Y en el medio, tú: 1 Capítulo 5 #3
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Capítulo 5 #3

—No… Lo que pasa es que cuando has tocado justo acaba ba de irse Susana, mi jefa… Se ha ido regañándome y pensé que se había olvidado algo. —Dejé el teléfono sobre la barra de la cocina—. Pasa por favor…

—Gracias… —respondió soltando un discreto suspiro mirando curiosamente a su alrededor.

—Eh… ¿Te importa esperarme unos segundos? —pregunté señalando el pasillo que quedaba tras de mí.

—Sí, claro —respondió con una breve sonrisa.

—Hay café recién hecho por si te apetece —dije haciendo un gesto con la mano—. Me pego una ducha y vuelvo… Estás en tu casa.

Tras dedicarle una rápida sonrisa me fui directo a mi habitación para buscar algo de ropa presentable antes de meterme en el baño.

El olor de su perfume había invadido cada rincón de ese piso de doscientos metros cuadrados.

Me metí en la ducha dejando que los chorros de agua fría comenzaran a caer para no perder mucho tiempo.

Diez minutos después salí de la ducha echándome algo de perfume antes de vestirme.

Tras colocarme unos vaqueros oscuros, salí del dormitorio terminando de colocarme el jersey, encontrándomela sentada de espaldas sobre el sofá con sus ojos revisando su teléfono.

Isabella giró su cabeza con un movimiento sutil pero sexy, apartando su cabello a la misma vez que me miraba.

—Listo —dije entrando a la sala con una breve sonrisa.

—Mmm, ¿qué perfume es? —dijo acercándose a mi para olerme mejor—. Huele como a… ¿incienso?

—Loewe creo que es —dije levantando mi jersey hasta mi nariz mientras me sentaba a su lado—. Fue un regalo de mi hermana ¿te gusta?

—Huele muy rico —dijo sonriente acomodándose en aquel enorme sofá color crema.

—Oye… —Quise ser el primero en sacar el tema para disculparme, acomodándome sobre el sofá—. Quería disculparme por lo que ha pasado esta mañana… —Remangué mis brazos mientras la miraba—. Lo siento… perdí los papeles, no debí golpearlo.

Su rostro se quedó cabizbajo a la vez que su cabeza negaba con un sutil movimiento restándole importancia.

Sus manos en cambio piñizcaban su dedo índice tratando de canalizar por ahí su ansiedad.

Coloqué una de mis manos sobre la suya para calmarla provocando que esos hermosos ojos color café volvieran a mirarme.

—Yaris escuchó lo que te dijo… Así que es, más bien al contrario, te agradezco que me defendieras. —Me regaló una tierna sonrisa mientras apretaba mi mano.

—Aun así, estuve fuera de lugar…

—Marc en sí está completamente fuera de lugar. —Podía ver la tristeza y la vergüenza en su mirada.

—Lo mejor de todo fue la cara de tu hermano —recordé divertido para romper el hielo. Ambos nos reímos en silencio varios segundos antes de volver a mirarnos—. Espero no haberte causado más problemas de los que tienes…

—Marc en sí es un problema ahora mismo en mi vida… así que tranquilo.

Su sonrisa se veía triste, al igual que su mirada. Había perdido el brillo que tenía tanto anoche como esta mañana. Me senté sobre una de mis piernas, acomodándome para poder verla de frente.

—¿Cómo estás? —pregunté mirándola.

Su garganta se movía lentamente tras suspirar.

—Te mentiría si te dijera que no me duele verle, tenerlo cerca… —Hizo una leve pausa arrugando sus labios—. Al quedarnos a solas, me suplicó que lo dejara volver, que se arrepentía del daño que me había hecho…

—Y… ¿Vas a perdonarlo? —Sus ojos me miraron confundidos.

—No sé si con el tiempo me arrepienta, pero…

ahora mismo no puedo…. por más que él trate de convencerme, sé que todo lo que me diga o me prometa es mentira…

—Sus ojos volvieron a agacharse—. ¿Sabes?

En toda nuestra relación él siempre me ha hecho sentir que era insuficiente, insignificante…

Hasta decidí olvidar sus aventuras si me prometía que haríamos terapia juntos para arreglarlo…

—¿Sabías que te era infiel?

Isabella me miró fijamente. La conocía tan bien, que podía ver en sus ojos cómo su corazón se rompía al verbalizarlo.

—Una siempre lo sabe… Pero decidí volverme ciega y tonta porque creía que lo que habíamos construido juntos era algo único, genuino… algo por lo que merecía la pena dejar pasar ciertas cosas…

—¿Y por qué es distinto ahora? —pregunté observando cómo sus ojos se agachaban avergonzados.

Isabella pasó sus manos nerviosas por su rostro, rascando sus cejas.

Sabía que estaba a punto de derrumbarse.

Suspiré apretando mi mandíbula de coraje por no haber golpeado a Marc más cuando lo tenía allí tirado en el suelo.

—Escucha… Lo que tuviste con Marc, fue genuino —dije buscando su mirada—. Juntos hicisteis lo más importante; tu hija.

