Y en el medio, tú: 1 Capítulo 8 #7
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Capítulo 8 #7

Los dos nos quedamos mirándonos en silencio varios segundos antes de que rompiera aquel silencio con una carcajada que dio paso al sonido de su sonrisa de fondo.

Dios, cómo agradecía su presencia en mi vida.

Si me hubieran contado todo lo que Rubén iba a significar en mi vida, indudablemente hubiera dicho que era completamente imposible que eso sucediera.

Tenía innumerables días en donde mi sentido común me decía que no deberíamos haber cruzado aquella delgada línea, porque teníamos millones de razones por las que esto no iba a salir bien.

Pero me hacía suspirar de amor. Me hacía suspirar de ilusión, de esperanza.

Tenía la capacidad de entenderme con solo mirarme o de hacerme reír incluso en los peores momentos.

Las circunstancias de la vida me habían quitado un marido, pero me había bendecido con amigos incondicionales, con una familia enormemente solidaria y una persona que me había demostrado que la amistad era mucho más duradera que el amor.

Agarré la mano de Rubén buscando captar su atención, entrelazando su mano con la mía antes de volver a mirarme.

—Gracias… —susurré dejando caer levemente mi cara sobre su mano que acariciaba mi mentón.

—A ti, por existir —susurró besando mi frente con cariño.

Vi cómo suspiraba sutilmente antes de dedicarme una breve sonrisa.

—Ojalá hubiera llegado antes para evitarte todo esto…

—Pero has aparecido… Y lo has hecho volar —dije con una tímida sonrisa divertida al repasar la situación.

Rubén sonrió humedeciendo sus labios.

—Casi lo dejo pegao al suelo… casi tiene que quitarlo Yaris con una espátula.

—No imaginé que estuvieras tan fuerte —dije bromeando.

—Ha sido la adrenalina del momento…

Ambos nos reímos en silencio, notando cómo poco a poco mi cuerpo iba relajándose, notando la ausencia de esa ansiedad.

Le di un leve codazo en sus brazos por aquel comentario, reposando mi cabeza en uno de sus hombros.

Sentí sus labios besar de nuevo mi cabeza a la vez que nuestras manos se buscaban para entrelazarse.

—¿Qué le has hecho? —pregunté en voz baja con la mirada agachada sobre nuestras manos.

—Lo he mandado a casa de sus padres en un taxi… —Sentía su cabeza apoyada sobre la mía.

—No puedo dejar de ver su mirada llena de odio… de asco…

Rubén colocó su brazo alrededor de mis hombros al escucharme, acariciando mi brazo con su mano.

—No paraba de repetir lo insoportable que es estar a mi lado… —Sentía mi voz quebrarse—. No sé qué fue lo que le hice para que me odie de esa manera…

—Tú no has hecho nada malo… —Su voz resonó tras escucharlo respirar profundamente—. Eres maravillosa —dijo colocando sus labios sobre mi cabeza—. Y estar contigo es un privilegio, un regalo…

Lamí mis labios incorporándome, observando cómo su rostro fingía que todo en él estaba bien a pesar de ver en sus ojos aún su coraje.

Coloqué mi mano sobre su pierna, acariciándole mientras ambos miramos rápidamente hacia la puerta al escuchar la voz de mi hermano hablando con Yaris, dejándome unas agónicas ganas de besarlo.

Rubén se colocó de pie a mi lado antes de que entrara Violeta corriendo por la puerta.

—¡Mami! —El sonido de su voz era medicina para el alma.

—¡Mi amor!

Alcé los brazos al levantarme a saludarla, fundiéndonos ambas en un profundo y maravilloso abrazo.

Al abrir los ojos aún abrazada a mi pequeña vi los ojos de mi hermano mirando a Rubén queriendo saber qué era lo que me había pasado al ver el botiquín sobre el sofá.

Al soltarnos de aquel abrazo que curaba cualquier mal que tuviera, Violeta se dio cuenta de la crema de mi mejilla.

—¿Qué te pasó en la cara, mami? —preguntó sin apartar sus inocentes ojos de mí.

—Eh… —Cogí aire pensando qué decirle.

—Se ha golpeado con la barra de la cocina. —La voz de Rubén se adelantó, acercándose a nosotras, colocando su mano sobre la cabeza de Violeta—. Así que, ahora te toca a ti regañarla… —dijo guiñándome—. Fíjate qué golpe se dio…

—¿Cómo te diste con la barra? —preguntó divertida al creer que era su momento de devolverme una de las muchas veces que la había regañado por correr cerca de la barra de la cocina.

—Pues… —Asentí cubriendo mis labios entre sí—. Iba distraída, creí que había tirado algo al suelo y cuando me fui a levantar, me pegué con la esquina en la cara…

Los ojos de mi hermano me miraban fijamente sin creerse aquella absurda historia.

—¿Y te duele mucho? —preguntó inocentemente acariciando con sus pequeñas manos mi rostro.

—Un poquito… Pero con esta crema se pasará pronto.

Yaris se acercó a nosotras después de que Violeta me regalara un tierno beso en la mejilla, enredando sus brazos alrededor de mi cuello para regalarme un tierno abrazo.

—Violeta, vamos a hacer las tareas que tu profesor estará a punto de llegar. —Yaris colocó sus manos sobre sus hombros.

