Capítulo 7 #3
Negué con la cabeza sintiendo rabia al escuchar a mi amigo decirme que aprovechara ahora que era vulnerable para acercarme a ella.
Sus palabras me obligaron a hacer examen de conciencia.
Me metí en el coche para poner fin a aquella absurda conversación.
No quería creer que fuera eso lo que estaba haciendo, aprovecharme de que estaba mal para acercarme a ella.
Si era así no quería continuar. No quería que se quedara conmigo por saber aparecer en el momento correcto.
Quería que me eligiera voluntariamente, que me eligiera libremente, no por gratitud.
Al llegar al garaje me quedé varios segundos contemplando la fila de coches aparcados frente al mío hasta que vi su nombre aparecer en la pantalla del coche.
Me ha parecido ver que discutías con mi hermano… ¿Todo bien? Me hubiera gustado despedirme de otra forma… Y agradecerte las flores de ayer…
Observé aquel mensaje mientras salía del coche, caminando hacia el ascensor sin saber bien qué decirle.
Tampoco quería dejarla en visto para que no se preocupara.
Solté las llaves sobre la mesita que había tras la primera esquina, junto a la lámpara antes de quitarme la chaqueta.
Me dejé caer en aquel sofá donde todo empezó viendo cómo se conectaba y se desconectaba.
Todo bien, no te preocupes.
Respiré hondo pensando qué más ponerle viendo cómo enseguida leyó mi mensaje, contemplando su foto de perfil, donde aparecía sentada en el suelo sosteniendo entre sus brazos a Violeta, con su cabello castaño oscuro sobre uno de sus hombros, con aquella hermosa sonrisa al tener a su hija en brazos.
Me alegro de que te gustaran,
dime cuáles son tus favoritas para la próxima.
Vas a tener que adivinarlo…
Sonreí mirando la pantalla. Cuánto tiempo hacía que no sonreía mirando una pantalla.
Necesitaba una dosis de ejercicio para aclarar mi cabeza.
Tras cambiarme de ropa y colocar mis auriculares procedí a correr en la cinta para calentar antes de ponerme a golpear aquel saco que tenía abandonado desde que volví.
Mis ojos estaban fijos sobre las vistas que había desde aquella ventana, escuchando Falling for You de 1975, reviviendo en mi cabeza cada momento que había vivido con ella, como si de una película se tratara.
Un enorme escalofrío me recorrió tras aquel verso que decía:
I don’t want to be your friend .
Yo no quería ser su amigo, tan solo besar su cuello. Volver a oler su piel, besar sus labios.
Detuve la cinta de correr para tratar de concentrarme en algo más que no fuera ella, enfundando mis manos en aquellos guantes que habían sido de mi padre, para golpear aquel saco con fuerza.
Después de una intensa sesión de entreno, fui quitándome ropa hasta llegar al baño para darme una buena ducha.
El sonido del timbre me hizo apurarme a la hora de salir, dándome tiempo a cubrir mi cintura con una toalla antes de salir rápidamente.
Al llegar a la puerta, escondí mi cuerpo tras ella al abrir.
Los ojos de Tania se sorprendieron al verme aparecer con la toalla enrollada al ver que era ella.
—¡Menudo recibimiento! —dijo divertida antes de besar mi mejilla para saludarme. Sonreí cerrando la puerta tras ella agarrando bien la toalla.
—Me has pillado dándome un baño… ¿Por qué no me has avisado que venías?
—Lo he hecho —dijo dejando su bolso sobre el brazo del sofá.
—¿Cuándo? —pregunté extrañado buscando mi teléfono.
—Esta mañana te avisé de que iba a pasar por mi abrigo… —Me enseñó nuestra conversación para mostrarme el mensaje.
—Ah… discúlpame, no lo vi… ni siquiera sé dónde dejé el teléfono.
—No hay problema, ¿te pillo mal? Aparte de desnudo… —dijo riéndose, mirándome de arriba abajo.
—Me pillas bien —respondí riéndome—. Siéntate o coge lo que quieras mientras me visto, no tardo.
—Vale, cariño.
Le dediqué una breve sonrisa antes de ir de nuevo a mi dormitorio para vestirme.
Mientras me vestía sentí a Tania decirme algo a lo lejos, pero mi atención estaba puesta sobre la pantalla de mi teléfono, que se iluminó sobre la cama, recordando que lo tiré allí antes de meterme a bañar.
Salí distraído mirando los mensajes. Buscando más bien su nombre entre los mensajes para ver si me había escrito o llamado.
Al cruzar el pasillo, guardé el teléfono dentro de uno de los bolsillos antes de buscar a Tania.
—Ya estoy aquí… —dije viendo a Tania sentada sobre el sofá.
—Qué tío más guapo —dijo piropeándome antes de besar de nuevo mi mejilla al sentarme a su lado.
—Tú sí que eres guapa —le devolví el cumplido acariciando su rodilla levemente.
—¿Hoy trabajas? —asentí acomodándome sobre el sofá, reposando mi espalda.
—De noche…
—Y… ¿tienes idea si trabajas el penúltimo fin de semana del mes?
—No sé… —Pasé mis manos sobre mi cabello para peinarme—. Tendría que mirarlo, ¿por qué?
—Porque había pensado hacer un viaje para mi cumpleaños… Y no podría celebrarlo sin ti —dijo colocando su mano sobre mi pierna.
—Pero tu cumpleaños no es hasta finales de febrero, ¿no?
