Y en el medio, tú: 1 Capítulo 10 #3
83%

Capítulo 10 #3

Agarré una fresa antes de dirigirme hacia la puerta.

—Mmm, por cierto. —Me giré rápidamente hacia ella—. Para mí café soluble como siempre, pero a Rubén hazle del que trajo mi papá.

—¿Rubén está aquí?

—Se quedó a dormir en la habitación de invitados.

Me dedicó una breve sonrisa viéndome asentir antes de dejarla allí en la cocina.

Caminé hasta la sala, siguiendo el ruido que formaban todos los Chadid allí reunidos.

Al entrar, me fui directa a saludar a mi pequeña y a mi papá, regalándoles a ambos un beso antes de ocupar mi sitio junto a mi hermano.

—Ya pensábamos que se te habían pegado las sábanas —Agustín bromeó tras besar mi mejilla al saludarme.

—Me entretuve con unas cosas…

Respondí a la misma vez que Rubén hacía acto de presencia con el semblante serio. Me preocupé al verle así de serio.

—Las cosas… —Agustín susurró con una sonrisa. Golpeé su pierna por debajo de la mesa.

—Buenos días a todos —Rubén saludó alzando su mano—. Buen provecho

—Buenos días, muchacho. —Mi padre se giró ofreciéndole la mano—. No sabía que habías amanecido por aquí…

—Sí… se ve que algo me sentó mal, no sé si fue algo que bebí o comí… Y no quise conducir —mintió tal como habíamos hablado en mi habitación.

Rubén le estrechó la mano con cariño antes de volver a incorporarse, dedicándome una breve mirada. Alcé mis cejas rápidamente como gesto para ver si estaba todo bien viendo cómo sus ojos me señalaban la puerta.

—Siéntate, muchacho —mi papá le ofreció sentarse a su lado.

—Gracias. Me encantaría, pero no puedo quedarme… —Le dedicó una leve sonrisa antes de mirarnos a todos por encima.

—¿Va todo bien? —pregunté sintiendo cómo mi cuerpo se tensaba.

—El papá de Laura ha fallecido esta noche… —Su voz se volvió seria.

—¿El papá de Laura?

—Piernas largas.

Mi hermano respondiendo a la pregunta de mi hermana en forma de cuchicheo fue el instante que necesité para comprender que se iba. Golpeé disimuladamente el brazo de mi hermano para que tuviera respeto y no hablara así de la mujer que acaba de perder a su padre.

—Eh… Ahora regreso —me disculpé en voz baja levantándome de mi asiento.

—Bueno, me alegro mucho de veros.

Rubén aprovechó para despedirse de mi papá y de Dafina.

—Nosotros también a ti. —Patri se levantó para besar su mejilla—. ¿Te veremos antes de irnos?

—Eh, espero que sí… ¿Cuándo tenéis pensado viajar? —preguntó rascando su nuca brevemente.

—Pasado mañana.

—Tengo que mirar, pero creo que este fin de semana lo tengo libre —dijo acariciando mi brazo al verme llegar a su lado—. Bueno… buen provecho familia, nos vemos.

—Adiós, muchacho.

Mi papá se despidió con una leve sonrisa mientras Rubén besaba la mejilla de Violeta antes de salir de la sala. Los ojos de todos, excepto los de mi pequeña, se centraron en mí. Alcé mis cejas antes de abandonar aquella sala, caminando tras él que iba pensativo, pasando su mano sobre su cuello.

—¿Estás bien? —pregunté preocupada al verlo serio.

—Sí… solo me ha pillado de sorpresa —dijo buscando una de mis manos que se escondían dentro de mi bolsillo—. Tengo que ir a acompañarla…

—Lo sé…

—Pero no quiero que eso suponga un problema entre nosotros… —dijo en voz baja mirando a nuestro alrededor antes de clavar de nuevo sus ojos sobre mí.

—No te preocupes… Es tu amiga, lo entiendo. —Miré nuestras manos agarradas.

Cogí aire antes de volver a mirar sus ojos verdes. Rubén me dedicó una breve sonrisa antes de besar mi frente.

—Si quieres, puedo escaparme luego un rato antes de ir a trabajar… —dijo con una breve sonrisa, echando un rápido vistazo a nuestro alrededor—. Así aprovecho que ahora tengo la excusa de venir a ver tu familia.

Asentí tratando de disimular la molestia de saber que iba a estar todo el día consolando a aquella chica de inmensas piernas en comparación con las mías.

—Te llamo cuando termine, ¿vale?

—Vale… —Aclaré mi garganta al mismo tiempo que vol vía a esconder mis manos en los bolsillos—. Vete tranquilo.

Rubén me dedicó una leve sonrisa antes de dirigirse al salón a por su chaqueta.

Le seguí lentamente observando como quien no quería la cosa, cómo su cuerpo se inclinaba para agarrar la chaqueta con sus dedos para luego colocársela en un ágil movimiento.

Suspiré desviando la mirada a mi alrededor.

Al volver a mirar hacia él, caminaba lentamente mirando en dirección a las voces que se escuchaban de mi familia al fondo, con un paquete entre las manos.

—Ten… —dijo mirándome de nuevo—. Anoche se me olvidó dártelo.

Sus manos me ofrecieron aquel paquete envuelto en papel de regalo.

