Y en el medio, tú: 1 Capítulo 6 #3
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Capítulo 6 #3

Caminé por los solitarios pasillos de aquella mansión hasta llegar al despacho.

Abrí el tercer cajón de mi escritorio, donde se encontraba el sobre que el detective privado me mandó con las fotos físicas y digitales de Marc con aquella chica con la que me había reemplazado.

Saqué aquellas fotos, dubitativa, sabiendo el horrible dolor que me causaba verlas.

Mis ojos las contemplaron al detalle, casi como si quisiera borrar la culpa que me quemaba por lo que había hecho.

Acaricié con mis dedos la silueta del que era aún mi marido abrazando a aquella chica en la oscuridad de la noche barcelonesa.

Miles de recuerdos pasaron por mis ojos mientras observaba aquellas fotografías preguntándome en qué momento el sueño de tener una plena y larga vida con el padre de mi hija se había ido a la mierda.

Marc era la persona que más me importaba en el mundo y él me había reemplazado como si eso fuera la cosa más fácil de hacer.

Olvidando nuestros besos, nuestras caricias, todo lo que habíamos sido juntos.

Eso era justo lo que me rompía y me llenaba de rabia.

Sentía que aquel dolor y toda aquella rabia estaban empezando a definir el resto de mi vida.

Era tal cual como soñé, mi cuerpo desnudo caía en un pozo sin fondo mientras él observaba desde arriba riéndose de mi sufrimiento.

Como si supiera que estaba pensando en él, su nombre apareció en la pantalla de mi teléfono llamándome.

Miré su nombre parpadear dudando en si descolgar o no, pero después de nuestro último encuentro donde Rubén lo había golpeado, era mejor no cabrearlo más.

Exhalé con todas mis fuerzas antes de desplazar la pantalla para descolgar la llamada.

—Dime —respondí nada más coger la llamada.

—Hola al menos, ¿no?

Llené mis pulmones de aire para armarme de paciencia.

—Hola, Marc, ¿qué quieres?

—Tenemos un problema.

Mi cuerpo se incorporó lentamente con desanimo.

—¿Qué pasa ahora?

—El periodista ese que vive pegado a nosotros tiene una foto mía con… —Su silencio evitando hablar de ella abrió aún más la herida que aún sangraba por él en mi pecho—. Una foto mía que debemos evitar que salga, me ha contactado para pedirme dinero.

—Y acudes a mi para qué… —Mis ojos estaban fijos sobre las fotos de él con aquella chica a la que él evitaba nombrar, sintiendo el dolor en estéreo.

—¿Te recuerdo que fuiste tú quien propuso fingir que seguíamos felizmente casados?

—Como si alguna vez lo hubiéramos estado… —Inhalé lentamente—. ¿También fui yo quien te obligó a acostarte con ella?

Alcé los ojos al frente al escuchar su suspiro de desgana e irritación.

—¿Ya vas a empezar? Estamos así por tu culpa… Además, no te las des de víctima ni pobrecita de nada porque te ha faltado tiempo para follarte al gilipollas ese que se ha atrevido a golpearme.

—¿Sabes qué? —Solté un breve suspiro arrugando mis labios, mirando nuevamente todas y cada una de las fotos que tenía de él con aquella chica—. No tengo ganas de escucharte… No más. Estoy cansada, cansada de ti, cansada de tus excusas, así que apáñatelas.

—¿Que me las apañe? ¿Ya no te importa que tu hija y todo el mundo se entere de que me echaste de casa?

—Fíjate que no… Ya es hora de que «mi hija» y el mundo te conozcan como realmente eres… No pienso gastar ni un euro más en tapar tus trapos sucios.

Antes de que pudiera responderme, le colgué.

Estaba cansada de pagar para tapar lo que hacía y que la gente siguiera suponiendo que estaba todo bien mientras él no tenía miramientos ni respeto al dejarse ver con aquella chica por todos lados.

Tarde o temprano la gente tendría que enterarse, al igual que en algún momento él tendría que hacerse cargo de las consecuencias de sus actos.

Bloqueé su número tras escribirle que a partir de ahora cualquier comunicación entre los dos sería a través de nuestros abogados.

Me había dejado rota, con sueños destrozados, abandonándome a mitad del camino y lo único que él quería de mí era mi dinero.

Posiblemente había sido así desde el principio.

Qué tonta e ingenua había sido. Guardé todas aquellas fotos con mi sueño de envejecer con él en aquel cajón antes de salir del despacho chocándome con mi hermano.

—¡Juepucha! —dije después del golpe alzando mis ojos—. Eres tú… discúlpame.

—¿Estás de malas? —preguntó caminando a mi lado.

—No —respondí mirándole.

—¿Segura?

—Bueno un poco… Me llamó Marc.

—¿Qué quiere ahora?

—Adivina —respondí de forma sarcástica alzando las cejas.

—Dinero… —dijo colocándose sobre la barra de la cocina al entrar.

—Al parecer un periodista lo está chantajeando con publicar fotos de él con… —Tragué saliva tras respirar. Aún no era capaz de verbalizar el nombre de aquella chica.

Me giré en busca de una botella de agua del frigorífico antes de volver a mirar a mi hermano que me observaba con preocupación.

—¿A qué esperas para divorciarte?

