Y en el medio, tú: 1 Capítulo 6 #5
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Capítulo 6 #5

Besé su mejilla antes de salir del jardín sabiendo que los ojos de mi hermano me seguirían hasta verme atravesar la puerta.

Retoqué rápidamente mi maquillaje en uno de los baños de abajo y comprobé que mi pelo siguiera medio decente antes de agarrar mi bolso y mi abrigo para salir a aquellas horas no adecuadas.

Al meterme dentro del BMW de mi hermano recordé por qué odiaba tanto conducir un coche manual al toparme con su coche de marchas.

Solté mi bolso en el asiento del copiloto antes de ponerme en marcha.

Conduje en silencio únicamente con mis pensamientos, con la radio apagada.

Las calles de aquella ajetreada ciudad no dormían nunca.

En el primer semáforo que tuve que pararme me coloqué un gorro de lana que llevaba siempre en el bolso para evitar que alguien me reconociera.

Al adentrarme en aquel lujoso y céntrico barrio mis ojos admiraban aquellas fachadas iluminadas esperando que el GPS de mi teléfono me indicara que había llegado a mi destino para buscar aparcamiento.

No sé si era la suerte, casualidad o destino, pero en cuanto finalizaron las indicaciones del GPS un enorme coche colocó su intermitente para avisar de que salía.

Mientras esperaba a que aquel coche saliera para aparcar, la puerta del edificio donde vivía Rubén se abrió para dejar salir a aquella chica que compartía algo más que una amistad con él.

Por un momento mi cabeza me gritó que quitara aquel intermitente para salir cagando leches de allí, pero verla salir con el rostro serio montándose en el coche que iba a regalarme aquel aparcamiento encendió en mí algo que me susurraba que me quedara.

En cuanto montó sus largas piernas en aquel coche de color negro, salieron de allí rápido dejando mi hueco libre para aparcar.

Una vez terminé de estacionar me miré varias veces en el retrovisor antes de salir del coche a toda prisa para que ningún peatón me reconociera y me viera entrando allí.

El portero del edificio me reconoció al verme acercarme, abriéndome la puerta para que pasara.

Le agradecí con una amplia sonrisa viendo cómo sus ojos brillaban al alejarme.

Marqué el código del piso de Rubén para que pudiera abrirse el ascensor.

A los pocos segundos las puertas del ascensor se abrieron permitiéndome quitar de mi cabeza aquel gorro de lana para acomodar mi cabello indomable frente al espejo mientras subía.

Mi corazón latía cada vez con más intensidad al observar cómo iba quedando menos para llegar al ático, comprobando mi reflejo una y otra vez en el espejo antes de sentir las puertas abrirse lentamente al finalizar el trayecto.

Asomé la cabeza al salir del ascensor observando cómo la puerta de su casa volvía a estar abierta.

Recorrí aquel pequeño pasillo hasta su puerta jugando con la cadena de mi bolso entre mis dedos tensos y mi cuerpo ansioso, nervioso, deseoso de verlo.

No pude evitar ocultar la sonrisa al verlo de espaldas agarrando algo mientras miraba su teléfono antes de dirigirse hacia la puerta.

No sé a quién quería engañar aparte de a mí misma.

Llevaba todo el día deseando volver a recorrer ese cuerpo y perderme en aquellos labios que me habían hecho descubrir que seguía viva aún.

Sus ojos se alzaron parpadeando varias veces, viendo cómo sus pupilas se dilataban por la sorpresa de verme allí. Otra vez aquellos ojos verdes volvieron a dejarme sin respiración. El sonido de su teléfono sonando de nuevo rompió aquel silencio que se había hecho entre los dos.

—Tania… —Sentí celos de cómo sonaba aquel nombre en sus labios—. Te llamo mañana, ¿vale?

Rubén colgó la llamada a la misma vez que lanzaba el abrigo que llevaba en la mano con fuerza hacia el sofá, acercándose hacia mí, acortando la distancia que había entre los dos con un apasionado beso como si lleváramos meses sin vernos, mientras sus manos abrazaban mis mejillas para que no pudiera escaparme.

Como si quisiera irme ahora mismo de allí, qué tontería.

Mis labios automáticamente se rindieron ante el roce de los suyos devolviéndole el beso a la misma vez que mis manos buscaban su cintura para colgarme de él, fundiéndonos en un profundo y apasionado beso.

Sus manos acariciaron mi rostro para luego pasar a mi pelo antes de abrazarme hacia él sin dejar de saborear nuestros labios.

El sabor de su boca, la sensación de cosquilleo y hormigueo que provocaban sus labios sobre mi piel era adictivo.

Tras un largo beso, nuestras bocas se separaron despacio para buscarnos con la mirada.

De su boca se escapó un profundo suspiro a la vez que sus ojos recorrían mis labios antes de volver a mirarme a los ojos.

Una de sus manos abandonó mi cintura para acariciarme lentamente con sus yemas mis mejillas, acomodando uno de los mechones de mi pelo indomable tras mi oreja.

La sonrisa se apoderó de mi rostro, disfrutando del tacto de su barba bajo mis dedos.

