Capítulo 7 #5
Una de sus manos acarició mi brazo antes de sugerir que entráramos para reunirnos con el resto.
Caminé tras ella dedicándonos ambos varias sonrisas hasta llegar a la sala donde estaban los demás.
Isabella se adelantó para guardar las flores mientras yo pasaba a saludar uno por uno.
Vi su mirada disimulada entre la gente al verme saludar a Irene, que me recibió con un efusivo abrazo.
A la hora de sentarnos a comer, Irene me ofreció sentarme a su lado, en la otra punta de donde había decidido sentarse Isabella junto a Violeta.
Yo me encontraba entre Irene y Agustín, algo que le causó gracia a Isa cuando me vio y le dediqué una breve sonrisa tras alzar mis cejas.
La comida transcurrió de forma animada, de hecho, se me hizo hasta agradable la compañía de Irene, que hablaba con pasión de su hobby que era pintar y su trabajo de fotógrafa.
Durante la comida le comenté que posiblemente fuera a finales de este mes a Miami, lugar donde ella tenía un estudio donde montaba las fotos para luego exponerlas, así que me invitó a pasarme por allí mientras ambos disfrutábamos del postre.
Al terminar de comer, los niños se fueron dando paso a la remesa con café para los que tenían que conducir como yo o un poco de Guaro para los que quisieran algo más fuerte.
Aproveché que la gente estaba más dispersa para salir a fumar, avisando a Agustín de que iba fuera mientras se preparaba el café.
Saqué de uno de los bolsillos de la chaqueta el paquete de tabaco para encenderme un cigarro mientras miraba mi teléfono.
Vi que Tania me había pasado las fotos de la villa que había alquilado metiéndome presión para que aceptara.
Le di una calada profunda a aquel cigarro guardando el teléfono en el bolsillo para dejar caer mi cuerpo sobre la baranda de cristal que rodeaba toda la primera planta.
Al terminar de acomodarme sentí una cálida mano acariciar mi espalda bajo la chaqueta.
Rápidamente me giré sonriendo al encontrarme con Isabella.
Tragué rápidamente el humo para besar su cabeza antes de volver a acomodar mi cuerpo sobre aquella baranda.
—Deberías dejarlo —dijo acomodándose en la barandilla a mi lado.
—Lo sé —respondí dándole una última calada antes de apagarlo—. Aunque a veces viene bien como excusa para escaparse un rato…
Su cabeza se giró apoyada sobre su mano para mirarme con una sonrisa.
—¿Y ahora has salido para escapar o simplemente para fumar? —preguntó sin borrar la sonrisa de sus labios.
—Como excusa para poder verte un rato —respondí sonriendo al ver cómo giraba su cabeza mirando al frente para que no la viera sonreír.
Movió su cuerpo levemente hacia el mío para darme un breve toque con su codo a mi brazo antes de volver a mirarme. Tocándonos sin tocarnos. Isabella apretó sus dientes mirando a nuestro alrededor antes de incorporarse.
—¿Qué es lo que vamos a hacer? —preguntó entrelazando sus manos entre sí.
—¿Con qué? —pregunté incorporándome también.
—Con esto… Con todo lo que ha pasado entre nosotros… —dijo en voz baja mirando de nuevo a nuestro alrededor para comprobar que estuviéramos solos.
—Haremos lo que tú quieras —dije deseando que aquello no terminara.
Una de sus manos pasó nerviosa por su pelo acomodándoselo para luego volver a entrelazarlas.
Coloqué mi mano sobre su espalda acariciándola para tratar de calmarla.
La conocía lo suficiente como para saber que su cabeza iba a diez mil por hora, igual que la mía, siendo consciente de la volatilidad de mis sentimientos sin ella.
—El quid de la cuestión aquí es… que ahora mismo, no puedo… —murmuró—. No puedo ni quiero tener nada con nadie, no me siento preparada… Y Marc sigue siendo mi marido.
Aquellas palabras a pesar de entenderlas dolían como si se hubieran clavado en mi pecho como cuchillos.
Asentí lentamente inhalando despacio, tratando de no mirarla para no ser egoísta.
—Lo sé… —Apreté la mandíbula mirando al frente escuchándola suspirar.
—Pero… —Involuntariamente volví a mirarla tras aquella duda—. Por más que trato de ignorarlo, no sales de mi cabeza… —dijo en voz baja antes de suspirar, mirando nerviosa a su alrededor mientras pasaba sus dedos sobre su rostro—. Y cada vez que te me acercas… —Inspiró antes de volver a mirarme.
Nuestras miradas se quedaron fijas la una sobre la otra, probablemente diciéndonos y haciéndonos todo lo que no podíamos por estar en un sitio repleto de gente.
Ninguno de los dos podíamos negar que había una conexión mágica entre los dos y la tensión cada vez era más latente, a pesar de habernos hecho de todo mutuamente.
—¿Qué pasa cada vez me acerco…? —pregunté contemplando cómo su garganta tragaba a la misma vez que su pecho se inflaba cogiendo aire.
Isabella lamió sus labios para morderlos tratando de disimular la sonrisa que amenazaba con salir de su boca. Antes de que pudiera decir algo más, la puerta se abrió apareciendo Agustín para interrumpirnos.
