Y en el medio, tú: 1 Capítulo 7 #10
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Capítulo 7 #10

—Murió justo al mes de mi padre… Eso fue lo máximo que estuvieron separados desde que volvieron a juntarse…

—Qué hermoso tiene que ser te quieran así… —Su voz sonaba con algo de tristeza.

—El amor que mis padres se tuvieron fue algo único, pero no fue hermoso… No encuentro belleza en vivir lejos de la persona que amas.

La mirada de Isabella se clavó en mis ojos tras recorrerme con los ojos.

—Y… ¿Qué debe tener el amor para ti para que lo consideres bello?

Vi en sus ojos cómo aquella pregunta era personal. Respiré profundamente de una forma lenta, pensando en aquella pregunta.

—Bueno… para mí, el amor debe nacer desde la admiración y el respeto…

Tiene que empujarte a hacer cosas que jamás harías por nadie más, a arriesgarlo todo por esa persona.

A querer mejorar para seguir mereciéndola cada día…

Un amor que te haga sentirte extraordinario, que…

a pesar de los problemas la sigas eligiendo porque tu zona segura siga siendo a su lado.

Alguien que aun teniendo la forma de destruirte ni siquiera baraje esa opción…

Volví a mirarla al sentir su mirada clavada sobre mí, observando sus mejillas aún rosadas, sus labios hinchados humedecerse lentamente mientras sus ojos me miraban de forma especial.

—Eso sí que me parece el acto más puro de amor que existe.

No lastimar a la otra persona aun sabiendo cómo hacerlo…

A veces se ve más amor en la forma en la que te vas de la vida de las personas, que de la manera en la que entras, porque conquistar o decir cosas bonitas sabemos todos, pero…

Irte sin hacer daño… Eso es sí es amar de verdad.

Sus ojos me observaban sin parpadear, seguramente pensando que qué intensidad la mía. Su cabeza se movió asintiendo sutilmente a la misma vez que su boca volvía a humedecer sus labios.

—¿Tú te haces una idea de lo difícil que es…?

—Dejarte sin palabras… —dije viendo cómo alzaba sus cejas asintiendo mientras reía.

—Justo —respondió rauda y veloz entre carcajadas.

Sus ojos volvieron a mirarme tratando de esconder aquella sonrisa de los labios mordiéndolos.

—Y… ¿Alguna vez has sentido eso por alguien?

Mi cuerpo suspiró al escucharla preguntarme aquello, obligándome a tragarme el impulso de responderle que la persona que me provocaba todas aquellas cosas era la misma que me había formulado aquella pregunta. Lo último que quería era asustarla, sobre todo ahora que apenas estábamos empezando.

—Puede ser… —Desvié la mirada volviendo a respirar hondo—. ¿Y tú?

—Creía que sí —respondió con tristeza—. Pero…

ahora, viéndolo con algo de perspectiva, no sé…

Yo sí arriesgué y lo di todo… —Sus cejas se alzaron involuntariamente evitando mencionar su nombre—.

Pero… Él ni siquiera supo irse sin hacer daño, así que posiblemente la única que amó intensamente fui yo y quizás es fue mi problema.

—El problema desde el principio fue él, que tuvo que hacerte sentir insignificante para que no te dieras cuenta de que merecías a alguien mejor… Ni tu forma de querer ni tú tenéis la culpa de nada. —Vi cómo sus ojos reflejaban un pequeño brillo al mirarme.

Su cuerpo se inclinó hacia mí, colocando una de sus manos sobre mi mejilla para besarme, disfrutando de nuevo del roce de sus labios deslizándose sobre los míos y de sus dedos acariciando mi mejilla.

—Por favor, no me hagas daño… —suplicó entre mis labios al separar nuestras bocas.

Al escucharla decir aquello se me paró el corazón. Me dolía escucharla suplicando que no volvieran a partirle el corazón. Me alejé lo suficiente para que pudiera verme bien a los ojos al agarrar entre mis manos su cara.

—Jamás te haría daño…—respondí mirándola a los ojos—. Primero, porque tu hermano se haría una corbata con mis tripas… —Sonreí al verla reírse.

—Pues serías una corbata preciosa —respondió burlándose.

—Rojo pasión —añadí sonriendo.

—Y segundo… —dijo esperando la otra parte de la frase mordiendo sus labios.

—Tienes un brillo especial que hace que me quiera quedar… Y no podría perdonarme jamás saber que vuelves a perderlo y es por mi culpa.

Volvió a buscar mis labios, saboreándonos sin más prisa que la de volver a sentirnos el uno al otro, dejando paso a nuestras manos para acariciarnos de nuevo y deshaciéndonos de cualquier cosa que se interpusiera entre nuestros cuerpos.

Podría hacerle el amor decenas de veces que jamás lograría cansarme.

Me moría de ganas de quedarme toda la vida enredado en su pelo, sintiendo esa electricidad que recorría mi cuerpo cada vez que estaba con ella.

Su cuerpo exhausto se acurrucó junto al mío, mientras nos cubríamos con el nórdico para descansar.

Respiré el olor de su cabello sintiendo una inmensa sensación de paz, acomodándome entre sus brazos que me abrazaban con fuerza.

Con ella se me olvidaba que las horas pasaban.

Olvidaba el dolor. Isabella era como el faro que aparece anunciando tierra firme después de una tormenta.

Llevaba tanto tiempo deseando que algo así se diera, que iba a pelear por esto con uñas y dientes.