Capítulo 6 #13
Rubén respiró hondo, barajando aquella súplica.
Sus ojos al igual que sus labios sonrieron asintiendo antes de subir aquel primer escalón, dejando caer su brazo sobre mis hombros para subir hasta mi habitación.
No tuve que justificar o explicarle nada más.
Mi corazón latía acelerado a medida que nos acercábamos a mi dormitorio, sintiéndolo latir en la cabeza al abrir la puerta para pasar antes que él.
Se sentía el eco de la puerta cerrarse en mi cabeza.
Me giré buscándolo, observando con una breve sonrisa cómo se deshacía de su chaqueta para dejarla sobre una de las sillas mientras me sentaba en mi lado de la cama.
Al incorporarse, observó la ropa que le había quitado de su armario esta mañana sobre una de las sillas.
Sonreí al verlo reírse acariciando con sus dedos aquella ropa antes de ocupar el lado contrario de la cama al que me encontraba.
Al terminar de quitarse los zapatos se acercó a aquel lado que antes había sido de Marc.
Lo observé antes de agachar la mirada, mirando la sudadera de Marc que llevaba puesta.
La estiré observándola detenidamente notando cómo mi mandíbula se tensaba al recordarla puesta sobre él.
Me giré sobre la cama, viendo cómo Rubén se tumbaba bocarriba.
—¿Estás bien? —preguntó en voz baja colocando su espalda sobre el cabecero.
—Sí… —respondí escondiendo mis manos bajo la sudadera.
—Tranquila —dijo con una breve sonrisa colocándose en aquella cama que siempre había estado vacía, llenándola con su casi metro noventa—. Esta noche por mucho que trates de seducirme…
—¿Disculpa? —pregunté riéndome—. Si eres tú quien no para de hacerme ojitos…
—¿Yo? —Se señaló riéndose—. Puede ser… no puedo controlar mis ojos cuando ven algo que les gusta mucho.
Asentí lentamente sonriendo, viendo lo sencillo que se le hacía robarme una sonrisa incluso en mis peores momentos.
—Pero para tu tranquilidad… —Humedeció sus labios acomodándose sobre la cama—. Esta noche solo vengo a acompañar en calidad de amigo.
—¿En calidad de amigo? —Vi cómo asentía con su sonrisa.
—Mi única prioridad esta noche es brindarte apoyo moral…
—Fíjate… —exclamé divertida acomodándome de lado junto a él—. O sea que así es como funciona eso de amigo con privilegios, ¿no? —pregunté divertida viendo cómo su cabeza se giraba regalándome una hermosa sonrisa.
—Lo mejor de los dos mundos —añadió divertido.
Sonreí mirando de nuevo aquella sudadera, respirando profundamente echándole un último vistazo antes de buscar los pliegues para quitármela bajo la atenta mirada de Rubén.
Mis manos se aferraron a ella varios segundos antes de soltarla con delicadeza sobre los pies de la cama.
Mi pecho respiró casi aliviado. Como si me hubiera despojado de algo pesado.
Ambos nos miramos fijamente notando cómo nuestros labios dejaban lentamente de sonreír para juntarse en un tierno beso.
Aquel beso llegó para recordarme que no tenía nada más que perder.
Mi mano se posó sobre su mejilla, acariciándola antes de separar nuestros labios para sentirlos de nuevo, pero esta vez sobre mi frente, abrazándonos después.
Acurruqué mi cuerpo junto al suyo sintiendo sus brazos abrazarme con cariño, acariciándome mientras mis latidos se sincronizaban lentamente con los suyos provocando que mis párpados empezaran a pesarme hasta parecerme imposible mantenerlos abiertos.
Desperté de nuevo con la sensación de haber dormido profundamente durante años, esbozando una profunda sonrisa in voluntariamente antes de abrir los ojos.
Suspiré al verlo dormir plácidamente, con sus brazos abrazando uno de los cojines.
Era la segunda vez que despertaba junto a él y estaba empezando a malacostumbrarme.
Involuntariamente me moví bajo el nórdico que cubría mi cuerpo para acercarme a él, hundiendo mis dedos entre su pelo alborotado para acariciarlo.
Sonreí aún más al escuchar un breve gruñido salir de su garganta reclamando que lo dejara dormir más.
Hacía mucho tiempo que no me quedaba observando a alguien dormir.
Disfrutar de ver a quien quieres dormir plácidamente.
Recorrí cada facción de su rostro con mi mirada, tratando de buscar en él al que había sido mi amigo, pero cuanto más lo miraba, más confirmaba que nunca más podría verlo como lo miraba antes.
Ver cómo su ceja involuntariamente se movía con pequeños espasmos, seguramente soñando me hacía sonreír tontamente.
Era delicioso verlo dormir. Era tan irreal pensar que él era el único que había conseguido tocar mi alma cuando pensaba que jamás volvería a poder sentir.
Rubén no me juzgaba ni desmerecía cada sentimiento que causaba caos en mi cabeza, al contrario.
Me escuchaba sin juzgar, con compasión, con respeto.
Mis ojos se abrieron de par en par, retirando mi mano con cuidado de su cabello para alejarme sin despertarlo.
No podía ser verdad.
No, no podía estar pasándome de nuevo. Me bajé de aquella cama observándolo aterrada antes de meterme en el baño.
¿Cómo iba a ser capaz de abrirme el corazón así sin más? ¿Tan fácil era?
Desvié la mirada del espejo a la puerta como si fuese posible verlo dormir desde aquí.
Tenía que reconocer que aún no era capaz de descifrar qué era lo que lo hacía tan especial.
Rubén me reconfortaba, me daba paz en mitad de toda esta tor menta de emociones que estaba viviendo, me hacía sentir que no estaba sola, que pasara lo que pasara él estaría a mi lado.
Me retaba con su fe ciega en mí. Con él cerca me daban ganas de reírme de nuevo…
Dios mío. Me estaba enamorando otra vez.