Capítulo 6
Mientras las puertas del ascensor se cerraban mis ojos volvieron a alzarse para verlo por última vez antes de irme.
Sus ojos verdes devolviéndome la mirada fue lo último que vi antes cerrar los ojos, sintiendo el ascensor cerrarse para desplomarse bajo mis pies.
Aún seguía tratando de asimilar el coctel de emociones que sacudía mi cuerpo.
No podía dejar de saborear el sabor de sus labios, de revivir todo lo que había pasado entre nosotros.
El pitido del ascensor al llegar al hall del edificio me obligó a seguir fingiendo frente a mi hermano que estaba todo bien.
Coloqué mis lentes oscuros para evitar que alguien pudiera reconocerme mientras nos acercábamos a mi furgoneta Volkswagen.
Una vez dentro, aproveché que mi hermano daba la vuelta tras abrirme la puerta para soltar el aire que aprisionaba mis pulmones en un largo resoplido mirando aquel edificio.
Mi respiración seguía acelerada, sobre todo cada vez que sin querer queriendo mi cabeza volvía a la forma en la que nos habíamos besado, en sus manos tocándome.
Solté un profundo suspiro incómoda por recordar esas cosas cerca de mi hermano, sintiendo que tenía el corazón a mil.
Me moría de ganas de repetir. Sentía una necesidad casi agónica de volver a disfrutar de sus besos.
Al llegar a casa, los periodistas comenzaron con su lluvia de flashes al ver mi furgoneta aparecer para entrar a la cochera, tratando de fotografiar algo diferente a lo que habían fotografiado estos meses atrás.
Saludé amablemente levantando una de mis manos mientras maniobrábamos para entrar sin atropellar a nadie.
Una vez bajó la puerta y dejaron de verse los destellos de las cámaras salimos del coche.
—Ahora te veo —le dije a mi hermano mientras salía del garaje mirando mi teléfono.
—¿Adónde vas? —me preguntó caminando tras de mí—. Paula te está esperando…
—¿Pau? —pregunté apartando las gafas de mi cabeza—. ¿Cuándo vino?
—Me avisó que quería hablar contigo, que nos esperaría en casa… —Señaló la puerta del garaje al dejarla atrás—. Vi su coche aparcado fuera al entrar.
—Ok… —me quedé pensando, colocando una de mis manos sobre la baranda de la escalera—. Dile que bajo enseguida.
Le dediqué una breve sonrisa antes de darle la espalda.
Subí casi volando las escaleras hasta mi habitación para meterme directamente en la ducha.
Necesitaba sentir los chorros de agua fríos sobre mi piel.
Necesitaba dejar de revivir el cosquilleo de sus labios sobre mi cuerpo.
Me bañé en tiempo récord mirando a cada instante mi conversación con Rubén para ver si andaba en línea o si se decidía a escribir.
Tenía un vaivén de emociones recorriendo mi cuerpo.
Me sentía desleal por haberme acostado con otra persona estando aún casada, pero a la misma vez me sentía liviana, como una quinceañera comprobando a cada rato el teléfono, mientras caminaba para encontrarme con Paula.
Sentía mi cuerpo arder cada vez que me venían flashes de cómo sus ojos me desnudaban antes que sus manos, de sus manos tocándome.
Tenía necesidad de más, pero mi cabeza seguía manteniendo una lucha interna por no saber si eso estaba bien o mal.
Al llegar al pasillo que daba al mi despacho, me encontré con Yaris.
—Hola, Yaris —la saludé con una rápida sonrisa.
—Su hermano salió al ratito de llegar, señora.
—¿Te dijo dónde iba? —La miré mientras cruzábamos el pasillo.
—No, señora.
—Isa, por favor… Llámame Isa o Isabella —le recalqué viendo a lo lejos a Pau pendiente de su teléfono.
—Señora usted sabe que es por respeto a usted.
—Yo sé, pero por favor… No me hables de usted que me haces más vieja de lo que ya soy —dije divertida agarrando sus hombros con cariño.
—Está bien, señora. —Me miró disculpándose por volver a decirlo.
—Está bien, poco a poco… —dije apretando brevemente su mano—. Eh… Seguramente mi amiga Pau se quede a comer, ¿vale?
—No hay problema.
—Gracias. —Le dediqué una breve sonrisa antes de cruzar la puerta del despacho.
Al escuchar la puerta cerrarse, Paula se levantó para saludarme.
Nada más mirarme supo que algo me pasaba.
Y es que por más que trataba de disimular, no era capaz de ocultar la sonrisa de idiota que llevaba todo el rato pintada en la cara.
Todo lo que sentía ahora mismo me desbordaba.
Después de saludarnos con un beso, ambas nos sentamos en el sofá mientras miraba a mi alrededor comprobando que estuviéramos a solas para contarle.
—¿Qué haces aquí? —pregunté ocultando mis labios, nerviosa.
—Quedamos en hablar de la demo que me enviaste, ¿no te acuerdas?
—No… lo olvidé, discúlpame. —Respiré profundamente frotando mis manos contra mis piernas, ansiosa.
Pau me contemplaba divertida alzando sus cejas.
—¿Y bien? ¿Qué te ha pasado? —me preguntó viendo cómo me acomodaba sobre aquel sofá.
—No sé bien por dónde empezar —dije nerviosa sin poder ocultar la sonrisa.
—Por el principio —respondió divertida mirándome—. O por final, depende de lo interesante que sea el final.
