Capítulo 7 #2
—¿Estás bien? —preguntó divertida caminando tras su hermano antes de sentarse a su lado, disimulando su sonrisa para seguir la conversación de su hermano.
—Sí… Solo se me fue para otro lado —respondí tras aclarar mi garganta.
—¿Cómo dormiste? ¿Pudiste pegar ojo? —Agustín volvió a preguntarle a su hermana al sentarse a su lado.
—Sí… —respondió agarrando la mano de su hermano—. Os agradezco a ambos vuestra preocupación, pero estoy bien… —respondió mirándonos a ambos.
—¿Te tomaste las pastillas para dormir?
—No… no las tomé —respondió cortando la conversación.
—¿Qué pastillas? —pregunté con curiosidad.
—Unas que le recetaron a mi padre cuando no podía dormir. ¿Marc o sus abogados han dicho algo?
Isabella preguntó cambiando de tema, quizás porque sabía que como medico iba a regañarla por automedicarse.
—Ya hicieron público su contra comunicado alegando que tanto a Marc como a su familia les ha pillado por sorpresa la decisión de divorciarse… —Rodó sus ojos tras el cinismo de esa gente.
—Se ve que a Marc se le ha olvidado que se anda paseando con una niña desde hace un año… —murmuré sin pensar.
—Eso mismo dije al enterarme —añadió Agustín molesto—. Pero cuando publiquen las fotos de él con aquella tipa se le caerá el teatro.
—No creo que eso haya sido idea de Marc… —Isa dijo excusándole.
—¿Y de quién va a ser si no? —Agustín le replicó—. ¿Qué creías, que iba a admitir públicamente que te había sido infiel? —Su voz sonaba sarcástica.
Me quedé observando en silencio cómo Isabella, a pesar de todo el daño que le había hecho, aún continuaba justificándolo.
Su acto involuntario aún era protegerlo de cualquier crítica.
Se podía contemplar en sus ojos los restos de ese amor que aún le tenía, matando mis pocas esperanzas de ser algo más que una mera distracción para ella.
Isabella se había enamorado de Marc de la misma forma de la que yo me había enamorado de ella; incondicionalmente.
Y entendía que lo defendiera, aunque me doliera, porque sé que pasara lo que pasara entre nosotros, haría lo mismo que ella estaba haciendo, aunque me rompiera el corazón.
Solté un leve suspiro desviando la mirada a aquella taza de café que calentaba mis manos buscando man tenerme al margen de aquella conversación.
Al volver a alzar la mirada sobre ellos vi el rostro de indignación de Isabella por las palabras de su hermano recordándole el daño que Marc le había hecho todos estos años, tanto a ella como a Violeta y el que le seguía haciendo al enterarse que le había estado robando.
Mi mandíbula se tensó al ver su mirada de nuevo triste sobre sus manos entrelazadas entre sí.
—Lalo, dile tú algo a ver si a ti te hace caso…
Agustín me obligó con sus palabras a volver a la realidad. Lamí mis labios alzando los hombros, tratando de ganar algo de tiempo. Los ojos de Isabella me miraban esperando ver qué posición tomaba.
—Es evidente que… tu hermana está cansada de escuchar o hablar todo el tiempo de lo mismo… Ella mejor que nosotros sabe lo que estará sufriendo con todo esto.
—Gracias por ser el único que se da cuenta de eso… —respondió pasando sus manos por su cabello.
—Pero en algo si estoy de acuerdo con tu hermano… —Sus ojos volvieron a mirarme—. Marc está armando su defensa para cuando salgan las fotos con esa chica…
Sus ojos café me miraron fijamente mientras Agustín seguía relatando ajeno a que ninguno de los dos apartábamos la mirada el uno del otro.
Mirándonos así me sentía como si me encontrara al borde de un precipicio a punto de suicidarme de la manera más hermosa que existía; enamorándome de alguien totalmente inalcanzable para mí.
Solté un breve suspiro desviando mi mirada al ver que ella la apartaba de mí, encontrándonos los dos con la mirada de Agustín.
—¿Me he perdido algo? —preguntó mirándonos.
—No —Isa respondió negando antes de levantarse incómoda.
—Entonces, ¿por qué se miran así? ¿Ha pasado algo que no sepa?
Agustín volvió a mirarme sabiendo que era el eslabón débil de aquel triángulo.
Conocía a Agustín mejor que Isabella. Sabía que como ninguno de los dos dijera nada, no iba a parar hasta descubrir qué es lo que había pasado y seguramente eso terminaría agobiando aún más a Isabella, por tener que aguantar a su hermano pegado a ella.
Isa suspiró mientras volvía a sentarse al lado de su hermano.
—¿Rubén? —Sus ojos al igual que los de Isa se clavaron sobre mí.
—No ha pasado nada. —Gané algo de tiempo mientras mis pulsaciones se aceleraban.
—No se crean que no me doy cuenta de cómo se miran… Así que no me digan que no ha pasado nada.
—No ha pasado nada —Isabella repitió.
—No es lo que se ve desde fuera… —murmuró observándonos.
—Tu hermana aún está molesta conmigo por haber golpeado a Marc… —Aquello fue lo único que se me ocurrió para justificar la tensión entre ambos.
