Y en el medio, tú: 1 Capítulo 10 #2
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Capítulo 10 #2

El calor de su sonrisa fue lo último que mis ojos vieron antes de cerrarse involuntariamente al volver a sentir su boca besándome.

Sus manos bajaron por mi cuerpo hasta llegar a mi cintura para terminar de desnudarme, sintiendo mis braguitas caer por mis piernas mientras nuestras bocas seguían besándose sin descanso ni piedad.

El sabor de sus labios estaba empezando a ser una droga para mí.

Despertaba algo en mí que llevaba tanto tiempo apagado y que ahora solo con verlo, mi cuerpo se revolucionaba como si fuera una quinceañera hormonada.

Me hacía sentirme viva. Ambos detuvimos aquel beso con un leve gemido al sentir sus manos acariciándome entre mis piernas a la misma vez que una de mis manos buscaba acariciar su larga anatomía.

Ambos sonreímos antes de volver a besarnos disfrutando de aquellas caricias bajo las gotas que caían sobre nuestros cuerpos igual de calientes que toda aquella agua que nos recorría.

Sus dedos jugando dentro de mí provocaban una presión en mi garganta al luchar por no gritar de placer.

Su mano se posó sobre mi cuello agarrando mi rostro desde la mandíbula al responder al juego de sus dedos con más intensidad a la hora de seguir tocándolo.

Nuestras miradas se encontraron para mirarse con deseo antes de sentir cómo el cosquilleo que invadía mi cuerpo daba paso aquella sensación de liberación tras el orgasmo, dejando mi cuerpo aún excitado y con ganas de más.

—Gírate… —susurró sobre mis labios antes de besarlos.

Sus manos se colocaron sobre mis caderas girándome con delicadeza, besando mi cuello desde atrás y mi espalda tras apartar mi cabello hacia un lado.

Coloqué mis manos a ambos lados de la piedra de la ducha, dejando en medio de mi cuerpo la llave del agua que seguía corriendo sobre nosotros.

Aún agi tada, mi cuerpo esperaba ansioso más.

Sus manos acariciaron mi trasero con cariño antes de buscar con sus dedos mi vagina para entrar desde atrás, estimulándola antes de entrar nuevamente en mí.

Al sentirlo un profundo gemido salió de mi pecho antes de agachar mi cabeza.

—¿Estás bien? —susurró cerca de mi oído.

—Sí…

—Cuando quieras que pare, solo tienes que pedírmelo…

—dijo en voz baja besando mi hombro—. Su cintura comenzó a moverse primero lento, esperando que le dijera algo diferente a lo que mi cuerpo le gritaba.

Mis manos empujaban con fuerza aquella pared mientras me lo hacía lento.

Sus manos recorrieron mi espalda antes de posarse sobre mis muslos, empujando mi cuerpo hacia él.

Sus movimientos fueron subiendo de intensidad, sintiendo su cintura chocar con mi trasero una y otra vez, provocando que escaparan de mi garganta pequeños gemidos.

Sus movimientos eran fluidos. Sutiles para no hacerme daño, pero intensos.

Sentía cómo el placer se apoderaba de cada centímetro de mi piel, erizándola, mojándome tanto como aquella agua caliente que corría por mi espalda.

Mis dedos se estiraron en aquella pared para luego contraerse, cerrando mis puños al notar aquel cosquilleo electrificante de mi vientre recorriéndome de nuevo.

Sus manos apretaban mis muslos mientras sentía sus labios en mi espalda.

Una de mis manos buscó su piel, arañándolo al notar cómo mi cuerpo se retorcía antes de llegar al orgasmo.

Aquella sensación de placer, de libertad, salió tras electrificar mi cuerpo, con un gemido casi ronco al tratar de retenerlo.

Mientras mi cuerpo temblaba aún de espaldas a él, Rubén se alejó para terminar solo.

Al sentir la ausencia de su cuerpo, me giré para verlo con su mano apoyada sobre la otra pared de la ducha, dejando que el agua cayera sobre su espalda y su cuello.

Sonreí dirigiéndome hacia él para abrazarlo desde atrás, besando cada gota que bañaba su perfecta espalda.

Su cuerpo temblaba entre mis brazos antes de girarse con un breve suspiro, regalándome de nuevo su sonrisa, besando mi frente antes de abrazarme.

Sentía el corazón palpitar por todo mi cuerpo, mientras escuchaba el suyo golpear con fuerza su pecho.

Ambos nos quedamos varios segundos acariciándonos en silencio, disfrutando de aquel momento de intimidad después de una intensa sesión de sexo mañanero.

Antes de salir de la ducha, Rubén me ayudó a enjabonar mi cabello, regalándome un breve masaje en la cabeza al echarme el champú.

Mis ojos no podían hacer otra cosa más que mirarlo, embelesada con cada cosa que hacía, teniéndome constantemente en un estado de excitación que me resultaba casi imposible disimular.

Al desviar la mirada hacia mi reflejo en el espejo, aún podía apreciar mis mejillas sonrojadas y mis labios hinchados.

Rubén se ofreció a traerme mi ropa aprovechando que estaba vestido, sentándose sobre el borde de la bañera para mirarme con una tierna sonrisa cómo me vestía.

Sus ojos me miraban con un brillo que me hacía sentir especial.

Me empoderaba su forma de mirarme. Esperó pacientemente a que me secara el cabello, después de ofrecerse a desenredármelo, peinándome con cuidado, matándome de ternura.

