Capítulo 10
Los fantasmas de Marc se apoderaron poco a poco de mi cabeza.
La sensación de desagrado al sentir su aliento a alcohol sobre mi piel, su voz culpándome comenzó a susurrarme en estéreo en el oído.
Una sensación de incomodidad tensó mi cuerpo desnudo, bajo el cuerpo de Rubén.
Apreté los ojos obligándome a poner la mente en blanco para no estropear aquel momento.
No quería estropear esto que tenía con Rubén, sobre todo después de ser yo quien le pidió que se quedara, pero hasta el roce de sus labios sobre mi cuello comenzaba a incomodarme.
Mi cuerpo se tensaba involuntariamente buscando espacio al revivir la fuerza de las manos de Marc agarrándome.
Sus labios se despegaron de mi piel, abriendo los ojos al dejar de sentirlos para toparme con su mirada preocupada.
—¿Estás bien? —preguntó acariciando con delicadeza mi mejilla golpeada.
—Sí, perdóname… —respondí fingiendo una breve sonrisa acomodándome bajo su cuerpo—. Sigue…
—¿Segura? —insistió mirándome asentir con la cabeza.
Los recuerdos de las veces que Marc me había culpado por no haber podido terminar, recriminándome lo mucho que hablaba o exigirle que fuera más despacio, se me empezaba a juntar con su recuerdo agarrándome las muñecas tras golpearme para abusar de mí.
Moví mis piernas tendidas sobre la cama, nerviosa al sentirme vulnerable por primera vez entre los brazos de Rubén.
Él no era tonto y me conocía más de lo que quería creer, así que apartó su cuerpo de encima de mí, para tumbarse a mi lado.
—¿Qué haces? ¿Por qué has parado? —pregunté molesta al sentir el vacío de su cuerpo sobre el mío.
—Porque es evidente que algo te pasa…
—No me pasa nada… —insistí colocándome sobre su cuerpo, besando su cuello para obligarme a mí misma a continuar—. Además, a ti te estaba gustando…
Las manos de Rubén me detuvieron, sujetando mi rostro entre ellas para regalarme un beso tierno.
—No tenemos que hacerlo si no quieres o si no te apetece. —Sus ojos me miraron llenos de comprensión.
Me aparté de su cuerpo, tumbándome bocarriba y escondiendo mi mirada en el techo de la habitación, avergonzada. Resoplé agobiada apretando mis ojos al cerrarlos momentáneamente.
—Lo siento, es que…
Las palabras se quedaron prisioneras en mi garganta, al igual que mis ojos eran incapaces de mirarlo. Sentí su mano cubriendo mi cuerpo, colocando la sábana sobre mi cintura. Desvié la mirada viendo de reojo cómo se incorporaba sobre uno de sus brazos.
—No pasa nada —susurró acariciando mi pelo—. Quizás alguna que otra vez reaccione tarde porque mi sangre no circula por donde debe circular normalmente…
Su voz haciendo burla volvió a robarme una sonrisa, girando la cabeza para mirarlo de nuevo.
—Pero jamás me enfadaría porque cambies de opinión… Si no te apetece, no te apetece… —Sus dedos acariciaron mi rostro—. Además está Violeta al lado, tu papá, tu hermana, Dafina…
Rubén me regaló un tierno beso antes de ver cómo su perfecto cuerpo se levantaba de la cama buscando su pijama nue vo que había tirado por el suelo al desnudarlo.
No me cansaba de observar embelesada su perfecta anatomía.
Su espalda moldeada donde se podía observar cada músculo.
Su costado marcado por sus abdominales y sus oblicuos.
Sus brazos delineados y marcados por las venas de sus antebrazos.
Su perfecto trasero, redondito. Suspiré maldiciendo a mi cabeza por no dejarme disfrutar de todo eso.
Volvió a la cama tras ponerse su pantalón de pijama y ofreciéndome la camiseta para que me la pusiera antes de regalarme un beso en la frente.
—Te la presto —dijo con una sonrisa.
—¿Me la prestas? —respondí agarrando la camiseta para ponérmela.
—Pero mañana me la devuelves. —Volvió a meter su cuerpo en la cama—. Esta camiseta es especial…
—¿En serio? —Acomodé mi cabello fuera de la camiseta.
—Sí… me la regaló alguien que me gusta mucho. —Lamió sus labios tumbándose bocarriba, colocando su brazo derecho bajo su cabeza.
—¿Y la conozco? —pregunté acercándome a él.
—Puede ser, es medio famosilla…
—Uff… —resoplé riéndome.
—Lo sé… No sé qué ha visto en mí.
Lo miré riéndome, abrazándome a su cuerpo, disfrutando de la vista de su sonrisa desde cerca y de los latidos de su corazón de su pecho bajo mi mejilla.
Sus brazos rodearon mi cuerpo, cubriendo nuestras cinturas bajo las sábanas.
En esos momentos moriría por tener un botón para borrarle la memoria al corazón.
Poder disfrutar de alguien así sin miedo y sin la alerta constante de mi cabeza tratando de subir la barrera de seguridad.
Rubén besó mi cabeza apretándome entre sus brazos tras colocarse para dormir.
—¿Sabes en lo que acabo de caer? —musitó.
Alcé la cabeza buscando sus ojos, contemplando su sonrisa de pilla antes de visitar sus ojos. Acomodé mi cabeza sobre su hombro para contemplarlo.
