Capítulo 4 #9
Rasqué nerviosa mi cuello tratando de buscar las palabras que me hicieran menos incómodo el tener que confesarle que llevaba meses haciendo el amor con él en sueños.
—No tienes que contarme si no quieres.
—No quiero —dije sin poder ocultar la sonrisa nerviosa—. Pero debo hacerlo…
—¿Quieres que me tape los ojos? —preguntó llevando sus manos hacia aquellos ojos verdes mientras ambos nos reíamos.
—¿Y eso para qué?
—Para que te resulte más fácil si no te miro.
Negué agradeciéndole el gesto extendiendo mi brazo para sentir cómo su mano agarraba la mía con cariño dándole un breve apretón.
Miré nuestras manos agarradas antes de aclarar mi garganta.
Notaba cómo mis labios eran incapaces de ocultar la sonrisa nerviosa e incómoda a la vez que mi boca se secaba.
—Pero por favor no me juzgues, ni te espantes…
—Te lo prometo —asintió con una sonrisa en sus labios.
—Está bien… eh… —Resoplé—. A ver por dónde empiezo. —Aclaré mi garganta de nuevo—. No sé por qué…
Hice una pausa para repensar mis palabras para no parecer una loca.
—Eh… Llevo un tiempo soñando que… que nosotros… —Rasqué mis cejas con los dedos nerviosa—. Ya sabes…
Junté las palmas de mis manos involuntariamente respirando hondo.
—¿Qué cosa? —preguntó humedeciendo sus labios a cámara lenta para mis ojos tratando de entenderme.
Alcé las cejas mirándole, apretando los labios para tratar de esconder mi sonrisa nerviosa.
—¡Oh!
No podía dejar de reírme avergonzada al ver su cara tras exclamar. Sus labios trataban de aguantar la sonrisa antes de cubrirlos con sus dedos al acariciarlos. Ambos nos reíamos cada vez que nuestras miradas coincidían mientras veía en sus ojos cómo procesaba toda aquella información.
—Por favor di algo… —le pedí sin borrar la sonrisa nervio sa de mis labios.
Rubén asintió mordiendo sus labios a la vez que sus manos acariciaban su barbilla.
—Eh… —Esbozó una enorme sonrisa mirándome—. Yo… no sé bien qué decir…
—Estarás pensando lo peor de mí —dije recolocándome el albornoz avergonzada.
—¿Por qué? Todo el mundo tiene fantasías constantemente…
Acomodó en aquel sillón mientras colocaba su cuerpo en el filo del asiento para estar más cerca.
—Es solo que… —Rascó nervioso su cabello—. Uno no siempre tiene la suerte de salir en una fantasía tuya…
Ambos sonreímos al volver a mirarnos, sintiendo aquella tensión que llevaba tiempo persiguiéndome, cómo ahora se multiplicaba. Me moría de la vergüenza por habérselo confesado, pero sentía una inusual liberación. Y una necesidad incontrolable de comprobarlo por mí misma.
—Solo tengo una duda… —dijo lamiendo sus labios divertido.
—¿Solo una? —pregunté riéndome sin saber dónde esconderme.
—Tengo muchas de hecho… —aclaró provocando la risa nerviosa de los dos—. Pero no quiero que pases más vergüenza, así que… eh, sí, de momento solo hay una que ronda mi cabeza
—Me da miedo saber cuál… —Cubrí levemente mi rostro esperando saber qué era lo que le daba curiosidad.
—¿Cómo fue? Es decir… ¿Estuve bien? —preguntó divertido.
—¡Rubén! —exclamé cubriendo de nuevo mi rostro muerta de vergüenza.
—Tengo una reputación que mantener… —bromeó riéndose—. Sería un duro golpe saber que has fantaseado conmigo y he sido incapaz de cumplirte.
Mis labios esbozaron una enorme sonrisa mientras miraba hacia otro lado, evitando mirarle al recordar las miles de veces que habíamos hecho el amor en esta misma habitación, sobre la cama que ahora deseaba que se abriera para tragarme.
Negué avergonzada, mordiendo mis labios antes de confirmarle que todas y cada una de las veces habían sido tremendamente satisfactorias.
—Tu reputación está a salvo. —Sonreí tras morder mis labios recordándolo—. Estuviste muy bien de hecho…
Ambos nos miramos varios segundos a los ojos, lamiendo involuntariamente nuestros labios antes de mirar para otro lado sonrientes. Al volver a mirarlo comprobé cómo su garganta bajaba lentamente al tragar, aprovechando para volver a admirar el color real de su piel bajo la luz de mi dormitorio.
—Bueno, me alegro de no haberte decepcionado —dijo respirando profundamente sin perder aquella hermosa sonrisa.
Los dos volvimos a sonreír en silencio al coincidir nuestras miradas, obligándome de nuevo a respirar, deseando parar el tiempo para poder observarlo sin miedo a tener que disimular.
—Al final mi amiga Pau va a tener razón… —Aquel pensamiento en alto salió en forma de suspiro de mis labios.
Rubén volvió a mirarme al escucharme, alzando sus cejas con ternura.
—Piensa que necesito buscar urgentemente a alguien con quién «desfogar» de vez en cuando —confesé incomoda.
—Ya… —murmuró—. ¿Y tú qué opinas de eso?
