Capítulo 9 #9
Los labios de Isabella se abrieron de oreja a oreja sonriéndome antes de inclinar su espectacular cuerpo sobre mí para besarnos de nuevo.
Dejé que mis manos acariciaran toda la piel de su espalda mientras disfrutaba del roce de sus cálidos labios sobre los míos.
Ambos suspiramos entre nuestras bocas al escuchar el teléfono de Isabella sonar.
Sabíamos que aquello era la señal para dejar de ser amigos con derechos y fingir de nuevo frente a todos que no conocía cada lunar de su cuerpo.
Su cuerpo se alejó del mío para responder a su hermana Patricia mientras agarraba su ropa para vestirse en el baño.
Me quedé varios segundos sentado en el sofá, procesando antes de ir en busca de algo de ropa para estar presentable.
Al entrar al cuarto su voz al otro lado de la puerta del baño, le explicaba a su hermana que seguía esperando a que saliera de trabajar.
Suspiré ojeando mi armario para ver qué ponerme.
Opté por algo clásico, camisa azul marino, vaqueros oscuros, un buen cinturón que adornara y cazadora.
La puerta del baño se abrió mientras me ponía los pantalones, haciéndome girar la cabeza al sentir sus manos abrazarme desde atrás.
—¿Te importa si me voy adelantando? —dijo tras besar mi espalda.
—No, no te preocupes. —Agarré sus manos enredándolas alrededor de mi cintura.
—Patri me ha avisado de que están a punto de salir para mi casa… Y me gustaría arreglarme antes de que vengan todos…
—Vete tranquila —respondí girándome entre sus brazos, agarrando su rostro entre mis manos para acariciar el pequeño moratón en su ojo antes de besarla—. Te veo allí.
—Dale… —volvió a besarme acariciando mi espalda—. No te pongas demasiado guapo, que si no tendrás a mi sobrina pegada a ti como mosca.
—A sus órdenes.
Volvimos a regalarnos varios besos antes de verla salir de mi dormitorio regalándome una última sonrisa.
Antes de salir del dormitorio, agarré del último cajón de mi mesita de noche el último regalo que le había preparado a Isabella por su cumpleaños.
Los días que estuve en Miami, paseando con Tania y sus amigos pasé por una tienda de música donde vendían instrumentos personalizados.
Recordé que hubo una época donde Isabella utilizaba una armónica en sus conciertos y me parecía algo supersexy.
Así que no pude resistirme a entrar para comprarle una armónica personalizada.
Recuerdo pensar que algún día podría dársela si decidía que quería intentarlo conmigo.
En cuanto la seguridad de su casa vio mi coche, me abrieron la cancela para que entrara, dejándome ver al entrar varios coches aparcados.
Al pasar entre los coches para llegar a la puerta, me llamó la atención un Ford Mustang Specs oscuro junto a las escaleras.
Al girarme para volver a mirarlo la puerta se abrió apareciendo tras ella Irene, la hija de Agustín.
—¡Rubén! —exclamó mi nombre captando mi atención—. Pero mírate, ¡qué guapo!
—Gracias —respondí dándole un beso en la mejilla—. ¿Cómo estás?
—Ahora que llegaste mejor, ahí andan todos locos porque vino el futbolista ese amigo de mi papá.
—¿Qué futbolista? —pregunté entrando tras ella a la casa.
—Louis.
Ya sabía de qué me sonaba ese coche. Lo había visto en el anuncio de la marca donde él se bajaba tras derrapar por el circuito de Barcelona.
Fingí una breve sonrisa tratando de disimular el suspiro que se escapó de mi pecho, molesto de saber que estaba aquí rondando.
Irene se agarró a mi brazo, acompañándome donde se encontraban los demás.
Al finalizar el pasillo, mis ojos buscaron entre la gente a Isa.
Irene me dejó para acudir a la llamada de su madre mientras yo me entretuve en saludar al señor Elijah, el padre de Isabella.
Elijah me recibió con un fuerte abrazo, tras agradecerme todo lo que hacía por su hija.
Un sentimiento de culpa me invadió al saber que Isabella le ocultaba a su padre que nos entendíamos como algo más que amigos mientras él me agradecía con tanto cariño.
Saludé también a su mujer, Dafina, antes de continuar buscando sutilmente a Isabella.
Con la excusa de dejar la chaqueta, di una vuelta rápida con los ojos, reconociendo algunos primos de Isa y Agustín.
—Está enseñándole la bodega a Louis. —La voz de Agustín apareció tras de mi ofreciéndome una cerveza.
—No, gracias… —respondí ignorando sus palabras.
—La vas a necesitar —insistió volviendo a ofrecérmela.
Suspiré soltando mi regalo bajo mi chaqueta antes de agarrar el botellín.
—¿A él también le pegaste un puñetazo o es algo exclusivo para mí?
—Como lo vea interesarse por algo más que no sea el vino, tendrá que probar mi izquierdo también.
—Agustín me dio unos leves golpes en la espalda antes de pedirme que lo acompañara junto a su padre.
Ambos tomamos asiento, interesándome sobre cómo había estado de salud.
Al cabo del rato, Louis apareció en la sala en compañía del marido de la otra hermana de Isabella, Patricia.
Mi atención se quedó puesta sobre la puerta esperando que ella apareciera también.