—Sí, pero me ha salido un trabajito… Nos han salido varias fechas por España. Así que quiero escaparme unos días con mis amigos a beber, tomar el sol, bailar…
—Qué bien, me alegro mucho… Te lo mereces —respondí sonriendo—. Y ¿dónde tenías pensado ir? ¿Por aquí cerca?
—A Miami —dijo sonriente.
—¿A Miami? —pregunté sorprendido.
—¡Sí! Por eso me encantaría saber si te puedo robar de jueves a domingo.
—¿Y por qué tan lejos?
—Es el sitio de moda. —Su voz sonaba divertida e ilusionada.
—Y qué tiene Miami que no tenga algo más cerca… No sé, como un Mallorca o un Canarias. —La miré cruzando los brazos.
—Muchas cosas… —Sus labios se torcieron en una sonrisa— Pero no puedo darte detalles aún Me quedé varios segundos mirándola antes de pillar el porqué de querer comerse casi nueve horas de avión. Sonreí asintiendo mientras respiraba hondo.
—Bueno, lo único que puedo prometerte es que hablaré con Susi, a ver qué me dice. —Pasé mis dedos por mi barbilla rascándola—. Pero no te prometo nada… Ha tenido que salvarme el culo todo el tiempo que estuve en Cuba.
—Lo sé. —Colocó su mano de nuevo sobre mi pierna—. Podría invitarla a ella también…
—Es capaz de dejar el trabajo por irse a ese viaje —respondí divertido.
Ambos nos dedicamos una breve sonrisa antes de agachar la mirada a su mano aún sobre mi pierna.
—El otro día cuando me colgaste… fue por ella, ¿verdad? Vino aquí…
—Sí… —respondí en voz baja.
Ambos nos aguantamos la mirada, viéndonos con cierta nostalgia.
Tania había sido mi salvavidas allí en Miami.
Me había salvado con su positividad, su optimismo y su sonrisa.
Pero lo que sentía por Isabella era algo que por más que intentara o por más a gusto que estuviera perdiéndome entre las piernas de Tania o de cualquier otra mujer, no podía sentirlo por otra persona que no fuese ella.
Es algo que había sido así desde que la vi por primera vez y que se arraigó en mí cuando la conocí aquella noche en su casa.
—Entonces, ¿va en serio la cosa? —preguntó mordiendo sus labios.
—No lo sé… —Desvié la mirada antes de levantarme—. Me encantaría decirte si sí o si no… Pero ni yo sé qué somos ahora mismo.
—Habréis follado imagino —dijo provocando que me girara para mirarla mientras me levantaba del sofá.
—Tania… —susurré escondiendo mis manos dentro de los bolsillos de mi pantalón.
—Por eso has estado tan raro… Y por eso estás así de enganchado, porque te acostaste con ella…
—Pues puede ser… no lo sé… —respondí viendo cómo se acercaba hasta mí con su rostro serio—. El problema es… que ella me gusta, mucho… Y no solo para follar de vez en cuando
—¿Has hablado con ella? —Negué viendo cómo sus cejas se alzaban.
—No me hace falta… —Mojé mis labios dejándome caer sobre uno de los taburetes de la barra—. Solo está haciendo lo que le aconsejaron; buscarse a alguien discreto y de confianza con quien desfogar de vez en cuando…
—¿Alguien discreto y de confianza? —Se sentó frente a mí mirándome.
Froté varias veces mi cara, suspirando al volver a ver los ojos preocupados de Tania. Negué tratando de restarles importancia a aquellas palabras.
—Ni que estuvieras echando un polvo con la reina…
—Olvídalo…
—Rubén, eres un tío de diez, cualquiera se moriría por estar con alguien como tú.
—Ya…
—Te lo estoy diciendo en serio. —Sus ojos negros me miraban fijos al decirme aquello.
—¿Si es así por qué ninguna se queda? —pregunté con los brazos rendidos entre mis piernas, mirándola—. Diez años he estado con Adriana… aguantando sus celos, sus reproches… ¿Y para qué? Porque ella no espero ni que se enfriaran mis padres para contarme que llevaba cinco años con otro…
Lamí mis labios con coraje para morderlos al terminar guardándome palabras de las que posiblemente luego me arrepentiría.
—En fin… y con… —suspiré callando su nombre—. Pues con esta chica pues me pasará igual… Cuando esté lista para rehacer su vida pues se irá…
—Si tan claro tienes que con esta chica te va a pasar lo mismo, ¿no crees que es hora de pasar página y superarla de una vez?
—No puedo —respondí viendo cómo se daba cuenta de lo pillado que estaba.
—¿Por qué no puedes?
—Porque no puedo, Tania… ¿Crees que no lo he intentado? Pero desde que la conozco no ha pasado un día que no haya pensado en ella…
—¿Eso es lo que hacías conmigo en Miami? ¿Intentar olvidarla?
Negué respirando profundamente. Me dolía que pensara así, pero no podía culparla de tener esa sensación.
—No digas eso… —le pedí—. Tú sabes que eso no es verdad…
—Sabes que volverás a estrellarte si sigues así… —susurró—. ¿Verdad?
—Quizás sea eso lo que necesito… Estrellarme, porque de otro modo no voy a ser capaz de sacarla de mi cabeza…
Coloqué el codo sobre la barra para sujetar mi cabeza sobre mi mano, cubriendo con el dorso de la mano mi boca, procesando todo lo que mi cabeza pensaba. Tania me miró con algo de lástima mientras acariciaba mi cabeza con cariño antes de levantarse de mi lado.