Capítulo 9 #6
—Mira, entiendo que… cuando se conocieron ella estaba en su prime , pero ahora…
—respondió abriendo su puerta—. Debe de tener como cincuenta.
En cambio, él es joven, guapo, tiene dinero, es normal que no quiera estar toda su vida atado a una mujer premenopáusica que ha sido capaz de expresarse así del que fue su marido frente a todo el mundo —dijo mientras ambos salíamos del coche—.
No quiero ni imaginar cómo tiene que ser en la intimidad, seguro que es insoportable e intensa… Con esos aires de diva.
—¿Y que te caiga mal justifica que le pongan los cuernos?
—Yo lo que digo, es que es mayor para todas las tonterías que hace… Aunque él sabía dónde se metía también al ver que era latinoamericana, allí las mujeres son demasiado intensas.
—No tenía que haber aceptado venir —murmuré caminando tras ella.
—¡No cierre!
Exclamó adelantándose para agarrar la puerta que habían dejado abierta tras salir una pareja.
Suspiré acercándome hacia Laura para entrar a aquel restaurante.
Había pasado mil veces por la puerta cada vez que había ido a ver a Isabella o a Agustín, pero nunca me había preguntado cómo se comería aquí.
Pasé tras ella después de sujetarle la puerta para que pasara, observando aquella decoración moderna, con mesas blancas y sillas madera.
El encargado nos acompañó hasta la mesa que Laura había reservado, sentándome después de ella.
—¿Qué? ¿Qué te parece? —me preguntó acomodando su abrigo tras el respaldar de la silla.
—Parece que estamos en mitad de la selva del Amazonas —dije observando a mi alrededor.
—Esa era la idea del diseñador —añadió riéndose—. De ahí el nombre de Amazonia.
—Mientras no nos ataque un puma… —bromeé en voz baja.
Laura se echó a reír mientras miraba por encima la carta, imaginando que todo serían platos de diseño. Lo que eso significaba que tendría que sacarme un bocadillo de la cafetería del hospital. Laura llamó al camarero alzando sutilmente su brazo para que nos tomara nota de las bebidas.
—Gracias… —respondí mordiendo mis labios viendo cómo se alejaba apuntando.
—Así que… —Entrelazó sus manos sobre la mesa mirándome con curiosidad—. Eres fan de Isabella Chadid.
—Fue mi primer concierto cuándo vine a España —le confesé apoyando los antebrazos sobre el borde de la mesa.
—¿En serio? —preguntó asombrada.
—Y si te tomaras el tiempo de escucharla, descubrirías la artista tan completa que es —añadí alzando levemente las cejas.
—No la soporto, lo siento… —dijo riéndose, acomodándose cerca de la mesa—. ¿Dónde la viste?
—Aquí en Madrid. Fue cuando cantó para la candidatura de las olimpiadas.
—O sea que siempre ha sido tu crush —dijo intrigada.
—Algo por el estilo.
—¿Y nunca la has conocido en persona?
Su pregunta curiosa me llevó a aquella noche donde nuestros caminos se juntaron por primera vez.
A recordar lo que increíble que fue escuchar el sonido de su sonrisa o compartir experiencias con ella por primera vez.
Asentí cogiendo aire antes de mirar aquellos ojos casi grises que me miraban con curiosidad.
—Marc era amigo de mi exmujer —confesé viendo cómo sus ojos se volvían a abrir atónitos.
—No sabía que habías estado casado.
—Es lo que tiene ir atropellando a la gente…
Laura sonrió lanzándome la servilleta.
—Capullo —dijo riéndose mientras volvía a ofrecerle divertido aquella servilleta—. Entonces la conociste gracias a tu exmujer.
—Algo así. —Torcí los labios para omitir algunos detalles.
—¿Y cómo es? Me refiero… —Sacudió sutilmente su cabeza acomodando su cabello mientras pensaba—. ¿Es borde o te mira por encima del hombro?
—¿Esa fue la impresión que te dio al conocerla? —Vi cómo negaba rápidamente.
—Me pareció insulsa sin más, de hecho, casi no habló… Solo se limitaba a asentir embelesada a todo lo que decía su marido… Me pareció poca cosa, casi decepcionante.
—¿Decepcionante? —indagué.
—Sí, porque la ves en televisión con esa seguridad en el escenario…
Y luego en persona es eso, decepcionante.
Una mujer superbajita, con muchas inseguridades…
Casi produce más lástima que otra cosa, es como si no fuera la misma que ves en televisión…
Pero he oído de gente que ha trabajado con ella y dicen que es insoportable.
Escuché en silencio aquella descripción que había hecho, distrayéndome al ver al camarero soltar su botella de gaseosa y mi botella de agua.
Laura me pidió permiso para dejarla pedir a ella.
Mientras esperábamos los platos, le conté por encima sobre mi matrimonio, sin profundizar demasiado.