Varios segundos después, Elijah pidió un poco de agua.
Petición que aproveché como excusa para ofrecerme a ir y salir de allí.
Al acercarme a la cocina la voz de Isabella me sacó una sonrisa, pero me detuve antes de entrar al escucharla hablar con alguien más.
—Y con el tío este ¿qué?
—¿Qué tío?
—El Louis este.
—¿Qué pasa con él?
Me coloqué junto a la puerta para poder escuchar, disimulando por si alguien pasaba por mi lado.
—No te hagas la tonta que vi cómo os fuisteis solitos con la excusa de enseñarle la bodega.
—No fue una excusa… fui a enseñarle la bodega, nada más.
—Ya…
—Malpensada…
—Perdóname, pero es que está para pensar mal… Además, ya sabes lo que dicen, cuando pruebas un morenito, no quieres otra cosa….
Ambas se rieron cómplices. Alcé las cejas molesto. respirando profundamente.
—Reconoce que te gusta —la voz de la otra mujer insistió.
—Es bastante atractivo…
—Demasiado estirado, ¿verdad?… Te entiendo, cariño, con sus costumbres del año de María Antonieta y ese té ese imbebible…
La risa de Isabella se escuchaba de fondo uniéndose a la de su amiga.
—¡Qué mala! Pero no, no es eso, es que… Jamás estaría con un futbolista, fíjate cómo me fue por no hacerle caso a mi intuición… Y mi intuición me dice que Louis es igual o peor que Marc, quizás para un rato está bien, pero nada más…
—Ya… ¿Y no será que te ha gustado más comerte al cubano?
Sonreí al escuchar su risa después de un corto silencio.
—Puede ser…
—Si no hay nada más que verte…
—Ay dios mío —exclamó Isabella divertida—. Estuve con él antes de venir… —¡Qué zorra! Aunque te entiendo… Bendito Dios qué ojos… qué cuerpo.
—Te juro que nunca…
Escuché pasos tras de mí obligándome a hacerme notar al fingir acercarme antes de aparecer en la cocina, quedándome con las ganas de saber qué era lo que pensaba Isabella de mí.
Al parecer, la que acompañaba a Isa, era su mánager Paula.
Nada más verme, las dos se incorporaron tratando de disimular.
Isabella lamió sus labios mientras acomodaba su cabello nerviosa.
—No sabía que estabais aquí, disculpadme —me disculpé mirándolas a ambas-
—¡Rubén! Qué alegría verte… otra vez
Paula fue la primera en hablar mientras Isabella me miraba con una sonrisa. Paula se acercó a saludarme con un beso antes de volver al lado de su amiga.
—Igualmente… Solo vine por un poco de agua para Elijah.
—Hay que ver qué atento es este muchacho.
Paula dijo sarcásticamente mientras Isabella trataba de hacerla callar al darle levemente con su codo.
—Ahí está la botella, la de cristal… —Isa señaló con una de sus manos antes de hacerme un breve gesto para que fuera a saludarla.
Asentí acercándome al otro lado de la barra donde se encontraban, para saludarnos con un breve beso en la mejilla antes de agarrar la jarra con agua.
—¿Acabas de llegar? —Paula preguntó cruzando sus brazos, reteniéndome con aquella pregunta.
—Hará unos minutos —respondí evitando mirar a Isabella—. Irene fue quien me abrió…. Agustín me dijo que estabais enseñándole la bodega a Louis. —Vi de reojo cómo Isa me miraba.
—Los británicos y el alcohol —bromeó Paula para romper el hielo—. Ya sabemos todos cómo termina eso…
—Mientras no se asome al balcón, no deberíamos preocuparnos.
Aquella broma provocó la risa de las dos, momento que aproveché para mirar disimuladamente a Isa, que escondía sus manos dentro de los bolsillos de su pantalón, humedeciendo sus labios antes de volver a dirigir la mirada hacia mí. Le dediqué una breve sonrisa antes de aclarar mi garganta.
—Bueno… no os interrumpo más —respondí mirándolas a ambas.
—Ahora en un rato vamos —Pau dijo de forma amigable.
—Chao —Isa dijo tratando de ocultar su sonrisa al apretar sus labios.
—Chao.
Salí de la cocina sintiendo sobre mi espalda la mirada de las dos.
Al volver a la sala, le rellené a Elijah su vaso con agua antes de disculparme para salirme a fumarme un cigarro.
Agustín se ofreció a acompañarme, agarrando un cigarro al abrir el paquete para coger uno.
Tras encenderle el suyo, encendí el mío contemplando los dos las vistas de la sierra de Madrid, con las luces de fondo.
—Ni una palabra a nadie —Gus dijo antes de darle una calada.
—Jamás se me ocurriría —respondí divertido.
—¿Has visto a mi hermana?
—Sí… Estaba en la cocina con Paula. —Vi de reojo cómo Agustín giraba su cabeza.
—Ha insistido en venir para darte el visto bueno. —Su voz sonaba divertida.
—Mientras no me dé otro puñetazo… —le lancé aquella pulla con una breve sonrisa antes de darle otra calada.
—¿Habéis aclarado las cosas? —Agustín cambió de tema tras suspirar angustiado.
—Sí. —Ambos sonreímos dándoles otra calada a nuestros cigarrillos.
—Bien…