—No sé… —Lo miré confundida—. ¿Crees que…? —Alcé los hombros—. ¿… Que es pronto?
Rubén asintió en silencio frunciendo suavemente su ceño antes de mirarme.
—Creo que… lo único importante aquí, es saber si a te ti apetece… Lo que yo opine o lo que opine el resto te debe dar igual…
—Ya, pero me refiero… —Apreté mis dedos nerviosos contra mi albornoz—. ¿Cuándo es prudente… volver a sentir esas ganas de estar de nuevo con alguien?
—El cuerpo va a avisándote… —respondió mirándome, humedeciendo sus labios—. Y por lo que acabas de confesarme… Tu cuerpo te lo está pidiendo…
—Ya… —murmuré avergonzada.
—Si existiera un tiempo «prudente»… tú lo has pasado con creces, si eso es lo que te preocupa… No le debes nada, a nadie.
Le dediqué una breve sonrisa en forma de agradecimiento por sus palabras.
Gesto que aprovechó para sentarse a mi lado sobre la cama colocando uno de sus brazos sobre mi hombro para abrazarme.
Dejé caer la cabeza sobre su hombro mirando al frente, notando cómo su mano acariciaba mi brazo por encima de aquel albornoz, que era lo único que cubría mi cuerpo deseoso en esos momentos de repetir lo que había soñado.
—Los hombres lo tenéis todo mucho más fácil…
—¿Qué cosa? —preguntó viendo cómo alzaba los ojos para volver a vernos.
—Volver a conectar así con alguien… Mira Marc por ejemplo… Nadie lo juzga ni lo juzgará como padre el día que decidida hacer pública su nueva relación… Pero en cambio a mí… —Se escapó de mi boca un leve gruñido—. Se me cuestiona cada cosa que hago, solo por el hecho de ser mujer… Y ser madre.
—Pero tú tienes algo que él nunca tendrá…
—Me miró regalándole una breve sonrisa—.
El respeto de tu hija… El cariño de los que te rodean y el apoyo de la gente cuando se entere de todo lo que has tenido que aguantar por mantener tu familia unida…
—Vi cómo se le escapaba una sonrisa de sus labios—.
Cada persona es libre de vivir su duelo como quiera…
Por eso el día que quieras conectar de nuevo con alguien, será porque realmente estás lista…
Y cuando eso pase, lo que digan o piensen los demás te tiene que importar poco.
Ambos nos dedicamos una breve sonrisa antes de sentir sus cálidos labios sobre mi cabeza, robándome un breve suspiro y la tranquilidad. Mi corazón latía acelerado al contemplar desde la cercanía su cuerpo y respirar el delicioso aroma de su piel.
—Gracias por animarme, por estar siempre, por secar mis lágrimas… —le agradecí con una sonrisa, agarrando la mano que acariciaba mi hombro—. Por surfear conmigo tantas olas…
—Aquí me tendrás siempre, tabla en mano…
Nuestras miradas se quedaron fijas la una sobre la otra.
Mirándonos a escasos centímetros como nunca antes nos habíamos mirado.
Sentía el corazón latir con fuerza sobre mi garganta, creyendo que en cualquier momento se saldría de mi boca.
Mi mirada bajó lentamente recorriendo sus facciones, contemplándolo de manera que jamás había hecho.
Era hipnótico ver cómo la barba salía de sus mejillas, cómo sus ojos parecían aún más claros desde cerca, o cómo sus pupilas se dilataban al mantenerme la mirada.
La forma de sus labios que sobresalían por encima de aquella barba recortada.
El olor de su perfume sobre su piel a esta distancia.
Al sentir su respiración me dio pánico que él pudiera sentir mi respiración y que escuchara mi cabeza gritar que lo besara.
Y es que me moría de ganas de sentir mi boca sobre la suya y colgarme de ella.
Rubén agachó la mirada hacia mis labios viendo cómo humedecía mi boca involuntariamente imaginando a qué sabrían sus labios.
Estaba completamente vencida ante él. Paula tenía razón, Rubén provocaba cosas en mí que llevaban mucho tiempo apagadas.
Rápidamente aclaré la garganta apartando la mirada de sus ojos y de sus labios antes de que aquel cosquilleo que recorría mi vientre despertara impulsos en mí que me hicieran lamentarme más adelante.
Ambos nos separamos sutilmente al darnos cuenta de la tensión que se respiraba entre los dos, era más que palpable.
—Creo… que… —Rubén aclaró su garganta frotando sus manos sobre sus muslos—. Que es mejor que…
Sus dedos señalaron rápidamente hacia la puerta de mi dormitorio.
—Claro… —respondí en voz baja evitando el contacto visual.
—Buenas noches… —se despidió levantándose de la cama.
—Buenas noches…
Respiré profundamente a la vez que me levantaba, relamiendo mis labios por lo que pudo haber pasado, observando su espalda desnuda, moldeada y anatómicamente perfecta, alejarse hasta llegar a la puerta.
Resoplé en silencio antes de verlo girarse tras abrir la puerta de mi dormitorio.
Al ver sus ojos mirarme de esa forma, me di cuenta de que me aterraba y me moría de ganas por cruzar esa raya que podía hacer tambalear nuestra amistad.
Me asustaba la idea de saber que podría terminar enamorándome de él.