Capítulo 9 #10
Sabía que para él era igual de incómoda esta situación. Suspiré tras darle una profunda calada a aquel cigarro, mirando a mi amigo de reojo antes de sacar el tema de nuevo.
—Escucha… —Vi cómo su cabeza se giraba para volver a mirarme—. Me conoces, sabes que jamás le haría daño…
—¿Y Miss piernas largas?
Respiré profundamente mirándolo a los ojos.
—Laura es la chica con la que tuve el accidente… Te juro por mi vida que es solo una amiga. Una amiga de verdad, no como las que solía tener antes.
—Solo espero no tener nunca que elegir entre uno u otro…
—Te prometo que eso nunca va a pasar —le aclaré mirándole a los ojos.
—¿Me das tu palabra de que vas en serio? —dijo extendiendo su mano.
—Tienes mi palabra —respondí apretando su mano, dedicándonos ambos una sonrisa sincera—. Isabella es la mujer con la que llevo toda la vida soñando.
—Como le hagas daño…
—Harás una corbata con mis tripas, lo sé.
—Como les rompas el corazón, a Isa o a mi sobrina, no habrá cuerpo que rescatar —dijo advirtiéndome—. Porque esta vez será personal…
Asentí aún con nuestras manos apretadas en aquella promesa por todos los años que llevábamos siendo amigos.
Ambos volvimos al interior al llamarnos Irene para avisarnos de que estaban sirviendo la cena.
Al entrar traté de adoptar un perfil bajo para evitar incomodar a Isabella al tenerme allí bajo el mismo techo que Louis.
Suspiré acomodándome entre Agustín e Irene.
Al menos iba a estar entretenido con la conversación de Irene, para obligarme a ignorar que Louis iba a tratar de aprovechar cada momento con Isabella.
Lo que Louis no era capaz de evitar por mucho que coqueteara con ella frente a mí era que, cada vez que nuestros ojos se encontraban, ambos sonreíamos como si solo estuviéramos los dos.
Al terminar la cena, sus hermanos aparecieron con una tarta, comenzando todos a cantarle el cumpleaños feliz, consiguiendo que su sonrisa iluminara toda la habitación.
Sus ojos me buscaron antes de soplar aquellas velas provocando los aplausos de todos los que estábamos allí.
La primera en besarla y abrazarla fue su hija, luego ella fue en busca de su padre y Dafina antes de que el resto de su familia y algunos amigos se acercaran a felicitarla.
Louis acaparó toda la atención al felicitarla, entregándole una caja con un collar de Jean Paul Gaultier, emulando un imperdible sujetando el apellido del diseñador.
Todos allí se sorprendieron ante aquel ostentoso regalo.
Su cara reflejaba asombro al imaginar que no sería un regalo barato.
Demasiado ostentoso para ser amigos. La mano de Agustín se posó sobre mi hombro disimuladamente al sentir mi incomodidad al verlos abrazarse, así que me limité a seguir en un segundo plano, decidiendo salir de nuevo a fumar para quitarme de en medio.
Estaba saturado de ver al tío ese pegado a ella.
Tras varias caladas, escuché unos pasos sobre el césped.
Al girarme, las esperanzas de que fuera Isabella se borraron de golpe y porrazo al ver a Louis acercarse hacia mí.
Giré levemente la cabeza para rodar los ojos mientras le daba una calada a mi cigarro.
—Disculpa. —Su voz con aquel acento marcado británico era odioso—. ¿Tienes fuego?
—Sí, claro —dije acercándole el mechero.
Esperé a que se encendiera el puro para que me lo devolviera.
— Thanks —me agradeció en inglés—. No nos han presentado.
—Rubén —respondí ofreciéndole mi mano.
—Un placer —apretó mi mano para luego darle una calada a su puro—. Louis.
—Bonito coche, por cierto —dije tratando de ser amable.
—Gracias —respondió orgulloso—. Fue un regalo por firmar ser la imagen de la campaña.
—Es una belleza. Es inevitable quedarte embobado mirándolo —reconocí con una breve sonrisa.
