Capítulo 6 #6
—No tenemos que hacerlo si no quieres —dijo mirándome.
—No es eso… Es que… —Rasqué mi ceja nerviosa—. Es una tontería… olvídalo.
—Dímelo, por favor —insistió acomodándose sobre uno de sus brazos.
Mis ojos lo observaron unos segundos antes de dejar escapar de mi pecho un breve suspiro.
—Es que no puedo evitar pensar si Tanía y tú… —Rubén agachó la mirada sonriendo—. Perdona, sé que no tengo derecho a preguntarte nada… Yo sigo casada, hace unos días éramos solo amigos… Lo siento.
—¿Por qué te disculpas? —Me dedicó una sonrisa colocando su mano sobre mi cintura acariciándome.
Sus ojos me contemplaban de esa manera tan transparente que tanto me gustaba. A pesar de estar desnudos él no bajaba la mirada de mis ojos.
—Tú has sido la primera mujer que ha entrado aquí tras divorciarme… —Sus dedos recorrieron mis mejillas.
—¿La primera…? —Vi cómo su cabeza asentía.
—La madrugada del viernes al sábado, después de venir de tu casa dormí solo… Anoche dormí en tu casa. —Ambos sonreímos con complicidad al recordarlo—. Y bueno… Esta noche lo último que me apetecía después de lo que ha pasado entre nosotros, era quedarme a solas con Tania…
Estaba tan acostumbrada a que me hicieran sentir mal preguntar o sentir que estropeaba cada momento de intimidad por no ser capaz de callarme mis inquietudes, que me parecía irreal preguntar sin escuchar reproches.
Coloqué una de mis manos sobre su mejilla acariciando suavemente su barba, viendo cómo me sonreía antes de besar mi frente para tumbarse a mi lado.
—¿Qué pasó? —pregunté viéndolo acomodarse sobre el cojín.
—¿Qué haces?
—Tumbarme a tu lado…
—¿Ya te arruiné las ganas o qué? —pregunté divertida mirándolo.
Rubén volvió a incorporarse con una sonrisa nerviosa. A pesar de su enorme cuerpo, su expresión parecía la de un niño completamente perdido. Y eso lo volvía aún más sexy.
—No, es solo que… —Lamió sus labios riéndose—. No sabía si querías seguir o no, todo esto es…
—¿Raro? —pregunté escuchando y disfrutando de la ternura que me provocaba verlo y descubrir esta faceta tan desconocida para mí.
—Nuevo —matizó mirándome sin borrar la sonrisa—. Y no quiero estropearlo…
—Si te sirve de algo. —Aclaré la garganta alzando mis cejas levemente—. Yo tampoco sé cómo gestionar nada de esto…
Dije sincerándome, llevando una de mis manos a su pecho, acariciando de nuevo su piel, disfrutando del roce del vello de su pecho bajo mis dedos.
—Te propongo algo —dijo colocándose nuevamente sobre su brazo, provocando que mis ojos miraran su maravilloso cuerpo y sus brazos bajo su torso, marcando cada músculo que los formaba.
—Qué cosa… —dije lamiendo mis labios antes de volver a ver sus ojos verdes.
—Pregúntame —dijo mirándome—. Da igual si piensas que es una tontería o si puede molestarme. Solo pregúntamelo. Cada inquietud, cada duda…Yo prometo hacer lo mismo, como hemos hecho siempre.
—Trato hecho… —Estiró su mano ofreciéndome su palma para chocarla.
Coloqué mi mano sobre la suya cerrando aquella promesa con nuestras manos agarradas, acariciándose mutuamente.
—Ahora, solo si te parece bien… —Sus labios se humedecieron antes de dedicarme una pícara sonrisa—. Me gustaría ganarle al Rubén ese de tus sueños, es algo personal.
Rubén se acercó a mis labios riéndose para comenzar a besarnos, dándonos mutuamente permiso para volver a acariciarnos y haciéndome sentir de nuevo cosas que llevaba mucho tiempo sin sentir.
Y no me refiero solo al placer, que era innegablemente adictivo por cómo me hacía estremecerme con cada una de sus caricias, sino que me hacía recuperar la confianza en mí misma al dejarme experimentar con él.
Sus manos agarrando las mías por encima de mi cabeza mientras nuestros cuerpos se movían al mismo compás, sus labios besando lunares de mi cuerpo que había olvidado, haciéndome disfrutar una, otra y otra vez.
La conexión que habíamos tenido desde el principio era indescriptible.
Ambos terminamos abrazados, con mis manos acariciando su amplia espalda mientras su cabeza reposaba sobre mi pecho.
Me sentía tan en paz. Mi cabeza tras muchísimo tiempo estaba en pausa.
Era increíble cómo su sola presencia me hacía desear más.
Provocaba un cosquilleo por debajo de mi ombligo al acariciar su piel que era adictivo.
Tras varios minutos abrazados así en silencio, Rubén alzó su cabeza buscando mi mirada mientras subía mis manos por su espalda, recorriendo su piel con mis dedos.
—Quédate a dormir. —Su voz ronca resonó entre aquellas paredes mientras sus dedos acariciaban mi rostro—. Quiero disfrutarte un rato más…
Pasé mis manos por su cabeza peinándolo con mis dedos.
Perdiéndome en aquel verde de sus ojos y en esas palabras que endulzaban mi oído.
No estaba preparada para volver a enamorarme.
No quería volver a abrir mi malherido corazón de nuevo.
