Y en el medio, tú: 1 Capítulo 5 #7
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Capítulo 5 #7

Aproveché que el lugar donde había quedado con Tania estaba cerca para llegar caminando.

Aquel horrible frío que calaba hasta los huesos al menos despejaría mis ideas.

Al llegar, aproveché para fumarme un cigarro, buscando calentar al menos mi garganta con el humo.

Antes de darle la última calada aquel cigarrillo Tania apareció con su sonrisa al verme a lo lejos, sintiéndome como un auténtico cretino por lo que le había hecho.

Sabía que lo nuestro no era algo exclusivo, pero no podía dejar de sentirme la peor persona del mundo mientras la veía sonreírme ilusionada.

Sus brazos se colgaron de mi cuello al llegar a mi lado, recibiéndome con un efusivo abrazo.

Besé su cabeza al separarnos antes de abrirle la puerta del restau rante para que entrara primero.

No quería otros labios besándome mientras aún sintiera su piel sobre mis labios.

Coloqué mi mano sobre su espalda al caminar tras ella para dirigirnos a nuestra mesa, retirando su silla para que se sentara antes de tomar asiento frente a ella.

Lo bueno de salir con Tania es que no me hacía falta hablar, ella rellenaba los silencios con miles de anécdotas que ahora que mi cabeza andaba en otra parte, no me parecían tan graciosas.

Y es que mi cabeza no paraba de revivir el beso de Isabella, el tacto de sus manos en mi piel al desnudarme.

Por más que trataba de seguir la conversación mi mente volvía al recuerdo de su cuerpo, al sabor de sus besos, al tacto de su perfecta piel de porcelana.

El tacto de las frías manos de Tania captó mi atención, mirándome divertida con sus cejas alzadas.

—Discúlpame… me fui —me disculpé en voz baja.

—¿Te estás aburriendo? —Me miró apoyando su mentón sobre una de sus manos.

—No, claro que no… Es solo que… —Inhalé—. Tengo la cabeza en otra parte, perdóname…

Miré a mi alrededor tratando de despejar mi mente, apartando mi plato vacío.

—¿Quieres que nos vayamos? —preguntó buscando al camarero.

—Eh… —Vi que eran casi las once al mirar el reloj de mi muñeca—. Sí, es tarde… Y esta noche estoy siendo una compañía horrible.

Sonreí inclinándome para sacar la cartera, gesto que Tania aprovechó para darme un beso.

Mi sistema nervioso rápidamente se puso en alerta al sentir otros labios que no fueran los de Isabella.

Fingí una breve sonrisa entregándole la tarjeta al camarero para pagar.

Al abrir la puerta para que saliera del restaurante, miré aterrado a Tania abrochar su abrigo al autoinvitarse a mi piso para estar un rato a solas.

Sentía cómo me pesaban los pies al caminar de nuevo hasta mi piso, sintiendo la angustia de no saber cómo escabullirme al ver pasar los números del ascensor.

Al llegar al piso, Tania soltó su abrigo sobre el sofá mientras se disculpaba para ir al baño.

Suspiré cerrando la puerta para juguetear con las llaves antes de dejarlas caer sobre el mueble, escondiendo mis manos entre mi pecho al cruzar los brazos, perdiendo mi atención al volver a ver aquel sofá.

Sentía que tener a Tania aquí en mi piso era traicionar a Isabella.

A su recuerdo y a todo lo que habíamos hecho.

Busqué su conversación manifestando que en algún momento decidiera escribirme.

Al volver Tania del baño, vi en sus ojos cómo me miraban a la vez que mordía sus labios.

Estiró sus brazos volviendo a abrazarse a mi cuello buscando besarme como otras veces habíamos hecho, pero es que cada vez que miraba aquel sofá veía la figura de Isabella tan nítida, que me daba miedo que pudiera girarse y verlo también.

Tania buscó con una de sus manos mi mejilla para poder besarme.

Cuál sería el hechizo que Isabella me había hecho que de pronto aquellos besos no me sabían a nada.

Al alejarse de mi boca sus ojos me miraron diferente.

—Vas a contarme qué es lo que te pasa.

—No me pasa nada —dije tratando de escaparme de su mirada.

