Capítulo 6 #9
—Gaby ha dicho que… aún tiene que comprobar algunas cosas, pero…
—No te sorprende… ¿verdad?
—No…
—Yo algo sospechaba… —Rubén mordió sus labios antes de explicarse—.
No conozco mucho a Marc… pero… Se veía de lejos que es alguien que no juega limpio.
—Colocó uno de sus brazos sobre el respaldar del sofá—.
En Cuba tenía mucho tiempo para pensar… Y un día, hablando con tu hermano me comentó algo de que ibais a cambiar de asesor para contratar a un amigo de Marc…
—Sí, a Gonzalo… —dije siguiendo la conversación.
—No sé si fue una corazonada, pero… Le comenté a tu hermano que no me gustaba la idea de que él o algún amigo suyo llevara tus cuentas, así que imagino que, a raíz de esa conversación, hablaría con alguien para que estuviera al pendiente.
—¿Y por qué no hablaste directamente conmigo? —Lo miré molesta por ocultarme aquello.
—Pues… no sé, no quise echar más leña al fuego por una simple corazonada… —se excusó acomodándose inquieto en el sofá—. Ni agobiarte más…
—Claro… Pensaste que lo mejor era dejar que él siguiera riéndose de mí, total vivir engañada era mil veces mejor que saber la verdad, ¿no?… Esto es increíble.
—Claro que no, Agustín me prometió que hablaría contigo.
—¡Pues no lo hizo! —reclamé furiosa.
—Lo siento…
—¿Sabes? Al menos tú lo sabías… Yo me levantaba cada maldito día con la cabeza rayá tratando de buscar una justificación lógica para toda esta pesadilla que estaba viviendo.
Me levanté de su lado dándole la espalda mientras caminaba en círculos por aquel espacio claustrofóbico. Al volver a mirar hacia Rubén este me miraba preocupado. Se levantó del sofá dudando de si acercarse o no. Una de sus manos frotaba su cabello antes de volver a mirarme.
—Oye lo siento… —se disculpó acercándose lentamente a mí—. De haberlo sabido te lo habría dicho yo mismo, pero… lo último que quería era que pensaras que te estaba envenenando en contra de Marc.
Llevé ambas manos sobre mi rostro soltando un suspiro desde lo más profundo de mis pulmones antes de volver a mirar hacia él.
Estaba haciéndole pagar por algo que no había hecho y lo estaba tratando injustamente, pagando toda mi frustración contra él, pero no sé por qué no podía parar de hacerlo.
Pareciera que todos me ocultaban algo con la excusa de protegerme.
—¿Entiendes que me moleste? —dije frotando de nuevo mi cara entre mis manos antes de rascar mis cejas nerviosa—. No soy una niña chiquita a la que haya que ocultarle las cosas para protegerla… Es mi vida, mi dinero, mi carrera… Y me gustaría poder ser quien tome las decisiones.
—Lo sé … lo siento, discúlpame…
No recuerdo haber tenido nunca la razón sobre algo que me hubiera molestado.
Me agarré a los brazos de la silla sentándome despacio sin dejar de mirarlo extrañada.
No sé si me había dado la razón por no discutir o porque realmente entendía mi malestar, pero era un terreno desconocido para mí.
Coloqué mis brazos estirados sobre mis piernas presionando mis dedos sobre ellas.
Antes de poder decir nada más, la puerta del estudio se abrió apareciendo mi hermano de nuevo captando la atención de ambos.
Pude notar la mirada de Rubén sobre mí al suspirar dándole permiso a mi hermano para que pasara.
—Perdonad la interrupción —dijo excusándose, colocando su mano sobre la puerta—. Yaris me ha pedido que pregunte si contábamos con Rubén para comer. —Miró a Rubén para después mirarme a mí.
—Sí —respondí por el levantándome nuevamente de la silla.
—No puedo, gracias… —respondió colocando sus manos dentro de los bolsillos del pantalón—. Tengo que regresar al hospital…
—Dijiste que tenías un par de horas, ¿no? —respondí indignada—. Comes y te vas si quieres… Es lo mínimo que podemos hacer por ti después de que mi hermano te hiciera venir hasta aquí. —Traté de rectificar al ver los ojos de mi hermano mirándome con aquella sonrisa divertida.
—Ya has escuchado a la jefa…
Rubén cogió aire antes de asentir con una breve e incómoda sonrisa.
Mis ojos lo observaban con disimulo mientras alzaba una de mis manos como señal para que saliéramos todos de aquel estudio.
Al salir Agustín, Rubén se hizo a un lado su jetando la puerta para que pasara primero, dándole un breve golpe en su cintura con mi cadera al pasar al lado de él, causando la risa disimulada de ambos.
Ambos cruzamos miradas a escondidas y cómplices mientras caminábamos hasta llegar donde nos esperaba mi hermano.
Aprovechamos el sol que nos regalaba aquel día para comer en el jardín.
Rubén sacó sus manos de los bolsillos únicamente para arrimar la silla en la que iba a sentarme antes de sentarse frente a mí, justo al lado de mi hermano.
Tenía la sensación de que sería una comida interesante.
Era incapaz de controlar a mis ojos coquetos, que no paraban de observar con atención cómo le quedaba aquel uniforme.