Es más, me había prometido no volver a caer, pero Rubén me gustaba más de lo que quería admitir y tenía la sensación de que podía ser quien curara las heridas que Marc me había dejado, solo si se lo permitía.
Lo besé de nuevo en un beso lento, saboreando nuestros labios, atrapando su rostro entre mis manos.
Sus brazos abrazaron mi cuerpo mientras nos comíamos en aquel beso.
Al separarnos para respirar su sonrisa fue lo primero que vi al abrir mis ojos notando su pecho coger aire al respirar.
—¿Eso es un sí? —preguntó sobre mis labios.
—No puedo entender que prefieras estar aquí, conmigo… antes que estar perdiéndote entre las piernas de la chica esa.
Rubén me observó dedicándome de nuevo su sonrisa.
—Me gustan tus piernas —respondió divertido observando mis piernas cortitas a su lado antes de acariciar mi rostro con sus dedos como si quisiera memorizar cada peca—. No cambiaría esto por nada.
—¿El estar con una vieja de cuarenta y cinco años…? —pregunté acariciándolo.
—Estar contigo… es un regalo —respondió sin pensarlo clavando su mirada sobre mí, pasando sus dedos por mi barbilla.
—Soy todo menos un regalo —respondí sarcásticamente riéndome.
Rubén apretó mi cuerpo entre sus brazos acercando de nuevo sus labios a los míos.
—Lo eres… —respondió colocando mis brazos sobre sus hombros antes de volver a abrazarme, rozando mis labios con los suyos—. El problema es que no quieres creerte lo perfecta que eres… Pero no te preocupes —dijo con una breve sonrisa—. Yo me encargo de que vuelvas a creértelo.
—¿Tú te encargas? —pregunté divertida sin ocultar la sonrisa ni cómo sus palabras lamían mis heridas para tratar de curarme—. Puede llevarte tiempo…
—No me importa —dijo negando con la cabeza—. Tengo todo el tiempo del mundo…
—¿Y el trabajo?
—Pediré otra excedencia… —contestó riéndose, apretando mi cuerpo contra el suyo entre sus brazos—. O lo dejaré si fuera necesario.
—Entonces tendré que pagarte por las molestias. —Rocé sus labios contra los míos, jugando.
—Haría cualquier cosa por ti…
Al escucharle, un nudo se aferró en mi garganta mientras mis pulsaciones se descontrolaban, sabiendo que en cualquier momento mis latidos golpearían con tanta fuerza mi pecho que terminaría sintiéndolos él sobre sus brazos.
Escucharle hablar con esa devoción por mí era escalofriante, sobre todo después de llevar tantísimo tiempo queriendo arrancarme el corazón y el cerebro para no pensar más ni sentir más dolor.
Las manos de Rubén soltaron mi cintura al sentir mis manos empujándolo hacia atrás, para esta vez ser yo quien tomara el control tumbándome sobre él.
Nuestros labios sonrieron mientras se besaban ansiosos, al igual que nuestras manos se acariciaban con desesperación, rompiendo el silencio de aquel dormitorio con el sonido de nuestros labios besándose.
Nuestras respiraciones agitadas, acompañadas de varios gemidos por parte de ambos al volver a hacer el amor fueron la sinfonía que bañó aquellas paredes.
Mi cintura se movía sobre él cada vez más rápido, notando sus manos apretando mis piernas mientras mi cuerpo entraba en modo salvaje en busca del orgasmo, ahogando mis gemidos en sus labios, llenando mi cara y mi cuello de besos antes de entrar de nuevo en mí para hacérmelo lento, disfrutando del roce de nuestra piel, de los impulsos de nuestros cuerpos marcando el ritmo hasta terminar los dos entre jadeos y besos.
Aquello, por más que quisiera enmascararlo, era más que sexo.
Su cuerpo se desvaneció a mi lado buscándome con su mano para acercarme a él.
Recoloqué mi cabello sobre su pecho antes de abrazarlo mientras su mano buscaba el pliegue de las sábanas para taparnos, cubriéndome entre las sábanas y sus brazos.
Abracé su cintura con mi brazo contemplando cómo su pecho aún respiraba agitado y su perfil lucía una breve sonrisa aún con sus ojos cerrados.
Me acurruqué sobre su pecho escuchando su corazón latir con fuerza, agitado.
—No me quiero ir… —susurré pasando mis dedos por el vello de su pecho.
—Por mí, como si te quieres quedar aquí a vivir. —Su caja torácica resonó sobre mi oído provocando que una sonrisa tonta se quedara en mis labios.
—¿Y Violeta? —pregunté alzando los ojos, observando cómo su garganta tragaba lentamente.
—Tiene habitaciones para elegir la que más le guste —respondió sonriente, girando su cabeza hacia mí.
—¿Y mi hermano?
Rubén humedeció sus labios riéndose mientras pasando su mano sobre su pecho, rascándose levemente.
—No sé si sea buena idea tenerlo de compañero de piso cuando se entere de lo que hemos hecho, pero… si es importante para ti, le buscaré otra habitación… —dijo burlándose.
—Lo tienes todo pensado, ¿cierto?
Su sonrisa de oreja a oreja dejaba ver su perfecta dentadura mientras asentía volviendo a cerrar sus ojos.
—Solo espero que no te importe que mi despertador suene dentro de cuatro horas…
Alcé mi cabeza de nuevo encontrándome con su risa divertida y sus ojos mirándome después de comprobar de su muñeca que eran las tres de la mañana.
—¿Es en serio? —pregunté incorporándome.