Capítulo 7 #6
Alcé las cejas, abriendo mis ojos de par en par procesando aquello. Asentí en silencio mirándola disimuladamente tratando de ver si aquella indiferencia por cómo pudiera sentirme era fingida o tal vez solo había visto cosas que no eran.
—Hasta tenéis una casa mirada… De puta madre —dije sarcásticamente—. Menos mal que no era nada oficial aún…
—Disculpa, ¿desde cuándo tengo que andar reportándome ahora contigo también? —Isabella me miró indignada—. Esto es increíble…
—Lo que es increíble es haberme tenido que enterar así —dije sosteniéndole la mirada—. Gracias a un descuido, después de las veces que he estado ahí para vosotros, incondicionalmente.
—Íbamos a contarte cuando fuera algo seguro… —Agustín trato de intervenir.
—Nadie te ha pedido nunca que estuvieras —me reclamó—. Si has estado ha sido porque has querido…
—Isa… —Agustín clavó sus ojos sobre su hermana.
—Pensé que era alguien importante en vuestras vidas. —Miré a ambos decepcionado antes de pasar entre medias para sentarme de nuevo en la moto—. Pero por lo que veo, estaba equivocado… Menudo idiota.
Murmuré dolido por sus palabras, sintiéndome como un idiota.
—Escúchame bien Rubén —dijo acercándose a mí—. No sé qué bien qué es lo que creías, pero tú no eres nadie en mi vida, para andar exigiéndome explicaciones sobre lo que hago o dejo de hacer, ¿entendiste?
Nuestros ojos se miraron reflejando frustración y decepción.
—Perfectamente.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo mientras ambos nos aguantábamos la mirada antes de asentir en silencio, entendiendo cuál era mi lugar en su vida.
Me coloqué el casco, cerrando la visera antes de salir de allí comprendiendo que no había más que hablar.
El sonido del motor acelerando se juntó con el sonido reflejo del corazón latiendo sobre mi cabeza mientras aquellas palabras se reproducían en mi cabeza una y otra vez, doliéndome cada vez que volvía a revivirlas, dejando atrás aquel lugar.
Si eso era para ella, perfecto. Ahí tenía el clavo al que agarrarme para pasar página.
Sentía mi sangre hervir de la rabia de ver lo imbécil que había sido de pensar que era especial o al menos alguien a quien tener en cuenta para comunicarle que pensaba mudarse a otro país.
Mi cabeza estaba tan distraída mientras mis manos aceleraban, que ni cuenta me di de que me había saltado un stop hasta que sentí un horrible golpe.
Aquello chocó con tanta fuerza, que mi cuerpo voló como si fuera una hoja de papel arrastrada por el viento.
Al caer sentí mi cuerpo rebotar dolorido sobre el frío de la hierba.
Al tratar de levantarme, palpé con una de mis manos buscando lesiones.
Posiblemente de haber caído en asfalto, alguien estaría certificando mi muerte por perforación de algún órgano vital.
Traté de levantarme varias veces con dificultad antes de poder incorporarme sujetando mi costado con mi brazo, viendo trozos de césped y barro en la visera.
—¡Oh dios mío! ¿Está bien?
Alcé la cabeza para ver a una chica de unos treinta y algo salir del coche preocupada.
—Sí… —respondí con dificultad aún con el casco puesto.
—Perdóname, no te vi… No me dio tiempo a reaccionar, iba distraída… —se disculpó mirándome preocupada.
—No… fue mi culpa… —Me quité el casco con cuidado con una mano, presionando mi pecho con el otro brazo—. No vi el stop.
—¿Quieres que llame a alguien o que te lleve a un hospital? —preguntó mirando a nuestro alrededor.
—Eh… —Suspiré mirando en busca de mi moto—.
No te preocupes, solo… ayúdame a levantar la moto.
—Al acercarse a mí para ayudarme con la moto, me di cuenta de lo guapa que era.
Tenía unos ojos tan claros que parecían grises.
Ambos levantamos la moto para poder hacer una valoración de daños.
A primera vista parecía estar bien. Volví a arrancarla comprobando que seguía funcionando.
—No pensarás irte en moto, ¿verdad? —dijo señalándola.
—Es justo lo que había pensado, sí…
—Oye, mira… Por qué no mejor avisas a alguien que pueda llevársela y me dejas que te lleve a un hospital —sugirió señalando su coche.
—Gracias, pero no hace falta… —dije sentándome de nuevo en la moto.
—Insisto… —dijo acercándose preocupada—. No soy médico, pero te has tenido que dar un buen golpe… Por favor, déjame al menos que te acerque a un hospital para que mi conciencia no me repita a cada rato que podrías morir por mi culpa… —dijo con una sonrisa.
—Está bien —acepté tratando de no reírme para que no me doliera el costado—. Rubén por cierto… —dije alzando la mano.
—Laura. —Apretó mi mano dedicándome una breve sonrisa—. Te diría que es un placer, pero… —Alzó sus cejas mi rándonos a ambos—. ¿Sabes de alguien que pueda guardarte la moto?
Resoplé mirando a nuestro alrededor, comprobando la soledad de aquella urbanización. Mi cabeza pensó en Agustín, por cercanía, pero no quería que supiera que había tenido un accidente.
—Le escribo mientras vamos camino del hospital, no te preocupes —dije levantándome del sillín tras quitar la llave para acompañarla hasta su coche.