Decidí ahogar mis fantasías en el vaso de agua que tenía enfrente al ver los perfectos y marcados brazos de Rubén sobre la mesa.
Aquellos mismos brazos que habían estado toda la noche abrazándome.
Mi hermano colocó una de sus manos sobre el hombro de Rubén con cariño llamando su atención.
—¿Y tú qué? Cuéntanos cómo fue la vuelta al hospital. —Agustín cruzó sus brazos sobre la mesa.
—Ay, sí… es cierto, lo olvidé por completo. Perdóname… —me disculpé alzando una de mis manos en busca de su brazo.
—Fue bien —dijo apretando mi mano que descansaba sobre uno de sus brazos dedicándome una breve sonrisa.
Aparté la mano de su brazo rápidamente al ver los ojos de mi hermano observándonos. Era como un sabueso en busca de una presa.
—De hecho, estoy esperando que me avisen para extirpar un tumor dentro de un ligamento del cuello. —Nos miró a ambos con una leve sonrisa.
—¿Y aun así piensas comer? —Agustín lo miró cruzando sus brazos sobre la mesa.
—Bueno… —Miró a mi hermano riéndose—. Terminas acostumbrándote…
—¿De verdad te acostumbras? —pregunté mirándolo casi hipnotizada al ver cómo se reflejaba el sol en sus ojos verdes.
—A casi todo… —respondió colocando sus codos sobre la mesa, apoyando sus brazos cruzados—.
A las largas horas allí metido creo que nunca terminas de acostumbrarte…
—Sonrió—. O abrir y darte cuenta de que el tumor es maligno y está extendido…
O que se mueran… —Respiró hondo—. A eso nunca te acostumbras…
No tenía que ser fácil volver a un hospital tras perder a sus padres en uno.
La mano de Agustín apretó el hombro de Rubén antes de sugerir que comiéramos algo.
La comida transcurrió ente conversaciones banales y poniéndonos al día.
Sobre todo ellos. Yo solo observaba recordando cómo me había puesto al día con él unas horas antes.
Todo iba relativamente bien hasta que mi hermano mencionó a Louis.
Los ojos de Rubén se alzaron para buscarme al escuchar a mi hermano hablar del interés que había despertado en Louis, disimulando que aquello no le incomodaba.
—Sabes quién es, ¿no?
Terminó de tragar lo que tenía en la boca antes de responder a la pregunta de mi hermano.
—Futbolista, ¿no? —dijo recolocándose en su asiento—. Está en la liga inglesa, pero estaba barajando irse a Miami.
—¿Y cómo lo conociste? —Rubén miró a mi hermano.
—Lo conocimos en una de las fiestas que Marc organizó —le aclaré—. Nos invitó varias veces a verlo jugar cuando venía a Madrid…
Rubén asintió, alzando sus cejas involuntariamente. Aquel gesto completamente imperceptible para mi hermano causó un leve cosquilleo en la boca de mi estomago al ver cómo luchaba por no parecer celoso.
—Por eso en cuanto se enteró que mi hermanita iba a divorciarse no tardó en hacer acto de presencia —Agustín bromeó.
—Eres un exagerado… —dije tratando de quitarle importancia.
—¿Exagerado No os despegasteis en toda la noche —recalcó divertido mirándonos a ambos—. Hasta intercambiaron sus teléfonos para volver a verse.
Golpeó con su codo el brazo de Rubén riéndose. Rubén en cambio fingió una leve sonrisa al sentir el codo de su amigo golpear su brazo, mientras sus ojos no sabían dónde mirar.
Mis ojos se clavaron sobre Agustín. Sabía qué era lo que quería hacer.
Buscaba provocar alguna reacción de parte de alguno de los dos, pero lo que estaba consiguiendo era molestar.
Los ojos de Rubén bajaron hasta el reloj de su muñeca.
Tenía esa manía, acariciar aquel reloj cuando estaba nervioso o algo le preocupaba.
Su rostro se puso serio, regalándonos alguna que otra sonrisa incómoda de vez en cuando.
—¿Te ha vuelto a llamar? —Agustín preguntó dirigiéndose hacia mí provocando que los ojos de Rubén me miraran fugazmente antes de recolocarse de nuevo sobre la silla.
—No… no hemos vuelto a hablar —respondí pellizcando mis dedos entre sí bajo la mesa.
—¿Entonces no te fuiste tras él anoche? —preguntó antes de darle un sorbo a su vaso.
—No…
Mis ojos luchaban por no delatarme al mirar a Rubén, mientras automáticamente mi cabeza se movía de un lado a otro negando aquello. Deseaba que se atragantara con el agua en esos momentos para que se callara de una vez.
—Entonces, ¿con quién estuviste anoche? —volvió a preguntar con cara de interesante.
Miré levemente a Rubén que se movía incómodo en aquella silla arrugando sus labios mientras frotaba sus dedos contra su barbilla.
—Es su vida privada, déjala… —dijo interviniendo, inclinando brevemente la cabeza.
—Solo quiero saber dónde pasó la noche.
—Pues no quieras saber tanto —respondí mirándolo—. No tengo por qué darte explicaciones de todo lo que hago.