Esa pregunta era la pregunta que me perseguía desde que descubrí que Marc quizás sí iba en serio con esta chica.

Mirándolo con perspectiva creo que no lo había hecho porque me daba miedo reconocer que había fracasado.

No me gustaba fracasar. Y no sé cuánto tiempo más iba a poder seguir sosteniendo eso.

—No sé cómo decírselo a Violeta… solo espero el momen to para contarle.

—Pues deberías buscar el momento rapidito, porque en el momento en que esas fotos salgan a la luz…

—Yo sé… ¿Podemos hablar de otra cosa? Por favor…

—Como quieras… —Cruzó sus brazos alineando su espalda—. ¿Qué fue lo que pasó con Rubén? ¿Se pelearon?

Fingí molestia por aquella pregunta antes de tragarme todo lo que sentía con ayuda de aquel sorbo.

—No… no nos peleamos.

—¿Entonces por qué estaban tan raros cuando llegué?

—¿Y según tú cómo se supone que debería de estar después de que Rubén golpeara a Marc? Por favor dímelo…

—Vale, estás de malas

—Fíjate, hasta ahora te diste cuenta… —Suspiré frotando mi rostro.

—Entonces mejor no te pregunto que si vas a venir a la cena que haré esta noche en casa…

—Seguro ya les dijiste a todos que iría antes de preguntarme. —Le miré mientras daba un sorbo a mi botella viendo cómo se reía.

—A quien no avisé es a Irene, tiene planes con unas amigas de aquí antes de viajar mañana a Florida.

—Seguro si supiera que Rubén estaría por aquí, vendría…

Aquellas palabras salieron de mi boca casi como un reclamo captando la atención de mi hermano que me miraba divertido, con sus brazos estirados sobre la barra.

Disimulé acomodando mi cabello tras cerrar la botella antes de volver a guardarla dentro del frigorífico.

Sus ojos curiosos me miraban mientras sus labios sonreían.

—¿Estás celosa?

—Tú eres el que tiene todas esas locas teorías de que Rubén está enamorado de mí… —Aparté la mirada para que no viera que ni yo misma sabía responder a aquella pregunta.

—Solo insinúo lo que veo… Y desde que volvió estás rara.

Agustín era quien mejor me conocía, por eso sabía que si lo miraba mientras hablábamos de Rubén se acabaría enterando de lo que había pasado entre los dos.

—Yo no estoy rara.

—A mí no me sorprendería si llegara a pasar —insistió acomodando su cuerpo sobre sus brazos cruzados apoyados en la encimera.

—¿Qué cosa…? —dije mirándole, tratando de convencernos a ambos.

—Que pasara algo entre los dos. —Chasqueé la lengua al escucharle.

—Que no lo quieras reconocer es distinto, pero que le haces ojitos… Le haces ojitos —dijo olvidando el tema por ahora.

—Estás mal…. Además, te recuerdo que lo amenazaste si se le ocurría acercarse a mí.

—Eso era antes, cuando éramos más jóvenes… —dijo disculpándose.

—Ajá… ¿Y qué ha cambiado? —pregunté como si no me interesara viendo sus labios sonreír al ver mi interés.

—Ahora sé que no te haría daño…

—¿Y cómo puedes saber eso? ¿Te volviste adivino?

Si no conseguía disimular terminaría dándose cuenta de las cosas. Agustín me miraba divertido al ver cómo había conseguido picarme.

—A ver ilústrame —respondí cruzando los brazos.

—Mira… Rubén es un tío guapo, es innegable…

Y a ti te gusta, por mucho que me pongas esa cara de pendeja.

Entendería que te sintieras atraída por él, pero ándate con cuidado…

Porque el lleva media vida soñando con que lo mires como mirabas a Benjamín o a Marc…

Y ahora que empiezas a hacerle ojitos, quizás se haga ilusiones que no son.

Sus palabras me golpearon. Se acercó a mí colocando sus manos sobre mi hombro mientras mis ojos se quedaron fijos escuchando sus palabras resonar en mi cabeza.

—Si lo que buscas es distraerte, estás en todo tu derecho… —dijo besando mi cabeza—. Pero será mejor que habléis a calzón quitao .

—No tengo intención de hacer nada con nadie… —respondí casi a la defensiva—. ¿Crees que me han quedado ganas de estar con alguien más después de todo lo que llevo pasado? Eso lo tengo cerrado con llaves y con candados.

Los ojos de mi hermano me miraron mientras sus dientes asomaban entre sus labios riéndose al verme hecha toda una contradicción.

—Está bien, entonces imagino que no te importará que ahora él esté divirtiéndose con alguien más…

—Vete al infierno.

Le dediqué una breve sonrisa antes de salir de la cocina.

Sentía sus pasos tras de mí aumentando mi ansiedad.

Sentía de todo al pensar en Rubén haciéndole a aquella chica lo que me había hecho a mí.

Era horrible pensar en algo que antes solo podía imaginar.

Agustín me siguió hasta el estudio, colocando su cuerpo contra el marco de la puerta. Mirándome con sus ojos acusándome.

—Gus, de veras te agradezco todo lo que estás haciendo por mí… —Dejé caer mi cuerpo en la silla—. Pero me gustaría estar un rato sola.