—Es lo bueno de ese coche, que cuando te ven bajar de él, automáticamente las mujeres se lanzan a tus pies… Supongo que sabes de lo que hablo —dijo con una sonrisa triunfante.
—Por supuesto… —respondí fingiendo una sonrisa.
—¿Qué coche tienes tú, Rubén?
—Eh… Un Mercedes GLA.
—Buen coche también.
—No se me lanzan las mujeres, pero me lleva donde necesito —respondí devolviéndole la broma de mal gusto que a él parecía hacerle gracia.
—Es un clásico —respondió alabando la marca—. Su línea es impresionante…
—Sí, me enamoré de ese coche nada más verlo… Aunque he de reconocer que no controlo mucho de coches.
—¿Amor a primera vista? —respondió con una amplia sonrisa antes de aspirar aquel puro.
—Algo por el estilo, sí… —Apagué el cigarro antes de girarme para mirarlo.
—Si alguna vez quieres cambiar de coche, llámame. —Me dedicó una leve sonrisa—. Tengo amigos que pueden asesorarte.
—Lo tendré en cuenta, gracias… —Le ofrecí la mano—. Ha sido un placer, Louis.
—Igual.
Estrechó mi mano dándome unos segundos para contemplar la rosa que tenía tatuada sobre el dorso
—¿Ya te vas?
—Sí, mañana trabajo.
—¿A qué te dedicas?
—Médico…
—Impresionante.
—Gracias. —Odiaba que encima me cayera bien—. Bueno lo dicho…
—Cuando quieras que te deje el coche, Isa tiene mi número.
Fingí una breve sonrisa mientras estrechaba de nuevo su mano antes de irme tratando de disimular lo molesto que era escuchar el nombre de Isabella en sus labios.
Caminé soltando un leve suspiro mientras pasaba una de mis manos sobre mi cabello.
Absorto en mis cosas no me di cuenta de que Isabella salía al jardín hasta que me choqué con ella.
—Uy, discúlpeme… —dije disculpándome antes de comprobar que era ella.
—¿Ahora nos tratamos de usted? —preguntó con una sonrisa acomodando su ropa.
—No… —Sonreí—. Discúlpame, iba distraído…
—Ya he visto. —Humedeció sus labios a la vez que cruzaba sus brazos divertida.
—¿Te he hecho daño?
—Al orgullo —dijo divertida—. Recién cumplo cuarenta y seis y ya me tratas de usted…
—Entonces, lo de «señora» mejor lo dejo, ¿no? —pregunté burlándome, disfrutando de su sonrisa.
—Y… ¿adónde iba «usted»? —preguntó devolviéndomela.
—A casa. —Vi la decepción en su rostro al escuchar que me iba—. Es tarde… Y mañana madrugo, otra vez…
Suspiré perdiéndome en sus ojos.
—Creí que dormirías aquí… conmigo —dijo en voz baja.
—Me encantaría —susurré cerca de ella viéndola sonreír—. Pero… —Suspiré haciéndole un leve gesto con la cabeza hacia donde había dejado a Louis—. No veo a tu enamorao con muchas ganas de irse todavía…
—No es mi enamorao —dijo mirando hacia donde estaba Louis.
—Pues a él le gustas. —Mis palabras captaron su atención.
—Le gustan todas, no es algo excepcional —respondió divertida alzando sus cejas.
Me encantaba verla volver poco a poco a ser la misma de antes. La Isabella expresiva, divertida, sin miedo a que la riñan por ser como realmente era. Sonreí escondiendo mis manos dentro de los bolsillos del pantalón mirándola tras comprobar que nadie nos viera o escuchara.
—Entonces… ¿de verdad te tienes que ir? —preguntó mirándome, disimulando que solo éramos dos amigos teniendo una charla normal.
—¿Y tú de verdad quieres que me quede? —pregunté sin apartar mi mirada de ella—. Tu casa está a tope esta noche…Y está tu papá, tu hermana, Violeta…
—Me encantaría —respondió sin pensarlo, sonriéndonos como si el tiempo se hubiera detenido para los dos—. Si te parece bien, claro…
—Me parece bien —respondí saboreando aquellas palabras.