Capítulo 8 #6
—¿No te gustaría revivir viejos tiempos? —susurró cerca de mi boca obligándome a respirar su aliento que apestaba a alcohol.
—Me haces daño… por favor —supliqué girando la cara para evitar oler su aliento.
Sentía una de sus manos acariciar mi cintura bajo la ropa. Sus dedos luchaban contra el movimiento de mi cuerpo para bajarme los pantalones.
—¡Marc, por favor! Por favor, para… —Abrí mis ojos de par en par esquivando sus labios.
—Esto es por lo que siempre te enfadabas conmigo, ¿no? Porque prefería follarme a otras antes que a ti.
Una de sus manos volvió a apretar mis mejillas con sus dedos.
—Pues voy a complacerte por tu cumpleaños.
Su mano consiguió bajar mis pantalones mientras la otra seguía ejerciendo presión sobre mis mejillas.
—¡No! No, por favor… Por favor, Marc… —supliqué sin poder evitar que mi voz se quebrara, sintiendo las lágrimas correr por mis mejillas—. ¡Ayuda!
Sus manos luchaban contra las mías tratando de desnudarme. Por más que me retorcía, su cuerpo y su metro noventa podían más que toda mi rabia y mi impotencia. Sus manos sujetaron mis muñecas sobre mi cabeza, sacudiéndome antes de clavar sus ojos sobre mí.
—¿Qué pasa? ¿Ya no te gusto? —preguntó acercando su nariz a mi rostro antes de mirarme de nuevo—. ¿O es porque ahora te estas follando a otro?
Vi sus ojos encenderse de rabia otra vez al obligarme a mirarlo.
—Me estás haciendo daño, Marc —dije al sentir cómo la circulación dejaba de correr por mis muñecas por la presión de su mano.
—Te estás follando a alguien más, ¿es eso verdad?
—Te prometo que no.
—Mientes… —Frunció su ceño.
—Te juro que no, pero suéltame… por favor —supliqué desesperada.
—Estás follándote a otro… —Sus ojos se entrecerraron casi como si se hubiera decepcionado de mí—. Eres una puta… —dijo cerca de mi boca—. ¿Cómo has podido hacerme eso? Te ha faltado tiempo para follarte a otro en nuestra propia cama
—Por favor, Marc… suéltame —susurré luchando por escaparme.
—¡¿Quién es?! ¿A quién te estás follando? —Sentía cómo mis manos comenzaban a dormirse por la presión de sus manos.
—Suéltame… —volví a suplicarle sollozando llena de desesperación—. No estoy con nadie, suéltame por favor…
—¡¿A quién te estas follando?! —preguntó gritándome.
Cerré los ojos al ver cómo su mano soltaba mi mejilla dispuesta a golpearme de nuevo.
—¡SUÉLTALA!
Aquella voz me hizo abrir los ojos rápidamente viendo cómo una fuerza sobrehumana tiraba de Marc hacia atrás para hacerlo caer, resonando en mi cabeza el golpe de su espalda sobre el suelo.
—¡Maldito hijo de puta!
Exhalé tratando de incorporarme dolorida, agarrándome las muñecas.
La silueta de Rubén a lo lejos golpeándolo con rabia, me hizo volver en sí.
Sentía como si todo pasara a cámara lenta, al contrario de mis pulsaciones aceleradas.
Vi cómo Rubén se acercaba a mí tras dejar a Marc retorciéndose en el suelo, sujetándose la cara.
Mis manos buscaron desesperadamente su cuerpo para abrazarlo con fuerza sintiendo cómo mi cuerpo temblaba presa de la ansiedad y del pánico.
Sus manos me abrazaron protegiéndome, haciéndome sentir que estaba a salvo.
—¿Estás bien?
Se inclinó hacia mi quitándose su chaqueta para colocarla sobre mis hombros desnudos al ver mi ropa rota. Ver sus ojos de nuevo y sentir sus manos frotar mis brazos, me hizo ser capaz de poder volver a respirar, asintiendo para que no se preocupara.
—¿Te ha hecho algo?
Sus manos acariciaron con cuidado mis mejillas limpiando los restos de las lágrimas que no hacía más que salir.
—¿Te ha tocado?
—No… —susurré agarrando su chaqueta entre mis manos para taparme, tratando de cubrir mis mejillas al agachar la cabeza.
Al acariciar mi rostro se dio cuenta del golpe de mi mejilla. Rápidamente nuestros ojos se miraron. Vi cómo su mandíbula se tensaba antes de ver su nariz moverse al respirar lleno de rabia.
—Hijo de puta… —maldijo mirándolo—. Te juro que lo mato.
—¡No! Por favor, no le hagas nada —le pedí buscando sus manos al verlo darse cuenta de mis golpes—. Está borracho…
—Eso no es excusa para golpearte —dijo enfadado tras girarse y verlo retorcerse en el suelo.
—Hazlo por Violeta, por mí…—dije implorándole—. Por favor…
Rubén respiró hondo, mirándome varios segundos besando mi cabeza de forma protectora antes de agacharse para ayudarme a subirme los pantalones.
Sus manos volvieron a acariciar mis mejillas al levantarse de mi lado después de besar mi cabeza nuevamente con cariño.
Todo el cariño, compresión y protección que me brindaba a mí, se esfumó al agarrar a Marc por el cuello del jersey arrastrándolo por el suelo del salón hasta sacarlo de mi vista.
En cuanto Rubén salió del salón, entró Yaris con las manos en la cabeza al ver la ensalada derramada por el suelo y a mí aún sentada sobre el filo del sofá.