—Gracias… —respondí agarrándolo sin mucha ilusión ya que mi cabeza hacía rato que había empezado a imaginar cosas.

—Espero que te guste. —Sus labios besaron mi mejilla antes de irse—. Y que algún día la toques para mí…

Mis manos jugaron con el papel de aquel regalo apoyado sobre mi esternón, mientras observaba cómo se iba, llevándose con él mi tranquilidad.

No recordaba la última vez que alguien me gustara como me gustaba él.

Y eso estaba empezando a convertirse en algo difícil de gestionar después del batacazo que me había pegado.

Eran sentimientos completamente diferentes a los que había experimentado anteriormente.

Rubén era mi analgésico, pero también mi dosis de dopamina.

Suspiré tras sentir el sonido de la puerta cerrarse, caminando con aquel regalo entre mis manos de nuevo donde se encontraban todos, pero esta vez Agustín era el único que seguía allí sentado.

—¿Y el resto? —pregunté dirigiéndome al lado de mi hermano al ver mi café sobre la mesa.

—Terminando de alistarse. —Gus desarrimó la silla para que me sentara a su lado.

—Gracias…

Agradecí aquel gesto con una breve sonrisa antes de sentarme, dejando el regalo de Rubén a un lado sobre la mesa. Observé el regalo varios segundos antes de darle un sorbo a mi café.

—Se le olvidó a Rubén darme el regalo anoche… —dije lamiendo mis labios para terminar de saborear el primer trago de café.

—No he preguntado —dijo divertido.

—Oigo tu cabeza desde aquí… —aclaré con una sonrisa mirándole.

—¿Y no lo vas a abrir? —preguntó con sus brazos entrelazados sobre la mesa mirando con curiosidad aquel paquete.

Respiré profundamente haciendo a un lado mi café para abrirlo. Al desenvolverlo, había una nota sobre una caja de madera. Agarré aquella nota entre mis dedos observando la caja tallada a mano con notas musicales delineadas en metálico, al igual que el cierre de esta.

La primera vez que escuché su sonido fue de manos de tus labios y lo hiciste un sonido tan tuyo, que ahora se me hace imposible no ver o escucharlo y no acordarme de ti. Espero que los disfrutes tanto como todos los que te hemos escuchado tocarlo en vivo alguna vez.

Leí aquellas líneas en alto con una sonrisa en los labios, abriendo con cuidado la caja para toparme con una armóni ca Hohner 1896 Marine Band, personalizada con mis iniciales que la hacían extraordinariamente única y especial.

Agustín me la quitó con cuidado de las manos para verla, fijando mi mirada sobre su caligrafía.

—¿La ha personalizado? Qué tío… Le habrá costado un riñón.

Me quedé mirando con una sonrisa aquella armónica que giraba entre las manos de mi hermano, observándola al detalle. Una de mis manos fue involuntariamente al colgante que me regaló con mi nombre en árabe, acariciándolo disimuladamente. Agustín me miró con una sonrisa, ofreciéndome la armónica.

—Es un divino… —susurré agarrándola.

—Anoche todos se dieron cuenta de lo divino que era y cómo os mirabais….

Asentí acariciando la armónica entre mis manos, arrepintiéndome de haber estado tan fría con él hace un rato.

—Ya… —murmuré.

—¿Tienes pensado contarle al menos a papá algo sobre Rubén?

—No lo sé… Y no me presiones, por favor… —supliqué guardando la armónica en su caja. Suspiré para poder renovar el aire que oxigenaba mi cuerpo.

—Yo solo pregunto… —Dirigí mis ojos hacia mi hermano para escucharle.

—Pues no preguntes, por favor… —salté a la defensiva.

—Está bien, perdóname…

Inhalé profundamente contemplando aquella caja de madera.

—Rubén me encanta… —confesé—. Me gusta demasia do… Más de lo que tenía planeado, pero… No me siento lista para hablarle a nadie de él… Eso lo haría «oficial».

—¿Y cuál es el problema? —dijo acomodándose en el asiento, entrelazando sus manos sobre la mesa—. Te viniste a Madrid a vivir cuando conocías al imbécil de Marc de dos meses…

—Bueno, quizás por eso esta vez quiera tomármelo con más calma…

—Estás poniéndote excusas… —asintió arrugando su boca.

—Estoy protegiéndome, que es diferente.

Cogí todo el aire que mis pulmones fueron capaces de capturar, mirándonos fijamente a los ojos. Su mano buscó la mía para agarrarla con cariño.

—Solo recuerda que nos vamos a finales de este año… Si no tienes intención de incluirlo en tu vida, termina con esto antes de que sea tarde.

—Lo sé… —fue casi un susurro de mi corazón.

Los pasos, junto con las voces del resto de la familia nos hizo pausar aquella conversación.

—¡Ya estamos, tío! —La voz de Violeta nos obligó a fingir que no estábamos removiendo sentimientos.

Respiré profundo asimilando las palabras de mi hermano mientras veía a mi pequeña aparecer con su mochila, lista para que la lleváramos al colegio.

Agustín me dedicó una breve sonrisa antes de levantarse para ponernos en marcha.

La sonrisa de Violeta de felicidad al ver que todos íbamos a acompañarla al colegio era la razón que necesitaba para poner entre paréntesis mis pensamientos.