Capítulo 6 #11
Dije levantándome de la mesa mientras unas de mis manos iban a parar a mi pecho, presionándolo como si tratara de evitar que mi corazón se siguiera rompiendo, caminando sin rumbo con la mirada ida y mi mente en todas partes menos ahí.
Cuando quise darme cuenta, me encontraba sentada en el suelo de mi despacho, con las fotos de Marc abrazando y besando aquella chica rubia con la que me había remplazado.
Me sentía fuera de mi cuerpo. Experimentando todo aquel dolor y todas aquellas sensaciones dañinas casi de forma extracorpórea.
Observándome desde fuera ahí sentada, abatida y autocastigándome con aquellas fotografías una y otra vez, casi simulando mi pesadilla.
El sonido de unos nudillos golpeando la puerta del estudio me hizo volver en mí, dejando aparecer de nuevo a mi hermano.
Sabía por su silencio que estaría sintiendo lástima de verme allí sentada entre todas aquellas fotos antes de avisarme de que Marc se encontraba fuera esperando entrar para dejar a Violeta.
Respiré profundamente atando todos los trozos de mi corazón partido en mil pedazos con un leve hilo, sabiendo que aquellos segundos mi hermano los estaba aprovechando para seguir contemplándome.
—Que no entre… —dije levantándome despacio—. Que solo entre Violeta.
Los ojos de mi hermano me miraron asintiendo antes de ir a avisar de mis órdenes, mientras mis manos aún temblorosas recogían de nuevo aquellas fotografías para guardarlas antes de que Violeta pudiera verlas.
Recoloqué mi cabello y lavé mi rostro antes de dirigirme a la puerta principal para esperar a lo mejor que la vida me había regalado.
Al cabo de lo que tuvieron que ser unos largos y angustiosos minutos para Marc, parado en la puerta asediado por los periodistas recibiendo ante todos la negativa de entrar a la que había sido nuestra casa, Violeta apareció subiendo los escalones acompañada de mi hermano, ambos sonrientes.
Nada más vernos, ambas nos fundimos en un enorme y profundo abrazo que solo aumentaban mis ganas de romperme al sentirla de nuevo aquí conmigo.
Tenía que ser y estar fuerte por ella. Tras acomodar sus cosas de nuevo en su habitación mientras me contaba qué tal había pasado las fiestas con su padre, me armé de coraje y fuerza para hablar con ella.
—Ven, cariño, siéntate aquí un segundo… —Ambas nos sentamos la una pegada a la otra sobre su cama—. Hay algo de lo que me gustaría hablar contigo…
—¿Es sobre papá? —Sus ojos inocentes me miraron partiéndome en dos. Asentí apretando su diminuta mano entre las mías.
—Sí, mi amor… —Tuve que tragar el nudo que cortaba mi garganta para poder seguir hablando—.
Ya sabes que tu papá y yo… llevamos un tiempo haciendo vidas por separado…
Y bueno, a veces, las cosas no salen como uno quisiera a pesar de desearlo con todas sus fuerzas.
—Tuve que tratar de bajar aquel nudo que me aprisionaba la garganta para poder continuar con las manos de Violeta entre las mías—.
Por eso… hemos decidido que lo mejor es divorciarnos.
—Ya lo sabía, mami —dijo con sus hermosos ojos tristes—. Escuché a papá hablar con los abuelos… —Mordí mi labio inferior antes de dedicarle una breve sonrisa besando su mejilla. No sabía qué había escuchado, pero seguro que no fueron cosas bonitas sobre mí, confirmándomelo su forma de mirarme.
—Escucha, cariño… Por desgracia tu padre y yo tenemos una posición en donde la gente se cree con derecho de hablar, opinar o inventar… Pero lo único que tú tienes que saber es que ambos te amamos, muchísimo… Y eso no va a cambiar nunca. Nuestra única prioridad es y serás siempre tú, ¿de acuerdo?
Violeta asintió antes de apretarla entre mis brazos uniéndonos las dos en un fuerte abrazo mientras mis manos acariciaban su cabello rubio.
Trataba de controlar los latidos de mi corazón para que no se diera cuenta de la ansiedad que todo aquello me causaba.
Jamás creí, ni en mis peores pesadillas, tener que mantener esta horrible y dolorosa conversación con nadie y menos con ella.
—¿Vais a separaros por culpa de la mujer esa que anda con papá? —preguntó aún con su cabeza sobre mi pecho.
—¿Qué mujer, cielo? —pregunté colocando mi barbilla sobre su cabeza.
—María se llama… Ha estado en casa de los abuelos con papá.
—¿Hoy? —Vi cómo Violeta negaba suavemente.
—Otras veces… Este verano estuvo varios días con papá, bañándose con nosotros en la piscina.
—En ese milimicrosegundo pude escuchar en mi interior como mi corazón definitivamente se rompía en miles de diminutos pedazos.
Como se rompe una copa al caer contra el suelo, sintiendo cómo la sangre dejaba de circular por mis venas provocándome un profundo escalofrío que recorrió toda mi piel.