—¿Nada? Casi no has abierto la boca en toda la noche. —Sus ojos me miraron preocupados—. Y ahora pareciera que te molestase que te toque…

—Solo ando algo distraído… eso es todo. —Suspiré apartando con cariño sus brazos para dirigirme a la cocina—. Pero no es nada…

—¿Estás nervioso por mañana?

Asentí con la cabeza observando mis manos entrelazadas antes de volver a mirarla a ella.

—Puede que sea eso…

—Es normal que te sientas así, guapo. —El tono de su voz era cálido—.

Pero verás que todo eso se te pasa en cuanto atiendas al primer paciente…

Y si quieres, puedo aparecer mañana con la excusa de que me he roto algo…

Estoy segura de que el uniforme te tiene que sentar…

—Su voz se volvió coqueta al igual que su mirada.

Coloqué mis manos sobre la mesa tras acomodarme sobre aquel taburete, viendo cómo Tania se acercaba a mí con una sonrisa pícara.

Mis piernas se movieron nerviosas de un lado a otro mientras dejaba la mirada puesta al frente.

Parpadeé suspirando después al notar la mano de Tania acariciar mi espalda para consolarme.

—Perdóname… —me disculpé de nuevo—. No sé si es el jetlag , los nervios de mañana, nuestras fotos…

Giré la cabeza lentamente para mirarla. Me sentía completamente sobrepasado.

—¿Nuestras fotos? —preguntó extrañada.

—Sí… Llevan todo el día poniendo las fotos del beso que te di en el aeropuerto, diciendo que si eres mi nueva novia, que si el reemplazo de Adriana…

—¿Y eso es un problema? —preguntó extrañada.

—No…

—¿Entonces? —insistió.

Inspiré mirando cómo no entendía qué era lo que me tenía así. Y lo peor es que no podía decirle lo que me tenía así de tenso.

—Déjalo, no me hagas caso… —Acerqué mi mano hacia la suya, estrechándola con cariño—. Tengo la cabeza vuelta mierda hoy…

—¿Te acuerdas de que te hablé de que tenía miedo de que pasara justo esto que está pasando…? —Me dedicó una leve sonrisa antes de levantarse volviendo su semblante serio.

Ver cómo se borraba la sonrisa de sus labios por mi culpa me hacía sentirme un terrorista emocional.

Pareciera que destrozara todo lo que toco.

—Es solo que estoy cansado, pero te prometo escaparme mañana un rato para compensarte… —dije levantándome del taburete.

—No tienes que hacer nada que no te apetezca, Rubén…

—Claro que me apetece… —Suspiré—. Déjame compensarte por la mala compañía que he sido esta noche… Y así podremos hablar bien de todo esto.

—¿Incluso en el sitio ese que tanto odias por poner cafés excesivamente caros y azucarados? —dijo con una sonrisa.

—Vamos a Starbucks si tú quieres —dije riéndome.

Ambos nos reímos antes de fundimos en un largo abrazo antes de despedirnos.

Al llegar a la puerta, Tania besó mi mejilla cerca de mis labios, susurrándome que le avisara si no podía dormir mientras acariciaba mis manos antes de dirigirse al ascensor.

La miré soltando un profundo suspiro. Al ver el ascensor cerrarse tras ella, busqué mi teléfono para comprobar que nadie me había escrito.

Paseé por la cocina perdiéndome de nuevo en aquel maldito sofá, torturándome con su recuerdo, dándome cuenta de que Tania se había dejado su abrigo en uno de los taburetes de la cocina.

Saqué nuevamente el teléfono buscando su número para llamarla tratando de pillarla antes de que se alejara de la zona.

Al colocarme el teléfono sobre la oreja, el timbre del ascensor sonó.

—Ahí está —dije acercándome a la puerta para abrirla mientras bajaba mi teléfono del oído para colgar antes de que Tania respondiera.

Me dirigí rápidamente hacia al taburete donde estaba su abrigo para dárselo en cuanto entrara. Al darme la vuelta para cogerlo, mi teléfono sonó de nuevo, observando en la pantalla que era Tania la que llamaba. Si se suponía que estaba subiendo, por qué me llamaba.

Al girarme con el teléfono en la mano y el abrigo en la otra, alcé los ojos en dirección a la puerta dejando de hacerme esa pregunta al ver aquella mujer que me hacía sentir de todo de nuevo frente a mí.