Capítulo 9 #11
Asentí sin ser capaz ni querer ocultar la sonrisa.
Sus manos me dedicaron una breve caricia en la barriga antes de irse hacia Louis tras llamarla, dejándome allí parado observando cómo su cuerpo se alejaba con gracia.
Entré de nuevo al interior sentándome junto a Irene, observando a los pocos minutos a Louis entrar abrazado a Isabella, robándose la mirada de todos los que estaban allí.
A los pocos minutos volvió sola, acariciando el rostro de su padre antes de sentarse en el brazo del sofá, a mi lado.
No pude evitar sonreír al sentir su mano regalándome una breve caricia en la espalda mientras se unía a la conversación.
La química que había entre los dos era difícil de disimular, al igual que se me hacía imposible apartar los ojos de ella al escucharla hablar o reírse.
Antes de medianoche, Isabella acompañó a su hermana Patricia y su familia a una de las casa de invitados que tenían dentro de la propiedad para que se quedaran allí junto con su padre y Dafina.
Aquella propiedad era tan grande, que hasta casas de invitados tenía al final del jardín.
Tras despedirnos de Agustín, su mujer María e Irene, Isabella subió a acostar a Violeta.
—Buenas noches, tío Rubén —se despidió dándome un abrazo.
—Buenas noches, princesa. —Besé su mejilla al separarse—. Que descanses
—Ahora vuelvo —Isa dijo susurrando tras agarrar la mano de su hija para acompañarla a la cama.
Aproveché mientras ellas subían para buscar entre los restos de aquella fiesta mi chaqueta, con su regalo que había escondido debajo.
No era un collar de casi cuatrocientos euros, pero quizás le gustaría.
Sonreí agarrándolo entre mis manos mientras me sentaba en aquel sofá ahora solitario.
Al rato escondí su regalo tras un cojín al escuchar pasos, viéndola aparecer con una breve sonrisa mientras se acercaba a mí.
—Al fin solos… —dijo suspirando, dejándose caer sobre el sofá, colocando su cabeza sobre mis piernas.
—Al fin solos —repetí con una sonrisa acariciando su cabello con una de mis manos, observándola desde aquella perspectiva.
—No recuerdo la última vez que vi a mi papá reírse tanto… ni a Dafina.
—Es que, cuando se trata de tu hermano es imposible no reírse…
Sonrió mientras acomodaba su cabeza clavando sus ojos sobre mí. Los dos nos quedamos en silencio, disfrutando del tacto de nuestras manos acariciándose.
—Gracias por acompañarme esta noche…
—Gracias a ti por invitarme…
—Te he comprado algo —dijo ilusionada.
—¿A mí? —pregunté viendo cómo se incorporaba sentándose a mi lado.
—¿Quieres verlo? —preguntó levantándose para ofrecerme su mano.
—Por supuesto.
Respondí agarrando su mano para subir hasta su dormitorio agarrados de la mano, observando el detalle de su sonrisa al girarse o cómo sus dedos acariciaban los míos aún entrelazados.
Al entrar, cerré la puerta en silencio viendo cómo sacaba de su vestidor una caja.
No podía dejar de sonreír al verla acercarse con la inocencia de una niña pequeña con su regalo entre las manos.
Al ofrecérmelo, entrelazó sus manos nerviosas, comprobando cómo lo desenvolvía.
Al abrirlo, vi un conjunto de camiseta azul marino de manga corta con el símbolo del beso de su merchandising en el lado izquierdo del pecho, junto con unos pantalones grises.
—Es tu pijama. —Sus labios no podían dejar de sonreír mientras me explicaba—. Y mira, lleva el símbolo de mi besito aquí en el pecho…
—¿Mi pijama?
—Para que estés cómodo cuando te quedes a dormir aquí conmigo…
Asentí apretando los labios.
—¿No te gusta?
Coloqué una de mis manos sobre su cara, acercándola hacia mí para besarla, capturando su boca en un beso. Cada vez que la besaba me hacía sentir cosas diferentes, haciendo que nunca me cansara de sus labios.
—Pruébatelo —susurró lamiendo sus labios al terminar el beso.
Suspiré saboreando los restos de aquel beso mientras desabrochaba lentamente los botones de mi camisa, viendo cómo Isa se sentaba sobre el borde de la cama, observándome atentamente.
Dejé caer la camisa sobre una de las sillas que había en su habitación, para seguir desabrochando el cinturón de mi pantalón antes de colocarme la camiseta del pijama.
Al terminar de ponerme la camiseta, la observé con una media sonrisa señalando su logo del besito antes de continuar con el pantalón, dejándolo caer para ponerme los de aquel pijama.
—¿Qué? ¿Cómo me queda? —pregunté girando sobre mí lentamente para que me viera bien.
—No puedo decirte todo lo que pienso… —dijo inflando su pecho para coger aire.
—¿Eso es que te gusta o no? —pregunté estirando la camiseta para observar el logo sobre mi pecho.
—Eso es que creo que deberías quitarte el pijama… Ahora. —Aquella orden me hizo volver a mirarla, viendo cómo se levantaba de la cama.
Sus manos agarraron el filo de la camiseta para ayudarme a quitármela antes de capturar mis labios con pasión. Ambos nos fundimos en un beso lento, donde nuestros labios se devoraban mutuamente a la misma vez que nuestras manos buscaban acariciarse bajo la ropa.