Capítulo 6 #10
Decidí esconderme en mi vaso, dándole un breve sorbo.
Al ver su sonrisa al terminar de beber, le di una leve patada en el tobillo como señal para que se callara, patada a la que Rubén reaccionó mirándome, haciéndome dudar entre si se había dado cuenta de mi patada a Agustín o de si le había dado a él.
Me miró mordiendo sus labios mientras apretaba su mandíbula de nuevo.
—¿Y a ti cómo te va con Tania? —preguntó dirigiendo su mirada hacia él—. ¿Te divertiste anoche? —Negué brevemente viendo cómo tenía para todos, no perdía oportunidad. Rubén se acomodó sobre la silla, colocando su muñeca sobre el filo de la mesa.
—Hemos roto… —respondió apretando su mandíbula evitando mirarme.
—¿Cuándo? —mi hermano preguntó todo intrigado.
—Esta mañana…
Tenía el presentimiento de que se moría de ganas de mirarme al decir aquello. Una parte de mí se sentía culpable, pero la otra parte, la que había provocado que mis pulsaciones se aceleraran, respiraba aliviada.
—¿Por qué? ¿Qué ha pasado? —preguntó con curiosidad.
—Buscábamos cosas diferentes… —respondió colocando sus manos sobre los brazos de la silla—. Además no es que tuviéramos una relación, solo… —Inhaló algo de aire—. Solo nos divertíamos de vez en cuando.
—Podría haber sido la buena, hacíais buena pareja —mi hermano insistió.
Mis ojos se alzaron sutiles buscando ver su reacción. Su semblante era serio mientras sus dedos golpeaban levemente el filo de la mesa, notando cómo mi corazón latía a la misma vez que sus dedos golpeaban aquella mesa.
—Nunca fue nuestra idea ser pareja… —recalcó dedicándonos una breve mirada.
—¿Y ella? ¿Lo barajaba? —Agustín insistió.
—No, no lo creo… —negó de nuevo—. Si me hubiera visto como algo más, me lo habría dicho…
—¿Y cuándo habéis hablado? —pregunté respirando lentamente, haciendo mi cronología.
—Esta mañana. —Clavó sus ojos sobre mí haciéndome sentir importante—. Anoche mientras cenábamos, me di cuenta de que lo que teníamos no iba hacia ningún lado… y alargarlo solo serviría para hacernos daño, así que le dije de invitarla a desayunar para hablar…
Nuestros ojos se quedaron varios segundos contemplándose antes de que Rubén apartara su mirada tras un profundo suspiro.
—Es una lástima, a mí me gustaba para ti —reafirmó mi hermano provocando mi incomodidad—. Parecía buena muchacha.
El teléfono de mi hermano comenzó a sonar, rompiendo aquel silencio que se había hecho y dándonos una excusa para quedarnos a solas. Al quedarnos a solas, Rubén me miró con los labios arrugados disimulando una breve sonrisa antes de dirigir sus ojos a cualquier otra parte.
—Así que… —rompió el silencio con una sonrisa burlona en sus labios—. No te separaste de Louis en toda la noche…
Asentí mirando a nuestro alrededor con una sonrisa en los labios.
—Al parecer él sigue teniendo posters míos en su cuarto —respondí burlándome.
—Tendré que empapelar mi cuarto entonces con los míos. —Nuestros labios se sincronizaron en una amplia sonrisa.
—Solo tiene una pega… —bromeé viendo cómo sus cejas se alzaban celoso.
—¿Solo una? Fíjate… sí que va a tener razón tu hermano en que te impresionó conocerlo… Creí escucharte decir alguna vez que jamás estarías con un futbolista.
Sonreí humedeciendo mis labios al repetir mis palabras mientras me incorporaba colocando mis brazos sobre la mesa.
—No te niego que me impresionó conocerlo, es bastante atractivo y tiene ese acento británico que tanto me gusta, pero… —Respiré hondo haciéndome la interesante—. Louis es mucho de té… Y a mí me gusta más el café soluble…
Rubén sonrió agachando sutilmente su rostro antes de volver a mirarme.
—No imagino a un inglés bebiendo ese café tuyo… —bromeó tratando de ocultar su media sonrisa—. Aunque he de reconocer… que no está tan malo, te acabas enamorando de su sabor. —Sus ojos me miraron de una manera que cortó mi respiración.
Los dos sabíamos que no se estaba refiriendo al café.
Rubén desvió su mirada hacia su cintura tras un breve pitido, dejando aquella conversación al levantarse para responder la llamada tras disculparse.
Me quedé ahí sentada inmóvil en aquella silla viendo hipnotizada cómo caminaba o cómo se le arrugaba la camiseta con el movimiento de su espalda mientras hablaba a lo lejos por teléfono.
El sonido de los zapatos de Agustín sobre el césped me hizo despegar mis idiotizados ojos de Rubén. — ¿Con quién habla?
Alcé los hombros mirándole hablar a lo lejos.
—Imagino que con alguien del trabajo… —respondí sin apartar la mirada de él—. ¿Y tú? ¿Con quién hablabas?
—Todo lo quieres saber, ¿eh? —preguntó sentándose junto a mí.
—¿Verdad que sí? Viene de familia parece —dije divertida mirándolo, viendo cómo mi hermano desviaba la mirada hacia el frente.
—Pau… —explicó mirándome—. Quería saber cómo estabas…
Rubén volvió observando su teléfono tras colgar.