—Luego subo un ratito contigo.

Besé su cabeza antes de verla despedirse de Rubén y de su tío para irse con Yaris.

Resoplé aterrada por la reacción que pudiera tener mi hermano al enterarse.

En cuanto nos quedamos a solas, busqué la mirada de Rubén para agradecerle el capote que me había echado con Violeta.

Agustín se acercó a nosotros con sus brazos cruzados sobre el pecho, mirándonos a ambos antes de mirar detalladamente mi mejilla.

—¿Quién te hizo eso? —preguntó señalando con la mirada mi mejilla.

—Ya escuchaste, me pegué sin querer…

—Y una mierda —exclamó alzando sus cejas—. ¿Fue Marc?

Las aletas de la nariz de mi hermano se movieron al respirar profundamente, viendo cómo su rostro se descomponía al confirmarle sus sospechas con mi silencio.

—Hijo de puta… —dijo entre dientes pasando sus manos sobre su cabello.

Mis ojos buscaron a Rubén que permanecía en silencio a mi lado, como si fuera mi guardaespaldas, con sus brazos relajados y sus manos escondidas dentro de los bolsillos del pantalón, pero sin apartar la mirada de mi hermano.

—¿Tú lo viste? —preguntó mirando a Rubén invadiendo su espacio personal.

—Sí —dijo apretando su mandíbula—. Y lo habría matado de no ser porque es el padre de tu sobrina —añadió recordándole ese punto a mi hermano para calmarlo.

—Tenías que haberlo matado, mira como la dejó —añadió señalándome.

—¿Podéis…? —suspiré mirándolos a ambos—. ¿Podéis bajar la voz? Por favor…

Rubén se colocó delante de mí, extendiendo una mano hasta tocar el hombro de mi hermano, captando su atención.

—Lo último que necesita tu hermana ahora mismo es esto… —le dijo en voz baja tratando de calmarlo—. Y menos que tu sobrina se entere de la clase de padre que tiene…

—Qué coño sabrás tú lo que necesitan mi hermana y mi sobrina, no me jodas —dijo furioso apartando la mano de Rubén de su hombro.

Al verlo quitarle así la mano di un paso hacia adelante, pero el brazo de Rubén me paró, colocándolo delante de mí para frenarme. Ambos sabíamos que estaba cabreado por lo que me había pasado, pero no tenía ningún derecho a pagarlo con él.

—Llevas desde que volviste aquí metido todo el tiempo, como una sombra todo el día pegado a mi hermana… Y para una puta vez que tenías que estar aquí…

—¡Bueno ya basta!

Le advertí mirándole mientras me ponía entre ambos.

—Te estas pasando —dije colocándome a su lado acariciando brevemente su brazo—. Ambos tenemos que agradecerle que viniera…. De no haber aparecido… no sé cómo habría terminado.

Alcé los hombros a la vez que negaba. No tenía control ninguno de la situación, no sé qué es lo que Marc hubiera hecho conmigo si Rubén no lo me lo hubiera quitado de encima. Sentí la discreta mano de Rubén acariciando mi espalda para consolarme.

—Pensar en lo que podía haber pasado solo va a servir para angustiarnos todos más… —Rubén sentenció apartando la mano de mi espalda.

—Ese hijo de puta no va a volver a poner un pie en esta casa —Agustín le cortó negando con su mano—. Mañana vamos a denunciarle.

—No pienso denunciarle, Gus… —dije llevando involuntariamente una de mis manos al pecho, como tratando de evitar que mi corazón se rompiera al revivir aquel horrible momento—. Y por favor no me insistas más en eso… Es el padre de Violeta.

—Es que no te das cuenta de que podía haberte matado, ¿o qué? —dijo furioso.

Los dos nos miramos apretando nuestras mandíbulas.

Sabía que estaba preocupado por mí. Posiblemente frustrado por no haber sido él quien apareciera para desquitarse de las ganas que lleva años teniéndole a Marc, pero él no era quien tenía que vivir con ese horrible recuerdo.

Sabía perfectamente que, si Rubén no hubiera aparecido, Marc me habría violado sobre aquel sofá después de golpearme.

El solo imaginarlo me paralizaba de miedo.

—No es a ti a quien le ha pasado, ni sabes lo indefensa que te sientes al ver que por más que gritas, lloras o pataleas no puedes hacer nada para quitártelo de encima…

—Todo lo que te pasa a ti, me duele como si me lo hicieran a mí —dijo señalándome con el dedo viendo en sus ojos la angustia al imaginarse la situación.

Rubén acaricio nuestros hombros tras colocar ambas manos sobre nosotros, dedicándonos un breve apretón para que nos calmáramos. Agustín apartó la mirada para dar vueltas nervioso mientras suspiraba.

—Bueno… vamos a intentar calmarnos todos un poco, ¿sí?

Agustín resopló pasando sus manos sobre la cabeza, frotándola. Rubén observó su reloj antes de volver a mirarme.

—No te vayas… —le supliqué ansiosa mirándole antes de que pudiera decir nada. Rubén desvió su mirada hacia mi hermano rápidamente antes de volver a mirarme—. Por favor —susurré viendo cómo asentía, mirándonos, olvidándonos por unos segundos de que no estábamos solos.