Y en el medio, tú: 1 Capítulo 7 #9
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Capítulo 7 #9

—¿Te gusto? —pregunté con una sonrisa tonta en los labios viendo cómo chasqueaba la lengua avergonzada—. Si te hace sentir mejor… Puede que yo esté perdiendo un poco la cabeza por ti —dije sincronizando la sonrisa de nuestros labios.

—¿Perdiendo la cabeza por mí? —repitió de forma coqueta sin dejar de sonreír.

—Solo un poquito…

Nuestros labios sonrieron antes de besarnos de nuevo.

—¿Qué propones que hagamos? —dije sobre sus labios. Se acomodó sobre mi pecho colocando sus brazos sobre mí.

—Bueno… Aún no me he divorciado y.… bastante tiene Violeta con tener que ver a cada rato las fotografías de su padre con su novia y constantemente tener que escuchar esas cosas horribles que ya dicen de mí solo porque me vieron cenar con Louis…

—Poco a poco —dije acariciando su cabello, notando sus manos abrazar mi cintura.

—Y.… cuando esté en Miami.

Acaricié su hombro desnudo suspirando al mirarla de nuevo, jugando con uno de sus mechones entre mis dedos. Le dediqué una breve sonrisa al verla.

—Lo resolveremos cuando llegué el momento.

Vi cómo sus ojos se consumían con la idea de la mudanza. Hasta ahora no me había parado a pensar que para ella abandonar lo que había sido su hogar durante doce años tenía que ser tremendamente doloroso.

—¿Sabes? —Capté la atención de sus ojos, pasando mis nudillos por su rostro con el mismo cariño que mis ojos la observaban—. Me hubiera encantado que conocieras a mis padres… Le habrías encantado a mi madre. Una mujer con carácter como ella quería para mí…

Isa se sonrojó mientras se colocaba a mi altura, cubriendo su cuerpo con la sábana antes de reposar su espalda sobre el cabecero al igual que yo.

—Nunca me has hablado de ellos.

Sonreí llenando mis pulmones de aire mientras tentaba con la mano para taparme también con algo de sábana, tratando de recordar lo poco que aún quedaba de ellos en mi memoria.

—Bueno… dime qué quieres saber.

—¿Cómo eran?

—Pues… Mi madre aparte de ser una mujer bellísima era superinteligente. Blanca se parece más a ella desde que falleció… Casi consigue graduarse como la primera de su clase —dije orgulloso—. Su sueño siempre fue ser médico…

—¿Y no lo consiguió?

—No… Mi papá se le atravesó… —bromeé lamiendo mis labios—. Él se quedó muerto con ella cuando la vio. Siempre decía que, fue verla y saber que la vida la había puesto pa él. —La miré sonriendo al recordar sus palabras.

—Todo un romántico tu padre… —Su voz sonaba dulce, como su rostro mientras me escuchaba—. ¿Y tu papá? ¿Cómo era?

—Mi padre era un hombre trabajador, honrado… Blanca dice que me parezco más a él de lo que quiero aceptar. —Sonreí pasando mis dedos sobre mi cabello nervioso de recordarlos—. Tenía un bigote enorme, creo que jamás lo he visto sin él…

—¿Y cómo fue que se conocieron?

La miré viendo cómo sus ojos me miraban con atención, llenos de curiosidad.

Respiré dejando la mirada fija al frente abriendo aquel compartimento de recuerdos, sin saber si al verbalizarlos después de todo este tiempo dolería como al principio.

Desde la noche que casi termino con mi existencia no me había permitido pensar en ellos o recordarlos.

—La familia de mi madre era afín al régimen, eran gente de dinero.

Creo recordar que mi abuelo era un cargo militar importante, por eso mi madre pudo pensar en estudiar…

Y mi padre lo único que compartía con Castro era el nombre —dije sarcásticamente—.