—¡Bendito dios! ¿Está bien, señora? —preguntó acercándose a mí cubriendo de nuevo su rostro con sus manos llenas de arrugas.
—Por favor, que Rubén no se meta en problemas por culpa de Marc… —le pedí extendiendo una mano para agarrar la suya.
—Claro que sí, ahora mismo.
Me dio un breve apretón en la mano antes de irse corriendo tras Rubén.
Al quedarme a solas, respiré profundamente dejando caer mi cabeza hacia delante.
Cerré los ojos con todas mis fuerzas, luchando por vencer la ansiedad que amenazaba con derrumbarme.
Me aferré con fuerza a la chaqueta de Rubén que aún cubría mis hombros tratando de esconderme para desaparecer debajo de ella, sintiendo cómo mi corazón se encogía a medida que iban pasando los segundos Cada segundo que pasaba me costaba más respirar profundamente para evitar que todo el dolor, la rabia y el coraje que me invadían, no salieran en forma de aquel llanto silencioso y descontrolado que comenzaba a hacer temblar mi cuerpo.
Mis manos apretaban con fuerza aquella chaqueta a la vez que mis ojos no paraban de derramar lágrimas con cada quejido que salía de mi pecho al tratar de silenciar aquel dolor.
No podía sacar de mi cabeza su aliento a alcohol sobre mi piel, su mirada llena de rabia, de asco y odio.
Sentía mi cuerpo paralizado al recordar el tacto de su mano golpeando mi piel.
Rubén volvió a aparecer con el botiquín entre sus manos y algo de ropa, soltándola sobre la mesa antes de sentarse a mi lado.
Sus ojos me miraron pacientes. Inhalé todo el aire que mis pulmones eran capaces de soportar antes de soltarlo en un profundo suspiro que reflejaba el estado encogido de mi corazón.
Al verle, lo abracé con todas mis fuerzas, soltando el dolor y ahogando aquel grito sobre su pecho.
Sentía cómo sus brazos me apretaban contra su cuerpo protegiéndome.
—Le he pedido a Yaris que avise a tu hermano para que recoja a Violeta… Así tendremos algo más de tiempo para… disimular tu mejilla y conseguir que te relajes —dijo al separarnos, limpiando con sus dedos mis mejillas.
Asentí suspirando de nuevo viendo todo el desastre que se había formado en el suelo al derramarse la salsa de la ensalada que pretendía comerme antes de que Marc me atacara.
Rubén se levantó rápidamente para ponerse a recoger los restos de ensalada del suelo, limpiándolo todo para borrar cualquier resto que pudiera mortificarme.
Su presencia me hizo volver de mis pensamientos al sentarse a mi lado con la camisa que le había robado de su armario.
Sus manos me quitaron con cuidado la camiseta que traía.
Involuntariamente me cubrí con los brazos al sentirme desnuda.
Me sentía ultrajada, herida. Rubén me colocó la camisa con cuidado para que no moviera mucho mis amoratados brazos.
—Me siento tan… —Mi respiración aún era entrecorta da—. Tan poquita cosa ahora mismo… No sé qué hubiera pasado si tú no… —La voz se me quebró al imaginar todo lo que podría haberme pasado.
—No lo pienses… —dijo zanjando el tema sentándose de nuevo a mi lado, abrochándome los botones de la camisa—. Porque si te hubiera tocado, lo hubiera matado —dijo colocando su mano con cuidado sobre mi mejilla—. Y me hubiera dado igual todas las veces que me hubieras suplicado que no lo hiciera…
Me quedé en silencio viendo cómo se reflejaba la luz sobre sus ojos mirándome aún preocupado al comprobar mis mejillas tras rozar su piel contra la mía.
—Por suerte solo está algo inflamada, no tienes cortes… Esto puede que te moleste un poco —me explicó antes de abrir el botiquín para ponerme un poco de crema antinflamatoria sobre la mejilla golpeada.
Limpió mi mejilla con una gasa con suero, pasándola con cuidado, sintiendo el alivio del frío sobre la mejilla que aún sentía arder.
Desvié la mirada avergonzada al volver a ser él quien tuviera que curar las heridas que Marc me había hecho.
Me encogí un momento al sentir la fría crema sobre mi mejilla, pero el tacto de sus cálidos dedos esparciendo la crema con cuidado servían de anestesia.
—Listo… —Limpió sus manos con una servilleta—. Esto evitará que se amorate más de la cuenta…
—Gracias.
Su mano se acercó con cuidado a mi mejilla izquierda para valorar daños.
—Crees que… —Tragué saliva antes de respirar profundamente—… ¿Tardará mucho en curarse?
—No… unos días como mucho —respondió mirándome con cariño mientras me acariciaba.
Los dos sabíamos perfectamente que lo que más tardaría en curarse era el trauma de suplicar que no me hiciera daño, verte inmovilizada y desarmada.
Ese terror sería algo que tardaría tiempo en olvidar.
Los dedos de Rubén acomodaron mi cabello desaliñado, soltándolo con cuidado para dejarlo caer tras mis hombros con cuidado.
—¿Alguna vez te he confesado qué es lo que más me gusta de ti?
Aquella pregunta me obligó a mirarlo al captar de nuevo mi atención. Fruncí el ceño negando al mirarlo. Los labios de Rubén se torcieron en una breve sonrisa a la vez que pasaba su mano con delicadeza sobre mi mejilla para retirar el exceso de crema.
—Lo alta que eres.