Al llegar la comida, el emplatado era magnífico, pero la comida escasa.
Laura parecía disfrutar de cada uno de los platos como si fuese la primera vez que los comía.
Tras conocer que había estado casado, Laura quiso contarme más de su vida, mientras devorábamos cada uno de los platos.
Laura era una mujer divertida, ingeniosa, extremadamente sarcástica y hermosa.
Cuando se disculpó para ir al baño, antes de que mis ojos la siguieran, me di cuenta de que de fondo estaba reproduciéndose la canción de Contigo de Isabella, con la que empezó a romper récords.
Una sonrisa orgullosa salió de mis labios.
No entendía cómo podía decir que era una artista sobrevalorada.
Llevaba años demostrando que era mucho más que una cara bonita.
Aunque estaba claro, que todo lo que tuviera que ver con Isabella, mi opinión era poco crítica.
No era capaz de encontrar imperfección alguna en ella.
Esperando a Laura, desvié la mirada al fondo del restaurante viendo a un grupo cantando el feliz cumpleaños mientras la que parecía cumplir años estaba tratado de esconderse bajo su gorra.
Sonreí al verlos imaginando a Isabella soplando sus velas con su familia.
No tuve tiempo de ver mucho más, al ver a Laura acercándose a nuestra mesa.
—Había una cola… —dijo al sentarse.
—No te preocupes —respondí con una rápida sonrisa—. Entonces qué, ¿te ha gustado la comida?
—Sí… Sí, la verdad es que me ha sorprendido. Cuando vi el tamaño de los platos…
—Pensabas que te ibas a quedar con hambre —terminó la frase con una amplia sonrisa—. Me pasó igual la primera vez que vine.
—Pero me ha gustado mucho… Nunca había entrado.
—¿Lo conocías? —preguntó colocando su barbilla sobre su mano mirándome.
—De pasar por delante.
—Yo lo descubrí hace poco en una cita —dijo acomodando su cabello—. Fue lo único bueno de aquel día…
Sonreí apretando mis labios mientras cruzaba los brazos sobre la mesa.
—¿Tan mal fue? —pregunté por curiosidad volviendo a la conversación.
Laura se inclinó hacia adelante cruzando sus brazos sobre la mesa también, suspirando antes de volver a mirarme con sus ojos grises.
—Al principio pensé que era por mi culpa, porque era amigo de mi familia… Y me vi como «obligada» a aceptar cenar con él, así que mis expectativas no es que fueran muchas… —explicó pasando varios de sus dedos por su barbilla—. Pero luego me di cuenta de que es que el tío era idiota.
No pude evitar reírme al escucharla hablar con tanta franqueza.
—No te rías… —dijo divertida—. Creo que es la peor cita que he tenido en toda mi vida.
—¿Por qué? —pregunté divertido.
—Primero le molestó que viniéramos en coches separados…
Y sinceramente me siento más tranquila yendo y viniendo en mi coche…
Luego, no paró de quejarse de lo liberales que éramos ahora las mujeres…
Toda la cena se tiró hablando de lo mucho que su abuela había trabajado criando a sus ocho tíos ella sola, porque las mujeres antes estábamos diseñadas para mantener a la familia unida…
—¿Ocho hijos? —pregunté sorprendido.
—¿Verdad? Qué necesidad…
—Y son amigos de tu familia dices.
—Por desgracia… —suspiró sonriendo, mirándome—. Mi madre anda nerviosa porque lo que cumpla serán treinta y cuatro años… Y dice que tiene ganas de nietos.
—¿Y tú…? ¿Quieres tener hijos? —pregunté colocando mi espalda en el respaldo de la silla.
—No lo sé… —Su mirada dejó de brillar, al igual que su sonrisa—. De hecho, no sé siquiera si puedo tenerlos…
Fruncí el ceño viéndola suspirar, acomodándose sobre su asiento sopesando contarlo o no. Sus manos acomodaron su cabello antes de clavar sus ojos sobre el mantel, queriendo ocultarse.
—Tuve un accidente hace unos años y tuvieron que hacerme una ooforectomía unilateral.
—Lo siento… —Suspiré colocando mi mano sobre la suya, consolándola.
—Gracias…
—Podría informarme si quieres porque no es un campo que controle, pero… No creo que tener un solo ovario te impida ser mamá, en caso de que quieras serlo.
—Te lo agradezco, pero… —Alzó sus hombros lentamente antes de volver a mirarme con los ojos tristes—. La persona con la que quería formar una familia, decidió que lo mejor que podía hacer tras estrellar el coche era huir…
No pude evitar disimular mi cara de perplejidad al escucharla.
—Imagino que lo denunciaste. —Vi cómo negaba avergonzada—. No volví a verlo más… para mí murió aquel día en el accidente.
—Menudo hijo de puta… —dije en voz baja negando con la cabeza procesándolo—. Ahora entiendo por qué eres team Marc, los hijos de puta son tu rollo…