Los dos sonreímos mirando a otro lado, disimulando.
—¡Aquí estáis! —dijo encajando la puerta al salir—. Ya está listo el café.
—Ok —Isa fue la primera en responder acariciando el brazo de su hermano al pasar por su lado antes de irse.
Mordí mi labio respirando hondo, procesando e imaginando qué era lo que iba a decirme si Agustín no hubiera interrumpido. Agustín se colocó a mi lado cruzando sus brazos mirando ambos hacia aquella puerta encajada.
—¿Ha pasado algo? —preguntó en voz baja curioseando.
—Nada —respondí agachando la mirada.
—¿Seguro? —insistió.
—Segurísimo… —Respiré hondo mirándole, comprobando las arrugas que cubrían sus ojos.
—He interrumpido, ¿cierto?
—Sí… —respondí sintiendo mi sonrisa invadir mi boca.
—Tenía que haberle hecho caso a mi mujer… —dijo lamentándose.
—¿Vamos a por ese café? —pregunté colocando mis manos sobre sus hombros.
Ambos entramos de nuevo a la casa caminando hasta la cocina mientras volví a quitarme la chaqueta, buscando inconscientemente sus ojos café entre toda aquella gente.
Al llegar a la puerta de la cocina, la vi sentada junto a María, calentándose las manos con su taza de café, con Violeta sentada a su lado.
Nuestras miradas se siguieron hasta que cada uno tuvo que volver a sus cosas.
Lo único que me preocupaba de no haber terminado aquella conversación es que se arrepintiera de haberla empezado.
Desde la distancia vi cómo jugaba con su hija o se reía con sus primos, luchando por no quedarme embobado mirándola.
Un rato antes de tener que irme, Violeta junto con algunos de sus primos me pidieron que les diera una vuelta en la moto.
Accedí disfrutando de ver cómo los ojos de Violeta brillaron de la emoción.
Entre vuelta y vuelta, esperando que se pusieran de acuerdo para ver quién era el siguiente vi a Isabella apoyada sobre el marco de la puerta mirándome, acompañada de María e Irene.
Mis ojos suspiraban de curiosidad por saber de qué podrían hablar las tres mientras me miraban dar vueltas calle arriba y calle abajo a cada uno.
Cuando terminé de montar a Violeta y a sus primos, aproveché que la moto estaba encendida para despedirme.
En poco más de una hora tenía que entrar a trabajar y allí con su familia no íbamos a poder continuar la conversación, así que dejé que Agustín se montara mientras me despedía de la familia Chadid.
Tuve la suerte de que, al despedirme de Irene, María estaba al lado, así que la despedida fue rápida.
Me agradeció todo lo que hacía por Isa y Violeta antes de soltarme de aquel abrazo.
Tras restarle importancia, salí de nuevo colocándome la chaqueta viendo a lo lejos a Isa hablar con su hermano, ambos muy serios, como si estuvieran discutiendo.
Agustín avisó a su hermana con un leve gesto con la boca de que me acercaba tomando ambos distancia al caminar hacia ellos.
—¿Todo bien? —pregunté mirándolos a ambos al llegar donde se encontraban terminando de acomodarme el cuello de la chaqueta.
—Sí —Isa respondió rápidamente mordiendo sus labios molesta.
—Marc la ha llamado para pedirle que se vean —Agustín confesó enfadado alzando sus cejas. —Suspiré sutilmente tragando antes de mirar a Isabella para ver su reacción.
—Creí que lo habías bloqueado… —dije viendo cómo Isa alzaba su mirada hacia mí.
—Y lo tengo. Me ha llamado desde un número que no co nocía…
—¿Y para qué quiere verte ahora? —pregunté mirándola.
—Supongo que será por el comunicado…
—¿Te lo estás pensando? —pregunté mirándonos ambos fijamente.
—Quizás quiera disculparse.
—¿Por qué? ¿Por engañarte o por robarte? —Agustín dijo indignado.
—Ya, Gus… —murmuré colocando mi mano sobre su hombro para que se relajara.
—Ahora es eso, pero cuando se entere de que te quieres ir a Miami con mi sobrina, volverá a pagar a periodistas para que sigan hablando mierda de ti.
Sus cuerpos se tensaron, mirándose disimuladamente mientras sentía como si mi sangre se espesara al enterarme de aquello. Los miré con el ceño fruncido queriendo saber si había entendido bien.
—¿Te vas? —pregunté comprobando al ver sus reacciones que se suponía que no podía saberlo.
Los dos se miraron en silencio después de ver a Agustín suspirar cubriendo su cara. Asentí inhalando, mirando a nuestro alrededor. Notaba con fuerza cómo un sentimiento de decepción me invadía por haberme enterado gracias a aquel descuido. Me sentía idiota.
—Y… ¿cuándo teníais pensado iros? —pregunté molesto.
—A finales de año —Isabella respondió rascando su cabeza antes de mirarme.
—Finales de año… —repetí en voz baja humedeciendo mis labios—. Y… ¿pensabais decírmelo o…?
Alcé los hombros nervioso observándolos a ambos.
—No es nada oficial aún —Isa contestó rápidamente.
—Aún estamos esperando que acepten la oferta que hicimos por una casa allí…