción.

Su sonrisa se volvió tímida al entender las palabras de mi hermana, a la vez que su cuerpo se tensó sobre aquel sillón.

Rasqué nerviosa mi ceja al sentir las miradas intermitentes de los de aquella sala antes de que Yaris apareciera con el café para Rubén.

Dafina aprovechó para preguntarle a Rubén, como cualquier madre haría, por cómo compaginaba su vida con el trabajo.

Querían conocerlo en profundidad. Todo iba relativamente bien hasta que salió la temida pregunta.

—Y.… ¿Tienes pareja ahora, Rubén? —Aquella pregunta de boca de Dafina me incomodó.

—Si después de este interrogatorio no quieres volver a vernos, lo comprenderé… —dije tratando de echarle un cable.

El sonido de su sonrisa mientras se acomodaba sobre el asiento demostraba que aún estaba cómodo con el tema. Negué mientras subía mis piernas al sofá.

—Rubén, ni se te ocurra contestar sin presencia de un abogado —Patri dijo bromeando.

—Le faltó la alcachofa ahí pegada en la boca —añadí divertida mirando a mi hermana. Rubén sonrió negando con su cabeza, mientras ambas nos reímos al imaginarnos la escena.

—No pasa nada… —respondió sin perder la sonrisa mientras hacía girar su reloj entre su muñeca—. No, ahora mismo no… Sigo soltero…

—Bueno, seguro que candidatas no te faltan —Dafina continuó indagando.

Ambos nos quedamos varios segundos al cruzarse las mi radas sin ocultar las sonrisas. El carraspeo de mi hermana nos hizo desviar nuestras miradas. Me moría por probar esos labios que ahora resaltaban sobre su barba, provocando que humedeciera los míos nada más que de imaginar aquel momento.

—Bueno… hace relativamente poco que me divorcié, así que… —Su garganta se movía al tragar.

—¡Ah! ¿Eres divorciado? —Patricia preguntó interesada.

—Sí… —Apretó sus labios asintiendo.

—Su mujer era amiga de Marc —expliqué para hicieran la conexión de cómo nos conocimos.

—Entonces… Imagino que, lo que buscarás ahora será algo más serio, ¿no? Casarte, formar una familia…