Al acabar de maquillarme un poco, dudé varios segundos sobre qué ropa ponerme antes de confirmarle que estaba lista.

—¿Qué hora es? —pregunté al verle comprobar su teléfono.

—Eh… las ocho y veinte, casi… —dijo dedicándonos ambos una sonrisa al darnos cuenta de que habíamos estado casi una hora metidos en el baño—. Ya es demasiado tarde para salir sin que nadie me vea… ¿verdad?

—Un poco. —Sonreí terminando de ponerme los zapa tos—. Puedes decir que te quedaste a dormir porque te pasaste de copas.

—Y… —Se acercó abrazando mi cintura con sus brazos—. ¿Crees que tu familia se creerá eso?

—No —respondí divertida arreglándole el cuello de la camisa—. Pero por alguna extraña razón, les gustas… Así que no verán mal pensar que haya podido pasar algo entre los dos.

—¿Por alguna extraña razón? —preguntó arrugando su frente.

—Marc dejó el listón demasiado bajo…

—Me rompes el corazón…

Rubén asintió tratando de ocultar la sonrisa mordiendo sus labios.

Le regalé un beso en aquellos labios cubiertos de barba, que le daba ese toque irresistible antes de abrir la puerta del dormitorio.

Al abrir vi a mi hermana Patricia subir los escalones de forma despistada mirando al suelo.

Cerré lentamente la puerta notando el cuerpo de Rubén chocar con el mío.

—¡ Cuidao ! —dijo divertido agarrando con sus manos mi cintura. Me giré rápidamente mandándole a callar, señalando hacia la puerta.

—Es mi hermana —susurré mirando a nuestro alrededor—. Está subiendo…

Rasqué nerviosa mis cejas pensando mientras miraba a mi alrededor.

—No estarás pensándolo en serio —dijo inclinando la cabeza.

—Solo será un segundo. —Mi sonrisa al miedo de ser descubierta me delataba.

Rubén suspiró observando la habitación con sus manos sobre su cintura. Patricia tocó mi puerta haciéndome dar un leve brinco al no esperarla.

—¿Isa? ¿Estás despierta? —preguntó al otro lado de la puerta.

—Escóndete —le supliqué susurrando.

—Ya claro… —Me miró divertido cruzando sus brazos.

—¿Isa?

Mire rápidamente la puerta antes de volver a mirarle con una sonrisa de oreja a oreja. Golpeé su pecho con cariño antes de señalarle la cama para que se metiera debajo. — ¡Voy!

Exclamé cerca de la puerta tratando de ganar unos segundos.

—Por favor… —le supliqué viendo cómo rodaba sus ojos.

—Esto tiene que ser una broma… —murmuró abriendo el canapé para meterse dedicándome una breve mirada antes de que lo encerrara—. Me siento como cuando estaba en la universidad…

Me acerqué hasta la puerta tratando de aparentar ser una persona normal. Como si eso fuera posible en mí. Al abrir la puerta cogí aire antes de sonreír. Ambas nos saludamos con un cariñoso beso en la mejilla.

—¿Te desperté? —preguntó agarrando una de mis manos con cariño.

—No… No, llevaba rato despierta, estaba…Vistiéndome. —Aclaré la garganta echando un rápido vistazo a la habitación—. ¿Ya despertaron todos?

—Estamos esperándote para desayunar. —Mis cejas se alzaron levemente antes de asentir—. Hemos pensado en ir todos a hacer algo de turismo.

—Claro —respondí saliendo del cuarto colocando mi brazo sobre los hombros de mi hermana—. ¿Y mi pequeña? ¿Ya se despertó?

—Está desayunando.

—Fíjate que rápido se alista cuando quiere —dije divertida bajando las escaleras.

Suspiré mirando brevemente hacia atrás. Al terminar de bajar me paré viendo la mirada de mi hermana extrañada.

—Ve adelantándote.

—Ok —dijo no muy convencida—. ¿Va todo bien?

—Sí, es solo que le voy a pedir a Yaris que prepare algo para Rubén también.

Los ojos de mi hermana sonrieron mientras se acercaba con una sonrisa pilla.

—No, no me mires así —dije divertida agarrando sus manos—. Anoche se quedó a dormir en el cuarto de invitados, nada más…

—¡Ajá! ¿Nada más? ¿Seguro? —preguntó divertida alzando sus cejas.

La estúpida sonrisa de mis labios me delataba. Al igual que el calor que sentía en las mejillas. Patri apretó mis manos riéndose, tratando de asomarse por las escaleras para verlo.

—Nada más.

—Ajá… —exclamó riéndose.

—Por favor, deja de imaginar cosas que no son —respondí divertida golpeando su brazo con cariño.

—Ya… Pues disimula frente a los demás esa cara de habértelo comido esta noche.

Ambas nos reímos mirando a nuestro alrededor antes de irme a la cocina para dejar de escucharla decir esas cosas.

Aproveché un momento de privacidad antes de llegar a la cocina, para avisarle a Rubén por teléfono de que podía salir de mi habitación.

Yaris se encontraba de espaldas a la barra cortando fruta.

Me acerqué saludándola con una breve caricia en el brazo.

—Buen día, señora —dijo al girarse tras sentir mis manos.

—Buenos días, Yaris, ¿te importaría preparar comida para uno más?

—Claro sin problema.