—Es Susana —Rubén dijo acercándose con el teléfono entre sus manos—. Tengo que irme…
—Te acompaño —me ofrecí levantándome.
—Gracias por venir —dijo mi hermano despidiéndose.
—No se merecen.
Ambos se dieron un breve abrazo antes de alejarnos de la mirada cotilla de mi hermano.
Al salir al pasillo, Rubén colocó su brazo alrededor de mis hombros, tras asegurarse al mirar hacia atrás de que nadie nos veía para dirigirnos abrazados hasta la puerta.
Al llegar apartó con cuidado su brazo para abrir la puerta.
—No me dejo nada, ¿verdad? —preguntó tocándose los bolsillos.
—No… —dije acercándome a él.
—Bueno… ¿Estás algo mejor? —preguntó dedicándome una breve caricia con sus manos sobre mi mejilla.
—Gracias de nuevo por venir… —Agaché brevemente la mirada tras mirar a nuestro alrededor—. Anoche no dormiste por mi culpa y ahora mi hermano te ha sacado del trabajo también por mi culpa…
—Y no me arrepiento… —Miró rápidamente la puerta abriéndola un poco más—. Bueno, tengo que irme…
—Claro…
—¿Te llamo cuando acabe para vernos un rato? No tiene por qué pasar nada —dijo excusándose nervioso—. Pero me apetece verte y estar un rato contigo…
—Dale… Hablamos luego —dije sin ocultar la sonrisa antes de recibir un breve beso sobre mi mejilla.
Ambos nos miramos en silencio varios segundos antes de verlo irse, dejándome allí nuevamente como una idiota contemplando sus ágiles pasos hasta llegar a su coche, dedicándome una breve sonrisa antes de desaparecer tras la puerta.
Cerré la puerta para volver al lado de mi hermano que me observaba al salir al jardín con una sonrisa de oreja a oreja.
—Borra esa sonrisa —dije molesta por sus comentarios.
—¿Y ahora qué he hecho? —preguntó viendo cómo me sentaba en la silla que antes había ocupado Rubén.
—En qué momento pensaste que era buena idea sacar el tema de Louis, hablando como si fuera a pasar algo entre los dos… —le reclamé colocando mis manos entrelazadas sobre la mesa.
—¿Y qué tiene de malo? Solo estaba comentándolo, además Rubén es nuestro amigo no va a decir nada
—Preferiría que no comentaras esas cosas —dije seria mirándolo—. Ahora a saber qué andará pensando de mí…
—¿Y desde cuándo te importa tanto lo que piense Rubén? —preguntó provocándome.
Le miré seria buscando las palabras adecuadas para no darle la información que tanto anhelaba saber. La sonrisa empezaba a asomar de sus labios al ver que no tenía forma de responderle a aquella pregunta mientras solo me limitaba a mirarlo mal.
—No me importa… —dije excusándome—. Es solo que mi vida privada es eso, privada… Y aunque Rubén sea amigo de la familia… me gustaría que no se fueran ventilando por ahí ciertas cosas, bastante tengo con escuchar diariamente bobadas sobre mí en la televisión.
—Tienes razón, perdona… —se disculpó alzando sus manos.
—¿Qué os pasa a todos hoy? ¿Es el día de darme la razón o qué?
La sonrisa de mi hermano me contagió antes de mirar mi teléfono. Casi como si fuera un presentimiento, enseguida vi el nombre de Gaby parpadeando. Mi reacción fue coger todo el aire que pude antes de descolgar la llamada bajo la atenta mirada de mi hermano.
—Hola, Gaby, ¿qué ha pasado?
—Hola cariño. —Su voz sonaba seria—. Te tengo malas noticias…
—No por favor… —susurré colocando una de mis manos sobre mi frente desesperada.
—El abogado de Marcos va a responder con otro comunicado exponiendo que él no tenía conocimiento de tu decisión de querer divorciarte… Y que tanto a él como a su familia les ha pillado por sorpresa
—Qué hijo de puta… —La voz de mi hermano provocó que mis ojos lo miraran.
—Está bien, no te preocupes… En cuanto salgan a la luz las fotos de él con aquella chica, entenderán mi decisión —dije sarcásticamente—. Gracias igualmente…
—¿Quieres que te pase copia de lo que se ha acordado decir?
—No… no hace falta —dije acariciando con mis dedos el pelo de mis cejas tratando de mantener la calma.
—Te aconsejo que evites ver la televisión en unos días…
—Hablamos, Gaby, gracias —dijo mi hermano cerca del teléfono antes de colgar.
Tras colgar froté mi rostro con mis manos tratando de calmar el coraje que empezaba a controlar mi cuerpo al ver la poca consideración que estaban teniendo con nuestra hija.
Las palabras de calma de mi hermano sonaban tan distantes que era incapaz de atender lo que me decían.
Volví a descubrir mi rostro para mirar a la nada, sintiendo cómo mi hermano se levantaba.
—Tenía que haber aprovechado para golpearlo cuando estaba en el suelo… —dijo furioso.
—A veces pienso que su intención es volverme loca… —dije buscándolo con la mirada. Su cuerpo seguía andando de un lado a otro con las manos sobre su cintura.
—¿Cómo no se va a imaginar que queríais divorciaros? Menuda excusa de mierda… ¿Ya se le olvidó al caramondá ese que tiene una novia desde hace un año o qué? Mal parido de mierda, hijo de puta…
—No sé… —dije con la mirada perdida recopilando información mentalmente.
—Está claro que es su forma de seguir haciéndote daño.
—Necesito salir de aquí…