Y en el medio, tú: 1 Capítulo 4
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Capítulo 4

Aquella mañana mi casa amaneció llena de gente organizando los preparativos para la fiesta que se iba a celebrar en la noche con mi familia y los pocos amigos que tenía aquí en Madrid.

Sería la primera vez que pasaría fin de año extraoficialmente separada.

Después de las que fueron nuestras últimas vacaciones, decidí, tras una horrible discusión, que lo mejor era hacer vidas separadas, pero sin llamar la atención para evitar la presión de la prensa.

Sobre todo, por el bienestar de Violeta.

Por Violeta incluso había estado dispuesta a olvidar sus deslices si aceptaba ir terapia juntos para intentar arreglarlo.

Pero los continuos de rumores de una aventura de Marc con una chica doce años más joven que trabajaba para él, decidí hacerle caso al consejo que me dio Rubén de contratar un detective privado para salir de dudas sobre lo que hacía y estar preparada para lo que pudiera pasar.

Aquella horrible confirmación no tardó mucho, volviendo mi vida un horrible infierno.

Tras entregarme fotos de ambos paseando y entrando al que era su piso de soltero, decidí echarlo de casa a pesar de sus constantes súplicas para que lo perdonara, prometiéndome que la dejaría por mí.

El único motivo por el que no había sacado a la luz el comportamiento deplorable de mi todavía marido era por mi hija.

No quería que siguiera creciendo, escuchando y viendo a sus padres discutiendo sin cesar.

Por eso decidimos seguir manteniendo las apariencias desde la distancia, pero no estaba dispuesta a tolerar ni una falta de respeto más.

Al salir de mi habitación, bajé las escaleras para encontrar me con mi ángel de la guarda, mi hermano Agustín, que me esperaba para ir a ver la primera de las varias casas que teníamos citadas para ver cuál se acomodaba a las necesidades de mi papá para barajar si traerlo o no.

Salimos en mi furgoneta Volkswagen California marrón y blanca que había comprado a primeros de año para poder viajar más cómoda cuando quería hacer mis escapadas al mar.

Nada más abrirse la puerta del garaje, los flashes comenzaron a deslumbrarnos.

Los periodistas seguían día tras día expectantes, después de las imágenes que fueron virales de Marc llamando al timbre de la casa después de salir con maletas.

Coloqué mis gafas oscuras sobre mis ojos mientras pasábamos a su lado hasta dejarlos atrás bajo las palabras de indignación de mi hermano por la falta de empatía de no dejarnos ni respirar.

Me sentía como si fuera un rehén en mi propia casa, asediada por periodistas.

Después de estar toda la mañana viendo casas, nos decantamos por una que, a pesar de que su precio era elevado, estaba justamente en la calle de al lado de la mía y se comunicaba por la parte de atrás.

Era perfecta para poder salir por atrás sin periodistas que estuvieran observándome.

—¿Qué vas a hacer? —Agustín preguntó tras montarnos de nuevo en la furgoneta.

—Creo que esa es la mejor opción… Está cerca, no necesita mucha reforma para acomodarlos…

—Sí, pero el precio… —dijo rodando sus ojos.

—Es un poco elevado, sí… —le di la razón mirando de nuevo a través de la ventana—. Pero esta frente a mi casa

—Déjame que le cuente a Patricia y la compramos entre los tres —dijo mirándome.

Negué buscando su brazo para agarrarlo con cariño. Sabía que lo decía de corazón y lo decía sobre todo preocupado por mí.

—Estamos todos aquí por mi culpa…

—Eso no es verdad —negó buscándome con la mirada.

—Fue culpa mía enamorarme perdidamente de Marc, por eso estamos tú, tu familia y yo aquí… Así que déjame que me encargue.

—Pero Dafina también vivirá aquí —dijo observándome. Alcé los hombros quitándole importancia.

—Es la mujer de mi papá… Y tu mamá, al igual que la de Patricia. —Busqué sus manos para agarrarlas con cariño—. Se ha ganado mi cariño desde el primer día que apareció en nuestras vidas. Así que déjame que me haga cargo para dejarla lo más cómoda para ellos.

—Ojalá la gente viera lo maravillosa que eres. —Su voz sonaba seria.

Tras soltar todo el aire de mis pulmones, apreté sus manos antes de pedirle que nos pusiéramos en marcha para terminar de averiguar las cosas para esta noche.

Durante el parón que hicimos para comer, Agustín comentó que Rubén le había avisado de que su avión aterrizaba en la noche.

Me hice la sorprendida al escucharle repitiendo las mismas palabras que me había mandado a mí.

No quería que supiera que ambos habíamos estado escribiéndonos desde que hablamos los tres en aquella videollamada.

No sabía qué era lo que me pasaba con él, pero me había acostumbrado a su presencia en mi vida.

Y eso era algo que me descolocaba por completo, el no saber por qué esperaba con tanta ilusión cada mensaje.