—¿A qué hospital quieres que te lleve? —preguntó abriéndome la puerta de su BMW X6.
—Al que hay en Sanchinarro —respondí metiéndome con cuidado de no mover mucho mi torso.
Al entrar en el coche me quedé viéndola cómo dejaba el casco en el asiento de atrás antes de abrocharse el cinturón. Desvié la mirada al ver que iba a girar su cabeza para mirarme, disimulando mientras sacaba el teléfono de mi bolsillo.
—¿Te funciona? —preguntó mirando la carretera con sus manos tensas sobre el volante.
—Sí. —Vi cómo su cabello ondulado oscuro acariciaba sus hombros—. Sí… solo está algo rayado
—En cuanto me asegure de que no vas a morirte por mi culpa averiguamos el seguro… —dijo negando sin apartar la mirada de la carretera.
—Ya te he dicho que fue mi culpa… olvidé que habían puesto un stop en ese cruce… —respondí acomodándome en aquel asiento de cuero—. En todo caso me tocaría a mí pagarte si le he hecho algo a tu coche…
—El coche es lo de menos… —dijo mirándome levemente antes de meterse por la calle del hospital—. ¿Has podido averiguar quien se quede con tu moto?
—No sé qué escribirles para que no se preocupen —me sinceré mirando la conversación de Agustín.
—Yo cuando no quiero que se preocupen empiezo mandándoles una foto para que vean que estoy bien —me aconsejó con una breve sonrisa—. Y ya luego ahí le suelto lo que me ha pasado.
—¿Y te funciona? —pregunté divertido.
—Con todos menos con mi madre —dijo sonriente llegando al parking del hospital—. ¡Llegamos!
—Bueno… Gracias por traerme —le agradecí extendiendo la mano para abrir la puerta.
—¡Ah no! Entro contigo para asegurarme de que todo esté bien.
—No hace falta de verdad.
—Lo sé —dijo abriendo la puerta para coger mi casco de la parte de atrás—. Vamos.
Se bajó del coche rápidamente para abrirme la puerta.
Guardé mi teléfono en el bolsillo trasero del pantalón para bajar del coche con cuidado.
Al entrar por Urgencias, rápidamente me reconocieron.
Antes de que cundiera el pánico le expliqué a la enfermera de recepción que había tenido un pequeño accidente con la moto pero que estaba bien, que lo único que sentía era dolor en el abdomen y fatiga al respirar.
Al pasar a la sala de espera, Laura entró conmigo con un vaso de tila entre sus manos.
—Qué majos son todos, te tratan cómo si te conocieran de toda la vida —dijo dándole un sorbo a su vaso.
—Es que me conocen —le confesé con una leve sonrisa mirando a nuestro alrededor.
—Ya claro.
—Soy el cirujano de traumatología —dije mirándola—. De hecho, se supone que tendría que entrar a mi turno en… —Sacudí mi mano izquierda para mirar el reloj—. Hora y media…
—Seguro —dijo riéndose.
Sus ojos se quedaron viéndome, confirmando con mi silencio que decía la verdad. No pude evitar sonreír al ver cómo su rostro superexpresivo pasaba de incredulidad y burla a desesperación.
—O sea que… ¿he estado a punto de matar al médico que iba a operar a mi padre?
Vi cómo su cara se descomponía.
—A punto de matar tampoco… —La miré divertido—. ¿Quién es tu padre?
—Valentín Rodríguez. —Sus ojos se abrieron de par en par al ver cómo luchaba por no reírme, confirmándole su sospecha.
Tras disculparse nuevamente, apareció Susana nerviosa al enterarse de que había entrado por Urgencias.
Tras explicarle lo que me había pasado, me despedí de Laura antes de entrar a hacerme pruebas para asegurarnos de que todo estuviera bien.
Mi cabeza. golpeada y magullada, volvió a recordarme el motivo por el que me había saltado aquel estúpido stop.
Antes de tener que dejar mis cosas para entrar a hacerme una radiografía, le escribí a Agustín avisándole de dónde había dejado la moto, pidiéndole que la guardara en su casa hasta que pudiera volver a cogerla.
Tuve que decirle que había tenido un pequeño accidente después de mucho insistir, pero le dije que estaba bien, que en cuanto terminaran de hacerme pruebas entraría a trabajar.
En la radiografía no se apreciaban daños a órganos ni líquidos de hemorragia, aun así, el médico prefirió dejarme al menos aquella noche para ver si al bajar la inflamación con la medicación aparecía algo.
Susana me llevó personalmente achuchando la silla de ruedas hasta mi habitación.
—Esto es… —dije levantándome con cuidado de la silla.
—¿Qué?
—Completamente innecesario… —respondí sentándome con cuidado sobre la cama—. Podía haber venido andando…
—¿Qué parte de reposo absoluto hasta mañana no has entendido? —me regañó colocándome un cojín en el lumbar y otro tras la cabeza—. Cuanto más quietecito estés, antes te irás. —Me dedicó una breve mirada tapándome con la sábana hasta la cintura.
—Gracias… —dije en voz baja mirándola.
—No me las des todavía —dijo cruzando sus brazos—. Aún puedo matarte, todavía tengo que ver quién hace tu turno esta noche.
—¿Se puede? —Una voz sonó tras la puerta después de golpearla con los nudillos.