—Estuvo fuera de lugar —dijo siguiéndome el rollo.
—¿Fuera de lugar? —Agustín intervino—. Dio a entender que se había acostado con su mujer.
—Lo dijo claramente para provocarlo…
—¿Lo crees de verdad?
—Sí, de verdad lo creo.
Aquella pregunta al aire fue casi una pregunta retórica para mí mismo.
Por eso, por más ganas que tuviera de mirarla, preferí aprovechar aquel momento para irme al comprobar cómo la burbuja en la que había estado estos días con ella explotaba.
Yo no podía fingir que no me moría por un beso suyo y ella de verdad pensaba que Marc me había dicho todo aquello solo para provocarme.
Desarrimé el taburete para levantarme apartando con cuidado la taza en silencio, sintiendo los ojos de ambos observarme.
—¿Ya te vas? —Isa fue la primera en preguntar al verme levantarme de aquel asiento.
—Sí… Olvidé que tengo unas cosas que hacer…
Isabella asintió escondiendo su mirada, sabiendo que mentía.
—¿Hoy trabajas? —Agustín se levantó para despedirse.
—Sí… Tengo guardia esta noche. —Fingí una breve sonrisa viendo cómo Isabella se levantaba.
—Te acompaño si quieres… —se ofreció recolocándose aquella ropa que había dejado de pertenecerme a mí.
—No hace falta —respondí rápidamente contemplando cómo su rostro cambiaba al escucharme rechazarla.
—No te preocupes —Agustín intervino acariciando el brazo de su hermana—. Tú termínate el café… Yo lo acompaño.
Mientras ellos dos se miraban, me acerqué a ella para despedirme con un breve beso en la cabeza, sintiendo sus manos apoyarse sobre mis hombros, mirándonos al alejarnos.
—Llámame con lo que necesites, ¿vale? —le hice saber dedicándole una breve sonrisa.
—Claro, gracias… por todo. —Suspiró tras dedicarme aquellas palabras en voz baja, regalándome una sonrisa.
—Para eso están los amigos.
Los dos nos quedamos unos segundos en silencio, repensando las palabras que nos habíamos dicho antes de girarme para ir en busca de Agustín.
Al salir de la cocina, la mano de mi amigo se posó sobre mis hombros, acompañándome hasta la parte de atrás.
El día se había despertado con aire, sintiendo cómo nos golpeaba en la cara.
Al llegar al coche pasó lo que tanto me temía, Agustín esperó que me acercara a la puerta del conductor para volver a sacar el tema.
—Rubén —me llamó al verme abrir la puerta—. Si hubiera pasado algo entre Isa y tú… ¿Me lo dirías?
Apreté mi mandíbula cerrando de nuevo la puerta del coche.
—Tú mejor que nadie sabes lo mucho que deseo que me mire como algo más que un amigo… —le hablé con toda la sinceridad del mundo.
—¿Y por qué no lo intentas? —dijo mirando tras de nosotros en dirección a la puerta.
—¿El qué? —Mi incredulidad al escucharlo me bloqueó.
—Acercarte a ella, ganarte su cariño.
—¿Desde cuándo bebes por la mañana? —pregunté burlándome.
—¿Por qué? He visto cómo os miráis… —Ladeó su cabeza—. Nadie la ha cuidado jamás cómo la cuidas tú.
—Me quitaste el derecho de intentarlo cuando me amenazaste, ¿te acuerdas? —le recordé molesto—. Así que ahora solo puedo conformarme con ser su amigo…
Agustín negó mirando a nuestro alrededor frotando su barbilla con una de sus manos antes de colocar su mano sobre el capó del coche.
—Tú sabes bien por qué te amenacé, no eras bueno para nadie.
—¿Y Marc lo era?
—Marc fue cosa de ella, no mía… —dijo lamentándose.
—Ya pues esto sigue siendo cosa de ella —recalqué— .Además, tu hermana no me ve de la misma manera que la veo yo… —Tragué saliva al recordar su beso y el sexo con ella.
—A mi hermana le gustas —me confesó mientras fruncía el ceño negando.
—Qué le voy a gustar… no digas bobadas.
—Rubén, conozco a mi hermana —insistió señalándome—. ¿Por qué te crees que Marc no la dejaba venirse con nosotros? Porque veía cómo os mirabais, la química que teníais….
Involuntariamente moví la cabeza negando, abriendo de nuevo la puerta del coche, misma puerta que Agustín agarró para volver a repetirme las mismas palabras.
—Si no me crees, pregúntale por la canción No sirve de nada .
—Lo hice —respondí aguantándole la mirada—. Y me dijo que no tenía nada que ver conmigo…
—Pues te mintió…
—Escucha —le interrumpí—. Te agradezco que trates de hacer de celestina ahora, pero es tarde… Ella había planificado una vida entera con otra persona… Y no sé si te has dado cuenta, pero sigue muriéndose porque eso pueda darse.
—Justo por eso te lo digo, ahora es el momento de acercarte a ella, ahora que está vulnerable, que te necesita…
—¿Te estás escuchando?
—Tú piénsalo, es la oportunidad que llevas esperando.