—Está bien… —Suspiré nerviosa frotándome la cara con mis manos antes de volver a mirarla—. Te acuerdas de que… —Me aclaré la garganta—. Que anoche te llamé para contarte que le había pedido a Rubén que se quedara a pasar la noche aquí conmigo para no quedarme sola.
—Como para olvidarlo. —Le di un breve golpe con una de mis manos sobre su pierna.
—El caso… —dije riéndome antes de volver a centrarme sin ser demasiado elocuente—. Es que terminamos durmiendo juntos, en la misma cama…
Lamí mis labios sin ocultar mi sonrisa al ver la cara de Pau encenderse de la emoción.
—¡¿Te lo tiraste?! —preguntó toda ilusionada.
—¡Shhh!
Traté de hacerla callar antes de que alguien nos escuchara.
—Baja la voz —le supliqué riéndome, comprobando que siguiéramos estando solas—.
No, no pasó nada de lo que estás pensando…
Solo dormimos. Él completamente desnudo de cintura para arriba…
—maticé mojando mis labios recordando su cuerpo—.
Y claro, cuando desperté… se ve que mi débil subconsciente me traicionó mientras dormía…
Y al despertar estaba literalmente abrazada a su cuerpo…
Los ojos de Pau estaban abiertos como platos escuchándome con atención disfrutando de imaginar aquella escena.
—Yo me lo habría follado —dijo provocando que las dos nos riéramos—. Es que no sé a qué estás esperando.
Me miró casi indignada de ver que no había pasado nada dándome un tiempo para pensar en todo lo que había pasado.
—Ya… bueno, eso vino después —dije en voz baja volviendo a mojar mis labios antes de apretarlos entre sí.
—¡¿Qué?! —preguntó con una amplia sonrisa pícara.
Escondí mi rostro entre mis manos al decirlo en voz alta, dándome cuenta de lo que había hecho al decirlo en alto.
—Esta mañana, en su piso —dije aún con mi cara escondida entre mis manos.
—¡No! Me muero —dijo riéndose, sacudiéndome al agarrar mi brazo.
—¡Shh! Por dios baja la voz. —Miré a nuestro alrededor avergonzada.
—Pero cuéntame. Detalles, quiero detalles.
Apartó mis brazos de mis rodillas obligándome a mirarla.
—¿Qué tal estuvo? ¿Qué te hizo? —Alzó sus cejas pícara—. ¿Es tan grande como él?
—Pau, por favor —le pedí entre risas avergonzada al ver la morbosa curiosidad de mi amiga—. Qué vergüenza… —dije pasando mis dedos sobre mi frente rascándome.
—Venga, va, no vayamos ahora de santas las dos que cosas peores nos hemos contado. —Arrugó sus labios divertida—. Necesito detalles, ¿cómo fue? ¿Fue decepcionante o es de estos que te agarran y te empotran?
Tragué saliva imaginándome aquello sin ocultar la sonrisa. Involuntariamente mordí mis labios al recordar cómo nos besábamos sobre el sofá de su piso.
—De hecho, estuvo bastante bien… —dije agachando la mirada sin poder disimular mi sonrisa—. Superó con creces todas mis expectativas —respondí dirigiéndole una mirada pícara.
—Te desfogaste a gusto entonces, ¿no?
—Sí —murmuré.
—¿Cuántas veces?
—Digamos que… varias veces…
Pau respiró hondo llevando su mano al pecho antes de reírnos las dos como dos tontas.
—¿Pero fue en plan salvaje o en plan tierno?
—Hubo un poco de todo… —Mis mejillas empezaban a dolerme de sonreír.
Las dos nos reímos al decir aquello. Solté un profundo suspiro acompañado de una tímida, pero permanente sonrisa al recordar cómo me miraban sus ojos al tenerme desnuda frente a él.
El recuerdo de su mirada observándome de aquella forma volvió a hacerme sentir deseada, especial.
Era un recuerdo que aún me cortaba la respiración.
Me sentía como en una nube, pero también sentía miedo al sentirme de nuevo querida por alguien.
—¿Está mal…? Que haya disfrutado así… —pregunté pellizcando mis dedos entre sí buscando la respuesta sincera de mi amiga en su rostro.
—¿Mal? —Frunció su frente acomodándose en el sofá junto a mí—. Lo que está mal es no habértelo follado antes. Tú es que no te has visto la cara que tienes, hasta el glow up te ha subido.
—Yo me refiero a que… Hacía mucho tiempo que nadie me hacía sentir ni disfrutaba así… Sentir que literalmente te falta la respiración… ¿Sabes lo difícil que es dejarme a mí sin palabras?
—Qué me vas a contar…
—Es que ahora no sé si alguna vez he llegado a disfrutar así con Marc… O es que hace tanto de eso que ni me acuerdo.
—Puede que ambas, cariño… —Sus ojos volvieron a tornarse pícaros.
—No te burles… te lo digo en serio.
—No me burlo.
—Es que no te haces idea de cómo me miraba… —Entrelacé mis manos entre sí frotándolas tensa—. No, no… Me comía con la mirada… ¿Y la forma en la que me besaba…? Como si llevara toda la vida esperando ese momento…
Volví a mirarla procesando mis palabras, viendo cómo encajaba con lo que mi hermano me había dicho sobre el interés de Rubén en mí.
—Mi pregunta es… ¿Qué coño haces aquí? —preguntó indignada.