Ambos llevábamos todo este tiempo comportándonos como si fuéramos novios sin serlo.

Contándonos qué hacíamos, mandándonos fotos de cada cosa que nos recordaba el uno al otro.

Traté de borrar aquellos pensamientos de mi cabeza para centrarme en organizar mi tarde para aprovecharla con mi pequeña Violeta antes de que su padre viniera a llevársela para pasar fin de año y el fin de semana con él y sus abuelos.

Por eso, antes de que nos sentáramos a cenar, un fuerte impulso tras mirar varias veces el reloj me hizo disculparme para salir de aquella casa, siendo mi hermana Patricia mi única cómplice.

Sabía que con ella no necesitaba muchas explicaciones, así que antes de arrancar el motor de mi furgoneta le escribí un mensaje a Rubén para felicitarle el año, deseando que fuese su primer mensaje al aterrizar en Madrid de nuevo bajo el mismo cielo.

Tengo fe en que este año que entra será la recompensa de todo lo que los años anteriores te han quitado.

Gracias por estar siempre, incluso a miles de kilómetros.

Le estaré eternamente agradecida a la vida por ponerte en mi camino.

Feliz 2023, Rubén, ojalá podamos vernos pronto para darte un gran abrazo, amigo.

Tras enviarle aquel mensaje, retoqué mi maquillaje antes de salir dirección al aeropuerto para terminar el año con mi amigo, al que tanto había echado de menos.

No podía ocultar la sonrisa al salirme por el desvío que daba a la terminal donde él aterrizaría.

Cuando llegué a la puerta por la que saldría, apagué el motor, sintiendo cómo el corazón iba a salirse de mi pecho.

Volví a mirarme en el espejo del retrovisor para comprobar que estaba presentable para verlo después de cuatro años sin vernos.

Al girar la cabeza para mirar hacia la puerta, un Mer cedes parecido al que tenía Rubén aparcó dejando las cuatro intermitencias encendidas frente a la puerta.

Me incliné sobre el volante para comprobar si era o no el coche de Rubén disipando mis dudas al ver a una mujer salir del coche mientras hablaba por teléfono.

Suspiré nerviosa al ver los primeros pasajeros salir por aquellas puertas.

Tras acomodar mi pelo, mi corazón se volvió taquicárdico al ver a Rubén atravesar la puerta con una gorra puesta.

Volví a recordar lo mucho que me trastornaba su presencia.

Tragué saliva sin poder contener la sonrisa al verlo mientras mis dedos buscaban el tirador para abrir la puerta del coche.

Mis manos se quedaron paralizadas al ver a una mujer abrazarse a mi amigo con aquella confianza, para después ser él quien la recibiera con un apasionado beso.

De pronto es como si todo hubiera vuelto a detenerse.

Sentí un incesante zumbido en los oídos parecido al que me dio la primera vez que vi una fotografía de Marc con aquella chica.

Aparté la mirada soltando un doloroso suspiro mientras mis manos temblorosas se aferraban a aquel volante de cuero.

No escuchaba nada más que el corazón bombear con fuerza mientras luchaba por no girar de nuevo para ver cómo mi amigo seguía comiéndose a besos a aquella chica mientras yo solo lo había tenido así en breves fantasías.

Necesitaba salir de ahí a toda prisa. Metí el morro de mi furgoneta sin mirar siquiera si venía nadie más.

Solo escuché el claxon de los coches mientras huía de allí antes de que alguien pudiera verme hacer el ridículo.

Parecía que eso era lo único que sabía hacer últimamente.

No recuerdo el camino de vuelta, solo deseaba llegar antes de que se dieran cuenta de la tontería que había hecho.

Al llegar, aparqué al fondo antes de entrar de nuevo para hacer acto de presencia recomponiéndome frente al espejo para que nadie se diera cuenta de que había venido todo el camino llorando sin saber bien cuál era el motivo.

Los ojos de Patricia mientras organizaban los platos de la comida me confirmaron que todo estaba bajo control.

Así que aproveché para ir en busca de mi pequeña para reconfortar mi alma y mi corazón con sus abrazos.

Aquella noche, sentada junto a mi hija, acompañada de mis hermanos, primos, sobrinos y amigos, la decepción también ocupaba un lugar a mi lado.

No paraba de imaginar a Marc con la chica que salía en las fotos que el detective me había hecho llegar y a Rubén comerse a besos a aquella otra mujer.

Tras terminar la tradición de comer aquellas doce uvas, todos nos felicitamos uno por uno. A la media hora de comenzar el 2023, el timbre sonó, volviéndome el centro de todas las miradas al imaginar que sería Marc quien tocara para llevarse a Violeta.

—Ahora vengo —dije disculpándome mientras dejaba mi copa sobre la mesa.

—Ten cuidado —la voz siempre protectora de Agustín tras de mí.

—Sí tranquilo… Violeta, mi amor. —Me acerqué a su lado apoyando mi rostro en su hombro—. Papá acaba de llegar, recoge tus cosas