Vi cómo su boca se torcía tratando de aguantar las ganas de llorar al escucharme.

Le dediqué una leve sonrisa antes de alcanzar su cuerpo con mis brazos para abrazarla, notando cómo se derrumbaba abrazada a mí.

Froté su espalda con cariño para consolarla.

Entendía perfectamente su dolor, a pesar de no ser equiparable, ya que ella realmente estaba enamorada de Marc, pero había pasado por ese sentimiento de abandono y de traición, donde solo tienes ganas de evadirte del mundo.

—El dolor físico que siento es… es como si tuviera un enorme agujero en el pecho que no me deja respirar… —dijo sollozando abrazada a mí—. Y lo peor es que a veces pienso que todo el mundo puede verlo y ver a través de él…

—Ese dolor pasará… Eres mucho más fuerte de lo que crees. —Acaricié su cabello con una de mis manos, disfrutando del tacto sedoso de su pelo sobre mis dedos.

—A veces siento que no voy a poder con todo…

—Claro qué vas a poder, has podido con cosas peores —le recordé—. Eres la mujer más fuerte que conozco. Además, cuando te falten las fuerzas, aquí me tendrás para sostenerte… No tienes por qué pasar por esto sola.

Sentí sus manos colocarse sobre mi pecho alejándose lentamente para clavar sus ojos sobre mí.

Al volver a ver su rostro envuelto en lágrimas, pasé mis dedos sobre sus mejillas limpiándolas, dedicándole una leve sonrisa mientras sus ojos me miraban fijamente.

Su respiración luchaba por volver a ser regular tras derrumbarse.

Me partía el alma ver cómo ese idiota había conseguido apagar su brillo, haciéndole sentir que no valía nada.

Me enfurecía verla así. Cuando me aseguré de que en sus mejillas no quedaran restos de más lágrimas, le dediqué una breve sonrisa antes de apartar mis manos.

En el silencio que se hizo entre los dos solo se podía escuchar su respiración acompañando los latidos desbocados dentro de mi pecho.

Una de las manos de Isabella se posó sobre mi cara acariciando mi mejilla.

Mis ojos la buscaron rápidamente al sentir su caricia, dándome cuenta de que sus ojos me miraban fijamente mientras su garganta tragaba tras mojar sus labios.

Tuve que refrenarme para no besarla al empezar a saborear su aliento cerca de mis labios.

Sus ojos volvieron a mirarme antes de mirar de nuevo mi boca, rozando mis labios antes de besarme.

El tacto de sus cálidos labios besándome provocó un profundo escalofrío que recorrió todo mi cuerpo sacudiéndolo por completo.

Noté sus dedos acariciarme hasta llegar a mi cuello para acercarme a su boca.

En ese momento mi sentimiento más primario me hizo devolverle aquel beso capturando sus labios contra los míos, cerrando los ojos al saborear sus labios tras asegurarme de que estaba pasando de verdad.

Sus labios eran un sueño. Sabían mejor de lo que había soñado.

Su boca me besaba con deseo, recorriendo ambos cada rincón de aquel terreno por descubrir que era nuestras bocas mientras mis manos buscaban su cara para no soltarla.

La intensidad de aquel beso subía sin que la cordura de ninguno de los dos diera indicios de aparecer.

Nuestros labios se devoraban mutuamente como si el mundo fuera a acabarse allí mismo.

El sonido de nuestros labios besándose era lo único que sonaba entre aquellas paredes.

Sus manos acariciaban mi pelo con desesperación.

El olor y el tacto de su piel sobre mis labios desbloqueó en mí una nueva necesidad que me llenaba de vértigo.

Una de sus manos agarró mi rostro obligándonos a mirarnos mutuamente a los ojos.

Ambos nos miramos intensamente, respirando aquel momento.

Por más que la miraba, seguía sin creerme aún que aquello estuviera pasando mientras Isabella recorría nuevamente con sus ojos mis labios.

Inhalé lentamente al contemplar sus labios hinchados de besarnos.

Acaricié lentamente la hinchazón de su boca, disfrutando del tacto de su piel sedosa bajo mis dedos.

Su boca volvió a buscar la mía para volver a besarnos como dos dementes.

Esta vez sus manos bajaron por mi cuerpo buscando mi jersey para deshacerse de él, ayudándola a quitármelo para tirarlo tras nosotros mientras mis manos hacían lo mismo con su jersey antes de tumbarla sobre el sofá.

Sus brazos automáticamente buscaron tapar su cuerpo.

Agarré sus brazos, con cuidado, apartándolas de su cuerpo.

—No… —susurré acariciando sus brazos mientras los colocaba a ambos lados de su cuerpo—. No te tapes, déjame verte bien…

Sonreí al ver sus ojos mirarme de nuevo con aquel brillo, recorriendo su cuerpo con mis ojos. Sentía mi alma suspirar al descubrir lunares en su piel que jamás había visto.

—Dios… —Tragué saliva volviendo a mirar sus ojos llenos de fuego—. Eres tan hermosa…