Mis abuelos paternos eran humildes. Tenían una pequeña tierra que les había dejado la madre de mi abuela…

así que tenían animales y sacaban algo de dinero vendiendo leche, huevos…

Mis padres se conocieron en una fiesta, no recuerdo si fue Navidad o una fiesta nacional, pero los dos siempre han contado que fue un flechazo…

Por eso cuando empezaron a verse a escondidas, de un día pa otro, el régimen les arrebató todo a mis abuelos paternos… Como castigo por parir a mi padre…

Respiré hondo recordando lo duro que había sido crecer sin un padre. Sin esa figura necesaria en la vida de cualquier niño. Sabiendo que tu padre está luchando por poder reencontraros algún día. Isa acarició mi brazo reconfortándome.

—Entonces… ¿tus papás?

—Pues… —Rasqué mi barbilla sumergiéndome en los recuerdos—. Mi abuelo materno repudió a su única hija. Sabía que mi madre no iba a dejar de ver a mi padre por más que se lo prohibiera. Así que mi madre abandonó una vida cómoda y llena de lujos, para vivir humildemente y casarse en secreto…

Hice una breve pausa para tragar el nudo que oprimía mi garganta al recordar el día que mi padre tuvo que marcharse.

—Luego… Mi papá tuvo que abandonar la isla, para evitar que lo encarcelaran… —Alcé las cejas involuntariamente—. Y para que nos dejaran vivir en paz… Emigró a Miami como muchos otros cubanos…

Me quedé mirando a la nada pensativo, sintiendo los dedos de Isabella acariciar mi brazo con cariño.

—Y… a mi mamá le toco ser mamá y papá a la misma vez… —Volví a mirarla—. De un nene de cinco o seis años y una nena de tres…

Exhalé lentamente al recordar la tremenda ausencia de mi padre en mi niñez.

—¿Cómo pudo hacerle eso tu abuelo a tu mamá? —Su voz sonaba indignada de escuchar aquella historia.

—Porque esa ya no era su hija…

—Pero eráis sus nietos… Y unos críos cuando se marchó…

Alcé de nuevo los hombros suspirando al ser incapaz de explicarle el porqué del comportamiento de aquel hombre.

—¿Por qué no os marchasteis con él? —Isa preguntó intrigada.

—Porque los niños somos propiedad del gobierno… Tú te puedes marchar cuando quieras, si no te pillan, claro está… Pero tus hijos son el motivo por el que tarde o temprano terminas volviendo. Es la forma de seguir preso del sistema, aunque estés lejos… —Suspiré frunciendo el ceño.

—Qué horrible… Y qué injusto —murmuró indignada—. Y… ¿tu mamá y tu hermana se quedaron allí?

—Las sacamos de allí… —Asentí volviendo a respirar profundo—.

Al salir de la isla, fui donde mi papá… Y bueno, ahí entre los dos ahorramos el dinero para poder traerlas a Miami.

—Le dediqué una breve sonrisa al mirarla de nuevo—.

No pudieron volver a su hogar hasta después de muertos…

Y pagando un buen dinero para que nos dejaran enterrarlos en casa.

—Lamí mis labios recordando la horrible etapa que había vivido en Cuba—.

Luego, una vez allí, vino el COVID y… el resto es historia vieja como se dice. —Sonreí volviendo a mirarla.

—Tus padres debieron de quererse muchísimo… —Su voz sonaba melancólica—. Para sacrificarse así el uno por el otro.

—Como el primer día, hasta el último de sus días.

—Tragué saliva al sentir la emoción por volver a hablar de ellos, con ella—.

Es más, estoy casi convencido de que, si mi padre no hubiera muerto, mi madre hubiera seguido luchando hasta el final, pero…

—Alcé los hombros—. Ella decía que para qué seguir luchando cuando su compañero ya la esperaba en otra parte para volver a estar juntos…

Suspiré agachando la mirada tratando de desaparecer aquella sensación de tristeza de mi mente.