Capítulo 5 #4
Su pecho subía y bajaba acelerado, sobre todo al sentir el roce de mis manos acariciando todo lo que únicamente había podido imaginar, hasta hoy.
La miré embelesado, completamente hipnotizado.
Observé cómo inclinaba su cuerpo elevando su cintura mientras sus manos se deshacían de su sujetador negro.
Sonreí luchando por memorizar al detalle la forma de su pecho, las sutiles pecas que bañaban su piel, sus lunares, la manera en la que sus costillas aparecían y desaparecían cuando ella respiraba, su ombligo, su cintura.
Nunca había sentido nada como lo que sentía al verla así, desnuda.
Comprendí que esto que estaba empezando entre los dos iba a dolerme toda la vida, pero iría con ella hasta el final, porque era ella mi única adicción y mi esperanza.
Volví a acercarme a su boca para besar sus labios lentamente, deslizándome entre ellos antes de hacer lo mismo con el resto de su piel.
Pasé mis labios por sus brazos acariciándola con ellos hasta bajar a su pecho, donde besé cada rincón de su perfecta piel.
Las caderas de Isabella se arquearon al sentir mis labios sobre su ombligo soltando un leve gemido.
Mis manos volvieron a acariciar su piel hasta llegar al cierre de su pantalón, abriéndolo con cuidado para observar al abrirlo su ropa interior de encaje negro, torturando mi voluntad al contemplar partes de su piel que solo había imaginado.
Al bajar lentamente su pantalón, lo dejé justo en el mismo lugar que el resto de nuestra ropa.
Su piel se erizó al sentir el frío tras desprenderme de su pantalón.
Sus ojos me miraban brillantes mientras sus manos tiraron de las mías tras encontrarlas para volver a besarnos.
Ambos nos besamos de una manera diferente.
Esta vez era un beso lento, saboreándonos sin prisa, deslizando nuestros labios lentamente, recorriendo cada centímetro de nuestras bocas.
Sentí cómo sus manos se hundían en mi pelo.
Bajé mis labios ordenadamente por su cuello saboreando su dulce olor antes de bajar a su pecho para llenarlo de besos, disfrutando de la reacción de su piel erizándose cada vez que mis labios o mi lengua rozaban su piel.
Mis manos acariciaron sus piernas antes de subir hasta su cintura para desprenderme del resto de su ropa interior.
Mis ojos memorizaron aquel instante observando la perfección de su cuerpo.
Verla así, desnuda frente a mí era algo que superaba cualquier sueño que hubiera tenido.
Había visto cientos de mujeres desnudas, pero ninguna se podía comparar con ella.
Mis manos subieron por sus piernas buscando memorizar cada recoveco de su piel hasta llegar a sus muslos, observando cómo su cuerpo se estremecía por mis caricias sin poder apartar mis ojos de sus labios entreabiertos.
Besé su vientre mientras mis dedos la acariciaban lentamente en el interior de sus muslos hasta llegar a sus labios.
Un tímido gemido salió de su boca, mordiendo sus labios al sentir mis dedos acariciarla abajo pro vocando que su cuerpo se arqueara.
Besé nuevamente su boca con un beso lento y profundo mientras mis dedos continuaban sintiendo su humedad al tocarla, notando cómo su cuerpo se contraía mientras mis dedos comenzaban a moverse dentro de ella.
Las manos de Isabella se aferraron a mi cuello buscando mi boca para besarme con desesperación, escuchándola jadear sobre mis labios.
La intensidad y el calor de su cuerpo iba aumentando al igual que el movimiento de mis dedos, provocando que salieran de sus labios jadeos más profundos al seguir tocándola al ritmo que ella misma me exigía.
Notaba cómo su piel ardía bajo la mía hasta escucharla liberar toda esa ansiedad en forma del mejor sonido que había escuchado hasta ahora.
Sus gemidos al llegar al orgasmo. Aquel sonido mientras sentía su cuerpo temblar por mí fue lo único que necesité para terminar de caer rendido y desarmado ante ella.
Besé sus labios al verla abrir los ojos recuperándose, disfrutando la manera en la que su boca me devolvía aquel beso tras dibujar una leve sonrisa.
Me quedé contemplando cómo su pecho respiraba exhausto tratando de recomponerse, acariciando con una de mis manos su pierna mientras con la otra disfrutaba del tacto de su cabello enredado en mis manos.
Sus ojos buscaron los míos, dedicándonos una breve sonrisa al mirarnos.
Isabella pasó una de sus manos sobre mi mejilla acariciándola, mirando sus dedos acariciar mis labios.
Nuestros ojos se contemplaron en silencio antes de volver a buscarnos para besarnos.
Sentí sus manos acariciar mi espalda buscando abrir mi pantalón para deshacerse de mi ropa.
Sonreí sobre sus labios antes de levantarla para llevarla en brazos hasta mi habitación.
Sus manos se agarraron a mi cuello a la misma vez que nuestras bocas decidieron no soltarse de camino al dormitorio.