Todo este tiempo que creía que protegía a mi pequeña del dolor de tener que ver a su padre con otra mujer, había sido en vano.
Apreté a Violeta entre mis brazos besando su cabeza antes de volver a reposar mi barbilla sobre ella buscando la manera de que aquellas ganas de llorar no me sobrepasaran como estaban a punto de hacerlo.
Tras coger aire varias veces solo pude responderle con una breve negación para no abrir mucho la boca evitando que todo aquel dolor saliera a la vez que sentía las lágrimas correr sobre mis mejillas reviviendo las fotografías que tanto me había esforzado por esconder.
Aquel doloroso nudo de mi garganta era tan grande que ya no me dejaba ni respirar al tratar de inhalar en silencio para llenar mis pulmones de aire.
—Te amo mucho… —pude decir sintiendo mi pecho hiperventilar por culpa de aquel intenso dolor.
—Yo también a ti, mami —respondió dándome unos segundos para limpiar mi rostro antes de mirarme con su sonrisa pura e inocente.
—Ahora te dejo para que descanses antes de ponerte con la tarea, ¿vale?
—Vale…
—Avísame si necesitas que te ayude con algo…
Besé de nuevo su cabeza antes de levantarme de aquella cama, besando su mejilla antes de salir de su habitación, derrumbándome en silencio al cerrar su puerta.
Cómo se podía ser tan miserable. Mis manos apretaban con tanta fuerza el pomo de la puerta, que comenzaron a ponerse blancas por la falta de circulación mientras sentía las compuertas abriéndose dentro de mí para ir arrasando con todo.
Llevaba tanto tiempo evitando el dolor que ahora me estaba desbordando.
Era como una torre de naipes que se derrumbaba pieza por pieza al descubrir sus mentiras.
Estaba tan cansada de llorar…
Ni siquiera sé cómo fui capaz de bajar, para fingir que co mería algo de lo que había sobre la mesa.
Estaba cansada de fingir, de sonreír, de aparentar ser la fuerte frente al mundo mientras las redes sociales se incendiaban al publicarse el comunicado de mi divorcio, sabiendo que mañana aquella noticia estaría en todos los programas de chismes y la presión de gente en la puerta de mi casa sería el doble de la que llevaban haciendo durante meses.
Me sentía prisionera dentro de mi propia casa y de mi propio cuerpo.
Tras acompañar a Violeta a la cama, la abracé y la besé con todas mis fuerzas para desearle buenas noches antes de acompañar a mi hermano al garaje rechazando su amable ofrecimiento de quedarse para hacerme compañía.
Su compañía no era la que necesitaba ahora mismo y no iba a poder solucionar todo lo que mi mente andaba maquinando para seguir machacándome desde dentro.
—¿Segura? —insistió abriendo la puerta de su coche.
—Gracias… —volví a agradecerle apretando sus manos entre las mías—. Estaré bien, además no quisiera ser también la causante de tu divorcio… así que dale —dije apretando mis labios con una breve sonrisa—. Vete tranquilo.
—Bueno… —dijo alargando las palabras con resignación—. Pero cualquier cosa, me marcas.
—Ok —respondí mientras recibía un beso en la mejilla antes de abrir la puerta de su coche.
—Por cierto… —dijo al acomodarse en el asiento del coche—.
Se te olvidaron esta mañana en el coche.
—Sacó por la ventana del conductor el ramo de margaritas que Rubén me había regalado en la mañana.
Estiré las manos agarrando aquellas flores entre mis dedos escondidos bajo la única sudadera de Marc que quedaba en aquella casa, aferrándome a aquel ramo para hundir mi nariz oliéndolas con la misma intensidad que hueles el mar por primera vez.
Mi hermano me dedicó una amplia sonrisa mientras me escondía tras la puerta que conectaba con la casa para que no pudieran verme al abrirse la puerta que daba a la calle.
En cuanto comenzaron los destellos de flashes, me fui antes de tener que escuchar las mismas preguntas una vez más.
Me dirigí al salón para dejarme caer sobre el sofá, después de llevar conmigo las flores dentro de un jarrón con agua, dejándolas sobre la mesa que había pegada a la esquinera.
Mis ojos se quedaron fijos sobre aquel ramo mientras de fondo escuchaba una de mis series favoritas; Friends .
Justo en el capítulo en que Rachel descubre que Ross la ha engañado.
Era curioso ver cómo la vida sabía cómo continuar cada hilo de tu propia historia.
Siempre existía esa conexión entre estar mal y que todas y cada una de las canciones que escuchas, aunque fuera de forma aleatoria, trataran sobre lo que te pasaba justo en ese mismo momento.
Dejé caer mi cabeza a un lado observando cómo un Ross arrepentido se aferraba a las piernas de Rachel implorando perdón, diciéndole que no podía imaginar una vida sin ella después de haber roto algo tan sagrado como era la confianza, mientras Rachel casi tan devastada como me encontraba yo en ese instante, decía justo las palabras que describían lo que significaba Marc para mí; una persona completamente diferente, matando a sangre fría la idea de pensar en él como alguien incapaz de hacerme daño…