—En el regalo tan extraño que te ha hecho tu amigo Louis.
—¿Extraño por qué?
—Porque te ha regalado un imperdible…
El sonido de su sonrisa con mi cabeza sobre su pecho provocó no solo que retumbara su caja torácica, sino mi cuerpo entero al oírlo.
—Es… original.
—Te ha regalado un gancho enorme para que te lo cuelgues en el cuello… —No pude evitar reírme al escucharle, sintiendo su voz divertida continuar—. Mi madre guardaba una caja llena de cosas de costura… Si quieres puedo hacerte una pulsera…
—Pero mira que eres tonto… —Vi hipnotizada cómo se reía sobre la almohada con los ojos cerrados y con su pelo despeinado.
—Estos británicos… —dijo tras suspirar al parar de reírse, regalándome la maravillosa imagen de su lengua humedeciendo sus labios tras aquel suspiro y sus ojos dirigiéndose lentamente hacia mí para verme, comprobando en aquellas pupilas dilatadas cómo mi fe volvía a aparecer—. Lo peor de todo, ¿sabes qué es?
—Ten cuidao , a ver si vas a terminar enamorándote de él… —Humedecí mis labios acomodándome sobre su cuerpo.
—Es que tiene rollazo el cabrón… —Su voz grave susurró dibujando la sonrisa en sus labios—. Contra eso no puedo competir…
Una carcajada salió de lo más profundo de mi pecho al escucharlo decir aquello.
Sus brazos volvieron a apretarme contra su cuerpo riéndonos de su confesión.
Mis manos acariciaron sus brazos, que seguían abrazándome con cariño.
Cerré los ojos con una inmensa sonrisa, agradecida con la vida a pesar de todo, por tener un año más salud, una familia maravillosa, una hija como Violeta tan llena de bondad y tan inteligente.
Y agradecida sobre todo por lanzarme un salvavidas como el hombre que tenía en mi cama curándome todas las heridas con su ternura, su paciencia y demostrándome a diario que hay que confiar, aunque te traicionen y que se puede volver a creer en el amor, aunque te hayan partido el corazón.
Ambos nos deseamos buenas noches entre besos y caricias antes de ponerle fin a este día tan loco, pero tan extrañamente maravilloso.
Como cada día, mi despertador sonó a las siete y media de la mañana.
Me despertó el frío de mi cama vacía. Abrí los ojos aún adormilada reviviendo un horrible déjà vu , comprobando que su ropa seguía ahí.
Me levanté de la cama para dirigirme al baño, escuchando el agua caer al acercarme a la puerta.
Su casi metro noventa en mi ducha fue mi mejor premio por despertar temprano.
Involuntariamente mis labios se mordieron adorando cada centímetro que mis ojos eran capaces de observar mientras cerraba la puerta en silencio para deleitarme con las vistas desde ahí.
El agua resbalaba por su perfecta espalda, limpiando los restos de espuma que salían de su cabello.
Toda aquella agua que bajaba por su espalda se agrupaba sobre su perfecto trasero antes de caer por el desagüe.
Lamí mis labios al imaginar que mis manos eran toda aquella agua que acariciaba sin cesar todo su cuerpo.
Era delicioso todo lo que causaba en mí.
Antes de anunciarle que estaba ahí, observé cómo acercaba el bote de gel a su nariz para olerlo, sonriendo al reconocer mi olor en él.
Sus ojos giraron hacia mí, pillándome, mirándole.
—Si te gusta cómo huele, puedo regalarte un bote que tengo sin empezar —dije divertida acercándome.
—Me gusta más cómo huele sobre tu piel —respondió abriendo la puerta de la mampara—. Si quieres acompañarme… Vas a necesitar mucha menos ropa.
Aclaró mirando rápidamente al grifo que seguía echando agua.
Al verme deshacerme de la camiseta que le había regalado, soltó lentamente el bote de gel sin apartar sus ojos esmeraldas de mí.
Sonreí acercándome, viendo cómo sus pupilas se dilataban al caminar hacia él.
Su húmedo brazo me abrazó para meterme en aquella ducha con desesperación, besándome como si fuera la primera vez que lo hacía, a la vez que mi cuerpo empezaba a mojarse bajo agua templada que salía de la ducha.
—¿Qué es lo que me has hecho? —susurró sobre mis labios—. Que no existe nada que no me guste de ti…
—¿Nada? —repetí observando cómo las gotas de agua acariciaban sus labios antes de caer al suelo—. ¿Ni siquiera esta horrible cara que tengo por las mañanas?
Sus manos se posaron sobre mi cara, acariciando las gotas que caían sobre mis mejillas.
Clavando su mirada sobre mis ojos. Sus labios se movían luchando contra el agua que caía sobre nosotros.
Acarició mis labios abiertos esperando sus besos, con la yema de sus dedos.
Toda esta situación era casi un déjà vu de la fantasía donde empezó a toda esta locura que estaba sintiendo por él.
—Eres preciosa…Tú voz, tu piel… cómo se te arrugan las mejillas cuando quieres esconder la sonrisa…
esas sutiles pecas sobre tus mejillas y tu nariz…
—Sus dedos acariciaban mis mejillas mientras mis labios se relamían pidiendo que su boca volviera a besarme—.
Cada día tengo más claro que yo vine a este mundo únicamente pa quererte…