—¿Recibes a todas tus visitas así? —pregunté mirándolo de nuevo, saboreando mis labios—. El sonido de su risa resonó en aquella habitación, dejando mis ojos hipnotizados ver la arruga que se formaba en sus labios al sonreír.

—¿Me creerías si te digo que no? —Sus ojos se clavaron sobre mí dejándome una vez más sin respiración.

Sus manos me acariciaban como quien acaricia por primera vez la hierba alta al pasear por el campo o como quien siente por primera vez el cosquilleo del mar entre los dedos. Me hacía sentir valiosa, importante.

—Te creo… —respondí en voz baja contemplándole.

—Por un momento he llegado a pensar que lo había soñado… —confesó acariciando mis mejillas con sus manos.

Suspiré asintiendo, tratando de disimular mis ganas de confesarle que me había pasado exactamente lo mismo. Mis manos agarraban su camisa asegurando mi lugar ahí entre sus brazos.

—Qué horrible pesadilla… ¿no?

—Una delicia de sueño más bien… —respondió con una breve sonrisa—. Porque llevo todo el día queriendo escribirte… pero no sabía si querías que lo hiciera o… si al hacerlo terminarías arrepintiéndote de lo que ha pasado.

Negué en silencio acariciando sus mejillas cubiertas de barba.

—¿Y tú…? —respondí observando sus labios antes de volver a perderme en sus ojos—. ¿Te arrepientes?

—Por supuesto que no —respondió sin dudarlo.

—¿Incluso después de estar con Tania?

Rubén frunció el ceño sin apartar sus ojos de los míos.

—La he visto salir de tu portal al venir…

Rubén asintió respirando lentamente, acariciando mis mejillas con sus pulgares, clavando sus intensos ojos sobre mí.

—Solo hemos cenado, no ha pasado, te lo prometo…

—Rubén… —lo interrumpí queriendo dejar de escuchar cosas que ilusionaran mi tonta conciencia.

Escondí la mirada muriendo de ganas de creer que Tania no habría disfrutado de aquel cuerpo que ahora me embriagaba con su perfume en aquella cercanía—.

Por favor, no me prometas cosas… —imploré mordiendo mis labios.

—Isa, te juro que llevo todo el día pensando en ti como un loco… —confesó acercando su nariz contra la mía—. Me conoces, sabes que no tengo por qué mentirte…

Cerré los ojos al sentir el roce de su nariz contra la mía antes de encontrarme de nuevo con sus ojos, sin dejar de acariciar mis mejillas.

La tensión entre ambos se sentía en cada respiración.

Ver cómo sus pupilas me miraban completamente dilatadas, sentir su respiración agitada, la forma en la que sus manos tenían mi cabeza agarrada, sintiendo la presión de sus dedos sobre mi nuca.

Involuntariamente esta vez fui yo quien rozó mi nariz contra la suya, respirándolo en aquel momento de debilidad que tenía mi corazón latiendo sin ningún compás.

—Rubén… —susurré antes de volver a ver a mirar sus ojos.

—Dime…

—¿Qué estamos haciendo?

Rubén suspiró acariciando mis mejillas.

—No lo sé… Pero te juro que siento que es algo que se escapa de mi control.

Los dos nos miramos intensamente a los ojos sonriéndonos al sentir cómo dos obsesivos del control iban completamente a ciegas.

Rubén pasó sus nudillos sobre mis mejillas acaricián dome.

Se sentía tan extrañamente bien el tacto de su piel sobre la mía.

Sabía bien que ninguno de los dos nos conveníamos ahora mismo, pero solo de recordar lo que había pasado esta mañana entre estas paredes, se me olvidaban los argumentos.

Agarré una de sus manos para dirigirlo en silencio, sin más ruido que nuestros pasos por aquel suelo de madera hasta su habitación.

Al llegar al dormitorio, sentí su mano que aún agarraba la mía, tirar de mí hacia él, para volver a besarnos.

Sus labios capturaron los míos en un beso con pasión, mientras sus manos se pegaron a mi cintura para comenzar ambos con el juego de desnudarnos mutuamente.

Sus labios se encomendaron en la tarea de no dejar ni un solo centímetro de mi piel sin besar, mientras íbamos sin más rumbo que su cama.

El sonido de nuestras risas al chocar con el filo de la cama fue lo único que rompió aquel silencio mientras sus brazos me dejaban con cuidado sobre el colchón.

Incliné la cabeza hacia adelante buscando sus labios de nuevo para besarnos.

Al separarse nuestros labios, observé aquella habitación dejando que un pensamiento intrusivo me bloqueara.

No podía dejar de pensar cuántas veces habría disfrutado Tania de sus caricias o él del cuerpo de aquella chica sobre aquel colchón.

Recoloqué mi cuerpo incómoda sobre el colchón, dejando caer la cabeza en uno de aquellos cojines.

—¿Todo bien? —preguntó acomodándose a mi lado.

A pesar de estar los dos desnudos, lo último que sentía a su lado era el rechazo que me provocaba mirarme a mí misma a través del espejo. Su forma de mirarme me gustaba, me hacía sentir cómoda.

Rubén acarició con sus nudillos mi mejilla antes de buscar una de mis manos para agarrarla.