La dejé con cuidado sobre la cama, como quien acaricia el pétalo de una rosa.
La rosa más hermosa del mundo. Isabella se colocó desnuda sobre mi cama observándome con una sonrisa cómo terminaba de desabrochar mi pantalón para deshacerme de él.
Desnudándome para ella tal como ella había hecho conmigo.
Ambos cogimos algo de aire después de contemplarnos antes de acercarme hasta ella.
Sus manos me agarraron por el cuello para besarme de nuevo.
Sus dedos acariciaron mi espalda mientras nos besábamos.
Su cuerpo se pegó al mío buscando más. Sin soltar sus labios tenté con una de mis manos el cajón de mi mesita en busca de preservativos.
Sentí su sonrisa sobre mis labios antes de incorporarme para ponérmelo, viendo cómo sus ojos me examinaban.
En nuestros ojos se palpaban la tensión y el deseo.
Ambos sonreímos al terminar de ponérmelo, colocándome lentamente entre sus piernas, besándonos nuevamente antes de entrar en ella.
Mis brazos se tensaron a ambos lados de su cabeza para poder verla mientras se lo hacía por primera vez.
Sus manos fueron hasta mi trasero aferrándose a él, siendo esa la señal para entrar lentamente sintiendo de nuevo su humedad.
Ambos gruñimos de placer al sentirnos así de esa manera.
Dejé caer mi cabeza sobre la suya, volviendo a sentir sus dedos aferrarse a mi cabello, regalándonos breves besos desesperados.
Nuestros cuerpos se movían al compás como si lleváramos toda la vida haciéndolo, sincronizándonos a la perfección.
Primero con movimientos lentos, viendo cómo su garganta se tensaba al sentirme y sus labios se mordían, dándome piel de sobra sobre su cuello para besarla.
Al cabo de unos minutos haciéndoselo lento, disfrutando de su piel sudando contra la mía, su cintura comenzaba a demandar movimientos más rápidos.
Notaba sus manos acariciando mi espalda con desesperación.
Enterré mi nariz en su cuello respirando su piel sudada, escuchando sus jadeos al complacerla.
Sus manos buscaron mi cara, apretando mis mejillas entre sus dedos para besarme con pasión para terminar mordiendo mi labio.
Quería que se desfogara conmigo hasta cansarse.
Nuestras miradas se encontraron tras besarnos, mirándose profundamente a los ojos, leyendo en ellos todo lo que íbamos a hacernos mientras sus piernas rodeaban mi cintura y sus manos acariciaban mi cuerpo.
Mis dedos recorrían sus piernas lentamente, descubriendo en su muslo derecho una pequeña marca, como si fuera una quemadura.
Era insano. Una completa locura lo que provocaba en mí, el privilegio de disfrutar de su cuerpo.
Tuve que esforzarme en concentrarme en mi respiración para no terminar cuando sentí sus caderas moviéndome lentamente sobre mí como un barco que surca las olas.
El movimiento de su cuerpo fue intensificándose mientras sus labios soltaban pequeños gemidos sobre mi oído.
Mi cuerpo se derretía cada vez que sus gemidos invadían las paredes de aquella habitación, obligándome a respirar para poder aguantar todo lo que ella me hacía sentir.
El sudor de su cuerpo se mezcló con el mío mientras el vaivén de nuestros cuerpos era cada vez más fuerte, buscando llegar al orgasmo, arañando con sus dedos mi espalda, apretando su pecho contra el mío hasta sentirla llegar con un ahogado gemido, dando paso a esos pequeños espasmos de los músculos al relajarse.
Automáticamente abracé su cuerpo agotado, acariciando su espalda para recorrerla con mis dedos.
Su cabello descansaba entre su cuerpo y el mío antes de que Isabella volviera a alzar su cabeza, buscando mis labios para besarlos a la vez que enredaba mis dedos sobre su pelo, acariciándola.
Sus manos se aferraron a mi cuello atrayéndome a sus labios para no soltarlos, comiéndonos en un beso profundo mientras la dejaba caer lentamente bocarriba.
Me despegué de sus labios para observarla de nuevo.
Necesitaba mirarla, volver a desnudarla con los ojos y acariciarla para cerciorarme de que era real, que estaba sobre mi cama.
El color de sus ojos contrastaba con sus mejillas rosadas, al igual que su pelo castaño albo rotado sobre mi cama hacía contraste con mis sábanas blancas.
Entre besos y caricias, volví a hacerle el amor todas las veces que ella quiso antes de terminar sintiendo cómo nuestros cuerpos temblaban aún abrazándonos con fuerza entre breves besos sobre nuestros labios tras el sonido de jadeos y gemidos.
Al terminar, dejé caer mi cuerpo bocarriba a su lado, girando la cabeza para admirarla un rato más.
Isabella tenía la mirada puesta sobre el techo, con una hermosa sonrisa en sus labios.
Una de sus manos descansaba